
Nicolás Rubén Medina (Nico – Tato)
En estos días convulsionados que vive la Argentina apelamos a la unidad nacional brindando una Baldosa mucho más inclusiva. Además de los típicos baldoseros, por este espacio han desfilado jugadores que han defendido a diversas selecciones. Campeones de liga, de copa, de juveniles. Algunos que han pasado por grandes de Europa. Otros que participaron de la Copa América. Hay varios extranjeros que hasta han sido mundialistas. Pero nunca, hasta hoy, se había incluido a un futbolista que además tiene una Medalla de Oro olímpica. Con nosotros: Nicolás Rubén Medina.
Nacido el 17 de febrero de 1982 en Capital Federal, este volante polifuncional -de preferencia central aunque también defensor- comenzó su carrera en el semillero del Semillero del Mundo: el Club Social y Deportivo Parque. Siguiendo el camino natural de todos aquellos pibes, se unió a las inferiores de Argentinos Juniors promediando su adolescencia.
Además, formaba parte activa del Seleccionado Sub-17 de Hugo Tocalli. Y fue precisamente allí -cuando se encontraba disputando el Sudamericano de la categoría en Montevideo- que su nombre llegó con prepotencia a las grandes marquesinas. El flamante entrenador de la Selección Argentina, Marcelo Bielsa, lo había convocado para el primer amistoso de su gestión en el cual iban a participar los consagrados jugadores que estaban en Europa. “Nicolás Medina debe ser un crack, recién cumplió 17 años”, pensábamos todos…
Con la cabeza en otro lado, El Tato tuvo un bajo nivel en la ronda final del Sudamericano y la Selección no consiguió el pasaje al Mundial de Nueva Zelanda ´99. Igual, a Medina nada pudo borrarle la sonrisa de la cara. Viajó a Holanda, se sacó una foto con Redondo, otra con Batistuta y después se sentó en el banco de suplentes en el empate 1 a 1 contra los locales. Ah, también se sacó una foto con Guglielminpietro, claro, pero la borró 36 minutos después (?).
En septiembre de ese año -1999- debutó con El Bicho cuando ingresó a los 44 minutos del empate 1 a 1 frente a Boca. Esa noche, Chiche Sosa le pidió que ayudase a Mariano Herrón en la tarea de anular a Juan Román Riquelme. Y los dos pibes cumplieron con creces, claro. Durante los dos años siguientes, Medina osciló entre la titularidad y el banco de suplentes, con la lógica de quien cuece a fuego lento a sus futuras estrellas. En resumen, hasta mitad de 2001 totalizó 48 partidos y un gol (a Boca). No la rompió ni defraudó, por supuesto. Aún tenía 19 años.
A mediados de 2001 ocurrió lo mejor de su carrera cuando fue el volante central titular en la Selección Argentina Sub-20 que ganó caminando el Mundial disputado en nuestro país al lado del Conejo Saviola, El Cabezón D´Alessandro y El Pipi Romagnoli. Y también al lado de Sebastián Bueno y El Pollo Herrera, claro. Después de la vuelta olímpica, Nico fue vendido por 3,5 millones de dólares al Sunderland de Inglaterra, quienes se decidieron a invertir animados por las buenas actuaciones de otro ex Argentinos Juniors que habían contratado: Julio Arca.
Sin embargo y pese a que lo definió como “un mediocampista completo”, el técnico Peter Reid jamás lo utilizó en el primer equipo y la participación de Medina se limitó a los partidos de reserva. Tras el descenso del Sunderland, la directiva lo cedió al Leganés (2003/04) de la Segunda División española que contaba con 15 argentinos y que descendió a la tercera categoría. Al menos, pudo ser titular. Entremedio, Bielsa lo convocó para el Preolímpico Sub-23, que Argentina ganó logrando el pasaje a los Juegos Olímpicos.
El año 2004 estuvo, para Nico, teñido de celeste y blanco. Estuvo en la Copa América de Perú -para ver todos los encuentros desde el banco- y participó de Atenas 2004, donde ingresó como suplente en los partidos frente a Serbia, Costa Rica e Italia y se adjudicó la primera presea dorada de la especialidad para nuestro país. Desde Grecia, aquella Selección Sub-23 completa viajó directo a Perú para jugar por Eliminatorias y Medina ingresó por Tévez durante los últimos siete minutos de la victoria por 3 a 1 frente a los incaicos. Ese -podríamos afirmar- fue su punto final en el alto rendimiento. Obvio, ya tenía 22 años (?). Eso si, estuvo al lado de Bielsa durante sus primeros días y también en su último encuentro.
En la temporada 2004/05 jugó -con un nivel irregular- en el Murcia de la Segunda de España. Luego volvió al país para sumarse a Rosario Central (2005), donde apenas metió 3 partidos con un pobrísimo rendimiento. A comienzos de 2006 y ya con el pase en su poder, Medina firmó para Gimnasia de La Plata para estar recuperándose de una lesión durante todo el Clausura 2006.
¿La solución? Un semestre a préstamo en Nueva Chicago (solo jugó 12 minutos frente a Gimnasia de Jujuy) y otro en Talleres de Córdoba en la B Nacional (9 partidos, un gol, en la campaña que condenaría al Matador a bajar al Argentino A).

De regreso en Gimnasia, Falcioni lo puso en 7 partidos hasta que una rotura ligamentaria lo dejó afuera de todo. Con 26 años, El Tato dejó la elite de nuestro fútbol y -tras doce meses en la enfermería del Lobo- en 2009 se fue al O´Higgins de Chile. Con algunas interrupciones por lesión en el medio, Tiro Federal (2010, Nacional B, 7 partidos), Reboceros de La Piedad de México (2011, Liga de Ascenso, 2 partidos) y El Porvenir (2012/13, Primera C, 12 partidos) fueron los siguientes destinos donde siguió regalando jirones de prestigio.
Entre 2013 y 2015, el campeón olímpico estuvo en Unión Comercio de Perú, donde le sobró para convertirse en patrón del mediocampo. A mediados de 2015, la ex promesa Nico Medina cambió de equipo pero no de país cuando se sumó al Sport Huancayo.
Y ahí, como quien se siente en su casa, dejó una sentencia digna de resaltar: “El único técnico que mete con seguridad a Perú en el Mundial de Rusia es José Pekerman”. ¿Por su probada capacidad? ¿Por lo que está haciendo en Colombia? ¿Por las enseñanzas que te dejó en la Selección Sub-20? “No… porque es mi suegro”.
Nicolás Rubén Medina. Bienvenido a En Una Baldosa.