
Gerardo Bedoya a River (Apertura 2001)
El planeta se había vuelto extraño. Corralito, corralón, torres gemelas, despedida de Maradona, Gran Hermano. Todos estábamos tan distraidos con nimiedades que no reparamos en un pequeño detalle: Racing Club de Avellaneda estaba a pasos de ganar el campeonato después de 35 años de espera. Y de esa manera, es sabido, es como termina el Libro del Apocalipsis de la biblia. Sonamos…
A decir verdad y aunque lo neguemos o lo hayamos olvidado, casi todos, de alguna u otra manera, fuímos simpatizantes de aquel equipo formado por la empresa Blanquiceleste S.A que encabezaba el Mostaza Merlo como figura excluyente. Más aún en las fechas cúlmines del torneo, cuando parecía que no le íba a dar ni la nafta ni la fuerza anímica para dar la vuelta olímpica.
El 2 de diciembre, por la decimosexta jornada, La Academia recibió en su estadio a su escolta, River Plate, en lo que era una verdadera final anticipada. Y fue más que eso. Resultó una batalla épica, una película de Tarantino, el camino del héroe y demás. Tal es así que todo quedó grabado a fuego en la memoria de quienes miramos aquel encuentro.
Esteban Cambiasso -un ex Independiente- abrió el marcador para River en el último minuto del primer tiempo y daba la impresión que Racing jamás lo iría a empatar. Con ese resultado, los de Núñez quedarían a solo dos puntos de los gerenciados a falta de tres fechas y con la sensación que el castillo de naipes blanquiceleste se iba a desmoronar. Eso, claro, hasta que apareció en escena él: Gerardo Alberto Bedoya Múnera y desató el eterno carnaval.
Latigazo inmortal, vuelo de Comizzo, pedido de hora de Mostaza, empate, «se lo dedico a Cardetti» y demás. Racing Club de Avellaneda campeón y que se venga el mundo abajo.

Nelson Cuevas a Racing (Clausura 2002)
Para esos años de superabundancia, parecía ser demasiado. La dupla Dávicce- Pintado despidió su gestión en River Plate con tres subcampeonatos consecutivos y hasta se había «devorado» a «Los Cuatro Fantásticos«. De hecho, Ariel Ortega aún no había podido dar la vuelta olímpica en su primer regreso a Núñez; Boca se había llevado todo y hasta San Lorenzo había ganado su primera copa internacional. «Yo voy a devolver a River a los primeros planos» declaraba el flamante Presidente, José María Aguilar, como intentando apaciguar un aparente incendio que a ciencia cierta no era tal.
Seguido de cerca por el Gimnasia de Ramacciotti, aquel River de Ramón arrasó rivales durante ese torneo basado en la solvencia de una inédita línea de tres, en el fútbol generado por los pies del Lobo Ledesma y en el poder goleador de Fonseca Esnaider Cavenaghi. Y así, con virilidad futbolística, el equipo llegó a la decimosexta jornada para enfrentar a un viejo conocido: el Racing Club de Mostaza Merlo.
El partido fue aburrido y olvidable. Horrendo. Salvo los minutos adicionados, claro. Después de una falta a Leo Torres con el tiempo cumplido, Comizzo retuvo la pelota para impedir que Racing la jugase rápido. Chiche Arano se la sacó al arquero e hizo el tiro libre que finalizó con una zancadilla criminal del propio Ángel David sobre la humanidad de Panchito Maciel. Tarjeta roja al portero, tiro libre para La Academia y Martín Demichelis al arco ya que El Millonario no tenía más cambios. Prepará otro subcampeonato (?).
Lo que sigue es historia y de la buena: un tiro libre ejecutado asquerosamente por ¡Claudio Úbeda!, la contra electrizante de Nelson Cuevas y el inolvidable Pipinazo esquivando hasta una patada voladora de Gustavo Campagnuolo. River campeón y lleno de gracia. Por que, se sabe, la revancha es un plato que se sirve paraguayo…

Lucas Pusineri a Boca (Apertura 2002)
Morocha, flaca, ojos verdes, simpática, sexy, sensual, inteligente, increíble… Sin exagerar, era la mujer más hermosa que había tenido entre mis brazos en toda mi vida. Nunca jamás me había levantado a una mina en el apogeo de su belleza. Y nunca más lo haría. Lo que es peor, es que ella estaba sinceramente enamorada de mí. Y yo, por supuesto, hacía uso y abuso de esa ventaja.
Todo había comenzado un par de veranos atrás, en mi Mar del Plata, cuando yo estaba fascinado por salir los sábados a la noche a cazar turistas. Y una noche cualquiera, ya no recuerdo ni como, di con ella, que había llegado desde la desconocida City Bell… Y a partir ese momento seguimos la especie de relación en veranos, inviernos, fines de semana largos y con ese amigo olvidado llamado teléfono. Esa mujer cada día me amaba más ¿Y yo? Por esa época ya era incapaz de amar a nadie.
Bueno, en realidad, no. Yo amaba fervientemente a Boca Juniors, que para finales de 2002 me tenía muy malacostumbrado: títulos locales, internacionales, mundiales. A uno se le había despertado un apetito voraz que exigía ganar por demolición hasta los torneos de verano. Básicamente, eso era lo único que realmente me importaba en aquella vida.
En diciembre de ese año, ella se tomó un fin de semana a base de mentiras para venir a verme y definir todo lo nuestro. Si es que había un todo y si es que había un nuestro. ´Hablamos el domingo, durante el partido´ atiné a decirle con ánimos de postergar la charla hasta que una providencial invasión extraterrestre me exima de enfrentarla. Además, Boca se jugaba la chance de destronar al líder Independiente en la anteúltima jornada del torneo y yo no pensaba perdérmelo. Realmente no podía posponer eso. Lo otro sí, pero eso no.
Domingo. Ella pasó a buscarme por el trabajo y fuimos a un café. En ese ambiente, nuestro ambiente, había una sensación de inminente inquisición que yo quería evitar hablando de nimiedades. Pero esa sensación, cercana a la culpa, volvía cada vez que la miraba a los ojos. Nos sentamos frente a una pantalla gigante a la espera del partido y ahí pasó lo peor que pudo haberme pasado. Corte general de electricidad en casi toda la Argentina. ¿Y ahora qué hago?
No hubo partido en directo. Al menos, no en las zonas que yo frecuentaba. Tuve que hacerle frente a una mujer y tirar todo por la borda por mi poco apego al compromiso y por mi temor a las rutinarias relaciones de pareja. Aquella tarde sigue dando vueltas en mi cabeza como aquel delantero que se tortura por haber tirado una pelota por arriba del travesaño en una final del mundo. La revancha algún día llegaría, pero no sería la misma. Sería otra revancha. En otro lugar, siendo otra persona.
Volví a ver a Sabrina -así se llamaba ella- una década después, en la costa. Me la crucé por casualidad. Estaba igual de hermosa que siempre pero esta vez llevaba en sus brazos a un infante vestido de Independiente y de nombre Lucas… por que a veces, injustamente o no, los campeonatos se los llevan otros…

Pablo Piatti a Newell´s (Apertura 2006)
Pese a La Volpe, Boca Juniors iba derecho a conseguir su ansiado tricampeonato. El único que tenía mínimas chances de aguarle la fiesta era Estudiantes de La Plata, que no daba una vuelta olímpica desde hace más de veinte años.
Además, había en el ambiente una extraña sensación de persecuta hacía los Pincharratas: «Que los árbitros no se animan a expulsar a Verón», «Que la Bruja es el cabecilla de una movida de los jugadores para voltear a Grondona» y demás. A la jornada dieciseis, frente a Newell´s, los de Simeone llegaron con cuatro puntos menos que los Xeneizes e imposibilitados de llevar a sus hinchas a Rosario. Bienvenidos al futuro.
Encima, aquel sábado 18 de noviembre, Tacuara Cardozo abrió el marcador para los Leprosos de penal y el tiempo se consumió para Estudiantes entre la impotencia y los chistes de Baldassi. Tremendo. A los 90 minutos, como quien no quiere la cosa, José Luis Calderón empató el partido y le dio algo de vida a su equipo, que se potenció cuando el árbitro elevó seis dedos al cielo. Y a la carga Barracas…
Fue en ese preciso momento cuando apareció en escena Pablo Piatti con su metro sesenta y tres para meter la cabeza y darle una agónica victoria a Estudiantes a los 94 minutos. Heróico e inolvidable para el pibe cordobés de tiernos 17 años que encima estaba haciendo su debut absoluto en Primera División.
Aquel gol fue la orden para que se empiecen a alinear los planetas. Del resto, por supuesto, se encargó el querido Ricardo…
Aquí, el listado completo de los goles del campeonato desde el inicio de los torneos cortos
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