
Leandro Depetris
Fue Messi antes de Messi. Cuando todavía no teníamos ni idea de la existencia de La Pulga, ni de su historia de superación a base de tratamientos con inyecciones, otro pibito que jugaba de enganche en las infantiles de Newell’s Old Boys parecía estar destinado a comerse el mundo.
Nacido el 24 de enero de 1988 (seis meses después que el 10 del Barcelona) en Rafaela, Leandro Depetris apenas superaba el metro treinta cuando su zurda encandilaba a propios y extraños en Atlético Brown de San Vicente, el club donde dio sus primeros pasos. “Yo quiero ser jugador de fútbol. Quiero ser como Maradona”, repetía ante los medios el chico de la tapa a fines de 1999. A decir verdad, no anduvo muy lejos de Sergio Maradona, con quien coincidió en el Leproso.

A partir de enero de 2000, cuando cumpliera los 12 años, Leo se sumaría al equipo de Silvio Berlusconi, el multicampeón Milan. Poco tiempo atrás, un video con jugadas suyas había llamado la atención de Franco Baresi, histórico defensor del cuadro rossonero. “Sólo hay una relación de privilegio con el Milan por dos años y consiste en que Leandro va a viajar entre dos y cinco veces por año a Italia. Es un niño que quiere jugar y yo quiero preservar su integridad física y mental. Por eso no puedo tolerar que se lo compare con profesionales», aclaraba su madre.
Algunos meses antes, el chico había rebotado en su intento de incorporarse a River o Boca: «Celestino -el padre- veía que el chico era distinto y pretendía un plan de alimentación y ejercicios para el crecimiento. Y en ningún lado le dieron bolilla. Yo los acompañé a Buenos Aires cuando fueron a Boca. Primero lo mandaron a practicar a Parque con Ramón Maddoni y después al Sarmiento, donde Jorge Bernardo Griffa estaba viendo chicos. Pero como no lo pusieron ni un minuto, Leandro no quiso ir más. Y en River tampoco se preocuparon demasiado», comentaba un allegado a la familia.
Ya en el Viejo Continente, todo parecía marchar sobre ruedas: “En la primera práctica jugué con pibes dos o tres años mayores que yo y metí un gol. Y eso que eran grandotes de físico ellos. Al otro día, con los de mi edad, estuve más suelto y di los cuatro pases de gol. Baresi me felicitó”, relataba el nene, que estaba viviendo un cuento de hadas: «La primera vez que jugué en el San Siro, en un preliminar de Milan contra Juventus, había 70 mil personas. La rompí. A los 11 años con la pelota pensaba mucho más rápido que un chico a esa edad. Simplemente ellos no lo podían hacer».
Entre los 11 y los 14, Depetris viajó a Milan por lo menos tres veces al año. En ese lapso, entrenaba con las juveniles y participaba de algún torneo amistoso, en el que generalmente era figura. Pero en 2002, cuando se suponía que ya estaría listo para quedarse definitivamente en Italia, algo falló. «Hemos hecho todo mal, las decisiones de mi padre fueron equivocadas. Irme a Italia solo de muy chico fue malo. Nunca tuve problemas de alcohol, drogas o mal comportamiento, estoy lejos de ser un (Ricardo) Centurión. A lo mejor necesitaba un acompañamiento psicológico o de mis padres y cometimos errores», reconoció hace algunos años en una entrevista con el medio Goal.
El Milan lo prestó a las divisiones inferiores de River Plate, donde estuvo entre 2002 y 2005. Quizás un tiempo cerca de casa podía hacerle recuperar el rumbo. Pero para esa época ya no era el mismo de antes. Ganó musculatura, pero perdió en velocidad, explosión y agilidad. Pasó a jugar por la izquierda y le dejó el puesto de enganche a otro pibe que prometía: un tal Diego Buonanotte. La presión empezaba a pegarle un baile. Así y todo, pudo colarse en alguna convocatoria al sub 17 de Argentina.

Ya desvinculado del Milan, recaló en el Brescia (2005 a 2008) de Luigi Di Biagio, el eslovaco Marek Hamšík y el Flaco Delorte (con quien compartía representante), que por aquel entonces disputaba la Serie B del Calcio, aunque solo podría actuar una vez que cumpliera los 18. Debutó oficialmente en la última fecha de la temporada 2005/06, en la derrota por 4 a 2 ante el Crotone, y convirtió un gol. Sin embargo, con la camiseta albiazul disputó solamente 24 partidos en 3 años, casi siempre entrando como suplente.
A los 20 y con un poco de experiencia en suelo europeo, era hora de probar suerte en casa. Esta vez lo esperaba el cuadro de sus amores, Independiente (2008/09). «Fueron clave el gran interés y el esfuerzo de Julio Comparada», dijo en su presentación. Y agregó: “Borghi me dijo que está armando un equipo muy ofensivo, donde nos vamos a divertir mucho”.

El fútbol de los comandados por el Bichi resultó ofensivo para los ojos de sus propios hinchas (terminaría 18°) y el DT sucumbió a la mitad del torneo, después de tres derrotas consecutivas (Newell’s, Lanús y Huracán). Depetris, castigado por las lesiones, apenas actuó en Reserva.
Sin previo aviso, de la mano de Miguel Ángel Pepé Santoro, tuvo su bautismo de fuego el 23 de enero 2009, cuando fue titular en Salta ante San Lorenzo (1-0, golazo del Rolfi Montenegro) por el Pentagonal de verano. Esa noche compartió el mediocampo con Hernán Fredes, Sergio Vittor y Lucas Pusineri, y se fue reemplazado por Matías Di Gregorio cerca del final.
En el inicio del Clausura fue al banco de suplentes frente a Vélez Sarsfield y recién pudo tener su estreno oficial en la fecha 14, contra Estudiantes de La Plata, pero el contexto era catastrófico. Independiente perdía 4 a 0 cuando el Tolo Gallego lo mandó a la cancha en lugar de Hernán Fredes durante la última media hora de un encuentro que finalizó 5 a 1. Nunca más. Una fecha antes del cierre del campeonato, el Tolo lo borró junto con Lucas Mareque, Federico Higuaín, Damián Ledesma, Ricardo Moreira, Nicolás Mazzola, Emanuel Centurión, José Moreno, Damián Luna y el juvenil Héctor Echagüe. Méritos suficientes como para que no se le escapara el bi como baldosero del año.
De nuevo en Italia, siguió tratando de hacer pie sin demasiado éxito. Primero jugó 7 partidos en el Gallipoli (2009/10) de la Serie B, un equipo que terminó la primera rueda en mitad de tabla, pero que en la segunda se fue al descenso y quebró. Luego siguió en el Chioggia Sottomarina (2010), que tampoco pudo escaparle a la bancarrota, y acabó su periplo en el Sanremese Calcio (2010/11), ¡descendido y fundido!

Con menos cartel que tres años antes, a comienzos de 2011 volvió a Argentina y estuvo entrenando en Atlético de Rafaela, que buscaba el ascenso en la B Nacional, pero Carlos Trullet le bajó el pulgar. Tampoco pudo pasar el test en Libertad de Sunchales ni en el Quilmes de Ricardo Caruso Lombardi. Toda una señal. Finalmente, el club que le abrió las puertas fue Sportivo Belgrano de San Francisco (2011/12), con el que actuó solamente 3 veces en el Argentino A.
La continuidad que no pudo encontrar en su país natal la halló en su tierra putativa (?) con las camisetas del Delta Porto Tolle (2012 a 2013) y la Triestina (2014), ambos del ascenso profundo.

En 2014, mientras Messi alcanzaba la final en el Mundial de Brasil, Depetris regresaba una vez más a Argentina para jugar un semestre en el Federal A con Alvarado de Mar del Plata.
Desde entonces, deambuló con más pena que gloria por Tiro Federal de Rosario (2015/16) -terminó siendo suplente en un plantel que descendió al Federal B-, Sportivo Patria de Formosa (2016), y Trebolense (2017/18), de la Liga Departamental de fútbol San Martín.

“Vine a Trebolense porque siempre estuvo en mi mente y gran parte de mi familia es de esta ciudad. Mi papá nació acá y mi primo es fanático y ama estos colores. Llegó todo antes de lo que imaginé”, tiró en su presentación, sin ponerse colorado.
Ya con 31 años y en su ocaso futbolístico, a comienzos de 2019 volvió al Club Atlético Brown de San Vicente, de la Primera A de Rafaela. Sí, ahí donde comenzó todo. «Messi hizo lo que yo tendría que haber hecho. Él se quedó en Barcelona y apostó a eso, se la jugó. Yo no fui. Eso no quiere decir que si hubiera hecho eso iba a estar a esa altura, eh», reflexiona el jugador que podría haber sido y no fue.
¿Quién le quita lo baldoseado?



















