Aunque su esposa terminó bajándole el pulgar a una mudanza a Argentina, lo cierto es que la (im)posible llegada de Genaro Gattuso estaba resuelta sin necesidad de poner como excusa a la familia.
Primero, porque el interés de Boca Juniors nunca fue real, ni tampoco existió una oferta concreta. Apenas hubo un acercamiento por parte de Pablo Budna, secretario técnico del club a mediados de 2012, quien en un viaje por Italia reconoció que le gustaría incorporar al mediocampista. «Si él quiere, estamos listos», tiró sin importarle que al equipo le sobraban futbolistas con características similares, como Somoza, Ledesma, Erbes y Rivero.
Además, a pesar de que en el pasado el italiano le había hecho un guiño al Xeneize (en 2009 se refirió a la posibilidad de jugar en la Bombonera), aquel año tenía algunos problemas en la vista, y decidió no irse lejos de casa. “Yo quería ir al 100 por 100 y para ir así, preferí no ir», reconoció años más tarde.
Por último, y principalmente, el tema de la mujer. “Ella manda en casa y no me dejó. Mis chicos eran muy pequeños y no era la situación familiar para ir», expresó con total sinceridad.
Finalmente, en aquella oportunidad, el jugador dejó el Milan y se mudó a Suiza, para disputar la última temporada de su carrera en el FC Sion. Así, ganó en tranquilidad. Y en aburrimiento.





