[Go home] RePartidos: Bayern Munich 7 – Cosmos 1 (1978)

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Para finales de 1978, el New York Cosmos gozaba del prestigio que le daba saberse bicampeón de la ascendente North American Soccer League (NASL). Todavía con la resaca de los festejos, el cuadro estadounidense arrancó en casa una serie de amistosos previo a su gira por el Viejo Continente.

Tras los empates ante un combinado de Resto del Mundo, Boca Juniors y la derrota ante el Atlético Madrid, el ex equipo de Pelé, que se había retirado el año anterior, emprendió viaje a Europa, donde estaría poco más de un mes, pasando por Alemania Occidental, Inglaterra, España y Yugoslavia.

El primer test fue el 12 de septiembre, en el estadio Olímpico de Munich, ante el Bayern. Y no podría haber sido peor. Poco y nada pudieron hacer los estadounidenses antes los teutones, que dieron una verdadera lección de fútbol. Fue 7 a 1 para los locales con hat-trick de Karl-Heinz Rummenigge y dobletes de Gerd Müller y Norbert Janzon. El tano Giorgio Chinaglia marcó el descuento del Cosmos cuando el encuentro ya estaba 4 a 0.

Muchos años después, otro conjunto alemán ganaría por 7 a 1, pero esa ya es otra historia.

[Go home] En El Placard: Estados Unidos «No power to drugs» (1994)

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“Drogas, ¿para qué?” se preguntaban Male y Fleco en una recordada campaña publicitaria de la segunda mitad de los noventa, impulsada por el entonces Subsecretario de Prevención y Asistencia de SEDRONAR, Alfredo Miroli. Eran épocas del operativo “Sol sin drogas”, del que misteriosamente Diego Armando Maradona se había convertido en la cara visible.

Un puñado de años antes, la lucha antinarcóticos había pegado fuerte en los Estados Unidos, donde se celebró la Copa del Mundo de 1994, y fue justamente la selección yanqui la encargada de plantar el mensaje. El tema era que lo hacían vistiendo una lisérgica camiseta de algodón de color blue jeans, con estrellas blancas de dimensiones irregulares. Si a eso le sumamos que usaban unos pantaloncitos cortos a tono, ninguno pasaba un examen toxicológico. Ni hablar de la pinta de uno de sus jugadores más emblemáticos: Alexi Lalas.

La casaca titular, bastante flashera pero un tanto más sobria que la suplente, estaba compuesta por bastones rojos y blancos con curvas y también tenía sus particularidades: el bastón central podía tocar rojo, blanco o 50% y 50%, indistintamente. Con esa misma indumentaria, por ejemplo, la USMNT derrotó 1 a 0 a México el 4 de junio de 1994 en el Rose Bowl de Pasadena, ante 91 mil espectadores, en un partido amistoso a días del Mundial.

Más allá del resultado y de las marchas en contra de la Proposición 187 (que proponía negarles a los inmigrantes indocumentados servicios sociales, servicios médicos y educación pública) que colmaron las inmediaciones del estadio, lo que sorprendió fue un pequeño (?) parche que apareció debajo del logo de adidas. ¿Qué decía? “No power to drugs”. Lástima que ya era tarde, se la habían tomado toda los diseñadores.

Se trataba del lanzamiento de la versión internacional de la campaña alemana “Keine macht den drogen”, impulsada en 1990 por Karl-Heinz Rummenigge, entre otras celebridades teutonas, que tiene como objetivo trabajar en la prevención del consumo de drogas entre los jóvenes.

Presente en la foto oficial y alternativa de la Copa del Mundo de 1994, el parche desapareció de la camiseta estadounidense sin que nadie se diera cuenta.

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En la temporada 1995/96, en el ocaso de su prolongada relación contractual con adidas, Unión de Santa Fe rescató aquel modelo de la casaca ondulada de Estados Unidos y mal no le fue. Ese campeonato, el Tatengue se quedó con el Octogonal del Nacional B y ascendió a Primera luego de varios años de ausencia. Es más, tanto se copó el cuadro santafesino con la pilcha de 1994 que el arquero Juan Carlos Maciel atajaba con la suplente de Argentina.

Dale, ratón, si acá no te ve tu papito.

[Go home] BaldoHero: David Vanole (1989)

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Domingo 30 de abril de 1989. Estados Unidos y Costa Rica se enfrentaban en el St. Louis Soccer Park de Fenton, Missouri, por la ronda final de las eliminatorias de la CONCACAF clasificatorias para Italia 1990. En su cuarta presentación, los ticos buscaban acomodarse en lo más alto de la tabla. Los yanquis, por su parte, necesitaban ganar para revertir la mala imagen que habían dejado en su debut como visitante, ante el mismo rival, algunas semanas atrás.

En tiempo de descuento, los locales vencían por 1 a 0 con gol de Tab Ramos cuando David Vanole, el uno estadounidense, salió a descolgar un centro, pero llegó tarde y la pelota le quedó servida a Álvaro Solano, que remató con el arco a su merced. Sobre la línea, el defensor Steve Trittschuh puso las manos. Penal.

Vanole, un arquero con tendencia a engordar que peleaba el puesto con Tony Meola y Jeff Duback, tendría la chance de redimirse. Enfrente estaba el 5 de los ticos, Mauricio Montero, que agarró el fierro caliente, tomó carrera recta al balón y le pegó fuerte al medio, como mandan los manuales. Vanole (#blessed) se quedó parado y tapó el disparo. Así, Estados Unidos logró dos puntos vitales de cara al Mundial.

[Go home] Repartidos: Cosmos 2 – Santos 1 (1977)

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El 1 de octubre de 1977 no fue un día más en la vida de Pelé. Aquella tarde, el astro brasileño se retiró para siempre de las canchas en un partido amistoso entre el New York Cosmos y el Santos, equipo en el que brilló y que había abandonado tres años atrás para cumplir su sueño americano.

El Giants Stadium de New Jersey se vistió de gala para la última función de O Rei, que un mes y medio antes había sido una pieza clave para la obtención del Soccer Bowl de la NASL ante el Seattle Sounders. A pesar de la intensa lluvia, más de 75 mil personas, incluido el eterno Muhammad Ali, se acercaron para acompañar la despedida de Pelé y, de paso, ver a esa constelación de estrellas que quemaban sus últimos cartuchos, con el alemán Franz Beckenbauer, el brasileño Carlos Alberto Torres y el italiano Giorgio Chinaglia a la cabeza.

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En una fiesta hecha a su medida, televisada en vivo y en directo para todo el mundo, el niño mimado de Três Corações, en el estado de Minas Gerais, jugó un tiempo para cada uno. Primero vistió la camiseta verde del Cosmos y dijo adiós, ceremonia incluida en el intervalo, con la tradicional blanquita del Peixe.

Fue justamente el conjunto visitante el que abrió el tanteador en la primera etapa, a través de Reinaldo, que fusiló a Shep Messing. Un ratito después, Pelé marcaría su último gol con un tiro libre desde lejos que agarró desprevenido al arquero Ernani (y también al director de la transmisión). En el complemento, el peruano Ramón Mifflin, que había entrado por O Rei, aprovechó las desatenciones de la defensa paulista y convirtió el 2 a 1 definitivo para los estadounidenses.

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Diego Marcelo Ortega (El Chino)

Los que lo vieron jugar en Reserva o los que tuvieron la oportunidad de compartir un rato de cancha con él lo recuerdan como uno de los mejores de su camada, la 91 de River Plate. Tenía condiciones y, para colmo, un apellido ilustre. Pero, como decía Tu Sam, puede fallar: apareció en el peor momento institucional/deportivo del Millonario y tuvo la desgracia de desperdiciarse a la par de varios de sus compañeros, absorbidos por la necesidad imperiosa de pelearle cada milésima al promedio del descenso.

Diego Marcelo Ortega nació en Villa Jardín, una de las zonas más picantes de Lanús, el 5 de septiembre de 1991 y desde los 9 años fue haciendo el típico caminito a Primera, siempre con la camiseta de la banda roja, actuando generalmente como enganche o doble cinco.

En 2008, cuando jugaba en las divisiones inferiores del cuadro de Núñez, fue sparring de la selección argentina que dirigía Alfio Basile. En una práctica, el Coco lo mandó a la cancha junto con Agustín Orion; Pablo Zabaleta, Fabricio Coloccini, Daniel Díaz y Luciano Fabián Monzón; Leandro Somoza, el Cuchu Cambiasso y Pablo Barrientos; Francisco Grahl (un pibe de Almirante Brown que luego pasó por Boca y ahora está en Atlético Tucumán) y Ángel Di María.

A comienzos de 2010, tras un puñado de campañas en Reserva, Leonardo Rubén Astrada lo citó a la pretemporada. Por aquel entonces, el Chino se inspiraba en Ariel Arnaldo Ortega, que volvía al club de sus amores para aprovechar su último rato de curda cuerda. «Mi sueño es jugar en la Primera, al lado de Ariel. Es mi proyecto», decía el chico que no llegaba al metro setenta. «Tuve la oportunidad de tirar algunas paredes, je. El me gritaba ‘Negro, Negro’, nada más. Después no pude hablarle. Es que me da vergüenza. Hace muchos años sólo le pedí un autógrafo. Nunca me dio para animarme a una camiseta. Que él haya vuelto al club me genera más ganas para jugar».

Quiso el destino que tras el debut con derrota ante Racing, Astrada hiciera varios cambios para enfrentar a Independiente, por la segunda fecha del torneo de verano, en Salta. Esa noche, como partenaires del Burrito, salieron a la cancha un montón de purretes que sumaban sus primeros minutos entre los grandes. Quiso el destino también, bastante puto a veces, que el encargado de reemplazar a Ortega promediando la etapa final fuera, sí, Orteguita, en su único partido con la casaca del Millonario. Encima, sesenta segundos después de su ingreso, Ignacio Piatti marcó el 3 a 2 definitivo para el Rojo. Unos días más tarde, el pibito vio desde el banco de suplentes cómo River vencía a Boca por penales.

Desde entonces y hasta su despedida, fue marginado por Astrada, Ángel Cappa, Juan José López y Matías Almeyda, limitando su participación a algunas prácticas junto con otros juveniles que tampoco pudieron hacerse un hueco en esa época de mierda, como Sebastián Silguero, Santiago Gallucci Otero, Facundo Quignon, el camerunés Many Essomba o el propio Gustavo Bou.

Ya consumado el descenso, le dieron vía libre. Pedido por Cacho Sialle, pasó a préstamo a Guillermo Brown de Puerto Madryn (2011), que la temporada anterior había conquistado el ascenso a la B Nacional y que justamente sería uno de los verdugos de River en ese viaje a tierras desconocidas, quedándose sobre la hora con un empate histórico en pleno estadio Monumental. Ojo, Ortega no llegó a verlo: fue parte del escobazo que pasó Dalcio Giovagnoli tras un primer semestre para el olvido.

De nuevo en Núñez y con las acciones en baja, los dirigentes se encargaron de buscarle un club acorde a su nivel. Tampoco se esmeraron mucho, eh. Abrieron su navegador amigo, tipearon “destinos exóticos”, clickearon en “Me siento con suerte” y el bueno de Orteguita terminó el 2012 a 11 mil kilómetros de distancia, defendiendo los colores del Sliema Wanderers de… ¡Malta!

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Allí, donde alguna vez brilló César Paiber, llegó acompañado de dos argentinos (Ariel Laudisi y Matías Muchardi) y otros nueve ladris colegas y, después de algunas pruebas, disputó apenas dos partidos oficiales antes de pegar la vuelta. La última vez que escuchamos su nombre fue a mediados de 2013, cuando el Boyacá Chicó, que ya se había asegurado al Tigre Jairo Castillo, intentó llevarlo a Colombia.

Parecía que estaba todo arreglado, pero a último momento surgió la posibilidad de contratar a otro jugador y lo anunciaron… a través de Facebook.

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Desde entonces, nunca más lo vimos pasar por nuestro timeline.

Boca y River con la camiseta de Palmeiras (1948)

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En el verano de 1948, la Federación Paulista de Fútbol aprovechó la presencia de Boca Juniors y River Plate en Brasil para organizar un partido amistoso entre un combinado argentino y los mejores jugadores del Trío de Ferro (Palmeiras, Corinthians y São Paulo) agrupados en un invento que se llamó Selección Paulista.

Al encuentro, que se realizó en el estadio Pacaembu, acudieron miles de personas que nunca supieron que estuvo a punto de suspenderse. ¿El motivo? Los argentinos no se ponían de acuerdo… con la camiseta. Sin un uniforme genérico que satisficiera a los dos, los de Boca se negaban a usar los colores de River y viceversa. Ninguno quería dar el brazo a torcer.

La solución llegó de la mano de Elmo Bovio, delantero argento del Palmeiras que tenía amigos en ambos planteles y que propuso que utilizaran la tradicional casaca del Verdão.

Entonces, Bover salió a la cancha vestido de verde con Obdulio Diano (Boca), José Marante (Boca), Rodolfo De Zorzi (Boca), Norberto Yácono (River), Néstor Rossi (River), José Ramos (River), Mario Boyé (Boca), José Manuel Moreno (River), Alfredo Di Stéfano (River), Ángel Labruna (River) y Gregorio Pin (Boca). Luego, entraron Amadeo Carrizo (River), Alberto Luis Castellani (Boca), Pío Corcuera (Boca), Jaime Sarlanga (Boca) y Félix Loustau (River).

En la vereda de enfrente, los brasileños formaron con Oberdan Cattani, Caieira (Renganeschi), Noronha (Turcão), Rui, Zezé Procópio, Waldemar Fiúme, Cláudio, Pinho, Yeso Amalfi, Servílio (Canhotinho) y Teixeirinha (Remo).

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Más sorpresivo que el shock que significó ver a un conjunto argentino usando la indumentaria de un equipo brasileño fue ver a los once players del combinado nacional con la camiseta de Boca Juniors al inicio del segundo tiempo, incluso aquellos muy identificados con el club de la banda roja, como Ángel Labruna. Al parecer, los nuestros habrían limado asperezas en el vestuario para demostrar que estaban más unidos que los locales.

¿El resultado del encuentro? Un anecdótico 1 a 1 con goles de Pin para los de verde y Servílio para los paulistas.

Boca 3 – Mamelodi Sundowns 1 (2005)

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La participación de Boca Juniors en la Copa de la Paz 2005, organizada por la Iglesia de la Unificación del reverendo Sun Myung-Moon, finalizó el 21 de julio en Gwangju (Corea del Sur) cuando enfrentó al poderoso Mamelodi Sundowns de Sudáfrica, dirigido por Ángel Cappa y que contaba con Vicente Principiano entre sus figuras.

Luego de los empates ante el Tottenham Hotspur y la Real Sociedad, el Xeneize estaba obligado a golear y esperar una manito de los españoles para avanzar a la definición del torneo, donde ya esperaba el Lyon francés. Por eso, el Coco Alfio Basile no pijoteó y puso lo mejor que tenía: Roberto Abbondanzieri; Hugo Ibarra, Rolando Schiavi, Daniel Díaz y Claudio Morel Rodríguez; Diego Cagna, Fernando Gago y Daniel Bilos; Federico Insúa; Guillermo Barros Schelotto y Martín Palermo.

A los 9’, Diego Cagna, de cabeza, abrió la cuenta tras un centro de Guillermo. Seis minutos más tarde, el Mellizo se la dejó servida a Martín Palermo, que estiró la ventaja. Godfrey Sapula, a los 49’, de vaselina, descontó para los sudafricanos. Finalmente, Neri Cardozo, que había entrado por el Pocho Insúa, a los 75’ puso el 3 a 1. Sobre la hora, el cuadro argentino tuvo varias chances de ampliar el marcador, pero no pudo superar la resistencia del arquero Brian Baloyi que ingresó en reemplazo del lesionado Andre Arendse.

Con ese resultado, Boca llegaba a cinco puntos, misma cantidad que cosecharon los ingleses tras la igualdad 1 a 1 ante los vascos. Sin embargo, y ante la paridad en la diferencia de gol (+2), la clasificación quedaría en manos del Tottenham por tantos convertidos (6 contra 5). Más allá de la gloria deportiva, el Xeneize se perdió la oportunidad de sumar dos millones de dólares (500 mil, en el peor de los casos) a los cofres del cartonero Báez.