Jugadores vestidos de violeta, arquero con ropa azul. Colores diferentes, pero bastante similares. Por lo menos, así lo juzgó el árbitro Pedro Argañaraz antes del comienzo de Nueva Chicago – Villa Dálmine, por la 14ª jornada de la Primera B Nacional 2016.
Su víctima fue Carlos Kletnicki, el 1 del Viola, quien tuvo que cambiarse y lo único que consiguió fue una remera… violeta. ¿Y qué querés? Si es arquero.
Ante la inflexibilidad del juez, y a pesar de que el ex Gimnasia insistía con que en los últimos partidos había usado la camiseta azul con la que había entrado a la cancha, la única solución fue utilizar una pechera amarilla.
“Esto es una vergüenza, parece que estamos en un entrenamiento”, bramaba el 1 del visitante. Y eso que todavía faltaba que le dibujaran el número con una cinta adhesiva.
Finalmente, el partido se jugó en estas condiciones y los de Mataderos se quedaron con la victoria por 6 a 4. Sí, Kletnicki se comió media docena de goles. Todo por culpa de la pechera, obvio.
¿Cómo se va a morir Maradona? Esa pregunta que nos hicimos en este post y que nos venimos haciendo desde el 26 de noviembre (el 25 todavía teníamos la esperanza de que todo fuera mentira), nos golpea al menos una vez al día y nos obliga a buscar algún video de él, alguna anécdota, algún homenaje, lo que sea que nos haga llorar un ratito y nos reconcilie con ese año de mierda que fue el 2020, aunque sea por haberlo transformado en mito.
En enero salió una nota de Carlos Delfino llamada «La década ganada» que hablaba de la relación de Diego con las carreras de caballos, así que no hablaremos del vínculo directo del Dié con el turf, sino que recordaremos a todos los pingos (y no tanto) que llevaron como nombre el apellido más conocido del planeta.
El total de caballos llamados «Maradona» que pudimos rastrear asciende a 20, a esos tenemos que sumarles los 13 que incluyen la palabra Maradona en su nombre y los 5 ejemplares argentinos que lo referencian directamente. De los treinta y nueve (39) equinos maradoneanos, 34 son pura sangre, 3 son de trote, 1 cuarto de milla y otro árabe. De esos pura sangre, 7 son nacidos en Japón y otros 7 son nacidos en Argentina, los países que encabezan el ranking de Maradonismo Burrero. No incluimos en el listado a Diegol, el mejor caballo que tuvo Armando en el Stud La Bombonera. Diegol fue el ganador del clásico Joaquìn V. González (Grupo 2) del año 1997 en el Hipódromo de La Plata.
El primer caballo bautizado Maradona nació en Estados Unidos en 1978 y no tiene campaña de pistas destacada. El último Maradona conocido (2018) es un japonés que en su debut le ganó a la ambulancia por medio cuerpo. Todavía quedan dos Maradona sin debutar, un australiano que nació en 2017 y otro estadounidense nacido en 2018.
La gran mayoría de estos caballos son prófugos del arado, por eso mismo vamos a destacar a los que pudieron lucirse en la pista mientras dejamos a los otros en su merecido anonimato.
Como uruguayo tengo el deber de recordarles (?) que el mejor cantante de tangos de la historia nació en Uruguay, pero como acá no andamos con chiquitas, también tenemos el orgullo de proclamar a los cuatro vientos que el mejor Maradona fue uruguayo: nos referimos al tordillo (un Maradona blanco, sueño de todos los gorilas) que en 1983 ganó el Gran Premio Nacional (Grupo 1), consagrándose como el mejor potrillo de su generación. Fue llevado a la victoria por el jockey Walter Báez, el Maradona del turf uruguayo, que aún tiene el récord de carreras ganadas como jockey y como entrenador. Dos potencias se saludan.
Walter Báez y Maradona luego de ganar el Derby uruguayo en 1983.
Muchos escalones mas abajo viene Messi el Maradona turco, que nació en 2009 y ganó 5 de las 18 carreras que corrió, incluso probó suerte en un Grupo 1 pero entró anteúltimo. En Turquía también tuvimos al Maradona raza árabe, que tiene el nada envidiable récord de 37 carreras corridas y una sola victoria.
Una de las victorias del Maradona turco en el hipódromo de Izmir
El Maradona peruano nació en 2015 y logró ganar una carrera en el difícil hipódromo de Monterrico, también se les animó a los mejores de su generación llegando mas lejos que si no hubiera corrido. Su mejor actuación sin contar la victoria fue un tercer puesto en un clásico Grupo 3 a los dos años.
Maradona y su único triunfo en Perú
El Maradona neocelandés ganó una sola de once que corrió y llegó a su pico de rendimiento a los 3 años cuando arribó tercero del crack Jimmy Choux, en las Hawke’s Bay Guineas (Grupo 2) . Después de esa carrera, su campaña en pistas fue el gif hinchadevelezrodando; si a eso le sumamos que es hermano de un ganador de Grupo 1 podemos aventurar que está mas cerca de homenajear a Lalo que al Diego.
La argentina Maradoniana Inc (2012) conoció el podio 3 veces en 14 intentos y terminó su campaña con 4 segundos puestos, vaticinando lo que sería la campaña del Dié como DT del ascenso internacional. La también argentina Maradoniana (2007) no corrió nunca, pero dio a luz a Maradoo Maradoo en el año 2015. El potrillo corrió 2 veces cosechando 2 últimas colocaciones y un pase libre para el frigorífico mas cercano. En Pakistán también hay hipódromo y aunque su calidad esté lejos de ser destacable, tienen su propio Maradona. Lo mas loco de este Diego (?) es que no se sabe ni su año de nacimiento ni su pedigree, andá a saber queé tapado les metieron a los pakistaníes que vieron como este caballo misterioso ganó dos veces en el 2019.
Los japoneses como ya mencionamos lideran el ranking de países con caballos maradoneanos pero 5 de los 7 tienen a Maradona como apellido (?): Happy Maradona (1985), Halley Maradona (1985), Wind Maradona (1990), Bamboo Maradona (2002) y Kashino Maradona (2012). El mejor de todos ellos fue Halley Maradona, que ostenta (?) un récord de 1 victoria en 17 presentaciones, los otros corrían muy lindo pero muy despacito.
En total tenemos caballos de carrera (machos y hembras) llamados Maradona en: Argentina (7), Japón (7), Estados Unidos (4), Brasil (3), Perú (2), Australia (2), Turquía (2), Uruguay, Colombia, Venezuela, México, Jamaica, Trinidad y Tobago, Barbados, Nueva Zelanda, Croacia, Bélgica, Holanda y Pakistán (1). Acá les dejamos la lista para que alguien de otro medio levante, haga una infografía con un mapamundi y quede como un crack.
Lateral derecho que antes de cumplir 20 años ya había ganado la Copa Libertadores y jugaba en el Real Madrid. Sí, esto es tan cierto como la necesidad de leer aquí para tener los mejores consejos en apuestas. Justamente, esta palabra se puede aplicar a los inicios de la carrera de Villafañe: pintaba bien, era tentador ponerle una fichita.
Nacido en Mar del Plata el 19 de mayo de 1988, se incorporó en 2001 a las inferiores de Boca Juniors junto a su hermano mellizo Nicolás. Sin embargo, Santiago sería el único que jugaría en la Primera del Xenieze.
Esto ocurrió en 2007, cuando disputó 4 partidos del Torneo Clausura. Al mismo tiempo, los de Miguel Ángel Russo se adueñaban de la competencia sudamericana más codiciada. Aunque el aún juvenil defensor no había disputado ni un minuto de aquel certamen, festejó igual. ¿Vale? Recontra vale.
Con Hugo Ibarra y Clemente Rodríguez como alternativa en su puesto, las posibilidades de ganarse minutos entre los grandes no eran muchas. Entonces, Villafañe hizo lo que haría cualquiera: irse al Real Madrid.
Lo acompañó Juan Forlín, que jugó poco por conflictos con su pasaporte. Obviamente, no compartieron vestuario con Raúl, Robinho o Sergio Ramos; sino que se limitaron a jugar en el equipo filial, en la Segunda División B.
Tras un par de años en el Castilla, regresó a Boca para ganar un nuevo título. ¿Otra Libertadores? ¿Un torneo local? No, ni cerca. Fue campeón con la Reserva al lado de Josué Ayala, Enzo Ruiz, Guillermo Pol Fernandez, Jonatan Philippe y Nicolás Blandi, entre otros. En aquella temporada 2009/10 disputó sus últimos 3 encuentros con la azul y oro. Desde ese momento, se dedicó a sumar experiencia en distintas ligas y categorías.
En 2011 tuvo un corto paso por el FC Utrecht (Holanda), al que le siguieron unos meses en Independiente Rivadavia (2012). Jugó la Europa League con el FC Midtjylland (2012/13) y fue cedido un semestre al Lyngby BK (2013), ambos de Dinamarca.
Tras volver a su anterior club, entre 2014 y 2015 jugó en el ascenso de Grecia. Esto lo hizo con tres instituciones diferentes: el AOT Alimos, el Panthrakikos FC y el OFI Creta.
En 2016, tuvo una última oportunidad en la máxima categoría del fútbol argentino, cuando firmó contrato con Colón. Su paso por el Sabalero fue muy breve: apenas disputó 7 partidos antes de continuar con sus viajes por Europa.
A mediados de aquel año, se sumaría al RNK Split. «Nunca pensé que jugaría en Croacia. Sin embargo, me hablaron muy bien de la liga y del club. Es un equipo joven, con perspectiva, así que decidí venir», declaró al llegar.
¿Cómo terminó esta historia? Con el mismo futbolista contando unos meses después que «por problemas económicos del club, me tuve que ir y hacer la denuncia en la FIFA. Lamentablemente en muchos sitios de Europa del Este pasan estas cosas». Sin embargo, no se fue de la región: siguió sumando vivencias en el PFC Montana de Bulgaria (2017), el Ruch Chorzów de Polonia (2017/18) y el Thesprotos FC de Grecia (2019).
En 2020, se produjo su último regreso al país. Desde entonces defiende los colores de J. J. Urquiza, en la Primera B Metropolitana. Allí, puede contarles a sus compañeros que defendió las camisetas de dos de los clubes más populares del mundo. Y no va a estar mintiendo.
A sabiendas (?) de que el que futbolista de la imagen no es un arquero, sino un jugador de campo improvisado en esa posición, uno imagina que el desaforado festejo fue por algo más que haber descolgado un centro. La algarabía de Cosmin Moti estaba justificada: gracias a su magnífica actuación, el Ludogorets Razgrad de Bulgaria se clasificaba por primera vez a la fase de grupos de la Champions League.
El hecho se consumó de manera épica: tras la derrota por 1 a 0 en el partido de ida frente al Steaua Bucarest, por la última ronda de los play-off, el club búlgaro debía ganar en casa por lo menos por el mismo resultado para forzar el tiempo suplementario. Lo logró, pero con sufrimiento: el único gol del cotejo llegó en el minuto 90. En consecuencia, a jugar media hora más.
A pesar del desahogo sobre el final, el local no la iba a pasar bien durante la prórroga, sobre todo al final de la misma, cuando, por la expulsión del arquero Vladislav Stoyanov, el Ludogorets se quedó con un jugador menos y sin cambios. Ahí apareció este defensor, para hacerse cargo de la situación.
“Ni lo pensé”, afirmó luego. “Cuando me di cuenta de que habíamos usado todas nuestras sustituciones, corrí hacia el banco, hablé con el entrenador y decidimos que ocupe su lugar”. Con la definición por penales encima, se calzó el buzo del guardameta suplente y fue en búsqueda del milagro.
El primer penal lo pateó él. Adentro. Nadie le podría reprochar algo si no lograba desviar por lo menos un remate. «La gran presión estaba sobre los jugadores del Steaua, porque esperaban convertirme”. Sin embargo, Moti tenía una ventaja: “Ellos no me podían estudiar como a un arquero normal, no sabían lo que iba a hacer… en realidad ni yo sabía que iba a hacer».
La cosa fue que los planetas se alinearon: con un par de atajadas, desató la alocada celebración. ¿Algún condimento más? Sí, el héroe de la jornada era un ex jugador del Dinamo Bucarest, el rival histórico del Steaua, que de esta manera se quedó sin chances de una revancha frente a River en la siguiente Copa Mundial de Clubes.
Bastante extraña parecía ser la contratación por parte del Pincha de este colombiano sin antecedentes destacados y un CV lleno de pasantías. Zaguero de casi 2 metros de estatura, apodado La Muralla, lógicamente fue presentado como impasable en la parte aérea, justo lo que buscaba Mauricio Pellegrino para reforzar la defensa del equipo.
Con 26 años, ya era un verdadero trotamundos: había pasado por nueve conjuntos de seis países diferentes, aunque en varios solo hizo turismo. Por ejemplo, en 2009 formó parte del plantel de Godoy Cruz sin pisar la cancha ni un minuto. Tampoco tuvo mucho rodaje en otros conjuntos como el Olaria (Brasil), Fénix (Uruguay) o Santiago Morning (Chile).
En fin, la historia dirá (?) que César Augusto Mena Mosquera estuvo unos días en el Country de City Bell, practicó con sus compañeros y casi se sube a un micro rumbo a Mar del Plata para jugar un amistoso frente a Independiente. Pero lo bajaron.
Es que su pase todavía pertenecía alAtlético Huila, que a último momento intentó cambiar las condiciones previamente acordadas. Algo que en La Plata no aceptaron.
Según un comunicado de la institución que comandaba Juan Sebastián Verón, “el jugador no pudo desvincularse del club colombiano por lo que Estudiantes decidió hacer marcha atrás, ante estas condiciones, de su contratación”. Y a Mena no le quedó otra que seguir con su periplo baldosero por otras tierras.
Tiene casi veinte años y ya está cansado de soñar, cantaba Nino Bravo. Sin embargo, esto no puede aplicarse a la realidad de Ryduan Palermo. Por un lado, hace tiempo que pasó la veintena de velitas sopladas (está cerca de cumplir 25 años). Y además, no claudica en su lucha por forjar su propio camino.
En agosto de 2020, el hijo de Martín se había sumado al Marathon, uno de los equipos más populares de Honduras. Allí, fue entrenado por Héctor Vargas, quien había sido DT del Titán en las inferiores de Estudiantes. ¿Casualidad? Para nada: el mismo entrenador había aconsejado a la dirigencia su contratación.
La cuestión es que el rendimiento del ex delantero de Arsenal no fue el esperado, y en estos momentos se encuentra sin club. Vargas, amigo de su padre: lo exculpó de toda responsabilidad: “vino por dos pesos con cincuenta. No tenía necesidad de venir a Honduras, incluso se pagó el pasaje de avión”.
– Obviamente, hay otros futbolistas disponibles en este mercado de pases. Rubén Botta, por ejemplo, tiene el pase en su poder tras jugar un año en el Sambenedettese Calcio, de la Serie C italiana, donde fue compañero de Maxi López e Iván Rossi.
– También podría sumarse a esta lista Gastón del Castillo: el hermano del Kun Agüero apenas sumó algunos minutos en San Miguel durante el primer semestre de 2021. ¿Y Gino Clara? Tampoco tiene contrato. Ojalá lo consiga pronto.
– El que sí pudo encontrar continuidad es Claudio Chiqui Pérez. El ex defensor de Boca está jugando en el Cibao FC de República Dominicana. Para atenuar la nostalgia, lo acompañan un par de compatriotas: Lihué Prichoda e Iván Pérez.
– El de la imagen es otro zaguero con pasado en Belgrano. Se trata de Ernesto Maceira, quien se retiró en 2013 para dedicarse a la gastronomía. Hace poco contó sus desventuras en el fútbol y como cambió las canchas por las cocinas. ¿Su especialidad? Las pizzas.
– Nunca está de más ver en que andan los dos delanteros más particulares que pasaron por Newell’s en los últimos tiempos.
Desde principios de año, el recordado Ze Turbo juega en el Nantong Zhiyun, de la segunda división de China. Ya convirtió un par de goles.
– Luis Leal, el otro africano que pasó por la Lepra, estuvo en Sol de América, siendo uno de los pocos puntos altos de un equipo que terminó la liga paraguaya en el anteúltimo puesto. Ahora, quiere dar el salto a un conjunto más importante. Seguramente lo logre: por algo lo apodan Pantera.
– Por último, se retiró el Loco Abreu, que no es baldosero pero sí uno de los emblemas de la sección Amor a la Guita. Con 44 años y 31 clubes en su haber, dejó la actividad el último futbolista que había compartido una cancha profesionalmente con Diego Armando Maradona. El fin de una era y el comienzo de otra: nos hará laburar por última vez (?) para actualizar su posteo.
Convertir un gol en el debut. No son muchos los futbolistas que pueden darse este lujo. En el Siglo XXI se pueden mencionar a Mariano Chirumbolo, Maximiliano Flotta, Gonzalo Rovira, Juan Carlos Toja, Jerónimo Morales Neumann y Milton Galiana, entre otros. Todos tuvieron algo en común: una carrera que pintaba para mucho más de lo que terminaría siendo. El caso de Juan Carlos Ojeda no escapa a este patrón.
Mediocampista creativo, zurdo, con una interesante pegada y buen recorrido, realizó las divisiones inferiores en Estudiantes, pero su presentación la hizo jugando para Argentinos Juniors, en el Clausura 2009.
Claudio Vivas lo mandó a la cancha por primera vez el 22 de febrero y el pibe respondió con un gol, en lo que sería empate frente a San Martín de Tucumán. El DT lo conocía por su paso por el Pincha, donde había sido coordinador del fútbol amateur.
Sin embargo, apenas totalizó 3 partidos con la camiseta del Bicho antes de regresar a La Plata, a la espera de nuevas oportunidades…que nunca tendría.
Tras un breve paso por Central Córdoba de Santiago del Estero (2010), hizo el ckeck in para vivir su gran experiencia internacional: fue cuando llegó a Jorge Wilstermann de Bolivia para jugar la Copa Libertadores… y el Nacional B. Es que, como le sucedió a Tigre en 2020, el equipo boliviano había clasificado por un lado y descendido por el otro (?). De esta manera, Ojeda enfrentaba a Inter de Porto Alegre, Chiapas y Emelec por TV en vivo para todo el continente, mientras que los fines de semana chocaba con rivales tales como Universidad Cruceña o Club Vaca Díez.
Luego del lógicamente flojo papel del equipo en el torneo continental (1 ganado, 1 empatado y 4 derrotas), el Aviador se concentró en la búsqueda del ascenso, objetivo que conseguiría el 28 de mayo de 2012. Esa fue la noche de gloria de Juan Carlos Ojeda: marcó el gol del triunfo en el partido definitorio ante Guabirá, poniéndole fin al calvario de uno de los equipos más importantes del país. Fue el 28-M, la resurrección (?).
Sin embargo, al igual que Trezeguet después de haber sido héroe frente a Almirante Brown, los mejores días de Ojeda ya habían pasado. Lesiones y problemas personales fueron machacando su carrera. Se sabe que probó suerte en Australia y que volvió al ascenso boliviano para jugar en el Municipal Tiquipaya (2013/14). También que Aurora, del mismo país, preguntó por él en 2015, pero no lo contrató porque tenía el cupo de extranjeros completo.
Triste final para una trayectoria que fue de mayor a menor. De un debut con gol, a desaparecer del mapa futbolístico en pocos años. Moraleja: nunca hay que mostrar lo mejor en la primera vez. Sirve para el fútbol, sirve para la vida.
¿Imaginan al campeón de la Primera B Metropolitana celebrando su título con una gira por un país europeo? Créase o no, esto pasó en 1961, cuando el Deportivo Español disputó una serie de amistosos en la tierra de muchos de sus hinchas y dirigentes.
En diciembre de 1960, el reciente ganador de la tercera categoría de nuestro fútbol encaró para España y recorrió su territorio enfrentando a equipos como Espanyol, Elche, Athletic Bilbao, Real Oviedo y Pontevedra. Sin embargo, la frutilla de la torta (perdón, la fresa del pastel) llegó el 18 de enero, cuando se encontró con el Real Madrid, por entonces tetracampeón de Europa.
Aquella noche, Los Merengues no tuvieron inconvenientes en aplastar a los entusiastas argentinos. Más allá de la derrota, fue una jornada inolvidable para la visita, sobre todo para Horacio Onzari y Roberto Saporiti, que lograron fotografiarse junto a Alfredo Di Stéfano
A pesar de que se trataba de una joven institución (había sido fundada apenas cuatro años antes), el Deportivo Español recibió desde su creación un amplio apoyo de su comunidad, incluyendo a Santiago Bernabeu, quien no tuvo reparos en exponer a las figuras de su equipo ante un conjunto semi amateur.
Además, como parte del agasajo, el conjunto madrileño obsequió un juego de camisetas a sus invitados. Desde entonces, Los Gallegos suelen jugar de blanco cada vez que utilizan una prenda alternativa.