
Santos Falucho Laciar es una gloria del boxeo argentino. Ganador del Olimpia de oro en tres años consecutivos, el cordobés de Huinca Renanco también fue tres veces campeón mundial de boxeo en épocas de pocos campeones y escasas entidades que repartieran cinturones. Hizo nada menos que dieciséis peleas de campeonato mundial, sus tres títulos los ganó en el exterior y además fue el primer boxeador argentino en consagrarse mundialmente en dos categorías diferentes (mosca y súper mosca). Un fenómeno.
El sábado 28 de marzo de 1981, Laciar tuvo su primera oportunidad mundialista en Soweto, Sudáfrica, ante el campeón Peter Moleko Mathebula, primer boxeador sudafricano de raza negra en alcanzar un título mundial. Soweto no era un lugar amigable, la pelea se disputó a las 16:45 de Sudáfrica (11:45 de Argentina) en el Orlando Stadium, ubicado en un barrio poblado exclusivamente por personas de raza negra. El horario no fue casual, la pelea se hizo por la tarde para que los blancos pudieran concurrir, ya que de noche no podían transitar por las calles.
Laciar, contra todos los pronósticos, se consagró campeón mundial mosca al vencer a Mathebula por nocaut técnico en siete asaltos, en un escenario completamente adverso en todo sentido.
Mientras tanto en Buenos Aires, el Boca de Marzolini seguramente concentraba en La Candela, esperando su enfrentamiento con el Newell’s de Juan Carlos Montes por la octava fecha del campeonato de primera división. En esa concentración plagada de figuras, imagino a Maradona comiéndose las uñas en soledad, prendido a la pantalla de Canal 11 (en blanco y negro), que ese sábado por la mañana, junto con radio Rivadavia, fueron los únicos medios que trajeron al país las incidencias del combate de Laciar en la lejana Soweto.

El Domingo, en La Bombonera, Boca y Newell’s jugaron un partidazo y empataron 2 a 2. Se puso en ventaja el xeneize con un gol de Brindisi; lo empató Yazalde de penal, y lo dio vuelta Cucurucho Santamaría. Finalmente Diego puso el empate de penal, faltando quince para el final.
La memoria de los argentinos suele fallar bastante, sobre todo cuando el protagonista principal de la historia exitosa ya no está en el candelero. Laciar, luego del retiro en 1990 y con una carrera profesional de más de cien peleas, volvió a la tranquilidad de Villa Carlos Paz y pasó casi al olvido, salvo para alguien que se ocupó de ser el invitado estelar de un particular homenaje.

El 4 de Abril de 1996, en Villa Carlos Paz y quince años después de la conquista en Sudáfrica, Laciar volvió a subir a un ring para hacer una exhibición de tres rounds con Diego Maradona. Hubo conferencia de prensa y pesaje como para darle un tono más profesional al asunto. Diego, luego de hacer mención de su admiración por Falucho y por el boxeo, fue sacado de tema y terminó hablando de Lanús, de Boca y de Passarella.
Para la pelea, Maradona subió vestido íntegramente con los colores de Boca. En aquella época estaba en pleno apogeo la indumentaria PUMA 10, una línea deportiva que había lanzado la empresa alemana relacionada directamente con Maradona. Guantes negros de muchas onzas como para que los golpes no fueran piñas, sino almohadazos; cabezal, gesto fiero y desafiante. Laciar con pantalón blanco y celeste, guantes celestes enormes y cabezal, con ese semblante bonachón que lo caracterizo siempre.
Diego sobre el ring mostró buenas condiciones, se notaba que sabía lo que estaba haciendo, disfrutó del homenaje a su manera y cruzó guantes con Laciar ante la atenta mirada del árbitro de la contienda, Miguel Torres del Sel (?). Una vez terminada la pelea, Diego dijo sobre Laciar : “Un capo, se aguantó todo lo que le tiré”. Sólo a Maradona se le puede ocurrir.
Declarado admirador de Monzón, tiene varias historias con el boxeo que valen la pena contar. Pero sobre todo es justo destacar aquel gesto para con Laciar, un campeón al que, según el Diez, le faltaba un merecido reconocimiento a su trayectoria. Son las cosas que hacen a Diego Maradona único e irrepetible.