Fernández José Antonio

José Antonio Fernádez (El Pequeño Chilavert)

Oscilando entre un charlatán de feria con un genio incomprendido y estando ante la impensada posibilidad de su vida, el entrañable Profesor Daniel Córdoba tuvo un, llamémosle, llamativo criterio para armar el plantel de Estudiantes de La Plata de cara al Apertura ’97.

Terminado el romance inicial con la parcialidad Pincharrata y tras sufrir algunas ventas que el propio entrenador atribuía al valor agregado de su gestión, El Profe se las tuvo que arreglar con algunos refuerzos que “estaban rotos y de vuelta” como El Negro Villarreal y El Beto Carranza; muchos pibes de inferiores a los que les faltaban un par de vueltas de horno y algunos juveniles a quienes había hallado en las largas horas dedicadas a mirar por televisión los torneos juveniles internacionales de aquel año. Y así Córdoba se encontró con los jóvenes paraguayos Raúl Basilio Román y José Antonio Fernández, de quien hablaremos en esta ocasión.

Nacido el 23 de enero de 1979 en Asunción, este arquero fue comparado desde sus comienzos con el legendario José Luís Félix Chilavert por su dominio del área, por detener y patear penales, y por el hecho de haber debutado con tan solo 15 años en la primera de Nacional de su país. Estas condiciones le valieron el lugar de suplente de Justo Villar en la lista de la Sub-20 paraguaya que viajó a Chile para disputar el Sudamericano en el verano de 1997.

Una oportuna lesión de Villar promediando la Primera Fase le otorgó a Fernández la chance de atajar durante el resto del torneo, en el que Paraguay consiguió un lugar en el Mundial de Malasia ’97. Y no solo eso, El Pequeño Chilavert además fue incluido en el equipo ideal de dicho certamen junto a, entre otros, el chileno Pablo Contreras, los uruguayos Martín Rivas y Nicolás Olivera, el venezolano Daniel Noriega y los argentinos Aimar, Riquelme y Samuel.

Sin embargo, aquella gran actuación no alcanzó y Fernández volvió a ser suplente en la Copa del Mundo. Comprensible si se tiene en cuenta que Villar era dos años mayor y que El Pequeño Chilavert se vislumbraba como el titular para la siguiente generación. Después de Malasia, donde su equipo llegó a Cuartos de Final, el arquero se mudó a La Plata para tener, durante un año, una feroz competencia con Sebastián Andersen, Diego Ezquerra y Nicolás Tauber por atajar en los preliminares.

A mediados de 1998 se venció el préstamo que vinculaba a Fernández con Estudiantes y el club, a instancias de Patricio Hernández, decidió no hacer uso ni de su opción ni la de Raúl Basilio Román. De regreso en su país se unió a Sportivo Trinitense (1998/2003) que, si bien era un equipo del ascenso, al menos le aseguraba titularidad. Entremedio atajó en el Sudamericano Sub-20 de Mar del Plata, pero se perdió el Mundial de Nigeria ’99 por lesión.

En enero de 2003, José Antonio Fernández fue asesinado a puñaladas por una pandilla de cinco individuos que lo habían reconocido y que habían comenzado a increparlo “por diversión”. Tenía 23 años y contaba como un tesoro los años compartidos junto a Hernán Florentín, Derlis Florentín, Julio González y Salvador Cabañas. Lastimosamente…

[A la inversa] Voy al Arco: Lobos (2001)

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Última jornada del Grupo B del Sudamericano Sub-20 de Ecuador 2001. Igualados en escasos tres puntos se enfrentaban, por un lado, la siempre postergada Selección de Bolivia; por el otro, la siempre conflictiva y descarriada Selección de Chile.

Los trasandinos llegaban a éste último cotejo con, como no podía ser de otra manera (?), cinco suspendidos por diversos motivos además de un lesionado y con la imperante obligación de ganar o ganar, ya que una derrota lógicamente clasificaría a los altiplánicos y un empate entre ellos haría lo propio con Uruguay.

Con solo tres suplentes en el banco de relevos, el entrenador chileno, Héctor Pinto, mandó a confeccionarle la camiseta número 12 al arquero suplente, Eduardo Lobos, para que éste la tenga junto a su buzo de arquero por si era necesario su remoto ingreso en caso de que ocurriese alguna fatalidad.

Por suerte para ellos, la fatalidad jamás llegó. Lo que si ocurrió, claro, fue que el delantero José Luis Villanueva se quedó sin piernas y por tal razón -a los 80 minutos-  debió ingresar el último recambio disponible: Eduardo Lobos. Y no solo eso. A los 85 el arquero suplente selló el marcador definiendo un contragolpe como un verdadero goleador. Chile 3 – 1 Bolivia, locura y pasaje a la Ronda Final.

Por primera vez en la historia de los Torneos Sudamericanos, un arquero suplente que no actuó como arquero convertía un gol que no era ni de cabeza, ni de tiro libre, ni de penal en su única participación como juvenil. Exijo una explicación…

Díaz Matías

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Matías Gastón Díaz

Mientras guardaba a sus mejores hombres para disputar el partido de vuelta por la semifinal de la Copa Sudamericana 2007 ante Arsenal de Sarandí, River Plate marcaba tarjeta por la fecha 16 del torneo Apertura ante Huracán en la cancha de Argentinos Juniors con lo que tenía más a mano: un combinado de juveniles con escaso rodaje, muchos debutantes y unos pocos experimentados. Una verdadera Deformación.

Ese sábado a la noche, bajo la dirección técnica y táctica de Daniel Alberto Passarella, salieron a la cancha Juan Ojeda, el colombiano Carlos Alberto Valencia, Mateo Musacchio, Federico Lussenhoff, Emmanuel Martínez, Facundo Affranchino, Matías Díaz, Matías Abelairas, Sixto Peralta, Damián Lizio y Andrés Ríos. En el segundo tiempo ingresaron el Roly Zárate por Abelairas, Mauro Rosales por Ríos y René Lima por Affranchino.

Uno que tuvo su estreno en aquella derrota por 2 a 1 ante el Globo fue el mediocampista central Matías Gastón Díaz, un producto genuino de las divisiones inferiores del Millonario, categoría 1987, que venía destacándose en la Reserva y buscaba el salto definitivo a Primera.

Sin lugar en el plantel campeón del Clausura 2008 que dirigía Diego Pablo Simeone, y antes de la debacle del último puesto en el Apertura de ese año, bajó un escalón para sumar minutos en la Primera B Nacional con la camiseta de San Martín de San Juan (2008/09). Disputó 13 partidos y le marcó un gol a All Boys en Floresta.

Con ese antecedente, a mediados de 2009 pegó la vuelta a Núñez, pero con el regreso de Matías Jesús Almeyda y la presencia de Nicolás Domingo y Oscar Ahumada en su puesto natural, se le hizo complicado ganarse un lugar en la consideración de Néstor Gorosito primero y Leonardo Astrada después.

Para colmo, a fines de ese año, el Jefe le colgó el cartel de prescindible, al igual que a Andrés Ríos, Nicolás Navarro, Rodrigo Archubi, los paraguayos Miguel Paniagua y Javier Cohene Mereles y el pibe Diego Bogado. Algo de razón tenía (?)

Sin embargo, el destino lo dejaría en River. No en el nuestro, claro, donde no sería tenido en cuenta, sino en River de Puerto Rico (2010), dirigido por Walter Zermatten y rodeado de argentos baldoseros como Martín Morello, Maximiliano Vallejo y Juan Manuel Sara, entre otros. Fueron apenas un puñado de encuentros, pero le alcanzaron para ser testigo privilegiado de una preciosa tángana ante el San Juan Jabloteh de Trinidad y Tobago, por el Campeonato de Clubes de la Unión Caribeña de Fútbol, en la que hubo golpes para todos.

A mediados de 2010, junto a Gonzalo Gil, pasó a préstamo al Ñublense de Chile. En los primeros seis meses disputó 15 partidos (13 por el torneo local y otros 2 por la Copa Chile) y su equipo salvó el pellejo por poco: terminó apenas dos puntos por encima de Universidad de Concepción, que debió jugar la Promoción.

En su segundo semestre sumó otras 15 presencias y no pudo repetir el milagro. Ñublense finalizó, sí, último. Díaz no se quedó a ver el descenso de sus ex compañeros porque tenía otro objetivo: buscar el ascenso a la A con Deportivo Merlo (2011 a 2013). ¿Lo consiguió? Ni por asomo. Es más, se fue a la Primera B Metropolitana. Al menos siguió actuando con cierta continuidad.

Ya complemente mimetizado con el fútbol de los sábados, jugó seis meses en la famosa Isla Maciel con la camiseta de San Telmo (2014) y en todo 2015 lo hizo bien cerquita de su casa, en Zárate, con los colores de Defensores Unidos, en la Primera C.

Catalunya 4 – Argentina 2 (2009)

Martes 22 de diciembre de 2009. La Selección Argentina de Diego Armando Maradona, que había clasificado al Mundial de Sudáfrica cortando clavos, arrancaba en España la necesaria etapa de depuración de la lista final. Claro que, para no desentonar con aquella confusa época, el equipo elegido no fue otro participante de la Copa del Mundo sino un combinado étnico que estaba en el súmmun de la simpatía universal: La Selección de Catalunya comandada por el legendario Johan Cruyff

A sabiendas que el esperado y postergado regreso de El Flaco al banco de suplentes después de 13 años se iba a robar el show más allá de lo que pasase en la cancha, El Pelusa no quiso ser menos y llamó la atención del planeta al delegar irresponsablemente el lugar de entrenador a Héctor Enrique y al sentarse cómodamente en una platea del Camp Nou. Aunque algunos, por supuesto, dicen que lo hizo por que la Federación Catalana se negó a pagarle ningún cachet extra más allá del acordado por la participación de la Argentina… ¡Que malpensados, che!

Y así, comandada inéditamente por el querido Negro, aquella noche Argentina formó con: Diego Pozo; Cristián Álvarez (Salvio), Otamendi (Pareja), Demichelis y Papa (Dátolo); Gago (Banega), Bolatti, Pastore y Di María; Lavezzi e Higuaín (Palermo).

Por su parte, los provincianos (?) jugaron con: Víctor Valdés (Codina); Puyol (Serrano), Piqué (Moisés), Oleguer y Capdevilla; Bruno Saltor, Sergio Busquets, Xavi (Sergio González) y Verdú; Sergio García (Navarro) y Bojan (Corominas).

¿El resultado? Una victoria con baile de Catalunya por 4 a 2 con goles de Sergio García (2), Bojan y Moisés, marcando Pastore y Di María para los nuestros.

De las tres leyendas presentes en aquella ciudad, en aquel momento, se destaca que Maradona se retiró del estadio y nunca jamás hizo referencia a aquel encuentro; por su parte Lionel Messi -recién llegado desde Japón Abu Dabi- ni siquiera se molestó en ir a la cancha y el único que abrió la boca fue Johan Cruyff, quien manifestó: “¿Contento? No puedo estar contento si a mi regreso vinieron solo 53.000 personas. Debería estar lleno, no es correcto…”. Inolvidable.

Acosta Rodrigo

Rodrigo Sebastián Acosta (Beto)

Sin siquiera lograr el status futbolístico como para pertenecer al selecto grupo del “hermano malo”, pero con las indiscutidas cualidades como para ser proclamado Secretario Gremial de la Cofradía del Hermano Clavo, Rodrigo Acosta (03/10/86) llega a En Una Baldosa con los ánimos intactos como para disputarle esa reñida elección a Mauro Scaloni.

Con un increíble parecido físico a Lautaro, su inseparable hermano quince meses menor, éste limitadísimo lateral derecho hizo todas las inferiores en Lanús, como no podía ser de otra manera. El verdadero problema, claro, surgió cuando Rodrigo llegó a Cuarta División, y desde allí en adelante, ya que los diversos cuerpos técnicos no se animaban a dejarlo libre para no generarle un doloroso malestar al Laucha, a quien ya vislumbran como aspirante a máximo ídolo histórico del Granate, además de un potencial saco de Euros con patas…

Con Lautaro ya convertido en un establecido jugador que estaba en la mira de varios clubes europeos, durante el Clausura 2008 Rodrigo hizo su inesperada aparición en Primera División, beneficiado por la participación de su equipo en la Copa Libertadores. Esto ocurrió en la jornada 12, cuando Lanús cayó por 3 a 2 contra Vélez Sársfield en el Amalfitani después de ir ganando por 2 a 0. Toda la suerte, toda.

Una semana después y para que no caiga en una profunda depresión, Ramón Cabrero lo ratificó como titular frente a  Arsenal en La Fortaleza ¿Y cómo les fue? Re bien, a los 45 minutos ya perdían 4 a 0. Rodrigo Acosta fue reemplazado en el entretiempo por Saviolita Biglieri y aquella derrota final por 2-6 frente al Arse fue su última aparición con la camiseta del Granate.

Dos meses después y cuando este posteo ya se estaba escribiendo solo (?), el planeta se quedó boquiabierto cuando Rodrigo Acosta firmó para el Sevilla de España (2008) que había pagado 11 millones de dólares por Lautaro. Ah ¿Y cuanto pusieron por El Beto? Por supuesto que nada, ya que había quedado libre de Lanús y fue el hermano quien le tiró un salvavidas…

Cuando Rodrigo se sumó a las prácticas de los blanquirojos –siempre asomándose detrás del Laucha– el entrenador, Manolo Jiménez, se dio cuenta a los diez minutos que no le daba el nivel para el primer equipo ¿La solución? Que se vaya a jugar en el Sevilla B, que en ese momento se encontraba en Segunda División. Allí, cuando el técnico lo vio jugar se dio cuenta a los diez minutos que no le daba el nivel para ese equipo ¿La solución? Que vaya a ver que onda en el Sevilla C, donde finalmente encontró su lugar en España pero, eso si, sin dejar de ser apenas un suplente.

Sin nada más que hacer en Europa, Rodrigo Acosta cortó el vínculo fraternal y se volvió al país para deambular en Primera B por Temperley (2009/10), Deportivo Morón (2010/11) y Brown de Adrogué (2011/13), donde estuvo dos años y hasta festejó el histórico ascenso al Nacional B sin jugar siquiera un minuto por una osteocondritis en la rodilla izquierda.

Esa fueron, hasta hoy, las últimas novedades que tuvimos de un baldosero genial, a quien se lo presume muy divertido, como cuando hace un par de años manifestó: “Con Lautaro somos muy unidos y todo el mundo nos confunde… la gente me pide autógrafos todo el tiempo pensando que soy él y un poco me molesta… hasta dejé de ir a los boliches para que la gente no piense que es El Laucha el que está de joda”.

La verdadera manera de vivir Acosta… a costa del hermano.

Mal Pase: Mouzo al Vitória (1987)

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Después de haber quedado libre en Boca Juniors, donde inscribió con sudor el récord aún no superado de 462 partidos disputados, Roberto Mouzo se dedicó a betocarrancear fuerte,  pasando por varios equipos en un breve lapso. Incluso, llegó a ponerse una camiseta con la que finalmente no jugó oficialmente.

Estudiantes de Río Cuarto (1985), Nueve de Octubre de Ecuador (1985) y Atlanta (1986) fueron los clubes que eligió el defensor para sus días finales dentro de una cancha, aunque no le duró mucho el retiro…

En 1987, formó parte de la selección argentina de veteranos en la Copa Pelé disputada en Brasil. Con apellidos como Brindisi, Babington y Más, los nuestros se impusieron ante los locales en la final. Y Mouzo jugó tan bien en esas tierras, que le pidieron que se quedara.

Con 34 años, el ex Boca llegó a Salvador de Bahía y firmó por 6 meses para el Vitória. No sólo eso, se puso la ropa y se sacó las fotos de rigor. Sin embargo, el sueño acabaría pronto.

En plena pretemporada, a Mouzo se le trabó la rodilla y no tuvo más remedio que parar para operarse, algo que complicaba su continuidad en el fútbol profesional. Es por eso que, sin jugar un minuto para el rubro-negro baiano, dejó el contrato de lado y volvió a la Argentina para recuperarse.

Cuando todos ya lo hacían un ex jugador, Roberto volvió a la actividad para jugar regionales con Urdinarrain de Entre Ríos (1988 a 1989) y Deportivo Villa Gesell (1990). Y ahí sí, se sacó las ganas de colgar los botines en la playa.

DT Error: Carlos Bianchi en la Roma (1996/97)

bianchi roma

Con el antecedente todavía fresco del triunfo con Vélez frente al Milán por la Copa Intercontinental de 1994, el nombre de Carlos Bianchi no era desconocido en Italia. Por eso no fue extraño que Franco Sensi decidiera contratarlo para que repitiera con la Roma los éxitos alcanzados con los de Liniers. Lo que sí causo sorpresa fue el rendimiento del equipo que entrenó el Virrey, que ni siquiera alcanzó a terminar la temporada.

trottaroma

Además del entrenador, a mediados de 1996 llegaron algunos refuerzos que tendrían suerte dispar: Damiano Tommasi (se transformó en un símbolo del club, jugando 10 años con la misma camiseta), Martin Dahlin (tapado por otros delanteros, sólo jugó un puñado de encuentros y en unos meses se fue con más pena que gloria) y  la gran estafa apuesta: Roberto Trotta. El defensor había llegado por 15 millones de liras y, a pesar de ser un protegido del DT, apenas participó en 6 partidos, dejando el club a comienzos de 1997. Tanto el sueco como el argentino consiguieron su merecido espacio en la versión italiana de En Una Baldosa.

roma 1996

Pero las malas decisiones del Virrey no sólo pasaron por los refuerzos elegidos: dentro de los elementos con los que contaba decidió apostar por jugadores más experimentados, relegando así a un joven que pasaba de ser una promesa para convertirse en una realidad. Un tal Francesco Totti, quien años después recordó: «Él quería que me cedieran a la Sampdoria y, si me hubiera ido, no habría vuelto a este club, que es mi casa y mi vida. Ese señor no me permitía vivir el sueño que yo quería». Su antipatía hacia Bianchi fue notoria, al punto que encabezó la oposición interna en el plantel que derivó en el despido del argentino, a siete meses de su arribo.

A portrait of Carlos Bianchi the Trainer of Roma

Carlitos dejó Roma en abril de 1997 con estos números: 31 partidos dirigidos, con 12 victorias, 9 empates y 10 derrotas, válidos por las tres competencias oficiales disputadas. Quedó eliminado en la primera rueda de la Copa Italia (caída 3 a 1 frente al Cesena, en lo que fue su debut al mando del equipo), en 16º de final de la Copa UEFA y la campaña liguera fue mediocre: Bianchi colaboró para el 12º lugar de la Roma, una ubicación que el equipo capitalino no conocía desde 1979 y que al día de hoy no repitió. Al momento de dejar el banco, ni siquiera estaba a salvo de caer en la Serie B, asegurándose la permanencia unas fechas antes del final del campeonato (el equipo terminaría a 4 puntos de la zona roja).

Un año más tarde, el Virrey recuperaría la señal de su celular y comenzaría su idilio con Boca, recobrando la costumbre  de levantar copas en torneos locales e internacionales. Esos festejos y vueltas olímpicas que en Europa no se consiguen.