
Orlando Faustino Jara (Cabeza)
Puntero izquierdo nacido durante 1965 en Colmena, provincia de Santa Fe, que tuvo su cuarto de hora en la temporada 1985/86 cuando disputó 8 partidos en la primera de Huracán. Tras competir sanamente con tipos como Janín, el Turco García y Damiano, se fue del fútbol como llegó: en absoluto silencio. Y por más que se hable de un supuesto paso posterior en la B con All Boys (1986/87), es obvio que su nombre no dejó una marca en el fútbol. Pero no por eso da para ningunearlo y hasta puede servir de modelo para que muchos pibes que andan en esto y viven haciendo la plancha mientras salen con la modelo de turno o se van de vacaciones a la Polinesia, se pongan las pilas.
Apenas uno de los seis hijos de la familia Jara, donde siempre fue todo humildad y esfuerzo, mostró desde el vamos tener los pies sobre la tierra. Y por más que se cruzara algo de fama en su vida, cuando en agosto de 1985 metiera un doblete en Avellaneda para que el Globo le ganara 2 a 1 a Independiente, jamás se la creyó ni puso carita de canchero a esos flashes del momento que lo persiguieron varios días. Es más, abrió la puerta de su casa en González Catán y aprovechó a contar un par de cosas más que interesantes.
Que su irrupción el fútbol se vio demorada por la garcha de la colimba que tuvo que hacer en Río Gallegos durante 1984. O que desde tantos kilómetros de distancia tuvo que seguir cómo su hermano mayor Ramón Aníbal, ex inferiores de San Lorenzo y dedicado de lleno al boxeo, se desvivió con un solo objetivo: poder encontrar a su mamá, María Mercedes Martínez. No tenemos el dato certero, pero el año de nacimiento y el hecho de tener una madre desaparecida nos generó el peor de los presentimientos. Pero no. Hubo final feliz: “…que triste fue esa nota sobre mi hermano. Pero por suerte todo salió bien…”.
Toda su habilidad en la izquierda del ataque quemero estuvo obligada a convivir con la habilidad de sus manos en la fábrica de mocasines en Villa Soldati, lugar donde laburaba casi todo el día. Así que con 20 años dio otra muestra de sensatez: “…la verdad necesito trabajar porque sino no me alcanza la plata. Por suerte me tienen mucha consideración y me dan permisos especiales para ir a entrenar…”.
Cómo siguió su vida es un misterio. Lo que sí queda claro, es lo complicada que la tuvo. Que sirva de atenuante.











