
¿En qué te has transformado, Mandiyú? ¡¿En qué te han transformado?! Ese tipo de preguntas podrían haberse escuchado tranquilamente en el programa Corrientes Debate (?), pero no. Tan sólo forman parte de una sensación generalizada que trasciende las fronteras de la provincia, porque buena parte de la población futbolera no entiende qué fue lo que pasó con aquel viejo equipo que hace poco más de dos décadas participaba de los torneos de Primera División.
Allá por 1995, el Mandiyú de Goycochea, Marinilli, Umpiérrez, Alvarenga y los hermanos Bernuncio, descendió a la Primera B Nacional, después de 7 años en los que hizo un digno papel y no hablamos de Maradona, que también tuvo su ciclo como entrenador.
Fundida económicamente y sin dirigentes que se hicieran cargo, la institución rechazó su lugar en el Nacional B y fue desafiliada de la Liga Correntina. Su plaza en la segunda categoría fue tomada por Huracán Corrientes, que en apenas un año subiría a Primera (y bajaría al toque, claro) con Zaccanti haciendo su clásica pose.
¿Y qué pasó con Mandiyú? Estuvo muerto durante 16 años. Recién en 2011, el club pudo volver a jugar en la Primera B de la liga local, escalando categorías hasta llegar, como máximo, al Torneo Argentino B. En 2016, quedó afuera de primera fase de playoff del Federal C. Pero atención, porque esa es sólo una parte de la historia.
En diciembre de 1998, un grupo de hinchas algodoneros fundaron otro club para rendirle tributo al ya desaparecido Mandiyú. Le pusieron Deportivo Textil, aunque luego se le agregó el Mandiyú. ¿La camiseta? Verde con vivos blancos, como el original.

Todo se hizo más confuso cuando, en 2012, se tuvieron que enfrentar por primera vez en la Liga Correntina. Deportivo se impuso 1 a 0 sobre Textil, iniciando el clásico de los Mandiyúes. Una cosa de locos.
Ahora que ya todos sabemos quién es Textil Mandiyú, es buen momento para recordar lo que pasó en 2014, con uno de los rejuntados más baldoseros y escandalosos que se hayan visto en los torneos de ascenso.

Todo comenzó cuando el Presidente del club, Jorge Abib, quiso armar un plantel súper competitivo, o al menos con nombre de peso, para afrontar el Torneo de Transición del Federal A que otorgaba 7 lugares en la B Nacional de 2015. A través de un grupo empresario, llegó el experimentado entrenador Oscar Cachín Blanco junto a su ayudante Daniel La Chanchita Albornós, y con ellos más de 20 refuerzos, algunos estelares. ¿Quiénes? Rodrigo Mannara, Damián Cebolla Giménez y Matías Villavicencio, entre los más conocidos, pero también otros como los arqueros Marcos Argüello, Cristian Mazzón y Emanuel Guirado; los defensores Nicolás Demaldé, Franco Turus, Nicolás González, Ariel Martínez y Patricio Grgona; los volantes Jonathan Belforte, Federico Iñiguez, Pablo Retamar, Carlos Sotelo, Jorge Alejandro Fernández, Braian Romero y el interminable Gustavo Britos; los delanteros Facundo Pumpido, Cristian Girard y Marcos Báez. Además, ya estaba el brasileño Erivaldo De Souza (que había rebotado en una prueba en Boca Juniors), asomaba la promesa Aldo Araujo y había regresado el colombiano Ariel Ramírez Riasco.

Durante la primera semana, el panorama ya era desolador. A los jugadores los hacían correr por la costanera. Tenían palmeras, heladerita (?), todo, pero no una cancha para hacer fútbol. Para peor, habían conseguido unos amistosos en ciudades vecinas, pero no había bondi para viajar. Y eso que los que ponían la plata para el proyecto eran capos de empresas de transporte. Insólito.
Los primeros en bajarse fueron Braian Romero y Facundo Pumpido, dos que el DT había rescatado de Acassuso. No arreglaron el contrato y se fueron de Corrientes. Y bien que hicieron: uno pasó al año siguiente a Colón de Santa Fe y el otro en el Racing de Santander, tras un préstamo en San Martín de San Juan. Pero el resto de los refuerzos, se quedaron a pelearla.

El debut de Los Galácticos de Algodón se produjo ante Atlético Paraná, en Entre Ríos. Y no pudo haber sido peor: después de haber salido como unas fieras enjauladas al campo de juego, tuvieron que volver al vestuario porque… ¡se habían olvidado de firmar la planilla! ¿Falta de experiencia? Imposible. Entre los 11 titulares sumaban 340 años. Sí, sí, casi 31 años el promedio de edad.
Pese a las mil batallas en el lomo, ese día fueron cagados a pelotazos y perdieron 1 a 0. La sacaron barata.
Las cosas no mejorarían con el tiempo. Tras caer 1 a 0 ante Juventus Unida y empatar 0 a 0 con Gimnasia de Concepción del Uruguay, recién en la cuarta fecha los correntinos se desvirgarían en el arco de enfrente, en la victoria 2 a 0 contra Sol de América. Pero fue sólo un espejismo en medio del desierto.

Luego llegaron más resultados adversos que complicaron una campaña que, si bien tuvo momentos de recuperación, lejos quedó de aquel horizonte de ascenso. Y eso repercutió de la peor manera.
A finales de octubre de 2014, los futbolistas fueron apurados por los barras, que llegaron a golpearlos y les dejaron un mensaje: «Hay que ganar. Dejen la joda». Hasta ahí, parecía la típica apretada a la que estamos acostumbrados. Pero había algo más detrás de todo eso.
Dos semanas más tarde, Textil Mandiyú todavía mantenía las chances de ascenso. Jugaba la última fecha como local y estaba entre los clasificados a la segunda fase. ¿Su rival? Sarmiento de Resistencia, el último de la tabla. Sólo había que ganarle para seguir avanzando, pero ocurriría algo impensado. Los chaqueños golearon 4 a 1, dejando afuera de todo a los correntinos y desatando el escándalo.

Pocos dias más tarde de aquel partido, un grupo de 30 personas entraron en plena madrugada al edificio donde vivían 15 de los futbolistas, para golpear puertas, revisar bolsos, amenazar, llevarse pagarés y sustraer pertenencias de cada uno de ellos. ¿La intención? Que no cobraran el mes de noviembre, porque no habían ascendido.
Algunos, totalmente asustados y sin entender lo que estaba pasando, llegaron a tirarse por los balcones. Otros, un poco más despabilados, se percataron de algo tremendo: el que acompañaba a estos barras no era otro que el mismo Jorge Abib, el Presidente del club. Esto fue denunciado en la Comisaría por el delantero Gustavo Britos, a quien le habían robado la billetera.

Rodrigo Mannara, mientras tanto, decía: «si el Presidente se maneja así estamos muy mal, nos dijo que querían los documentos, no pueden pasar esas cosas, que el presidente vaya a apretar a los jugadores es algo que nunca vi, nunca me pasó esto. Me voy muy triste, me voy para Buenos Aires porque quiero estar con mi familia, con Abib nunca tuvimos trato, pero ayer estaba muy desconocido, la verdad me duele, llamamos a la Policía, vinieron y a los seis minutos se fueron, acá no hay ninguna interna en el plantel, estamos mas unidos que nunca».
«Jorge Abib fue el peor presidente que tuve, no teníamos agua para tomar, no comíamos bien, entrenábamos mal, no teníamos colchón para dormir, éste equipo tiene que cambiar primero de Presidente, comíamos pero quedábamos con hambre, él definía que era lo que comíamos, él era todo, técnico, médico, nutricionista pero me voy, me cansé, con los chicos que somos de Buenos Aires nos vamos».
El Presidente, mientras tanto acusó a los jugadores de borrachos, aclaró que Grgona había sido su mediador en esa nefasta noche y hasta dijo que Damián Giménez «le robaba comida a la cocinera» (?).

Fue así que todos cargaron sus cosas (frutillas incluídas), se volvieron a sus casas y nunca más se pusieron la camiseta de Textil Mandiyú. Y mucho menos la del viejo y querido Deportivo Mandiyú, que no tardó en despegarse del asunto…