[Go home] Tu nombre en clave es Jay Goppingen

Dura la vida del futbolista recién retirado. Se apagan las luces, se terminan las ovaciones, escasean los reconocimientos, los autógrafos le van dejando cada vez más espacio al dolor de ya no ser y otros lugares comunes sobre los que se ha escrito mil veces, aunque no dejan de ser ciertos.

Para contrarrestar ese vacío y continuar con esa vida de viajes, prácticas y concentraciones, muchos se convierten en entrenadores o cumplen roles secundarios dentro de un cuerpo técnico. Otros, en cambio, no soportan la desolación de estar del otro lado de la línea de cal y vuelven al ruedo con los cortos después de un buen tiempo, sin medir los costos de poner en juego el apellido y regalar prestigio.

Aunque claro, pocos tuvieron en cuenta la gran Klinsmann: seguir jugando con otro nombre.

JŸrgen Klinsmann ABSCHIEDSSPIEL Foto Baumann

No hace falta ahondar demasiado en la carrera de Jürgen Klinsmann. Implacable goleador del Sttutgart alemán, revalidó sus condiciones en equipos del extranjero y también con su Selección. Anotó 11 goles en los Mundiales, repartidos entre Italia ’90, USA ’94 y Francia ’98. Levantó una Copa del Mundo y una Eurocopa, aunque sólo pudo conseguir una liga de clubes, con el Bayern Múnich en 1997, cuando ya divisaba su retiro.

Después de disputar su último partido oficial con el Tottenham, en 1998 jugó su último Mundial con Alemania y entonces sí, al año siguiente lo despidieron con papelitos en el estadio del Sttutgart, entonces denominado Gottlieb-Daimler y antiguamente llamado Adolf-Hitler-Kampfbahn. Pero lo historia no se cerró ahí…

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Con los botines ya colgados, Jürgen tomó una decisión de vida: alejarse del ambiente del fútbol. Quería ser un anónimo, poder caminar por la calle y que nadie lo reconociera. Eso era imposible en su país y en cualquier otro lugar con una fuerte cultura futbolera. Por eso eligió irse a vivir a los Estados Unidos, los pagos de su esposa Debbie.

Ya instalado en la pacífica Huntington Beach (California), Klinsmann logró lo que buscaba: tranquilidad y armonía familiar en un contexto donde no existía el fútbol ni la exposición pública. Parecía una situación ideal, pero después de unos años comenzaría a aburrirse…

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En 2003, el ex atacante del Inter comenzó a dar señales cuando entrenó con Los Angeles Galaxy de la MLS, aunque sólo de manera recreativa. Decía que sólo quería estar en forma, aunque negaba la posibilidad de volver a entrar a una cancha de manera oficial.

Unos meses después, sin embargo, unos amigos con los que jugaba de vez en cuando le propusieron que vistiera la camiseta del Orange County Blue Star de Irvine, un equipo californiano que participaba de la Premier Development League, la cuarta división de los Estados Unidos. Jürgen, con 39 años, aceptó el desafío y puso una condición: no utilizar su verdadero nombre.

Antes de que el goleador se arrepintiera, sus compañeros lo anotaron bajo la identidad de Jay Goppingen, en homenaje a la inicial de su nombre y al pueblito alemán donde nació. Jay, agradecido, devolvió favores con lo que mejor había hecho en su vida pasada.

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Con 5 goles en 8 partidos, colaboró para el equipo se metiera en los playoff por el ascenso. Se divertía y encima nadie lo reconocía. Todo era tan perfecto, que alguien tuvo que arruinarlo: en un partido ante el Southern California Seahorses, un rival se percató de que a ese rubio lo tenía visto de algún lado. Fue entonces que le avisó a un periodista amigo, que investigando googleando llegó a la conclusión: el famosísimo Klinsmann estaba jugando con otra identidad. Suficiente para que el 9 no volviera a aparecer.

Al día de hoy, los pocos simpatizantes del Orange County Blue Star se preguntan: ¿qué habrá sido de la vida de Jay Goppingen?

[Go home] The Age of Escobillón (?)

“Si Mauricio quiere vender a Guillermo Barros Schelotto que lo haga… total, yo en la reserva tengo a otro Guillermo que es todavía mejor que El Mellizo…”. Aquellas memorables palabras que en medio del Apertura ’98 vociferó Carlos Bianchi, manifestaban la ilusión y el encantamiento que una joven figura Xeneize desataba jugando los preliminares ¿Su nombre? Sergio Adrián Guillermo.

Sin embargo y pese a mantener muchas vinculaciones con el hermano de Gustavo (su padre Juan Rogelio, ex jugador, era conocido como El Mellizo Guillermo ya que nació con esa condición), desde el inició se emparentó al emergente delantero con el atacante estadounidense Cobi Jones por el gusto que ambos jugadores sentían hacía los cortes de pelo aerodinámicos, a la vista de Marcelo Araujo, rabino bautismal del “Escobillón”.

Hoy, haremos un malicioso cuadro comparatorio con la carrera de uno y otro jugador, en pos de hallar similitudes y diferencias en la vida y obra de dos hijos directos de las relaciones carnales: Adrián Guillermo y Cobi Jones. Cobi Jones y El Escobillón…

Carrera en clubes de Cobi Jones

Cobi N´gai Jones nació el 16 de junio de 1970 en Detroit, Michigan. Puntero derecho veloz, habilidoso y carismático, es uno de los mejores y más recordados jugadores de su país en toda la historia. Inducido al Salón de la Fama del Fútbol Estadounidense en 2011, se inició en la Universidad de California y luego pasó por el Coventry de Inglaterra (1994/95), el Vasco da Gama de Brasil  (1995/96) y Los Ángeles Galaxy (1996/2007). Dejó un grato recuerdo en todos los equipos por los que pasó, teniendo las puertas abiertas de todos y cada uno de ellos.

Carrera en clubes del Escobillón

Sergio Adrián Guillermo nació el 15 de marzo de 1980 en Moreno. Proyecto trunco de puntero derecho veloz, habilidoso y carismático, es uno de los mayores fiascos y decepciones de la década de los noventa, de la historia de Boca Juniors y hasta del fútbol argentino. Fue inducido a En Una Baldosa en 2004 y es uno de sus miembros insignes.

Debutó en 1998 y luego pasó con pena por Badajoz de España, Estudiantes de La Plata, Jorge Wilstermann de Bolivia, Estudiantes de Caseros, San Telmo, El Porvenir, Colima de México, Deportivo Morón, Argentino de Merlo, Justo José de Urquiza, Sportivo Luqueño de Paraguay, Rosamonte de Apóstoles y miles de clubes más del inframundo, algunos de ellos conseguidos gracias al poder del Facebook. Entre los hinchas de los clubes por donde pasó, la sola mención de su apellido genera tristeza y hasta vergüenza ajena pero jamás bronca.

Carrera internacional de Cobi Jones

El número que signó su trayectoria a nivel de selecciones es “Tres”, ya que esa es la cantidad de Mundiales que disputó: USA ’94, Francia ’98 y Japón/Corea 2002, en los cuales brilló como una fresca rueda de auxilio que ingresaba cuando los defensores rivales se estaban quedando sin piernas.

También, el norteamericano disputó cinco ediciones de La Copa de Oro de la CONCACAF, los Juegos Olímpicos de Barcelona ’92, la Copa Rey Fahd ’92 y las Copas América de Ecuador ’93 y Uruguay ’95, donde salió en Cuarta Ubicación y le pegó un baile de novela a Marcelo Espina en el encuentro frente a la Argentina de Primera Ronda.

Carrera Internacional del Escobillón

El número que signó su trayectoria internacional es “Tres”, ya que esa es la cantidad de prestigiosos entrenadores que estuvieron a punto de boxearse por sus correrías. En el verano de 1999 y después que Adrián Guillermo disputase el Sudamericano Sub-20 de Mar del Plata, tanto Carlos Bianchi como José Pekerman y Hugo Tocalli iniciaron una feroz polémica a raíz de las versiones encontradas sobre la grave lesión con la que el delantero regresó a las prácticas de Boca Juniors.

Tras varios cónclaves subidos de tono entre los directores técnicos con sus cuerpos médicos incluídos, se llegó a una inexorable conclusión: el pibe les mintió a todos y se había lesionado jugando en el barrio en los días que tuvo de descanso tras la competición ¿Y entonces? Y entonces el trinomio Bianchi-Pekerman-Tocalli le hizo la cruz al Escobillón

Misceláneas de Cobi Jones

Se casó con la espléndida Kim Reese y constituyó una de las familias más simpáticas de Hollywood. Además, fue modelo de varias marcas de alta gama y participó del prestigioso calendario de trajes de baño de la revista Sports illustrated posando con modelos de lo más apetecibles. Una vida abundante en todos los sentidos.

Misceláneas del Escobillón

Durante sus días de gloria presentó en sociedad a su novia Marina y no hubieron muchas más novedades a nivel botineril (?). No consiguió nunca el tan mentado contrato profesional con Boca Juniors por seguir los consejos de Settimio Aloisio y volverse un rebelde. Tal vez, la peor de todas sus decisiones. El decadente empresario italiano desapareció de los primeros planos por aquella época y de su mano se hundió Adrián Guillermo.

Presente de Cobi Jones

Juega fútbol senior con diferentes equipos de estrellas y trabaja en los medios de comunicación siendo una figura respetada y entrañable. Es un habitué de las fiestas, reuniones y estrenos de Hollywood y pasa sus días rodeado de leyendas, como el ex Boca Luis Arturo Hernández, con quien suele pasear en automóvil.

Presente del Escobillón

Se supo que participó de algunos partidos de los veteranos de Boca Juniors pero no suele asistir con frecuencia. Algunos de sus legendarios ex compañeros aceptaron sacarse alguna que otra foto con él pero, eso sí, de invitarlo a pasear en auto mejor ni hablar…

[Go home] “Victory”, un doble homicidio de tímpanos

Por cosas como éstas debe ser que, futbolísticamente, a los yankees los queremos como a pocos. Sin tradición futbolera alguna, con ligas que oscilaban entre el invento y la oportunidad económica más una irrisoria desorganización a nivel de Selecciones, en 1989 la desamparada escuadra de universitarios estadounidenses veía casi como una utopía su presencia en el Mundial de Italia.

Con México afuera de carrera a raíz de Los Cachirules, con el aporte providencial de héroes inesperados y gracias a que su oponente final –Trinidad y Tobago- había arrancado igual de torcido que ellos, la conocida desde entonces como USMNT llegó a la jornada definitoria igualada en puntos pero con un gol menos que el combinado de Dwight Yorke. Los americanos (?) debían ganar o ganar. Vale aclarar, por supuesto, que el otro cupo ya lo había obtenido la Costa Rica de Luís Gabelo Conejo con cuatro meses de antelación.

Y así, el 19 de noviembre de 1989, comiéndose un baile de novela como visitantes en La Bombonera de Puerto España (?), Paul Caligiuri se disfrazó del Chango Cárdenas y desde 30 metros sacó el célebre “Disparo Que Se Escuchó En Todo El Mundo” con el que los Yankees se metieron milagrosamente en una Copa del Mundo tras 40 años de frustraciones. Los 30.000 trinitenses se fueron apesadumbrados al no haber podido batir ni a Tony Meola ni al árbitro argentino Juan Carlos Pichi Losteau, de pésima labor…

Fue tanta la algarabía que se desató por esta heroica clasificación que la Federación llegó a la conclusión que para despertar los aletargados ánimos de la población y también para brillar en el Mundial, el equipo de Estados Unidos necesitaba algo fundamental: una canción representativa, sin (?).

Por tal razón, le encargaron la composición de la misma al rapero Def Jef y al DJ Eric Vaughn, le propusieron a los jugadores agregar los coros y contrataron para la realización del video al director Marty Callner, quien había trabajado con Aerosmith, Cher y Poison, entre otros. Además, lograron que la cinta se estrene en Heavy Rotation de la MTV en un segmento conducido por el volante John Harkes y por la siempre follable (?) Daisy Fuentes…

Pero eso no es todo, también consiguieron la participación estelar del queridísimo Orenthal James Simpson – ¡Si, OJ!- quien sería el único capaz de meter otro disparo que se escuche en todo el mundo un poco de gracia y carisma en medio de la notable timidez de los futbolistas… ¡El Juice se robó el show!

«Ésta no la tenías, Lavecchia…»

Pese a aquellos artísticos esfuerzos, ni la canción ni el soccer prendieron entre los norteamericanos. Menos aún, cuando Estados Unidos terminó en la anteúltima colocación de Italia ’90 producto de tres derrotas en igual cantidad de encuentros. Una repudiable actuación condenatoria de la que no los salvan ni varios prestigiosos bufetes de abogados…

[Go home] Andrew Shue, el cuñado de los ochenta (?)

Una vez decididos el lugar, la fecha y la hora del arranque de la Major League Soccer, los dueños de cada una de las franquicias se vieron con un dilema superior: debían conformar desde cero planteles con norteamericanos que al menos supiesen parar la pelota y, además de eso que no es poco, tendrían que sumar un par de apellidos que sean atractivos para un público que aún no existía.

Por ejemplo, el hombre fuerte de la Federación, Alan Rothemberg, ayudó a Los Angeles Galaxy a hacerse con el fichaje de los internacionales yankees Cobi Jones y Ante Razov, del salvadoreño Mauricio Cienfuegos, del ecuatoriano Eduardo Hurtado y también del inolvidable arquero mexicano Jorge Campos. Pero además, el dirigente recordó a un joven buen mozo (?) a quien conoció en un exclusivo ágape en Hollywood y que, al parecer, tenia un pasado con la número cinco ¿Su nombre? Andrew Eppley Shue.

El susodicho tenía una trayectoria cuanto menos discutible: Bulawayo Highlanders de Zimbabwe (1991), Los Angeles United (1993) y Anaheim Splash (1994). Pero lo que tenía de superlativa su atractiva figura, es que era una de las figuras de la por entonces aclamada mundialmente serie televisiva Melrose Place. ¡Imagínense a Gastón Pauls jugado en la Primera de Boca! Instantáneamente, claro, Andrew Shue fue invitado a sumarse a la plantilla del Galaxy en el rol de delantero.

Pero la cosa no sólo quedó ahí: con Andrew Shue como estandarte fue como se promocionó el nacimiento de ésta nueva competencia. Y así el actor fue la figura central de entrevistas, actos, spots televisivos, programas alegóricos y tertulias donde su fluida oratoria y su dentadura perfecta opacaban las presencias de Carlos Valderrama, El Diablo Etcheverry, Roberto Donadoni o Walter Zenga, entre tantos otros “jugadores franquicia”.

Hay que entender que el californiano en general y el angelino en particular tienen muy aceptada y arraigada la cultura de las celebrities. Por tal razón a nadie le extrañó cuando Andrew Shue fue el encargado de realizar el sorteo en el Partido Inaugural de la Mayor League Soccer, entre San José Clash y DC United. Así como leen. Desde el minuto cero la Liga estuvo bendecida con la participación vital de un baldosero. Y de los buenos…

A los bifes y aunque la primitiva Mayor League Soccer era un torneo entre improvisado y bizarro, al querido Andrew Shue solo le alcanzó para disputar, como suplente, escasos 86 minutos diseminados en cinco encuentros. Es más, cada uno de sus ingresos fue como para que el público no se fuera sin ver correr un rato al ídolo juvenil que hacía las delicias de adolescentes y veteranas. Al final de la temporada y con el pretexto de una lesión, el actor se retiró y regresó a Melrose Place.

Tras la cancelación de la aclamada serie en 1999, Andrew Shue baldoseó a morir en producciones Clase B y hasta Clase C. Estuvo en la pedorrísima «Goal 3» y participó en la película “Gracie”, historia que está basada en los días como jugadora de fútbol juvenil de su bellísima, famosísima y talentosísima hermana.

¿Y quien es ésta agraciada familiar? Nada más y nada menos que la reconocida Elizabeth Shue o, como le dicen los cinéfilos, “La Novia de Los Ochenta”, quien enamoró a todo el planeta siendo la chica linda de “Volver al Futuro 2”, “Karate Kid”, “Coctail” y, más acá en el tiempo, “Adios a Las Vegas” y “El Santo”, entre tantas otras. La amo. La amo posta. Con toda mi alma, eh. No aguanto más… La tengo que ver… Chau…

«Aruba, Jamaica… Bermuda, Bahama…»

Hoy por hoy, Andrew Shue sigue fantaseando con un hipotético retorno de Melrose Place, quizás, lo único que lo puede devolver a las primeras planas… ¿Quién sabe? Si volvieron Axl Rose, Slash y Duff, todo es posible…

[Go home] That’s All Folks: Los Cachirules

Para arrancar, vamos a abarcar la piedra fundacional de la hoy por hoy estable liga estadounidense. Y esa génesis no la hallaremos ni en el primer partido disputado en 1996; tampoco cuando anunciaron la contratación de Carlos Valderrama y mucho menos cuando se le adjudicó a aquel país la sede del Mundial de 1994. Nada de eso… La querida Major League Soccer comenzó a ser una realidad en abril de 1988, cuando estalló el escándalo de “Los Cachirules”.

El tema es así: los dirigentes mexicanos, por aquel entonces los kapangas de la Confederación, comían las porciones más sabrosas del pastel, dejándole apenas las servilletas sucias al resto de sus vecinos, por no decir invitados. Recientemente anfitriones del Mundial ’86, miraban con recelo la posible inminente realización de una Copa del Mundo en los Estados Unidos. Más que nada, para que no naciera un hermanito rubiecito y regordete con quien repartir los juguetes.

A nivel de selecciones, los mariachis habían clasificado recientemente a los Juegos Olímpicos de Seúl ’88 y se sabían ganadores por muerte de un cupo en el Mundial de Italia ’90. Con esa patriótica confianza, la Selección Sub-20 de México acudió en abril de 1988 al Torneo Clasificatorio de la categoría en Guatemala y logró su cupo en el Mundial de Arabia ’89 al salir en segundo lugar, detrás de la juvenil de Costa Rica.

Acá viene lo raro… A los pocos días -dos para ser precisos- la propia Federación Mexicana de Fútbol les regaló a los periodistas un anuario donde deschavaba la tramposa edad de algunos de los miembros de aquella Selección Sub-20. Uno tenía 23, otros tenían 22, había alguno con 21 y así con casi todos… Además y con llamativa rapidez, el Canal Imevision con el periodista Antonio Moreno a la cabeza, se hizo con actas tanto de fichaje como de nacimiento en las cuales quedaba en evidencia el fraude de jugadores y dirigentes. Chupala, Lanata…

Instantáneamente, la Federación de Guatemala con el respaldo fundamental de la Federación de Estados Unidos, iniciaron las investigaciones y los sumarios correspondientes. No les hizo falta mucho, ya que todos los involucrados terminaron quebrándose y confesando ante unos pocos cuestionamientos. En Mayo de 1988 la CONCACAF resolvió descalificar del Mundial Sub-20 de Arabia ’89 a los muchachotes mexicanos y otorgarle el cupo a aquellos rústicos pibes yankees salidos del College.

¿Algo más? Si, se determinó eliminar a México de los Juegos Olímpicos de Seúl (sin que se expidiera el Comité Olímpico Internacional y otorgándole esa plaza a Guatemala) y se suspendió a la Selección Mayor por dos años, impidiéndola de participar de las Clasificatorias para Italia ’90.

Extraña que, desde la FIFA, tanto Joao Havelange como Guillermo Cañedo, “El Julio Grondona Mexicano”, hayan manifestado un escueto: “No somos quienes para rebatir la sanción de una Confederación sobre uno de sus afiliados”. Raro. Por que nadie puede disentir sobre la sanción de por vida que obtuvo una veintena de dirigentes mexicanos ni que se haya bajado a la Sub-20 del Mundial. Pero ¿Era para tanto?

Un mes después, tan sólo un mes después, los dirigentes norteamericanos celebraron el ser designados anfitriones del Mundial ’94; el tener allanado el camino de su equipo hacía Italia ’90 y el ver viable la concepción del requisito sine qua non que les imponía la FIFA: tener una liga propia, seria y estable.

Y esto, además de por la decisión política, lo vislumbraron gracias al ejercito de anunciantes que dejarían México tanto por el escándalo de “Los Cachirules” como por el fraude electoral que llevó a la Presidencia de ese país a Carlos Salinas de Gortari. Y todo se inició por un puñado de pibes que hicieron lo mismo que hacemos nosotros cuando tenemos la caradurez de caer en una discoteca: chamuyar con los años…

“-¡I want the truth! / – ¡ You can’t handle the truth!”

«-¡Quiero la verdad! / – ¡No sabes que hacer con la verdad!»

(Tom Cruise y Jack Nicholson, “A Few Good Men”, 1992)

“Cachirulo” fue un popular personaje cómico encarnado por el actor Enrique Alonso, quien interpretaba a un menor de edad cuando claramente ya era un adulto hecho y conciso. Por carácter transitivo y por las pruebas aportadas, cuatro jugadores de aquel Sub-20 fueron estigmatizados con ese mote y señalados como los culpables de aquel punto de inflexión en la historia del fútbol mexicano, a saber:

Aureliano Rivera Bueno (El Coreano / El Cachi)

El que mejor trayectoria tuvo de los cuatro, aunque sin dejar de ser mirado de reojo por el medio futbolístico. Jugador del Tampico y con 22 años cuando estalló el escándalo, en 1989 éste zaguero central pasó al Cruz Azul y dos años después al Puebla. En 1997 fue encarcelado luego de atropellar y matar a dos ciclistas, encontrándose en estado de ebriedad. Terminó su trayectoria en Lobos BUAP del ascenso en el año 2001. Luego fue técnico de diversos equipos del ascenso pero disfrazado de asistente en las planillas por no poseer el curso de entrenador.

José De La Fuente Guzmán (El Chorro / El Cachi)

También defensor y poseedor de 22 pirulos cuando estalló el escándalo, época durante la cual era titular en Monterrey. Luego lo bajaron a las inferiores hasta el año 1991, cuando se retiró del fútbol y básicamente desapareció del mapa.

Gerardo Jiménez Cantú (Shaggy / El Cachi)

El que hizo el gol de la fallida clasificación y quien ya contaba con 20 años. Siguió en Monterrey hasta 1994 con escaso suceso. Luego jugó una temporada en el Tampico y otra en el Pachuca. Bajó a Segunda y se retiró después de un año en el desaparecido Atlético Hidalgo. Dirigió a varios equipos del ascenso mexicano.

José Luis Mata Santacruz (El Cachi)

Con 22 años en abril de 1988, siguió baldoseando hasta 1993 con la camiseta del Atlas. Jugó un año con el Pachuca en Segunda División y se retiró. Luego se dedicó a la dirección técnica sin jamás despegarse del martirio de ser señalado como uno de los responsables de la máxima vergüenza del fútbol mexicano en la historia, a la par de sus tres compañeros.

Pese a todo y en nombre de ellos, miles de jugadores mexicanos falopas cobrarían su revancha, pocos años después, baldoseando en lugares llamados Columbus Crew, Dallas Burn o Chivas USA, expandiendo así el legado de los famosos “Cachirules”…

«¿Hicimos la trampa los periodistas?», «no, no, no»…

Especiales: El gol del Campeonato (Parte 2)

campeonato06

Gerardo Bedoya a River (Apertura 2001)

El planeta se había vuelto extraño. Corralito, corralón, torres gemelas, despedida de Maradona, Gran Hermano. Todos estábamos tan distraidos con nimiedades que no reparamos en un pequeño detalle: Racing Club de Avellaneda estaba a pasos de ganar el campeonato después de 35 años de espera. Y de esa manera, es sabido, es como termina el Libro del Apocalipsis de la biblia. Sonamos…

A decir verdad y aunque lo neguemos o lo hayamos olvidado, casi todos, de alguna u otra manera, fuímos simpatizantes de aquel equipo formado por la empresa Blanquiceleste S.A que encabezaba el Mostaza Merlo como figura excluyente. Más aún en las fechas cúlmines del torneo, cuando parecía que no le íba a dar ni la nafta ni la fuerza anímica para dar la vuelta olímpica.

El 2 de diciembre, por la decimosexta jornada, La Academia recibió en su estadio a su escolta, River Plate, en lo que era una verdadera final anticipada. Y fue más que eso. Resultó una batalla épica, una película de Tarantino, el camino del héroe y demás. Tal es así que todo quedó grabado a fuego en la memoria de quienes miramos aquel encuentro.

Esteban Cambiasso -un ex Independiente- abrió el marcador para River en el último minuto del primer tiempo y daba la impresión que Racing jamás lo iría a empatar. Con ese resultado, los de Núñez quedarían a solo dos puntos de los gerenciados a falta de tres fechas y con la sensación que el castillo de naipes blanquiceleste se iba a desmoronar. Eso, claro, hasta que apareció en escena él: Gerardo Alberto Bedoya Múnera y desató el eterno carnaval.

Latigazo inmortal, vuelo de Comizzo, pedido de hora de Mostaza, empate, «se lo dedico a Cardetti» y demás. Racing Club de Avellaneda campeón y que se venga el mundo abajo.

campeonato07

Nelson Cuevas a Racing (Clausura 2002)

Para esos años de superabundancia, parecía ser demasiado. La dupla Dávicce- Pintado despidió su gestión en River Plate con tres subcampeonatos consecutivos y hasta se había «devorado» a «Los Cuatro Fantásticos«. De hecho, Ariel Ortega aún no había podido dar la vuelta olímpica en su primer regreso a Núñez; Boca se había llevado todo y hasta San Lorenzo había ganado su primera copa internacional. «Yo voy a devolver a River a los primeros planos» declaraba el flamante Presidente, José María Aguilar, como intentando apaciguar un aparente incendio que a ciencia cierta no era tal.

Seguido de cerca por el Gimnasia de Ramacciotti, aquel River de Ramón arrasó rivales durante ese torneo basado en la solvencia de una inédita línea de tres, en el fútbol generado por los pies del Lobo Ledesma y en el poder goleador de Fonseca Esnaider Cavenaghi. Y así, con virilidad futbolística, el equipo llegó a la decimosexta jornada para enfrentar a un viejo conocido: el Racing Club de Mostaza Merlo.

El partido fue aburrido y olvidable. Horrendo. Salvo los minutos adicionados, claro. Después de una falta a Leo Torres con el tiempo cumplido, Comizzo retuvo la pelota para impedir que Racing la jugase rápido. Chiche Arano se la sacó al arquero e hizo el tiro libre que finalizó con una zancadilla criminal del propio Ángel David sobre la humanidad de Panchito Maciel. Tarjeta roja al portero, tiro libre para La Academia y Martín Demichelis al arco ya que El Millonario no tenía más cambios. Prepará otro subcampeonato (?).

Lo que sigue es historia y de la buena: un tiro libre ejecutado asquerosamente por ¡Claudio Úbeda!, la contra electrizante de Nelson Cuevas y el inolvidable Pipinazo esquivando hasta una patada voladora de Gustavo Campagnuolo. River campeón y lleno de gracia. Por que, se sabe, la revancha es un plato que se sirve paraguayo…

campeonato08

Lucas Pusineri a Boca (Apertura 2002)

Morocha, flaca, ojos verdes, simpática, sexy, sensual, inteligente, increíble… Sin exagerar, era la mujer más hermosa que había tenido entre mis brazos en toda mi vida. Nunca jamás me había levantado a una mina en el apogeo de su belleza. Y nunca más lo haría. Lo que es peor, es que ella estaba sinceramente enamorada de mí. Y yo, por supuesto, hacía uso y abuso de esa ventaja.

Todo había comenzado un par de veranos atrás, en mi Mar del Plata, cuando yo estaba fascinado por salir los sábados a la noche a cazar turistas. Y una noche cualquiera, ya no recuerdo ni como, di con ella, que había llegado desde la desconocida City Bell… Y a partir ese momento seguimos la especie de relación en veranos, inviernos, fines de semana largos y con ese amigo olvidado llamado teléfono. Esa mujer cada día me amaba más ¿Y yo? Por esa época ya era incapaz de amar a nadie.

Bueno, en realidad, no. Yo amaba fervientemente a Boca Juniors, que para finales de 2002 me tenía muy malacostumbrado: títulos locales, internacionales, mundiales. A uno se le había despertado un apetito voraz que exigía ganar por demolición hasta los torneos de verano. Básicamente, eso era lo único que realmente me importaba en aquella vida.

En diciembre de ese año, ella se tomó un fin de semana a base de mentiras para venir a verme y definir todo lo nuestro. Si es que había un todo y si es que había un nuestro. ´Hablamos el domingo, durante el partido´ atiné a decirle con ánimos de postergar la charla hasta que una providencial invasión extraterrestre me exima de enfrentarla. Además, Boca se jugaba la chance de destronar al líder Independiente en la anteúltima jornada del torneo y yo no pensaba perdérmelo. Realmente no podía posponer eso. Lo otro sí, pero eso no.

Domingo. Ella pasó a buscarme por el trabajo y fuimos a un café. En ese ambiente, nuestro ambiente, había una sensación de inminente inquisición que yo quería evitar hablando de nimiedades. Pero esa sensación, cercana a la culpa, volvía cada vez que la miraba a los ojos. Nos sentamos frente a una pantalla gigante a la espera del partido y ahí pasó lo peor que pudo haberme pasado. Corte general de electricidad en casi toda la Argentina. ¿Y ahora qué hago?

No hubo partido en directo. Al menos, no en las zonas que yo frecuentaba. Tuve que hacerle frente a una mujer y tirar todo por la borda por mi poco apego al compromiso y por mi temor a las rutinarias relaciones de pareja. Aquella tarde sigue dando vueltas en mi cabeza como aquel delantero que se tortura por haber tirado una pelota por arriba del travesaño en una final del mundo. La revancha algún día llegaría, pero no sería la misma. Sería otra revancha. En otro lugar, siendo otra persona.

Volví a ver a Sabrina -así se llamaba ella- una década después, en la costa. Me la crucé por casualidad. Estaba igual de hermosa que siempre pero esta vez llevaba en sus brazos a un infante vestido de Independiente y de nombre Lucas… por que a veces, injustamente o no, los campeonatos se los llevan otros…

campeonato09

Pablo Piatti a Newell´s (Apertura 2006)

Pese a La Volpe, Boca Juniors iba derecho a conseguir su ansiado tricampeonato. El único que tenía mínimas chances de aguarle la fiesta era Estudiantes de La Plata, que no daba una vuelta olímpica desde hace más de veinte años.

Además, había en el ambiente una extraña sensación de persecuta hacía los Pincharratas: «Que los árbitros no se animan a expulsar a Verón», «Que la Bruja es el cabecilla de una movida de los jugadores para voltear a Grondona» y demás. A la jornada dieciseis, frente a Newell´s, los de Simeone llegaron con cuatro puntos menos que los Xeneizes e imposibilitados de llevar a sus hinchas a Rosario. Bienvenidos al futuro.

Encima, aquel sábado 18 de noviembre, Tacuara Cardozo abrió el marcador para los Leprosos de penal y el tiempo se consumió para Estudiantes entre la impotencia y los chistes de Baldassi. Tremendo. A los 90 minutos, como quien no quiere la cosa, José Luis Calderón empató el partido y le dio algo de vida a su equipo, que se potenció cuando el árbitro elevó seis dedos al cielo. Y a la carga Barracas…

Fue en ese preciso momento cuando apareció en escena Pablo Piatti con su metro sesenta y tres para meter la cabeza y darle una agónica victoria a Estudiantes a los 94 minutos. Heróico e inolvidable para el pibe cordobés de tiernos 17 años que encima estaba haciendo su debut absoluto en Primera División.

Aquel gol fue la orden para que se empiecen a alinear los planetas. Del resto, por supuesto, se encargó el querido Ricardo…

Aquí, el listado completo de los goles del campeonato desde el inicio de los torneos cortos

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Especiales: El gol del campeonato (Parte 1)

gonzalezgallegogol

Es, por supuesto, el tanto más recordado por los hinchas de cada equipo campeón. Es ese grito que te hace poner la piel de gallina cada vez que lo recordás o lo encontrás en televisión. Un momento de alegría que funciona como bálsamo ante cualquier depresión. Un lugar adonde irse a vivir eternamente. ¿Por qué? Por que de cada posible sueño recurrente ellos son la infinita confirmación.

El gol del campeonato puede ser el que definió matemáticamente un torneo, pero muchas veces no lo es. Lo que es seguro es que no necesariamente son los que ocurrieron en los clásicos, por más que, tal vez, esos tantos guarden un lugar más privilegiado en el corazón de todos.

Por lo general, el gol del campeonato es el que se inmortaliza por que emerge cuando el miedo y la angustia paralizan a hinchas y a protagonistas. Funcionaron y funcionan como descargo y desahogo. Y, desde su concepción, cobran el estatus de “objeto”. Están almacenados en el disco rígido y no se borran. Una coreografía interminable con héroes, antihéroes y baldoseros. Aquí el recuerdo para algunos de ellos.

campeonato01

Aldo Soria a Talleres de Córdoba (Clausura 1992)

Newell´s Old Boys estaba deprimido: apenas siete días atrás había perdido por penales la final de la Copa Libertadores frente al San Pablo. Y a pesar de haberle prometido a Marcelo Bielsa que iban a ganar sí o sí aquel campeonato, los jugadores no daban pie con bola contra Talleres en el partido que tenían postergado.

Peor aún, cuando en el primer tiempo Javier Zeoli le atajó un penal a Eduardo Berizzo, quien también había errado su ejecución frente a los brasileros. El Coloso del Parque se llenó de fantasmas. La solución, como siempre en la historia del fútbol rosarino, estuvo en recurrir a la cantera. Y El Loco se la jugó por dos pibes que venían asomando: Marcelo El Pichi Escudero y Aldo Soria.

Y fueron ellos dos, en ese orden, quienes marcaron los tantos de la victoria a los 82 y 84 minutos para mantener la diferencia en la tabla frente a Boca. Y fue precisamente después de este último gol que el pueblo Leproso sintió que el campeonato no se iba a escapar. Y no se escapó. Un par de semanas después solo se podía decir una cosa: “!Ñubel! ¡Ñubel, Carajo!”.

campeonato02

Claudio Benetti a San Martín de Tucumán (Apertura 1992)

Imposible obviarlo. Boca acumulaba once años de frustraciones y llegaba a la jornada final de aquel campeonato con poca nafta y con River comiéndole los talones. Ricardo Solbes abrió el marcador para los tucumanos y el silencio se apoderó de La Bombonera, por el temor cagazo a perder el torneo frente al rival más odiado.

Y ahí apareció él, Claudio Edgar Benetti, con su eterno tiro cruzado. “Los rivales se abrieron”. “pedito de vieja”, “estaba arreglado”, “amenazaron a los tucumanos”. Todo eso es verdad, todo eso es mentira y todo eso ya es un mito.

El héroe con 15 minutos de fama por antonomasia de nuestro fútbol ya estaba instalado y el telón de aquel torneo cayó con la tónica de aquel final de campeonato: con el alambrado sobre la jeta de los ganadores…

campeonato03

Enzo Francescoli a Talleres de Córdoba (Apertura 1994)

Decimoséptima jornada. El River de Américo Gallego estaba invicto e iba con paso firme hacía la conquista de un nuevo campeonato. Con 26 puntos, al momento de iniciarse su encuentro le llevaba solo uno de diferencia a San Lorenzo, quien ya había vencido por 3 a 1 a Vélez. Recuerden: todavía se entregaban dos puntos por victoria.

Antes de finalizar la primera etapa, Enzo Francescoli abrió el marcador gracias a un penal de dudosa procedencia (?). Además, el inexperto árbitro, Horacio Elizondo, había expulsado a Ariel Boldrini del Matador sin motivo evidente. En apariencias, todo cocinado para los de Núñez.

Sin embargo, a los tres minutos del segundo tiempo apareció Adrián Fornero, quien inesperadamente igualó el marcador. Y fue ahí, con el apresurado transcurrir de los segundos, cuando la incertidumbre se apoderó de los Millonarios ¿Por qué? Por que en las últimas dos jornadas debía enfrentar nada menos que a Boca Juniors y luego al Vélez campeón del mundo. En tanto, San Lorenzo debía medirse contra el irregular Lanús y luego frente a sus amigos de Rosario Central. Todo se había puesto raro.

Pero claro, nadie contaba con la astucia de Elizondo quien, mostrando ganas que su nombre sea conocido en todo el país, adicionó cinco minutos cuando el tiempo reglamentario había expirado ¿Algo más? Si, también expulsó a Silvio Carrario y a Daniel Kesman del visitante es un loquito… es un loquito…

Una vez cumplidos los cinco minutos, el árbitro adicionó tres minutos más como corresponde (?). Tiempo suficiente para que Enzo Francescoli -de cabeza- marcase un gol inmortal que quedó como la ratificación de la merecida conquista de ese campeonato, más allá de la actuación del árbitro, quien era perseguido por los pocos cordobeses que aún quedaban en la cancha.

Un par de días después, el equipo del Tolo venció por 3 a 0 a Boca. Sin embargo, no pudo dar la vuelta olímpica en el Camilo chiquero Cichero a la espera del partido de San Lorenzo, quien finalmente empató 2 a 2 con Lanús. Así es, aquel River salió campeón mirando la televisión.

campeonato04

Roberto Trotta a Newell´s (Clausura 1997)

A mediados de los noventa, la sociedad argentina tenía una sola certeza: ningún humano amaba a Roberto Trotta (?). Odiado en menos de doce meses por los hinchas de Vélez, por los tifosis de la Roma de Italia y también por Ramón Díaz; la estabilidad emocional del Cabezón estaba siempre en la mira. Además, el jugador encontraba en los periodistas a los cómplices ideales para dejar en claro por que el planeta estaba equivocado menos él. “No tengo pelos en la lengua”, se enorgullecía…

Y así, convertido en un paria emocional, Trotta fue el lógico suplente de Celso Ayala durante el Clausura 1997; extraño torneo donde el lugar de escolta de River osciló entre Colón, Lanús, Independiente y Newell´s. Ninguno era tan sólido como el Millonario, que sin embargo sufrió derrotas vergonzosas frente a los Sabaleros y a Estudiantes. Cualquier cosa podía pasar…

Por la jornada 17, ahí nomás del final, River recibió en su estadio a su competidor directo Newell´s en un partido que se tornó duro y demasiado peleado, ante la juventud y la ambición de los rosarinos. Todo parejo hasta que en el último minuto apareció Roberto Trotta con una media chilena para marcar el 1 a 0 definitivo, que además posicionó a River como seguro ganador del torneo ante la pérdida de puntos de todos sus rivales.

“Cuando lo ví entrar en el segundo tiempo con la camiseta 13 le dije que iba a hacer el gol del campeonato” dijo Ramón Díaz como dando a entender que el defensor le había gritado el gol en la cara como dedicatoria, cuando en realidad lo que Trotta tenía era ganas de bajarle la dentadura, sin (?).

River salió campeón en la siguiente fecha, cuando venció por 2 a 0 a Vélez con goles de Enzo. Por su parte, Trotta se fue a préstamo a Racing, Sporting Gijón y Unión de Santa Fe y recién dos años después recibió algo de afecto. Igual, hizo “el gol” de aquel campeonato…

campeonato05

Matías Arce a Estudiantes (Apertura 2000)

Tras volver de Japón con la Intercontinental en brazos y luego vencer a San Lorenzo, Boca cayó ante Chacarita por la anteúltima fecha del Apertura y el sueño de lograr un tercer título en aquel año comenzó a desmoronarse. Eso, hasta que dos horas después apareció en escena el paraguayo Derlis Soto de Huracán, quien le empató el partido a River en El Monumental, devolviéndole el alma al cuerpo a Los Xeneizes.

En la última fecha y entremedio de un partido chato y aburrido frente a Estudiantes, La Hiena Arce dejó su lugar en el banco de suplentes para meterse en la historia con un derechazo defectuoso que hizo rememorar, en el acto, a la gracia histórica de Claudio Benetti.

Y así, Matias Arce acabó con la impaciencia de los hinchas que habían abarrotado La Bombonera, se robó las portadas de los diarios y se convirtió en la cara inmortal de la obtención del Apertura 2000. Igual, nunca nadie reparó en un detalle: antes del gol de La Hiena, el escolta River Plate ya había perdido por 3 a 2 contra Lanús. Con o sin gol, Boca ya había ganado el campeonato…