
“Él puede no haber hecho todo, pero que hizo mucho nadie puede negarlo”. El spot que sonaba hasta el hartazgo en la radio y la tele a fines de los noventa (y que parecía más un sketch del Show de Videomatch o Todo por dos pesos) enaltecía una serie de mentiras logros tras una década de m*n*m*sm* puro y duro, ese castillito de naipes atado con alambres que se desmoronaría apenas 24 meses después.
El emperador de Anillaco no se privó de nada. Hizo y deshizo a gusto y piacere, y tuvo en el fútbol su cable a tierra. Aquí, un repaso de algunas historias que lo tuvieron como partícipe necesario protagonista dentro de una cancha.

Estaban todos. O casi. El 21 de julio de 1989, la selección nacional enfrentó a un combinado de Futbolistas Argentinos Agremiados en un encuentro amistoso, denominado «Partido de la solidaridad», que se disputó en el José Amalfitani ante alrededor de 40 mil personas.
Aquella noche fría, Carlos Pachamé (en reemplazo de Carlos Salvador Bilardo) mandó a la cancha a Nery Pumpido, Sergio Batista, José Horacio Basualdo, José Luis Brown, Néstor Fabbri, Claudio Paul Caniggia, Ricardo Giusti, Julio Olarticoechea, Diego Armando Maradona y Carlos Alfaro Moreno. De esos diez, ocho fueron a Italia 1990 (se quedaron afuera el Tata y el Beto). En el banco de suplentes esperaban Julio César Falcioni, Pedro Damián Monzón, Diego Simeone, Hugo Maradona, Pedro Troglio y Roque Alfaro.
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— En Una Baldosa (@enunabaldosa) July 4, 2020
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El lugar restante en el once inicial lo ocupó un hombre patilludo de 59 años que un par de semanas antes había asumido la presidencia de la nación: sí, con el número 5 y el brazalete de capitán, el doctor C*rl*s S**l M*n*m.
El rejunte de enfrente, comandado por la dupla técnica Jorge Solari / Carlos Aimar, contaba también con algunos nombres interesantes: Hugo Orlando Gatti, Luis Malvárez, Gerardo Rojo, José María Bianco, Guillermo Ríos, Carlos Ischia, Gerardo Martino, Rubén Darío Insúa, Norberto Ortega Sánchez, Marcelo Reggiardo y Carlos Ereros. ¿Los reservas? Ubaldo Matildo Fillol, Gabriel Batistuta, Gerardo Reinoso y Carlos Carrió.
Por aquellos días, el papi de Zulemita ya empezaba a saborear las mieles de la impunidad que lo acompañarían a lo largo de toda la década. Cada intervención suya era ovacionada por una tribuna de la que bajaban cantitos contra los radicales, sonaba la marcha peronista y un hoy inimaginable “M*n*m, querido, el pueblo está contigo”. El Turco hacía lo que quería: no lo marcaban y le dejaban bastante espacio para maniobrar. Según la crónica del diario español El País, hasta “se permitió un par de virguerías (?) que demostraron su buena técnica futbolística”. ¡Bien, Don Carlos!
El partido terminó 1 a 0 a favor del combinado albiceleste, con un gol de tiro libre de Diego Maradona.
Algunos meses después, de una imagen extraída de un picadito en la quinta de Olivos saldría uno de los mejores textos de la historia. Escrito (aunque sin firmar) por Aldo Proietto y publicado en la recientemente desaparecida revista El Gráfic* a fines de 1990, «M*n*m no arruga jamás» era un espaldarazo repugnante al riojano, que veía cómo su popularidad iba en picada mientras indultaba genocidas a troche y moche. Los pormenores del asunto los describió el periodista Fabián Mauri para la revista Un Caño.

Otros clásicos del Carlos en la mitad de los noventa fueron su participación en la selección argentina que se preparaba para los Juegos Panamericanos de Mar del Plata en 1995 (historia que ya repasamos en este sitio) o los encuentros a cara de perro en la quinta del entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires Eduardo Duhalde (que jugaba de puntero, con la 7) en Banfield, en Los Caudillos (de Hugo Toledo en Ezeiza), o en La Celia, propiedad del bigotón Alejandro Granados, hombre fuerte de Ezeiza.
Ya en la curva descendente de su mandato, el presi siguió haciendo de las suyas. La primera mitad del torneo Clausura 1999 tuvo a Boca Juniors y San Lorenzo de Almagro peleando cabeza a cabeza. Tras 12 fechas, el Xeneize lideraba con 32 puntos sobre 36 posibles. El Ciclón, con 28 unidades, no le perdía pisada, aunque dependía de un tropezón de los de azul y oro.
Por la jornada 13, el equipo de Carlos Bianchi no le pudo ganar a Estudiantes de La Plata. El 1 a 1 en la ciudad de las diagonales les daba a los de Boedo la chance de llegar a la punta. Primero debían derrotar como local a Gimnasia y Esgrima de Jujuy y siete días después hacer lo propio con su hijo de toda la vida en La Bombonera. A priori, un trámite.

Aquel domingo 16 de mayo, promediando la segunda mitad, el cuadro norteño ganaba por 2 a 0. Fue entonces que comenzaron a llover los insultos para M*n*m. ¿Por qué? Un puñado de días antes, el 11 de mayo, Fernando Miele, mandamás del Ciclón, lo había nombrado miembro honorario del club. ¿Más? El Turco se dio el gusto de jugar un picado en el Nuevo Gasómetro junto a viejas glorias. El daño ya estaba hecho.
Finalmente, el Lobo jujeño se quedó con la victoria por 3 a 2 y dejó a San Lorenzo a 6 puntos de Boca, que una semana más tarde le dio una paliza: 3 a 0, con tantos de Walter Samuel, Martín Palermo y Guillermo Barros Schelotto.
¡Ay, Carlitos!








