Roberto Marcos Dovetta
Eterno habitué de la Reserva de Lanús, de escuetísima participación en Primera, Roberto Dovetta llegó a las divisiones inferiores granates (previa escala por Boca Juniors) a los 15 años, tras debutar a los 14 con los colores del Sport Club Cañadense, de su Cañada de Gómez natal.
Desde el vamos, comprendió que ganarse un lugar en la delantera del equipo de la zona sur no sería para nada fácil. Cuando fue promovido al plantel profesional, a comienzos de 2005, tenía por delante a Daniel Tilger, Claudio Graf, Mauro Óbolo, el Ogro Fabbiani, Román Díaz, Gabriel Iribarren y Santiago Biglieri, entre tantos otros.
En la última fecha del torneo Clausura de aquel año, el Grana goleaba 5 a 0 a Olimpo de Bahía Blanca cuando Jorge Borelli y Gustavo Zapata (los ayudantes de campo de Néstor Gorosito, que estaba expulsado) se apiadaron del juvenil de 17 años y lo mandaron a la cancha en lugar de Graf. Casualidad del destino, algunos meses antes, Cacho y el Chapa le habían dado sus primeros minutos extraoficiales en un amistoso disputado en Estados Unidos que Lanús le ganó al Yokohama Marinos japonés por 1 a 0.
El panorama estuvo lejos de mejorar cuando llegaron refuerzos, a priori, de peso como Ariel Carreño y Sebastián Coria, y aparecieron otros pibes de las inferiores que pintaban bien, como Diego Manicero. El arranque de 2006 tampoco le tiró un guiño. En el torneo Clausura, en el que Lanús fue escolta de Boca, no sumó ni un minuto.
En el medio, Rober, que ya había tenido algunas actuaciones en la selección argentina Sub 17, sumó presencias con la Sub 20. Por ejemplo, fue sparring la noche que el equipo de José Pekerman se despidió del público en el Monumental de Núñez antes del Mundial de Alemania 2006.
Sin embargo, tuvo que pasar más de un año para que Dovetta volviera a ponerse la camiseta granate, ahora con Ramón Cabrero como entrenador, en un partido oficial. Fue por la fecha 13 del Apertura 2006, ante Gimnasia de Jujuy, que contaba con la vuelta de Roberto Carlos Mario Gómez a la dirección técnica, en la Tacita de Plata. Esa tarde fue goleada (?) del lobo jujeño por 2 a 0, con doblete de Gustavo Balvorín.
Si el bache entre el debut y su segunda presentación parecía largo, ni hablar del tiempo que tuvo que esperar para sumar su tercer encuentro en Primera: 514 días. Por la fecha 7 del Clausura 2008, ante Newell’s en el Sur, se sacó la espina y, medio de casualidad, convirtió el gol del empate a los ocho minutos del segundo tiempo.
¿Cómo venía la competencia interna en ese momento? Complicadísima. El Pepe Sand, Nicolás Ramírez, Sebastián Blanco, Santiago Biglieri y hasta Cristian Facebook Menéndez ocupaban todos los huecos libres en la delantera del campeón vigente.
Así y todo, Roberto Dovetta se las rebuscó para hacer de aquel Clausura 2008 su mejor torneo. En la jornada 12 ingresó por Germán Cano en la derrota por 3 a 2 ante Vélez y una semana más tarde, en su despedida, fue de la partida ante Arsenal de Sarandí (dura caída por 6 a 2 como local), mientras los titulares se guardaban para la vuelta por los octavos de final de la Libertadores ante Atlas de México.
Sin espacio en los planes de Luis Zubeldía, con varias lesiones y un mal pase a Olimpo de Bahía Blanca en el medio, continuó en la Reserva de Lanús hasta mediados de 2010, cuando quedó libre y se sumó a prueba a Ferro Carril Oeste, con el que ya había coqueteado en el verano. Con el conjunto de Caballito disputó algunas prácticas, un puñado de amistosos, pero después de 20 días le dijeron que se arreglaban con Gonzalo Abán y Facundo Sava, que muchas gracias, ahí tenés la puerta.
En septiembre de 2010, en otra de las triangulaciones a las que nos tiene acostumbrados el fútbol uruguayo, Progreso lo cedió a préstamo al Leganés, de la tercera división española, donde llegó sobre la hora junto al Vasco Mikel Arruabarrena. A uno le fue bárbaro y hoy juega en la Primera de España. El otro rescindió contrato a los tres meses. Adivinen.
De vuelta en Argentina, el verano de 2011 encontró a Dovetta en Mar del Plata. ¿De vacaciones? No. Bueno, puede ser. Pero también para sumarse a los entrenamientos de Unión de esa ciudad, que por aquel entonces daba pelea en el Torneo Argentino A.
Cansado de cagarse de frío en La Feliz, se fue a probar suerte al Venados de Mérida (2011), de la segunda división mexicana, donde se encontró con baldoseros de exportación como Andrés Carevic y Tomás Charles. Tras un par de semanas, no convenció al cuerpo técnico y le dieron el raje para liberarle el cupo de extranjero a otro viejo conocido nuestro: el camerunés ex River Many Essomba.
Otra vez acá, llegó sobre el cierre del libro de pases para convertirse en el último refuerzo de Brown de Adrogué (2011/12), del enorme Pablo Vicó. A lo largo de todo el año corrió de atrás a Gastón Grecco y Martín Minadevino y sumó unos escasos 256 minutos divididos en 13 partidos, en los que llegó a marcar 4 goles.
Lejos de quedarse quieto, a mediados de 2012 pasó a Racing de Olavarría, del Torneo Argentino A, donde parecía que se iba a comer la cancha conformando el ataque con el gordo Oscar Altamirano, al que conocía de Ferro, pero las lesiones lo tuvieron a maltraer y terminó perdiendo terreno con… Gonzalo Abán. Todo dicho. Ah, sí, a fin de año le comunicaron que prescindían de sus servicios.
En el verano de 2013, su representante se puso las pilas y le consiguió un pase al exterior. Estuvo a prueba en el O’Higgins del Toto Berizzo, pero terminó en el Curicó Unido, de la segunda división chilena. Todo marchaba relativamente bien hasta que el destino le puso enfrente a Deportes Concepción. Esa tarde, Curicó ganó 3 a 2, pero cuando el partido estaba 3 a 1, Dovetta, que había metido el tercero, ejecutó un penal directamente a las manos de… Carlos Kletnicki. Sí, manos y Kletnicki en una misma oración, increíble. Se ve que marrar un penal ante el ex arquero de Gimnasia LP lo desmoralizó, porque ya nada sería igual.
Después de aquel triunfo se lesionó y recién volvió en la final de vuelta por el ascenso a la A ante Universidad de Concepción. Apenas pudo jugar 20 minutos porque se resintió y salió llorando. “No lloraba tanto desde que falleció mi abuela en 2005. Lloré todo el primer tiempo, incluido entretiempo, y paré algo durante el segundo. Pero cuando terminó el partido, llorar fue inevitable”. Claro, el partido terminó 1 a 1 y como Concepción había ganado en la ida, se quedó con el boleto a Primera. Curicó tendría una vida más, y también la desperdiciaría, en la Promoción ante Cobresal (0-0 en la ida, derrota 0-3 en la revancha). La suerte de Dovetta ya estaba echada.
En 2014, de nuevo de este lado de la Cordillera, regresó a su primer amor: Sport Club de Cañada de Gómez, en la Liga Cañadense de Fútbol. ¿Cómo le fue? Que lo cuente él: “La verdad que en esta etapa me costó bastante adaptarme. En primer lugar porque nunca pude jugar en mi posición natural, en el área. Yo soy 9 de área y por ahí en el esquema que utilizamos tenía que jugar por afuera. Y después por el tema de las canchas y los entrenamientos sumado a que estuve bastante tiempo lesionado, lo que me impidió poder jugar tres partidos seguidos”. Sí, un éxito.
Sin embargo, a mediados de 2014, con 26 años y más clubes en el lomo que goles convertidos, pasó a Libertad de Sunchales, del Argentino A.
Desde este año, en su afán irrefrenable por conocer todas las categorías posibles, defiende los colores del Puerto San Martín de Santa Fe, en el Torneo Federal B, al lado de los ex Rosario Central Adrián de León y Renzo Ruggiero. Allí sigue hasta hoy. Mañana, vemos.
















