Del vestuario al camión: ¿Qué fue de Quique Seccafien?

¿Cómo es retirarse con apenas 33 años y cambiar de rubro, después de una vida dedicada al fútbol? La cuarentena nos dio tiempo para charlar con Enrique Quique Seccafien, aquel volante creativo de Morón, Rosario Central y Aldosivi, entre otros, que hoy se gana la vida como camionero.

“Me costaba ir a entrenar, físicamente no estaba de la mejor forma, y anímicamente tampoco porque estaba atravesando momentos familiares duros, como la muerte de mi mamá. Entonces, no dudé mucho. Aunque me querían ofrecer a otros clubes, no estaba motivado”, recuerda Quique, de último paso por Barracas Central en la B Metro.

A mediados de 2018, dejó de ser jugador para transformarse en chofer profesional de camiones y así continuar con el legado de su papá Juan Carlos, con quien hoy comparte el oficio. “Mi viejo tiene ya 75 años y estuvo con algunos temas de salud, al principio no quería que subiera al camión porque él me tenía idealizado como el jugador de fútbol, después lo aceptó porque ya no le quedó otra”, dice Secaffien, que actualmente tiene 35 años .

Las primeras experiencias no fueron las más agradables arriba del camión: desde chocar en la ruta 29, hasta mandarse por la avenida Luis María Campos de Buenos Aires, sin reparar en la altura máxima permitida para transitar y poner en peligro el acoplado.

Al margen de esas anécdotas, el oriundo de Morón destaca la solidaridad que existe entre los compañeros de ruta y remarca la diferencia entre el camión y el fútbol: “No te aburrís. Acá, no tengo horarios, podés salir por un viaje a las 2 de la tarde de un día y volvés a las 5 de la madrugada del siguiente”.

Después de dejar el fútbol, a contramano de lo que suele suceder, pudo salir de la depresión y cambiar el ánimo: “Muchos amigos y familiares me dicen que me ven mucho mejor que en mis últimos tiempos de jugador”.

Su momento futbolístico

“Recuerdo que en la época en que nos dirigió Darío Franco en Aldosivi, veníamos muy mal peleando el descenso en la B Nacional, pudimos salvarnos y terminamos jugando muy bien. El entrenador sacó lo mejor de mí, porque me hacía jugar pero también marcaba, porque veía que todos los hacían. Nos exigía atacar y defender a los 11. Esa temporada recuerdo que marqué un lindo gol, puse el pie a lo Riquelme, contra Almirante Brown en Mar del Plata”.

La pandemia

“El futbol es parte de la burbuja en la que estábamos antes de que pasara todo esto. Lo que vemos en las primeras categorías del fútbol mundial es el negocio en su máxima expresión. Que a un jugador lo paguen 200 millones de dólares es un despropósito. Antes los deportistas tenían cierta rebeldía ante los dirigentes, se le plantaban, pero ahora ya no y eso es por la plata. Hoy, son una parte más del circo. El negocio es por los jugadores, la TV y la publicidad, pero en un mundo en el que hay muchas necesidades, es una locura que se manejen estos números”.

Respecto a la situación de ex compañeros de clubes de ascenso, Seccafien remarca que los jugadores están a la buena de Dios. “Hay jugadores que no cobran sueldos desde diciembre. Es delicada la situación, tal vez con la solidaridad de algunos jugadores que cobran buenas sumas y están al día, se podrían pagar sueldos de algunos planteles del ascenso que están atrasados”.

Martín Zelaya

Barcia Ignacio

Ignacio Miguel Barcia Cabrera

En el segundo semestre de 2010, Independiente se jugó un pleno a ganar la Copa Sudamericana. No le salió mal, al menos en parte, ya que conquistó el título en una recordada definición por penales ante el Goiás brasileño. Sin embargo, pagó el descuido del torneo local con el último puesto en el Apertura, que a la postre (?) sería clave en el descenso consumado en 2013. En ese semestre, el Rojo cosechó miserables 14 puntos, producto de 2 victorias, 8 empates y 9 derrotas.

Para afrontar las últimas fechas de aquel campeonato, el Turco Antonio Mohamed apeló a un rejunte de juveniles, veteranos y relegados. Uno que sumaba sus primeros minutos oficiales era el lateral izquierdo Ignacio Barcia, que en el receso invernal había participado de la pretemporada, bajo el mando de Daniel Garnero. El pibe nacido en Capital Federal el 15 de junio de 1989 ya era todo un histórico del club. “Empecé a jugar a los cinco años, en el baby. Luego, a los ocho, pasé a cancha grande, tras un partido que se realizó entre los chicos del baby y los de cancha de once. Después de ese encuentro, que fue observado por Nito Veiga y Ricardo Bochini, me dijeron que me tenía que presentar en el predio de Wilde para sumarme a los entrenamientos de la categoría superior”, rememoró alguna vez.

Antes del debut, había ido al banco de suplentes en la segunda fecha ante Argentinos Juniors y hasta se había colado en la lista de buena fe de la Sudamericana, gracias a la lesión del paraguayo Cristian Báez. Finalmente, en la jornada 14, salió desde el arranque, con el número 13, en el empate 1 a 1 frente a Olimpo de Bahía Blanca. Esa noche, actuando como zaguero central, conformó una línea de 4 con el ya recuperado Báez, Carlos Matheu y Maximiliano Vélazquez. Matheu había puesto en ventaja al equipo de Avellaneda, que no supo aguantar el resultado y sufrió la igualdad en la última jugada por intermedio de Carlos Salom, que aprovechó una salida espantosa de Hilario Navarro.

Siete días después, reapareció entre los titulares contra Colón de Santa Fe, en un encuentro casi calcado. Otro defensor, esta vez Velázquez con un bombazo, adelantó al Rojo, pero el Bichi Esteban Fuertes lo empató a 15 del final para el Sabalero.

La tendencia de los goles sobre la hora se repitió en la fecha 16, en la derrota por 2 a 1 ante Estudiantes de La Plata, el líder. Aquella vez, Barcia compartió la última línea con Samuel Cáceres y Carlos Matheu. A diferencia de los choques anteriores, Independiente arrancó abajo en el marcador por el tanto de Juan Pablo Pereyra (horror defensivo al margen), pero lo igualó gracias a Nicolás Martínez, el hermano menor del Burrito. A los 85, la Gata Fernández, con un cabezazo bombeado, le dio el triunfo a los dirigidos por Alejandro Sabella. A pesar de la caída, los pibes made in Avellaneda se fueron aplaudidos.

Una semana más tarde, el juvenil se despidió para siempre de la máxima categoría en un olvidable 0 a 0 contra Lanús en La Fortaleza.

Tras la pretemporada de 2011, donde sumó algunos minutos extraoficiales, estaba afianzado en el plantel profesional (qué bien), aunque nunca salió del banco de suplentes (qué mal). Así fue en el duelo postergado del Apertura contra Tigre que se jugó en febrero, en el arranque del Clausura ante Vélez Sarsfield y en dos partidos de la Copa Libertadores, frente a la Liga Deportiva Universitaria de Quito y Godoy Cruz. Además, formó parte del grupo que viajó a Japón para disputar y perder por penales la final de la Copa Suruga Bank con el Júbilo Iwata. Por entonces, sonaba como posible moneda de cambio, junto con Federico Mancuello, para la llegada de Javier Cámpora (goleador del Clausura 2011 con Huracán) a Independiente y también hubo sondeos del Tijuana de México.

Sin chances en Primera, colgado por Ramón Díaz, que tomó el mando tras la salida de Mohamed, y casi que estorbando en Reserva, tuvo que salir a buscar lugar en otra parte. Lo encontró bastante cerca, en la famosa Isla Maciel, con la camiseta de San Telmo (2012/13) en la Primera B Metropolitana. “Fue un error haber ido porque significó bajar dos categorías luego de pasar por la Primera de Independiente. Jugué alrededor de 40 partidos y al final descendimos, así que terminó siendo peor”, reconoció tiempo después.

Con el Rojo viajando a lo largo y a lo ancho del país en la B Nacional, Nacho regresó al club, pero Miguel Ángel Brindisi lo mandó a entrenar con los marginados. Lo rescató Omar De Felippe, pero no tuvo acción y a comienzos de 2014 rescindió su contrato.

Enseguida se sumó a préstamo a la UAI Urquiza (2014), también de la B Metropolitana, donde ni jugó. Su última experiencia como profesional fue en Bahía Blanca, con los colores de Villa Mitre (2014/15) -12 encuentros, una expulsión- en el Federal B. “Estuvimos cerca de ascender. En febrero-marzo de 2015 me volví para acá y los clubes estaban casi todos armados, no había cupos. Me salió para ir a entrenar a Berazategui, pero al final contrataron a otro refuerzo y no se pudo dar. Ahí ya había cerrado todo y quedé parado”, contó hace algunos meses en una entrevista al sitio Doble Amarilla, en la que relató su experiencia actual como empleado de una empresa de limpieza.

“Después de que me quedé sin club, estuve tirando currículums en todos lados. Un día, una conocida mía me dijo que su padre trabajaba en una empresa de limpieza en la que se ganaba poco. Agarré y le dije que sí, porque la verdad estaba desesperado. Al otro día me llamó el padre y me dijo que tenía que ir a firmar el contrato y arrancar a trabajar. En ese momento me salvó, cerré los ojos y fui. Jamás había trabajado en algo como esto, siempre había jugado al fútbol, pero le di para adelante”, contó. “Tenía que conseguir trabajo porque en ningún momento llegué a estar bien económicamente. No podía mantenerme entrenando sin cobrar un peso porque no me daba la billetera, así que necesité salir a trabajar”.

Hoy, alejado por completo del fútbol, sueña con volver a las canchas, aunque sabe que es difícil: «Llegué a Primera, viví mi sueño. Tengo que creérmela un poquito», dice. Y agrega: «Me encantaría que algún club me dé una oportunidad».

Prediger a Celta de Vigo (2012)

El 2012 de Colón fue un año con dos caras bien diferentes. Por un lado, mostró un lento pero visible deterioro en el plano institucional, con varios trapos sucios que empezaban a aflorar mientras su presidente la chapeaba como «Secretario del Departamento de Selecciones Nacionales». Uno de ellos fue la conflictiva salida del Chino Garcé, tirando palitos hacia los dirigentes y hacia el manager del club, Gabriel Omar Batistuta, meses después del episodio surrealista de la Virgen. Pese a todo ésto, en el plano futbolístico el equipo de Boquita Sensini tuvo un año medianamente aceptable: un buen colchón de puntos, la participación en una copa internacional y un celebrado triunfo en el clásico luego de 10 años.

En ese contexto, Sebastián Prediger se había convertido -junto al Puma Gigliotti y al pibe de los 10 millones de euros Lucas Mugni- en uno de los jugadores franquicia (?) del sabalero. Lejos parecía haber quedado su seguidilla de magras experiencias en el Porto, en el Cruzeiro y en el Boca de Bianchi. El Perro, que había vuelto en 2011 a su primer hogar futbolero, se había reencontrado con su mejor versión, aquella que demostró en su anterior etapa sabalera junto al Turco Mohamed, y que lo llevó a ser pretendido por varios equipos europeos (Benfica, Ajax, Espanyol, por nombrar algunos)… ¡y por el Diego! quién le dedicó un mimo en uno de los amistosos falopa de la selección.

Pues entonces, para fines de 2012, la carrera internacional de Prediger parecía tener un reload (?). Alrededor del 10 de diciembre de ese año medios españoles y argentinos hicieron público el interés del Celta de Vigo por el mediocampista entrerriano. El club español estaba dispuesto a desembolsar entre 800.000 y 1.000.000 de euros por el 50% del pase (la otra mitad pertenecía al Porto), y un contrato por tres temporadas y media. El Perro fue solicitado expresamente por el DT del Celta, Paco Herrera, para reforzar su equipo de cara a la segunda mitad de la Liga. Incluso el secretario técnico de la entidad gallega, Miguel Torrecilla, estuvo en Argentina un par de semanas atrás comprobando in situ las prestaciones del futbolista antes de dar el visto bueno a la operación. La cosa iba en serio (?).

Consultado sobre el interés del Celta, Prediger eligió poner paños fríos a la situación: «Recién llegué de pescar, de vacaciones y no sé nada. Vi los mensajes y las llamadas perdidas en mi celular, pero quería salir a aclarar que no estoy enterado de nada». Aunque dijo no estar al tanto de las negociaciones, se mostró contento por el interés del equipo español: «Siempre tuve el anhelo de jugar en España. Cuando firmé en el Porto tuve la chance de jugar en el Espanyol de Barcelona y me arrepentí de no haber ido porque es un fútbol que siempre me gustó«, contó. Y cerró de manera optimista: «Ojalá que si esto es concreto y le conviene a todos, se pueda llevar a cabo».

Por su parte, en la prensa ibérica se hablaba de Prediger como firme candidato a reforzar el clan argentino (sic) del Celta. Gustavo Cabral, defensor argentino que integraba el clan (?) fue consultado sobre la posibilidad y le tiró un hueso flores al Perro: «He escuchado que podía ser una de las alternativas y no sé si será así, pero ojalá pueda venir […] Es un jugador que maneja muy bien la pelota en el piso. Le gusta jugar mucho, estar en contacto con el balón. Actúa en el mediocampo y trata de tener la pelota, de jugarla. Es un estilo a lo que juega el Celta hoy en día. Además, es un futbolista alto que también va bien por arriba. El tipo de jugador que están buscando para que se acople lo más rápido posible al plantel».

Para el 15 de diciembre las negociaciones se mostraban avanzadas, y el entusiasmo del mediocampista sabalero también, pero con cautela. «Por lo que tengo entendido, creo que está bastante avanzado todo, pero tampoco quiero decir algo que quede fuera de lugar porque yo pertenezco a Colón […] Siempre me manifesté en el sentido de que soy feliz jugando en Colón, estoy cerca de mi casa y de mi familia, es un club en el que nací profesionalmente y que siempre me brindó todo, incluso la posibilidad de volver con esta dirigencia. Tengo una muy buena relación con Germán (L*rche), quien me dio la chance de ponerme nuevamente la camiseta de Colón y estar en el ruedo», agregó. Ya por entonces no quedaba mucho margen para la operación, puesto que el DT Paco Herrera esperaba contar con él antes del 27 de diciembre, previo a los compromisos del Celta por la Liga y la Copa del Rey. Y sobre todo, antes del otro compromiso, ligado a la vida personal del Perro: el acuerdo y la presentación del futbolista en Vigo debía producirse antes del 29 de diciembre, día en el que Prediger tenía previsto contraer matrimonio en Argentina.

Sin embargo, mientras todos los medios deportivos continuaban asegurando que el pase de Prediger al Celta estaba prácticamente cerrado, apareció el presidente del club español, Carlos Mouriño, negando que el club haya hecho una oferta formal por el jugador: “Lo único que podemos decir es que preguntamos precio por muchos jugadores y que Prediger puede ser uno de ellos, pero si se dice que éste es el jugador elegido y que a por éste vamos, rotundamente digo no”. ¡Chan!

Los días transcurrieron sin más novedades, hasta que el 19 de diciembre, el periódico Atlántico de España publicó «El fichaje de Prediger está descartado», expresando que las diferencias económicas fueron el detonante y que el club vigués saldría a buscar a otro jugador. Incluso, el medio español deslizó la posibilidad que el jugador argentino esté coqueteando (?) con otra mina Racing.

Consultado por esta noticia, Prediger señaló: «Hasta hace tres días estaba todo hecho y tenía otras posibilidades también, pero bueno, la situación mía no es tan fácil porque pertenezco a dos equipos y porque hay que ponerse de acuerdo entre tres equipos, y por ahí siempre pueden suceder estas cosas. De mi parte, quiero aclarar, no hay nada de otro mundo, no hay nada extraño. […] Yo estoy tranquilo, soy muy feliz de estar acá. Un privilegiado de ser querido por la gente del equipo que soy hincha».

Ante la consulta por saber si el motivo fue alguna traba que puso el Porto o el pedido de más dinero por parte de Colón (en concepto del año y medio de contrato que le quedaba), Prediger tomó temperatura y apuntó a las altas esferas (?): «Eeeeh bueno, eso se lo podrían preguntar a quien le tienen que preguntar, yo puse la mejor predisposición. Ahora le tocará hablar a la gente que le toque hablar. Hay gente que está más arriba que debería dar explicaciones también«, refiriéndose quizás, al cúmulo de manos en el plato que quería sacar tajada de la transferencia y no se ponían de acuerdo.

Tal era el nivel de turbiedad desconcierto, que el mismo Prediger lo ponía en evidencia en otra entrevista. Al consultarle sobre la propiedad de su pase y las versiones de que Colón no sería el dueño de la mitad del mismo, sino Marcelo Simonian (el empresario que posibilitó la transferencia al Porto, la vuelta a Colón y ahora, la oportunidad de ir al Celta) el jugador declaró: “desde el momento que volví a arreglar con Colón, se que el 50% de mi pase pertenece al club y los derechos federativos también… Marcelo Simonian es un representante que lleva jugadores por todo el mundo, independiente de si uno tiene representante. Pero yo volví a Colón en 2011 sabiendo que el 50% iba a ser del club. Después no se que hubo, o si hubo algo detrás”.

Luego el que salió a hablar fue el futuro presidente de AFA mandamás de Colón, Germán L*rche, desmintiendo cualquier tipo de oferta al club: «Si algún dirigente del Celta habló con el jugador, no lo sé, pero no recibimos un ofrecimiento por él». A su vez, aseguró que los dirigentes de Racing tampoco pidieron referencias por el mediocampista, como trascendió en un medio español. Sin embargo, más tarde el dirigente sabalero sacó su faceta más capanga y confesó: «Prediger tiene dos años más de contrato en Colón. Tenía la posibilidad de irse, pero para hacerlo, tenía que rescindir un contrato vigente, y para eso hay que pagar”. Un hermoso ejemplo que nos dejó Germán sobre haz lo que yo digo y no lo que yo hago.

Para pasar por limpio (?): mientras que entre Prediger, su entorno y el Celta parecía estar todo arreglado, por el lado de Colón -que en principio desmintieron esta operación porque no habían recibido ningún llamado formal- la diferencia pasó a ser de números, ya que el club rojinegro no estaba de acuerdo con el resarcimiento ofrecido por el Celta para rescindir el contrato y liberar al jugador.
Fue así que luego de dos semanas de novela, el sueño de jugar en el fútbol español se le pinchó, las nuevas novias nunca aparecieron y, finalmente el Perro se casó continuó en Santa Fe. «Me quedo felíz en Colón» tiró el mediocampista en un tono de novio a punto de casarse resignación.

A partir de entonces la realidad de Prediger y de Colón no volvería a ser la misma, y los esperaba un 2013 para el olvido.

Durante la pretemporada que le siguió y también con el campeonato en marcha, el Perro discutió en varias oportunidades con el DT Sensini, llegando a quedar excluido del equipo. Allegados al mediocampista manifestaban que todo era resabio de la frustrada venta a España: “siempre paga los platos rotos y es el primer cambio cuando los resultados no se dan. Además no le dieron vía libre para que se realice la venta al Celta y no le cayó bien la negativa». El malpase había dejado secuelas y Prediger ya no parecía estar tan feliz en Colón.

Lo que siguió fue aún peor. Ya sin Sensini… ni Gigliotti… ni Batistuta… ni Forestello… ni L*rche… ni comida en la pensión… ni dinero en las arcas del club… Prediger tuvo que poner la cara en la Fecha 16 del Torneo Inicial 2013 y hacerse cargo de una de las decisiones más difíciles de la historia reciente de Colón, costándole a la postre de los resultados, la idolatría en el club que es hincha. Pero bueno, esa ya es otra historia que en algún momento tendrá su lugar en Son decisiones.

Por lo pronto, continuaremos recibiendo donaciones (?) de fotos de nuestro homenajeado con la remera de Atletico Uruguay, a fin de que el colega KeyserSoze complete este anhelado culo de mal asiento Amor a la Guita.

Boca negra y oro (2016)

Durante mucho el tiempo, el negro fue un color casi prohibido para las camisetas de fútbol. Y eso tenía una lógica: estaba muy relacionado a la vestimenta del árbitro, que rara vez cambiaba el tono de su indumentaria. Con el paso de los años y el crecimiento del marketing, las tradiciones fueron dejadas de lado y es así como la mayoría de los equipos de nuestro país (y del resto del mundo) se animaron a experimentar y a tener una casaca negra.

El último grande en llegar a tener ese color fue Boca Juniors, que en 2016 usó, por primera y última vez, un modelo similar al de la camiseta titular, pero que reemplazaba el azul francia por el negro y el amarillo por el dorado.

La presentación oficial fue en la fecha 10 del Torneo Transición, cuando el equipo dirigido por Barros Schelotto visitó a Tigre con varios jugadores suplentes, ya que estaba disputando la Copa Libertadores de América.

Ni bien los jugadores xeneizes se sacaron las camperas negras con vivos dorados, se pudo observar la ropa que tenía la misma combinación. ¡Si hasta los números eran color oro!

En aquella jornada, Boca perdió 2 a 0 con un inolvidable gol en contra de Jhonatan Silva. Y sí, evidentemente fue una noche negra.

Especiales: Franco Robledo, el alcanzapelotas colorado de San Lorenzo

Franco Robledo

Hay momentos de la vida en los que no queda otra que aferrarse desesperadamente a cualquier cosa que sea. Y vaya si una pandemia pelear el descenso no es uno de ellos.

Ricardo Caruso Lombardi, partícipe más que necesario de esta historia, asumió la dirección técnica de San Lorenzo de Almagro el 4 de abril de 2012, cuando todavía quedaban 11 fechas para el final de la temporada. El Ciclón tenía la soga al cuello: estaba antepenúltimo en la tabla de posiciones, apenas por encima de Lanús y Olimpo de Bahía Blanca, otro candidatazo en la lucha por mantener la categoría.

Luego del empate ante Racing Club, el Cuervo debía enfrentar como local a Godoy Cruz de Mendoza por la décima jornada del torneo Clausura. Pero el temporal que azotó a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a principios de abril de aquel año había causado estragos en las tribunas del Pedro Bidegain, por lo que el encuentro debió mudarse a La Bombonera.

Fue en ese partido que Caruso Lombardi descubrió a Franco Robledo, un chico de 16 años que jugaba como lateral por izquierda en las divisiones inferiores de San Lorenzo y solía desempeñarse como alcanzapelotas los fines de semana. Esa tarde, el Ciclón goleó al Tomba por 3 a 0 con goles del Puma Emmanuel Gigliotti y el Negro Cristian Chávez. Empezaba la levantada.

El laburo silencioso de Robledo comenzó a tomar protagonismo en la fecha 12, cuando el cuadro de Boedo recibió a Arsenal de Sarandí en el Bajo Flores. Aquel día, el Colo dio una clase magistral de cómo hacer tiempo que sacó de quicio a Cristian Campestrini, que terminó al borde de la expulsión. Los de Caruso volvieron a sumar de a 3, gracias a los tantos del uruguayo Juan Manuel Salgueiro y Gigliotti. “El Colo toca la pelota, la bautiza y se la tira a los arqueros. Es creer o reventar, pero metió dos victorias en dos partidos y estamos a un paso de salir de la Promoción”, se ilusionaban puertas para adentro.

Contra Olimpo de Bahía, dos semanas más tarde, se jugaban mucho más que 3 puntos. El gol de Martín Rolle, promediando el primer tiempo, parecía que iba a arruinar todo. Pero sobre la hora, Franquito la acomodó en el córner y Gigliotti, después de un pinball en el área, marcó el empate agónico. Había que seguir creyendo.

La masterpiece del Colorado, sin embargo, fue ante Newell’s Old Boys de Rosario, por la fecha 16. La Lepra ganaba 2 a 0 con goles de Pablo Pérez y Fabián Muñoz, pero en el segundo tiempo San Lorenzo lo dio vuelta gracias al doblete de Gigliotti y un tanto del yorugua Carlos Bueno.

En la previa, el ballboy, a esta altura ya toda una celebridad, se había abrazado con Sebastián Peratta, el uno de los rosarinos: «Lo fui a saludar y le dije «suerte», le di la mano, vino y me abrazó. Vino y me tocó la cabeza, me dio un beso en la cabeza y se fue», contó después del partido.

A pesar de hilvanar una serie de resultados positivos, San Lorenzo llegó en zona de descenso directo a la última fecha. Para aspirar a jugar la Promoción, debía ganarle a San Martín de San Juan, también comprometido con el promedio, y esperar a lo que pasara con Banfield, Atlético Rafaela, Tigre y Unión de Santa Fe, los demás complicados.

El ultrasudado 3 a 1 (doblete de Carlos Bueno y uno de Walter Kannemann, tras arrancar perdiendo) le dio una vida extra al Cuervo y, gracias a una combinación de resultados, también a los sanjuaninos. Ambos debían revalidar su condición de equipos de Primera División ante Instituto y Rosario Central, respectivamente. El Taladro, de inexplicable pésima campaña, se fue a la B sin escalas junto con Olimpo de Bahía Blanca.

Los libros de historia de fútbol dirán que el Ciclón ganó 2 a 0 en Córdoba (otro doblete de Bueno) y que empató 1 a 1 en el Bajo Flores (Néstor Ortigoza, de penal) y que todo terminó como correspondía: con Franco Robledo, el amuleto de la suerte, paseando en andas de Ricardo Caruso Lombardi.

Casi un año más tarde, cuando Newell’s volvió al Nuevo Gasómetro, Robledo fue a saludar a Peratta, pero la historia terminó de otra manera: «Lo fui a saludar porque la otra vez tuvimos buena onda. Y no sé qué pasó, pero me escupió. Era para agradecerle la buena onda que me había tirado en el partido anterior», explicó el chico. Dicho sea de paso, los de Rosario ganaron 1 a 0, con gol de Maximiliano Rodríguez.

Poco después, los días de fama del Colorado se diluyeron y, tras un breve paso por las inferiores de General Lamadrid, colgó los botines: “Tuve muchas lesiones en el camino. Me corté el tendón de cuádriceps y después tuve una lesión jodida en los meniscos. Hoy en día tengo los pies hechos pelota y sólo tengo 23 años. El fútbol te hace percha”, decía a fines del año pasado en una entrevista al diario Olé, que le daba respuesta a una pregunta que nos hacíamos todos: ¿qué habría sido de su vida?

Por estos tiempos, Franco Robledo es uno de los choferes que trasladan a los juveniles de San Lorenzo, siguiendo el negocio familiar tras el fallecimiento de su padre: “Mi viejo manejó el transporte escolar durante 35 años. Hoy me encargo con mis hermanos de llevar al colegio a los pibes que juegan en San Lorenzo y después los llevo hasta el club”, contaba sin ponerse colorado.

El clan Robledo

Facundo Robledo (Locurri)

El mayor de la dinastía Robledo (categoría ’91, y el único no colorado) jugaba como delantero, también en San Lorenzo, y llegó a actuar en la Reserva, bajo la dirección técnica de José María Martínez, a mediados de 2011. Sin embargo, nunca pudo afianzarse y quedó libre a principios de 2012.

«Hice todas las inferiores en San Lorenzo. Arranqué en septiembre del 99, cuando tenía 8 años, y jugué hasta febrero de este año, cuando me dejaron libre, sin margen de tiempo para ir a probarme a otro club», repetía a fines de ese año. «Yo en junio cumplía mi ciclo como jugador amateur y debía firmar contrato o quedar libre. El año pasado tuve la suerte de formar parte del plantel de Primera, cuando estaba el Turco Asad, donde debuté en Reserva de la mano de él, Pacha Cardozo y mi querido Negro Martinez, que en paz descanse».

En paralelo a su carrera en cancha de 11, desarrolló una interesante trayectoria en el futsal, primero en Juventud de Tapiales, el club donde también jugaron todos sus hermanos, y luego en Jorge Newbery y Atlanta, entre otros.

Lucas Robledo (El Colo)

Los que lo vieron jugar de chico en la categoría ’94 aseguran que este volante por derecha era crack en serio. A los 14 años, el Torino se lo quiso llevar por la patria potestad y poco tiempo después llamó la atención del Real Madrid, Catania y Milan. En simultáneo, daba sus primeros pasos en la Selección con la Sub 15, en compañía de Juan Musso, Alexis Zárate, Federico Andrada, Lucas Ocampos, Leandro Paredes, Francesco Celeste y Gaspar Iñíguez, entre otros.

En 2010, cuando actuaba en la séptima división, San Lorenzo le hizo contrato por 3 años. Por esos días estaba en la cresta de la ola. Si hasta Francisco, el hijo de Marcelo Tinelli, lo tenía como jugador fetiche y convenció al Cabezón de que tenía que verlo con sus propios ojos: “Tanto a mí como a mis compañeros nos sorprende lo que pasó. Es que hay tantos jugadores para ver y que Marcelo y su hijo elijan ir a ver a mi equipo y a mí es fuerte, más que nada por todo lo que él significa”, contaba.

En 2013 quedó libre y se fue a buscar suerte a Europa, pero regresó rápido. En 2014, bajo la atenta mirada de Bernardo Romeo, volvió a firmar como juvenil en San Lorenzo, aunque en uno de los primeros partidos en Cuarta sufrió una fractura de peroné que lo marginó durante varios meses. Así y todo, formó parte del plantel campeón de su categoría.

En 2015 sumó algunos minutos en la Reserva dirigida por el Pampa Claudio Biaggio que se quedó con el título, al lado de Gonzalo Prósperi, Marcos Senesi, el Chimy Ezequiel Ávila, Robertino Insúa, Facundo Quignon, Alan Ruiz, Juan Ignacio Cavallaro, Bautista Merlini, Tomás Conechny, Germán Berterame y Nicolás Reniero, entre otros.

Lejos del Ciclón, continuó su carrera con escasísima suerte en el ascenso, con los colores de Laferrere (2019).