Correa José Luis

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José Luis Correa
Su llegada al fútbol grande de la Argentina tuvo ribetes glamorosos. Se sumó a Independiente de Avellaneda al mismo tiempo que lo hacían otros grandes valores, como el mítico Eduardo Pereira y un juvenil Claudio Úbeda.
A mediados de 1988 los simpatizantes del Rojo desconocían el pasado Correa, un puntero izquierdo que había brillado en Atlético Lugano, en la Primera D. Tampoco tuvieron la chance de disfrutarlo demasiado. Sólo participó en 5 encuentros de Primera División y estuvo presente en la Copa Libertadores de 1990.
Ese año finalizó su relación con la institución y un par de temporadas después reapareció en el fútbol más pobre de nuestro país, con las camisetas de Talleres de Remedios de Escalada, Defensores Unidos de Zárate, Claypole (1993/94) y Brown de Adrogué (1995/96).
Desde aquí el recuerdo para una promesa olvidada que al menos, en su corto periplo por la superficie de la actividad local, pudo conocer a uno de los más extraordinarios bigotones de la década del ’80.

Juan Pordiosero

Benetti Claudio

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Soportamos la presión popular durante tres años. «¿Cuándo van a postear a Benetti?», nos preguntaban. Y nosotros contestábamos: «ya viene, falta poco». Sabíamos internamente que era nuestro estímulo, la zanahoria delante del burro. Lo pateábamos hacia un futuro indefinido, pero éramos concientes de que algún día el ex Boca iba a recibir su homenaje.
Hace poco, haciendo cuentas, descubrimos una estadística escalofriante: casi mil baldoseros habían desfilado por el sitio. Fue allí cuando se nos ocurrió darle ese lugar, el número redondo, al jugador postergado, al ícono de las promesas truncas, al estereotipo la persona con 15 minutos de gloria, al hombre que concentra en su imborrable apellido la famosa frase «¿Qué habrá sido de la vida de…?«

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Claudio Edgar Benetti
Antes de convertirse en el protagonista del cuento de hadas más festejado en la década del ’90, este humilde chico nacido en Córdoba había llegado a las inferiores de Boca Juniors con 14 años y un hambre de triunfo que no cabía en esa frondosa melenita que exhibió durante gran parte de su trayectoria.
Clásico volante central con aproximación al arco rival, hizo todos los palotes necesarios para llegar a la Primera, en una época donde no se le daba la importancia real a los pibes de la cantera.
Así y todo logró su cometido. El 18 de julio de 1992 debutó ante Gimnasia y Esgrima La Plata, y luego tuvo la chance de estar a mano del técnico, el Maestro Tabárez, pero desde el banco de suplentes, ya que el titular era José Luis Villarreal.
Precisamente fue Villita el que se lesionó durante la semana previa a la última fecha del torneo Apertura ’92, y de esa manera, involuntariamente, abrió las puertas de la fama para su reemplazante.
El 20 de diciembre de ese año, Claudio Benetti jugó de titular en el cuestionado partido ante San Martín de Tucumán en el que Boca debía sumar un punto, y en cuestión de minutos se transformó en el héroe menos pensado.
Con el score 1 a 0 en contra, el pibe realizó la proeza inimaginable. «Nunca olvido ese momento -aseguró tiempo más tarde al Diario Clarín-. Giunta peleó una pelota en el medio y me la tocó. Pude eliminar a Chazarreta y Onaindia. Y rematé con alma y vida. No sé si fue un gran gol, pero sirvió para darle alegría al pueblo de Boca» .
La igualdad en un tanto selló el campeonato para el conjunto Azul y Oro después de once frustrantes temporadas. Benetti había hecho historia, pero casi que ni se enteró. «Lástima que no pude disfrutar tanto. Porque un pelotazo de Oscar Acosta me golpeó la cabeza y me dejó muy mareado. Lo único que recuerdo es que al final del partido me alzaban y me movían, pero yo no sabía por qué. Me desperté en un hospital y mis familiares me felicitaron por la vuelta olímpica«, dijo en una oportunidad.
A raíz de ese gol consagratorio durante las semanas posteriores pululó por infinidad de programas deportivos, pero lo que realmente llamó la atención fue su aparición en el clásico de los mediodías, Almorzando con Mirtha Legrand. La señora lo recibió como a una estrella mas y se sorprendió cuando el jugador le obsequió una torta alusiva a la celebración.
El éxito del mediocampista dio los primeros indicios de su condición de efímero cuando al año siguiente lo prestaron a Belgrano de Córdoba (1993/94, 15 partidos y 2 tantos) y ante la primera posibilidad de enfrentar a su ex club lo embocó.
«Me gritaban desagradecido, muerto de hambre o negro. No me perdonaron que festejara el gol celeste, en el Chateau. Quería que me tragara la tierra, porque nunca me insultaron tanto«, contó.
Su regreso a Boca en 1994 no fue el mejor, claro. Apenas le dieron un lugar en el plantel y tras completar 9 partidos con esa camiseta (sumando las dos etapas) quedó colgado del Mundo.

Desaparecido durante casi dos años (aunque volvió al Xeneize de Bilardo y se agarró a las trompadas con Nelson Vivas), ubicado en el poco competitivo Universitario de Córdoba después, recién recuperó espacio en los primeros (o segundos) planos cuando firmó para Nueva Chicago y disputó 15 encuentros de la temporada 1997/98, en los que marcó en 3 ocasiones.
A esa altura ya convertido en un referente ineludible de los futbolistas con el síndrome de Warhol, supo muy bien que los intentos por volver a ser un jugador de Primera serían en vano. Sin embargo, hizo lo que tuvo al alcance y en 1998, gracias a Mauricio Macri, pudo realizar la recuperación de una lesión en las instalaciones del club que lo había visto crecer, e incluso entrenó durante el lapso de dos semanas junto al plantel de Carlos Bianchi.
Ese mismo año también se acercó a una multitudinaria convocatoria que había realizado Huracán para jugadores libres. Más de 100 futbolistas desocupados formaron la cola en el SETIA, en Ezeiza, para ponerse bajo la mirada de los entrenadores del Globo, Oscar López y Oscar Cavallero. Todos menos Benetti, que quedó mirando las evaluaciones y se despachó con un «Necesito club, pero de ninguna manera me voy a someter a una prueba de este tipo. Le voy a pedir a la dupla que me someta a una evaluación pero con los profesionales de Huracán«.
Lejos de volver a pegar un pase al exterior (estuvo en Temuco de Chile, en Melgar de Perú y, según cuentan, en Dallas Burn de Estados Unidos), en 2001 recaló en Huracán de San Rafael de Mendoza, equipo que descendió al Torneo Argentino B envuelto en un maraña de problemas económicos e institucionales.
Vinculado luego a Estudiantes de Río Cuarto (2002/03), no sabemos a ciencia cierta cuándo colgó los botines pero estimamos que oficialmente no jugó mucho tiempo más.
Ya en su traje de ex gloria se dedicó a actuar para Boca en partidos de veteranos. En noviembre de 2005, por ejemplo, enfrentó a Argentinos Juniors y marcó 3 goles para rubricar un amplio 8 a 1. Ese día opacó la presencia de sus compañeros, Maradona, Mac Allister, Mancuso y Basualdo, entre otros.
Esa última imagen, quizás, resume una sensación generalizada que contiene una verdad. Benetti podrá hacer mil goles, jugar con el mejor del Mundo, ser un DT exitoso y hasta triunfar en otra profesión. Pero en el inconsciente del futbolero medio siempre será ese pibe que metió el gol de su vida y que aún está ahí, bien arriba, trepado al alambrado con una cara de miedo que anticipa su oscuro destino.

Juan Pordiosero

Virviescas Kilian

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Kilian Edwin Virviescas (El Kili)
Lateral-volante colombiano con un currículum más que interesante y una carrera plagada de detalles que ameritan su ansiado posteo.
Nacido en Bogotá en 1980, apareció en América de Cali en 1999 y se mantuvo allí hasta el 2003 con un paso intermedio por el Real Cartagena en 2002.
Con 23 años tuvo la oportunidad de fichar con River Plate, para seguir los pasos de sus compatriotas Juan Pablo Ángel y Mario Yepes, que saltaron al fútbol europeo desde el club de Nuñez. Ese antecedente hacía pensar que el bueno de Kilian tenía un futuro plagado de emociones.
En 2003 fue parte de «Los Galácticos«, el equipo Millonario que contaba con refuerzos de jerarquía como Marcelo Gallardo, Marcelo Salas, el Rolfi Montenegro y Fernando Crosa, y que hizo ruido solamente a la hora de las contrataciones, ya que después perdió la final de la Copa Sudamericana provocando el alejamiento de Manuel Pellegrini del club.
En el Apertura de ese año Virviescas jugó como titular en 6 oportunidades. Poco, teniendo en cuenta que el eterno volante izquierdo de River, Víctor Zapata, había dejado el club para irse a Valladolid.
En el Clausura 2004 tampoco actuó mucho, sólo 5 encuentros para un River que quedó afuera de la Libertadores ante Boca y que se consagro campeón del torneo local. Gran amigo de Fabián Vargas, veía que las cosas se le ponían negras para continuar en el entonces equipo de Leonardo Astrada y tiro un «Lo que veo es que no es tan difícil jugar en Boca como en River. Acá se exige mucho más en la parte futbolística» que todavía hoy humea en el Monumental y como no le alcanzó con eso agregó “Es importante la confianza que me ha brindado el cuerpo técnico. Es motivante sentir que estás en los planes”. Es por eso que terminado su vinculo nadie se preocupó por renovárselo y partió.
Increíblemente San Lorenzo de Almagro confió en él y estuvo allí durante la temporada 2004/2005, llegando a completar 9 partidos, en los que demostró poco y nada. En su estadía en el Cuervo estuvo con Nereo Champagne, tiki tiki Di Lorenzo, Germán Herrera, Leandro Álvarez, Damián Luna, Edilio, su compatriota Leonardo Fabio Moreno y la bala Drovandi entre otros.
Ya con un historial interesantísimo cayó en Sao Caetano de Brasil, donde estuvo 6 meses «varado» y parece que un cambio de técnico lo dejó colgado. Como estaban cerrados los mercados de todos los países latinoamericanos y se negaba a rescindir su contrato, recurrió a otras declaraciones humeantes: «Tenemos esperanza de llevar esto a feliz término, porque los jugadores no pueden ser tratados con falta de respeto y hay que hacer valer nuestros derechos«.
Obviamente que para fin de año su periplo por Brasil era cosa del pasado. Como todos los representantes tienen trucos bajo el brazo, qué mejor que llevar al fútbol chileno a un ex compañero de Marcelo Salas y promocionarlo como tal. Así fue como Deportes La Serena se hizo con el «gran fichaje» de Kilian, a quien convenció su compatriota Carlos Asprilla de fichar por dicho equipo. «Es un hombre que tiene un currículum interesante, es un buen jugador y esperamos que se adapte«, fue la frase de Víctor Hugo Castañeda, técnico de La Serena, y demostrando que hablar es gratis agregó: «Cuando se traen jugadores de la trayectoria de Virviescas, a veces se piensa que venir desde San Lorenzo a La Serena la motivación disminuye, pero nosotros tenemos que convencerlo de que si anda bien acá, puede volver a jugar a nivel internacional«.
Cuando menos se lo esperaba volvió al fútbol argentino. Gimnasia de La Plata lo contrato para el Apertura 2006, campeonato que ningún hincha del lobo quiere recordar por el 7 a 0, el campeonato de Estudiantes, Germán Basualdo, Cardetti y Ariel Franco. Virviescas fue clave mirando el torneo al lado de Troglio ya que de sus 5 apariciones no se debe acordar ni él.
Llegando al 2007, y sabiendo que nadie en La Plata se debe haber preocupado por situación, agarró las valijas una vez más y cayó en Alianza Lima de Perú para jugar la Copa Libertadores.
Luego de su estreno, un periódico local publico «Kilian Virviescas no tuvo un debut soñado. Fue cambiado al final del primer tiempo y Alianza terminó empatando ante Boys. Según la página argentina La Redó, esto no es algo que sorprenda, porque tal parece que la mala suerte siempre ha perseguido al colombiano en todos los equipos por los que ha jugado«. Terrible forma de ser recibido. Igual él salió a responder diciendo “Sin haber jugado están cuestionando mi trabajo, pero uno está acostumbrado a este tipo de situaciones. Me pasó en Argentina, pero supe reponerme y tuve una buena campaña. Espero hacer lo mismo en Alianza” . Allí siguió aportando a la contaminación del planeta.
El conjunto peruano terminó la Libertadores con 6 partidos perdidos (sobre 6) y Virviescas acomodado al lado del técnico de turno ya que nunca consiguió meterse en el once inicial del equipo limeño. Y como ya había demostrado que con la lengua juega mejor que con los pies siguió dejando frases cuando se veía venir su rescisión de contrato: “las lesiones no me permitieron tener continuidad. No entiendo por qué dicen que me iré del equipo. No lo entiendo. Me vengo recuperando de buena manera, sólo espero regresar y tener la continuidad que esperaba”. A mediados de año el técnico de Alianza, Gerardo Pelusso, acusó a Virviescas y al ecuatoriano Poroso de no estar a la altura del plantel.
Ya fuera de ese club, el pitufo Desagastizábal bogotano o Vividorescas, como le pusieron en Perú, espera que su hoja de ruta sea lo suficientemente convincente para que lo contrate algún equipo que quiera un nosedequejuega colombiano que hace poco, habla mucho y mufa más.

Pastor

Formento Andrés

Andrés Miguel Formento
Junto a Ubaldo Mareco, Alejandro Larrea, José Pezoa y Marcelo Fontana forman el equipo de salón de los locutores.
Pero por otra parte, y fuera de esa situación «gremial», el delantero tiene una carrera que arrancó con todo y se fue desinflando en forma vertiginosa.
Con edad de cuarta división fue promocionado al plantel superior de Colón de Santa Fe por el entrenador Edgardo Bauza, quien le puso los ojos encima luego de que el club rechazara una increíble oferta del Manchester City por 5 millones de dólares.
Sin embargo, recién logró debutar en primera en el 2004 de la mano de Alfio Basile. No obstante, tiempo después se volvió de una pretemporada para integrar un selectivo dirigido por Mario Sciaqua junto a Sebastián Malandra y Claudio Bieler.
En el 2005 quedó libre y pasó por Tiro Federal de Rosario para ser compañero de Alejo Gelatini. Allí participó del ascenso a la A aunque con muy poco protagonismo.
Se unió a los sueños de La Perla del Oeste (Santa Fe) pero tuvo pesadillas. De haber podido pasar al fútbol inglés, cobrar un gran sueldo y llevarse el 15 % de la transacción, pasó a comprarse sus propios botines para poder jugar.
A punto estuvo de ir a Gimnasia de Santa Fe, pero retornó a Rosario con sed de revancha. En la actualidad casi ni juega, es que el Tiro le salió por la culata.

Cucu

Desio Carlos

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Carlos Alberto Desio
Para algunos nunca existió. Para otros, los más meticulosos, fue un ave de paso que jamás pudo meterse en la cabeza, y mucho menos en el corazón, de los hinchas de Independiente.
Hermano menor de Hermes, volante que asomó en el Rojo fines de los 80’s, también se inició en las inferiores del cuadro de Avellaneda y en el clásico puesto de número 10 metió presión para darle continuidad a la dinastía.
Finalmente la chance le llegó. En la Copa Centenario de 1993 debutó como titular en la derrota 3 a 0 ante River que significó la eliminación de la ronda de perdedores. No fue su único momento de gloria, ya que también alcanzó a disputar algunos minutos en un partido de Primera División.
Juntando esas pequeñas satisfacciones personales armó un currículum que sólo le sirvió para actuar en ligas de menor relevancia como la Primera B (con Defensores de Cambaceres) y en su pueblo, Corral de Bustos, donde el reconocido Hermes y el Cabezón Ruggeri son verdaderos ídolos.
A Carlitos no le da el handicap para semejante halago pero al menos se preocupa para mejorar profesionalmente. Desde diciembre del año pasado es Instructor Nacional de Fútbol Infantil, después de haber estudiado junto a otros corralenses con apellido de futbolista, como Juan Carlos Gordillo y José María Garnero . Parece que en ese sector de Córdoba está de moda ser pariente de una ex gloria de los Diablos Rojos.

Juan Pordiosero

De Jesús Mauro

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Norberto Mauro de Jesús
Sin ánimo de victimizarse pero conciente de la competencia que lo rodeaba, este chico pudo haber sentido en algún momento de su carrera que no servía para la profesión que amaba. Y razones no le faltaban. Durante muchos años fue el último orejón del tarro en Independiente y sólo era mirado de reojo cuando algún futbolista del plantel profesional estaba en duda para un compromiso.

Así, a la pesca de una remota chance, vivió con la vergüenza de no haber debutado en Primera hasta los 24 años, cuando Menotti se vio en una encrucijada por las ausencias de Oscar Sánchez y Sebastián Pena, y lo puso de titular en un encuentro ante Boca por la olvidada Copa de Invierno de 1999. Ese día formó la dupla de marcadores centrales junto a Gabriel Milito y, emulando al baldosero Norman Pereyra, hizo su estreno siguiendo de cerca a Martín Palermo ( según las crónicas, cumplió con su labor).

Antes había ido al banco en algunos partidos del torneo Clausura de ese año y siempre cubriendo el lugar de algún defensor faltante, pese a que tenía una vocación más ofensiva. «En la reserva jugaba de 10, pero como el titular era Matute Morales, me pasaron a la defensa. Me gustó y nunca más cambié«, declaró alguna vez al Diario Olé.
Luego de su respetable debut tuvo otras oportunidades de actuar con los grandes pero los dedos de las manos le alcanzaron para enumerar sus encuentros oficiales.

A mediados de 2000 lo dejaron marchar y recaló en Cipolletti de Río Negro (2000/01), donde la pasó mal tras perder la categoría y bajar al torneo Argentino A. Bien lejos de su Chaco natal se sintió solo y desprotegido, por lo que optó por encarar el tramo más duro de su carrera, juntar unos pesos y volver a su tierra. Hizo un esfuerzo jugando un tiempo en Libertad de Paraguay (2003) y luego rumbeó para sus pagos al aceptar ser suplente en Boca Unidos de Corrientes, donde conoció a Sergio Umpiérrez, Jorge Ciancaglini, Mario Obregón y Leandro Schiavi, el menos conocido de la rústica dinastía.
Finalmente desembarcó en Sarmiento (2005) de su querida Provincia y parece que eso colmó sus expectativas deportivas, porque nunca más se lo volvió a nombrar en un medio de comunicación. Desde aquí este humilde homenaje para un tipo que debutó en Primera teniendo barba.

Juan Pordiosero

Pereyra Norman

Norman Pereyra
Portador de un nombre de pila poco usual en el fútbol argentino, aprovechó su corpulento físico para transformarse en defensor central.
Sus primeras armas las hizo en Almirante Brown donde jugó partidos en el ascenso que lo ayudaron a ser considerado por equipos de otra divisional. Fue así que en agosto de 1998 tuvo la fortuna de pasar al Platense del «Profe» Córdoba.
Hasta allí, una historia poco relevante, pero que con dos descensos en forma consecutiva, llegó a ser motivo de este humilde homenaje.
En aquel año, las bajas en el equipo titular del Calamar le dieron la chance para debutar en primera división. Sin embargo, no en cualquier partido sino ante Boca, en la Bombonera, puntero y con la misión de marcar a Palermo, el jugador del momento y goleador del Apertura.
«Todavía no lo puedo creer. Es un sueño hecho realidad», decía muy entusiasmado el defensor sin analizar demasiado la difícil tarea que tendría ese fin de semana. De todos modos, al ser consultado aseguró que el entrenador le había dado toda la confianza y aconsejado pensar que se trataba de un juego más y que el 9 era «un jugador común y corriente, que simplemente tiene la suerte de que se le estén dando las cosas y por eso es el máximo artillero del campeonato».
En ese sentido, aseguró estar «muy tranquilo. El Profe me da toda la fe y la moral que necesito, y no me pesa para nada tener que marcarlo porque creo que estoy preparado para hacerlo. En el ascenso he tenido que tomar a jugadores con características muy similares a las suyas, y lo hice sin ningún tipo de problemas. ¿Por qué tendría que tenerlos con él?», declaraba en esperanzado Norman.
El día del encuentro llegó y el jugador se llevó su triunfo personal. Palermo no hizo ningún gol, aunque el Xeneize ganó 3 a 0. En aquella ocasión dijo que al menos «el sistema defensivo funcionó». Se sumó a ello el «Pipi» Váttimos, quien agregó que «había que tomar a Guillermo y a Palermo y a mi entender con Pereyra lo hicimos bien, ya que ninguno de ellos dos pudo entrar en nuestra área ni hacer goles. Lo que pasó es que aparecieron otros jugadores que no estaban en los planes y que desnivelaron. Si no, el partido terminaba 0 a 0».
Tras ello, no fueron repetidas ni continuas las apariciones de lungo en la primera de Platense, que terminó perdiendo la categoría tras varios años de agonía.
Abandonó la institución llevándose al menos buenos recuerdos de Lorenzón, Mandrini, Landriel, Sardi, Loyola, Coyette, Colliard, Rivarola, Miranda, Zanello, Bocchio, Santo, Cristian Verón, Formidábile, Zeballos y José Barbas.
Retornó al ascenso y se calzó la camiseta del Deportivo Morón (1999-2000) para afrontar un Nacional B que lo vería descendido a final de temporada. Fueron 34 partidos jugados con apenas 3 triunfos, 13 empates y 28 derrotas con 28 goles a favor y 58 en contra.
Tras su segunda pérdida de categoría en forma consecutiva y en medio de una carrera tobogán, desapareció completamente del mundo futbolístico. Y como no queremos pensar lo peor, ni echarle un vistazo a los avisos fúnebres, dejamos este post abierto a nueva información.

Cucu

Del Sotto Santiago

Santiago Darío del Sotto
Pintoresca historia la de este lateral izquierdo cordobés que pasó de jugar la Copa Libertadores a participar del reñido Torneo Argentino A en cuestión de semanas.
Se inició en Unión San Vicente y tiempo más tarde llegó a Talleres de Córdoba, donde hizo las inferiores y debutó en Primera en 1999.
En el 2000 la T tenía asegurada la llegada del arquero brasileño Neneca del Paraná Clube. Como parte de esa operación Del Sotto iba a pasar al conjunto paranaense, sin embargo todo quedó en la nada y ambos players continuaron en sus equipos.
Pese a que nunca se afianzó como titular, se convirtió en una rueda de auxilio del DT de turno y así logró disputar encuentros tanto del torneo local como de la Copa Mercosur 2001 y la Copa Libertadores 2002.
A mediados de aquel año mundialista, se incorporó a Racing de Córdoba (2002/2003), para jugar el Torneo Argentino A. En la misma categoría defendió los colores de General Paz Juniors (2003/2004 y 2005) una temporada más tarde.
Convencido de que lo suyo eran las grandes ligas, en 2004 formó parte del bizarro plantel de Chacarita de Mastrangelo primero y Clausen después. Allí conoció a una banda importante de baldoseros como Juan Forchetti, Gabriel Christovao, Leonardo Verón, Esteban Herrera y Jorge Torales, además del gran Jorge «yo también tengo mi propia cumbia» Vivaldo. En San Martín duró poco y con un panorama poco alentador, retornó a su provincia.
Jugó otros seis meses en General Paz Juniors (2005) hasta que fichó con Independiente de La Rioja (2005/2006). En la tierra del mufa más grande los últimos 20 años (despues de CFNM, claro) conoció a un tipo con pasado en Primera como Carmelo Ruscitto.
En 2007 se unió a Sol de América de Formosa, donde permanece hasta estos días al lado del inglesito Paul Agüero, Cristian Jara Lunghi, Roberto Chaparro y el ex divisiones inferiores de Independiente Martín Serravalle.
Pese a su respetable currículum, conoció la fama (efímera, pero fama al fin), lejos de la pelota y cerca de las crónicas policiales, cuando en junio de 2003 fue secuestrado por un grupo de delincuentes que lo confundió con el hijo de empresario cordobés del mismo apellido. Una vez que sus captores se convencieron de que no era la persona elegida (y eso que jugó 3 en equipos locales) para reclamar el rescate, Del Sotto fue arrojado a las aguas del lago San Roque, en las proximidades de Villa Carlos Paz.

KeyserSoze