Fuera de stock: la Ciudad Deportiva de Boca Juniors

¿Mudar o no La Bombonera? Una cuestión que por estos días enciende el avispero del incansable Mundo Boca estuvo fuera de discusión hace más de 50 años, en 1964, cuando el Congreso Nacional sancionó una ley, la 16.575, mediante la cual le cedía al Xeneize la zona del Río de la Plata delimitada entre la avenida Costanera Sur y la prolongación de la calle Humberto Primo para que rellenara un total de 40 hectáreas de islas.

Allí se planteaba la creación de la Ciudad Deportiva de Boca Juniors, un ambicioso proyecto impulsado (y rosqueado a más no poder) por el ex presidente bostero Alberto J. Armando, que, desde su asunción en 1954, soñaba con la construcción de un imponente estadio. En principio, intentó hacerlo en Casa Amarilla, pero ante la negativa de la Municipalidad de Buenos Aires tuvo que salir a buscar otras opciones. Una tarde de gira con el ingeniero José Luis Delpini, uno de los ideólogos de Brandsen 805, pasaron por la Costanera: “¡Ahí está el lugar!”, sentenció Delpini. “Yo lo único que veía era agua. Por un momento pensé que estaba loco. Pero me explicó que la planta de SEGBA (hoy conocida como Central térmica Costanera) que estaba frente a nosotros también había sido construida sobre pilotes, ganando terreno al río”, declaraba Armando en 1965 a la revista El Gráfico.

Ideado por el arquitecto Carlos Costa, el sucesor de La Bombonera tendría capacidad para más de 150 mil personas y, además, contaría con otras instalaciones deportivas, como canchas de tenis, básquet, piletas de natación, y otras atracciones como confitería, anfiteatro, autocine, acuario, parque de diversiones y sectores de recreación y camping. Todo eso debía realizarse en un plazo inferior a diez años, ya que, en caso de no cumplir con lo pactado, la ley indicaba que los terrenos pasarían sin ningún tipo de indemnización a la Municipalidad de Buenos Aires. Tanta confianza se tenía el Puma Armando que hasta le puso fecha de inauguración al estadio: domingo 25 de mayo de 1975 a las 11 de la mañana, con un duelo entre la Primera y la Tercera. “No podemos perder”, bromeaba el presi, un pésimo actor.

Todo arrancó poco tiempo después de la sanción de la ley, cuando comenzaron los trabajos de relleno del Río de la Plata hasta formar siete islas circulares de unas pocas hectáreas, unidas por puentes curvos voladizos. La naturaleza del proyecto hizo que la Ciudad Deportiva fuese comparada con Brasilia, la capital brasileña creada por el arquitecto Oscar Niemeyer a fines de los cincuenta.

Con buena parte del sector social ya construido y en pleno funcionamiento, las obras del estadio, que se anunció oficialmente en noviembre de 1970, arrancaron en mayo de 1972 con la colocación del primero de los 1200 pilotes de 1,20 metro de diámetro, a 32 metros de profundidad, que servirían de base. Por aquel entonces, se esperaba concretar el hundimiento de los 1199 restantes en un plazo de nueve meses. La obra sería financiada mediante una serie de rifas, denominadas Cruzada de las Estrellas y Cruzada de Oro, y la venta de plateas. El propio Armando, en un verdadero raid mediático, se puso al frente de la búsqueda de inversores.

La versión oficial indica que los vaivenes políticos de la época, la hiperinflación y, aparentemente, algún boicot del Monje José López Rega, hombre influyente y nefasto de aquellos años complicados, sentenciaron el fracaso del estadio, que se reducía a una ínfima tribuna de 30 metros con apenas diez escalones. Otros aseguran que, tras una prueba piloto, la constructora Christiani & Nielsen determinó que el terreno ganado al río no estaba apto para aguantar semejante estructura y que, en agosto de 1973, por falta de pago, ordenó el retiro del personal (unos 40 obreros) y la maquinaria hasta nuevo aviso… que nunca llegó.

El domingo 25 de mayo de 1975, Boca salió a la cancha, pero fue en Liniers, donde Newell’s Old Boys hizo ocasionalmente de local por el campeonato Metropolitano. El encuentro terminó 0 a 0 y en los diarios de la jornada siguiente nada se habló de la promesa incumplida.

En 1979, una ordenanza del intendente de facto porteño Osvaldo Cacciatore liberaba a Boca de la construcción del estadio y le extendía el plazo para la conclusión de otras obras pendientes. Tres años más tarde, el propio Cacciatore sancionó otra ordenanza mediante la cual le daba al club la posesión legal de los terrenos a través de una escritura a su nombre, aclarando que no podía venderlos. Hasta entonces, se habían rellenado 60 hectáreas, 20 más de lo previsto al inicio. Sin embargo, el estado de abandono de la Ciudad Deportiva ya era evidente y desolador.

Durante parte de la década del 80, con el Xeneize hundido deportivamente y al borde de la quiebra, se le buscó un nuevo uso al espacio de la Costanera Sur. Por ejemplo, se le alquiló la isla con la confitería, con su particular techo con forma de hongo anaranjado, a la Cámara de Comercio Argentino Soviética, que instaló allí un centro de exposición permanente de productos exportados de la URSS a la Argentina.

Ya con Carlos Saúl M*n*m como presidente, en 1989, el Congreso Nacional sancionó otra ley, a través de la cual cambiaba el destino de estas tierras, indicando que podían utilizarse como complejo balneario, náutico, turístico, hotelero o comercial y que estaban habilitadas para funcionar como centro habitacional. No son pocos los que aseguran que esto último era el gran objetivo desde un comienzo. Además, se le permitió a Boca la venta de los terrenos. Un negocio redondo.

En 1992, durante la gestión de Antonio Alegre y Carlos Heller, la sociedad Santa María del Plata compró el predio de la Ciudad Deportiva de Boca Juniors a cambio de 23 millones de dólares, dinero que se utilizó, en parte, para la construcción del complejo de Casa Amarilla.

Cinco años después, en 1997, por algo más del doble de valor, los terrenos de la Costanera Sur pasaron a manos de su actual dueño, el Grupo IRSA, que tenía la intención de levantar allí la Villa Olímpica en caso de que Buenos Aires fuese elegida sede de los Juegos Olímpicos de 2004. Según el emperador riojano, nuestras chances alcanzaban el 95%. Ganó Atenas.

Desde entonces, lo que alguna vez fue el gran sueño de la mitad más uno del país alberga recitales y funciona como depósito de containers, mientras convive entre el abandono, la desidia y los intereses económicos que buscan la aprobación de la creación de un complejo habitacional y oficinas de lujo en una de las zonas con el metro cuadrado más caro de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Mal Pase: Ponzio a Olimpia (2002)

Mientras Eduardo López, presidente de Newell’s Old Boys de Rosario, juraba públicamente que lo de Leonardo Ponzio a Boca Juniors era pescado podrido, le abría las puertas a otra negociación que, a priori, parecía delirante, pero que estuvo cerca de concretarse.

A mediados de 2002, Olimpia de Paraguay había derrotado en la final de la Copa Libertadores al São Caetano de Brasil, ganándose el derecho de definir la Copa Intercontinental frente al Real Madrid de Los Galácticos en Japón. Para ese partido, los de Nery Pumpido necesitaban refuerzos y el nombre que sonó con más fuerza fue el del propio Ponzio. Según medios locales e internacionales, ese sería el paso previo a su llegada al Xeneize.

Al frente de las tratativas estuvo Alfredo Mendoza, ex delantero leproso de la década del noventa, que por aquel entonces trabajaba como manager del club paraguayo. A López, que no dejaba de negar ni un minuto el acuerdo con Boca, le interesaba el negocio para utilizarlo como vidriera: «El tema es muy serio. Me lo planteó Mendoza y quedamos en conversar. Con Boca no hay nada, ya dije varias veces lo mismo y me lo siguen preguntando. Lo único serio es esta posibilidad de que Ponzio juegue la final de la Intercontinental y considero que puede ser un buen negocio para Newell’s», decía el hombre que hizo lo que quiso durante catorce años al frente del cuadro del Parque Independencia.

“Si me lo piden es porque se podrá. No es un tema que se le haya ocurrido a Newell’s», repetía López sobre la chance de que el volante central oriundo de Las Rosas vistiera la camiseta franjeada solo por una noche. Tampoco se hacía mucho problema por el dinero: «Es lo que menos importa, el valor pasa por mostrarle a Ponzio al mundo, incluido al Real Madrid, que será el rival de turno. En este caso, la plata por un partido no cuenta».

Finalmente, las tratativas no llegaron a buen puerto y el mediocampista continuó jugando en el rojinegro. Tiempo después, Ponzio reconoció el acercamiento: “Llamaron a Newell’s, preguntaron por mí, me comentaron que podía darse y al final se cortó. Hubiera estado lindo enfrentar al Madrid de Los Galácticos”.

Finalmente, pudo sacarse las ganas un año y medio más tarde, en marzo de 2004, aunque con la camiseta del Zaragoza español y por la final de la Copa del Rey. Esa noche, los Maños se quedaron con la victoria y el título por 3 a 2.

Arsenal salmón (2009)

Si hay un equipo que ha sufrido las más variadas experimentaciones en su uniforme alternativo, ese es Arsenal. No importa la marca, tampoco la época. Siempre es buen momento para que el conjunto del Viaducto presente ropa polémica. Como muestra, lo que sucedió en 2009.

Por aquel entonces, el equipo de Sarandí era vestido por Mitre, marca que no tuvo problemas en confeccionar una camiseta titular sin demasiadas sorpresas: celeste con una banda roja. Hasta ahí, todo bien. El tema fue la suplente.

La otra casaca del Arse estaba bien lejos de sus colores históricos. Según los especialistas, era una camiseta salmón (sí, salmón) con vivos negros y blancos. Para los más básicos, era una camiseta naranja en degradé. Usted decide.

La camiseta fue utilizada ante Atlético Tucumán (Apertura 2009) y Tigre (Clausura 2010), antes de ser archivada, junto a otras extrañas prendas, en el particular placard de la familia Grondona.

Voy al Arco: Arbeloa (2013)

Luego de llegar a la cima del mundo en la Copa del Mundo 2010, España volvió a Sudáfrica tres años después, para disputar un amistoso contra el conjunto local. Un típico partido jugado a media máquina (por lo menos, por los campeones mundiales), que solo serviría para sumar unos porotos en el controversial ranking FIFA. O ni siquiera para eso…

Sin embargo, desde el punto de vista estadístico, no fue un juego más para la selección europea: el hecho de utilizar 4 arqueros diferentes en el desarrollo del encuentro marcó un hito, superando a los 3 que había alineado en un duelo contra Andorra en 2004, cuando jugaron Iker Casillas, Santiago Cañizares y Dani Aranzubia.

El único que repitió esta vez fue el histórico “1” del Real Madrid. Al iniciar el segundo tiempo ingresó Víctor Valdés, quién recibió el gol de Bernard Parker, el único del partido. Faltando 15 minutos, el portero del Barcelona se lesionó y no pudo continuar. Como los españoles habían realizado los 6 cambios permitidos, no quedaba otra: uno de los jugadores de campo se tuvo que poner el buzo y los guantes del hombre que dejaba la portería. Fue Álvaro Arbeloa el que se dio el gusto (?).

Pero ahí no terminó la cosa: aunque el defensor se mostraba confiado en su nueva posición, el cuerpo técnico no le tenía mucha fe. Apelando al fair play, el banco español solicitó el ingreso de Pepe Reina. «Ellos me preguntaron a mí, y yo les dije que debían preguntarle al árbitro», aseguró el DT sudafricano Gordon Igesund, quien suponía que el permiso era imposible de otorgar. No obstante, el delegado FIFA accedió al pedido de los europeos. Porque las reglas se hicieron para romperse (?).

Finalmente, el resultado no se modificó, y la victoria fue para el equipo local. ¿Todo resuelto? No: como la FIFA no entiende de sentido común, anuló el partido, sin que el triunfo de los Bafana Bafana ni siquiera contase para el ranking que elabora la Federación.

Poco tiempo después, varios de los gordos de traje de Zurich terminaron presos, aunque por otros motivos. Porque la justicia tarda, pero llega.

Villalva Néstor

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Néstor Leonardo Villalva

El primer ciclo de Ramón Ángel Díaz al frente de San Lorenzo (2007 a 2008) prácticamente no tuvo tiempo para sorpresas: apenas un juvenil debutó durante ese año y medio. El elegido fue el correntino Néstor Villalva, un mediocampista central o por derecha que desde hacía un buen rato venía buscando una chance entre los grandes y que se convirtió, de la noche a la mañana, en el fetiche del entrenador.

Después de ir al banco de suplentes contra Rosario Central e Independiente, el pibe se sacó la mufa en la fecha 8 del Clausura 2007, frente a Lanús en el Nuevo Gasómetro (1-0, gol del Cuqui Silvera), cuando ingresó a cinco del final, con la casaca número 30, en lugar de Germán Voboril. La escasez de minutos y la desesperación granate en busca del empate, de todos modos, no lo privaron de tirar un caño casi al lado de donde estaba sentado el riojano. La perdió, claro. “Pensé que mis compañeros me iban a matar», dijo después. Iba a ser, al fin y al cabo, su única aparición en la máxima categoría. ¿Quién le quita lo bailado?

Oriundo de San Roque, a 130 kilómetros de la capital, Villalva (generación 1986) había arribado al Ciclón con edad de sexta división, proveniente del Deportivo Armenio: “Llegué en 2002 y tuve experiencias buenísimas en la pensión. Compartí momentos con Hernán Peirone, Leonardo Ulloa, Darío Bottinelli, Walter Acevedo y Pablo Alvarado, entre otros. Con muchos hice una amistad”.

Con 20 años y sin previsión de estreno en Primera en el corto plazo, a comienzos de 2007 casi se va al Alianza Atlético Sullana de Perú. Sin embargo, el llamado del Pelado Díaz, uno de sus mayores ídolos junto con Enzo Francescoli, lo hizo cambiar de planes.

“La verdad es que Ramón cambió mi vida. De un día para otro pasé de la nada a jugar un partido en Primera. Fue un cambio enorme, estoy contento, feliz y disfrutando de esto”, decía en una entrevista al diario Olé. “Ramón no es de hablarme mucho a mí solo, sino que a todos en general. Es de hablar poco, pero cada cosa que dice te deja una enseñanza. Siempre nos habla para que nos cuidemos y nos marca cómo quiere que nos movamos dentro de la cancha”, agregaba.

Sin chances en el Apertura 2007, reapareció en el primer test de la pretemporada 2008, ante Racing, en Salta. Esa noche, bajo la dirección técnica de Sebastián Pascual Rambert, reemplazó a Santiago Hirsig a diez minutos del final y no pudo hacer demasiado para evitar la derrota por 1 a 0, con gol de Diego Menghi.

La falta de oportunidades en el primer semestre de 2008 y, principalmente, la salida del segundo riojano más famoso del país, lo sacaron del mapa. Javier Baena se lo llevó a préstamo a Platense (2008/09) para que conociera las bondades de la B Nacional, pero el DT sucumbió rápido ante el espantoso inicio del Calamar: un triunfo, tres empates y cinco caídas. Poco iba a cambiar el panorama con el arribo del Loco Mariano Dalla Líbera, de idénticos o peores resultados, con el que Villalva perdió terreno. Ya con Ricardo Kuzemka como entrenador y el ex CASLA en la tribuna, el cuadro de Vicente López hilvanó una serie de victorias y se escapó con lo justo de la Promoción.

De vuelta en el Bajo Flores, al correntino lo dejaron libre. Era hora de volver a casa. Quería jugar con su hermano Eric e iba a conseguirlo en Boca Unidos (2009/10), que había ascendido a la segunda división. Sin embargo, allí actuó poco y al final de la temporada tuvo que armar las valijas otra vez.

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A mediados de 2010, por recomendación de Agustín Orion, se sumó a Midland, en la Primera C. “Tengo una buena relación y lo valoro porque me dio una mano grande en un momento complicado”, decía sobre el actual arquero de Racing. Allí permaneció hasta 2012, cuando parecía que tenía todo arreglado con Bella Vista de Uruguay, pero terminó en Atlanta (2012/13), que venía de descender a la B Metropolitana y se había renovado por completo para regresar lo más rápido posible. Las casi veinte incorporaciones no le alcanzaron al Bohemio, que cayó ante Almagro en semis del reducido.

Tras un breve regreso a Midland (2013/14), desde 2015 Villalva defiende los colores de Justo José de Urquiza, en la penúltima categoría del fútbol nacional, donde conoció a otro baldosero deluxe como Gino Clara.

Vestuario Local: Señores

Me pusieron al tanto de que muchos de ustedes extrañaban esta sección (?), así que les traigo un nuevo posteo.

Como el público se renueva, explico una vez más que este espacio trata de estudiar sociologicamente -y a través de la ropa y los accesorios- el comportamiento del hincha argentino moderno. Hoy nos convoca el amo y señor de las plateas del país: el hincha mayor de 50 años.

Cuando atravesás el meridiano del siglo, empezás a reforzar lo que ven tus ojos con la radio, porque sumando los dos equipos hay una cantidad inimiginable de pibes random y tu vista ya no te permite diferenciar cuál es cuál. Lo bueno es que ahora, con ese anacrónico artefacto, sos el que tiene la primicia sobre jugadas polémicas y todos recurren a vos para la versión oficial de los hechos, aunque el relator haya batido cualquiera.

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A esa edad, ya no le das bola al tema dress-code. La cancha es el único lugar al que podes ir vestido sin la censura de tu señora. Además, te toca abandonar las sutilezas a la hora de alentar. Sos inimputable, hermano.

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Con 5 décadas (o más) en el lomo, tus opiniones ganan cierto respeto en ese sector, por más conspiracionales y absurdas que suenen. Sos un tipo que peina canas y eso te eleva, te pone en otro plano muy diferente al de tus compañeros de platea.

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Hay algo que también está bueno a esa altura de la vida. Ya no te esforzás por entrar en esos surreales cánones de belleza que te impone la diminuta camiseta -súper apretada- de esa marca europea que firmó con tu equipo este año. Los hombres de verdad tienen curvas.

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Por último, hay cosas que nunca cambian. Así que seguís llevando la criatura a los partidos, aunque tu hijo ya haya perdido esa condición. Puede que enseguida compruebes que era más divertido cuando el pibe no discutía tus ideas futbolísticas y no volvían a casa peleados después de una derrota insólita.

Ir a la cancha después de los 50 puede ser aún mas intenso que a los 20. Si ya estas ahí, disfrutalo. Si todavía te falta, sabé que lo mejor está por venir.