Giunta a Zaragoza (1988)

Aunque parezca algo totalmente básico y elemental, siempre es bueno aclarar que hasta que no estés transpirando en bolas arriba de la mina que te gusta, nunca, pero nunca, debés obsequiarle algo. Ni ropa para un encuentro íntimo, ni un perfume sensual, ni exquisitos chocolates. Mucho menos un aguerrido volante central. Nada.

Por que, claro, siempre se corre el riesgo que la deseada ninfa en cuestión tome otros rumbos con los objetos regalados y uno se quede con una onerosa deuda en la tarjeta de crédito, amén de la lactosa acumulada. ¿Y entonces? Y entonces andá a cantarle a Gardel, papá… Eso, o algo parecido, fue lo que tuvo que hacer el empresario español Luis Oliver.

Este buen señor, allá por el año 1988, se presentó como candidato a la presidencia del Zaragoza y, para demostrar que sus intenciones eran serias, en una necia muestra de confianza ciega le compró la totalidad de la ficha de Blas Armando Giunta a San Lorenzo de Almagro.

Por supuesto, los comicios le dieron un duro revés al reciente propietario del volante, ya que José Ángel Zalba resulto electo nuevo mandamás de Los Maños. Y claro, además de tener que reconocer la derrota, Oliver debió suplicarle al nuevo presidente que integre al argentino al primer equipo para no perder nada del billete apostado…

Y así fue como Giunta estuvo en algunos entrenamientos del Zaragoza y, como vemos en la foto, hasta le llegó a preguntar; “Fiera ¿vomevatenéncuenta?” al técnico serbio Radomir Antic quien, a los pocos días y a instancias de la nueva directiva, lo mandó a entrenar a otro lado.

Un par de semanas después, el bueno de Oliver consiguió cederle su ficha al Real Murcia, donde Blas debutó el 1 de enero de 1989 y, para no perder la costumbre, se fue justamente expulsado. Así que, ya lo saben, el Zaragoza jamás compró a Blas Giunta. Lo hizo un ansioso y acaudalado señor que se quedó con las ganas de transpirar desnudo arriba de la tan deseada señorita…

Mitsuhide Oishi Tsuchida, el paragua (?)

Hoy en día es bastante común observar un futbolista de raza negra jugando para Italia o Alemania. También nos acostumbramos a ver, de vez en cuando, a la selección de Sabella integrada por algunos jugadores que no salieron de Estudiantes. Un horror (?). Pero allá en los años 80, cuando nada de esto era frecuente, Paraguay sorprendió al mundo con la incorporación de un hombre de piel amarilla. Con ustedes, la historia del Paragua Mitsuhide Tsuchida.

Hijo de padres japoneses, pero tan paraguayo como el tereré o la palabra lastimosamente, Mitsuhide nació en Pedro Juan Caballero allá por 1970 e hizo inferiores en Sport Colombia, institución por la que también pasó Nelson Cuevas, el hijo de Ña Tora.

Ya siendo muy pequeño, Tsuchida llamó la atención, no sólo por sus rasgos orientales, sino también por su talento, ese que rápidamente le hizo ganar una convocatoria al seleccionado juvenil paraguayo a finales de los 80’s.

Marcador central, aunque también mediocampista, en la Albirroja Tsuchida fue compañero de Gustavo Neffa, aquel ex Boca que se retiró para seguir la carrera de su esposa, la tenista Rossana de los Rios. Futuro esa selección tenía. Aunque baldosero, claro.

Debutó en la Primera División de 2 de Mayo, pero apenas una temporada más tarde se marchó a tierras niponas para tratar de progresar. En 1989 jugó para el Toa Kensetsu y después formó parte, durante dos años, del Fujita, de la segunda division de la JFL.

Pero claro, alguien tiene que llevar la tecnología de punta a Ciudad del Este (?), por eso Mitsuhide regresó a Paraguay con el bolso lleno y anduvo jugando en Cerro Corá e Independiente de Juan Pedro Caballero.

Ya para 1993, volvió a repetir el proceso y se fue a Japón para recargar radiograbadores, cámaras, filmadoras, computadoras, radios, televisores pilas. El Vantforet Kofu lo tuvo en sus filas durante varios años y luego pasó al Nirasaki Astros, el último club donde el paragua Tsuchida dio señales de vida. Lastimosamente.

Publicado en simultáneo con www.unmundialparaenunabaldosa.com

Andá a llorar a otra radio (?)

Agradecemos a los amigos de @octavoarteradio (www.radiolk.com.ar) por la nota que nos hicieron en su sección «Creadores de Radio», para hablar de aquel extinto programa intitulado En Una Baldosa.

Además, hacemos llegar nuestra preocupación, ya que aún no recibimos por escrito la propuesta prometida. Miren que ya está por terminar la primera quincena de septiembre y todavía no pagamos el cable (?).

Ring Ring Balvorín: Laciar Vs. Maradona

Santos Falucho Laciar es una gloria del boxeo argentino. Ganador del Olimpia de oro en tres años consecutivos, el cordobés de Huinca Renanco también fue tres veces campeón mundial de boxeo en épocas de pocos campeones y escasas entidades que repartieran cinturones. Hizo nada menos que dieciséis peleas de campeonato mundial, sus tres títulos los ganó en el exterior y además fue el primer boxeador argentino en consagrarse mundialmente en dos categorías diferentes (mosca y súper mosca). Un fenómeno.

El sábado 28 de marzo de 1981, Laciar tuvo su primera oportunidad mundialista en Soweto, Sudáfrica, ante el campeón Peter Moleko Mathebula, primer boxeador sudafricano de raza negra en alcanzar un título mundial. Soweto no era un lugar amigable, la pelea se disputó a las 16:45 de Sudáfrica (11:45 de Argentina) en el Orlando Stadium, ubicado en un barrio poblado exclusivamente por personas de raza negra. El horario no fue casual, la pelea se hizo por la tarde para que los blancos pudieran concurrir, ya que de noche no podían transitar por las calles.

Laciar, contra todos los pronósticos, se consagró campeón mundial mosca al vencer a Mathebula por nocaut técnico en siete asaltos, en un escenario completamente adverso en todo sentido.

Mientras tanto en Buenos Aires, el Boca de Marzolini seguramente concentraba en La Candela, esperando su enfrentamiento con el Newell’s de Juan Carlos Montes por la octava fecha del campeonato de primera división. En esa concentración plagada de figuras, imagino a Maradona comiéndose las uñas en soledad, prendido a la pantalla de Canal 11 (en blanco y negro), que ese sábado por la mañana, junto con radio Rivadavia, fueron los únicos medios que trajeron al país las incidencias del combate de Laciar en la lejana Soweto.

El Domingo, en La Bombonera, Boca y Newell’s jugaron un partidazo y empataron 2 a 2. Se puso en ventaja el xeneize con un gol de Brindisi; lo empató Yazalde de penal, y lo dio vuelta Cucurucho Santamaría. Finalmente Diego puso el empate de penal, faltando quince para el final.

La memoria de los argentinos suele fallar bastante, sobre todo cuando el protagonista principal de la historia exitosa ya no está en el candelero. Laciar, luego del retiro en 1990 y con una carrera profesional de más de cien peleas, volvió a la tranquilidad de Villa Carlos Paz y pasó casi al olvido, salvo para alguien que se ocupó de ser el invitado estelar de un particular homenaje.

El 4 de Abril de 1996, en Villa Carlos Paz y quince años después de la conquista en Sudáfrica, Laciar volvió a subir a un ring para hacer una exhibición de tres rounds con Diego Maradona. Hubo conferencia de prensa y pesaje como para darle un tono más profesional al asunto. Diego, luego de hacer mención de su admiración por Falucho y por el boxeo, fue sacado de tema y terminó hablando de Lanús, de Boca y de Passarella.

Para la pelea, Maradona subió vestido íntegramente con los colores de Boca. En aquella época estaba en pleno apogeo la indumentaria PUMA 10, una línea deportiva que había lanzado la empresa alemana relacionada directamente con Maradona. Guantes negros de muchas onzas como para que los golpes no fueran piñas, sino almohadazos; cabezal, gesto fiero y desafiante. Laciar con pantalón blanco y celeste, guantes celestes enormes y cabezal, con ese semblante bonachón que lo caracterizo siempre.

Diego sobre el ring mostró buenas condiciones, se notaba que sabía lo que estaba haciendo, disfrutó del homenaje a su manera y cruzó guantes con Laciar ante la atenta mirada del árbitro de la contienda, Miguel Torres del Sel (?). Una vez terminada la pelea, Diego dijo sobre Laciar : “Un capo, se aguantó todo lo que le tiré”. Sólo a Maradona se le puede ocurrir.

Declarado admirador de Monzón, tiene varias historias con el boxeo que valen la pena contar. Pero sobre todo es justo destacar aquel gesto para con Laciar, un campeón al que, según el Diez, le faltaba un merecido reconocimiento a su trayectoria. Son las cosas que hacen a Diego Maradona único e irrepetible.

Pajurek Juan Carlos

Juan Carlos Pajurek

Nunca fue compañero de Britapaja. Hubiera hecho una buena dupla con Manusovich o Palma. Por suerte, perteneció a una generación anterior a Pajuelo, Pajón y Telechea. El chiste obvio se podría repetir hasta el cansancio. Pero este ex delantero, que podría haber sido recordado sólo por el apellido, quedó en la memoria del futbolero por otra cuestión algo más lamentable: esta es la historia de Juan Carlos “el que quebró a Islas” Pajurek.

Nacido en Córdoba el 31 de enero de 1966, arrancó en Unión San Vicente. Allí, debutó con 17 años por la Liga Cordobesa, ganando la clasificación al Nacional 1984, su primer torneo grande, donde su equipo no conoció la victoria, quedando último en su grupo. Sumando sus pasos por Los Naranjas, Racing de Córdoba (1986/87) y Estudiantes de La Plata (1987/88), disputó 20 partidos en Primera División, marcando 4 tantos.

También jugó en España, El Salvador y Venezuela. De todos se llevó un recuerdo imborrable. En Europa, se lesionó gravemente. En Centroamérica, además de pasar fugazmente por el Deportivo Luis Ángel Firpo, vivió duros momentos: «Me decían que era un lugar bárbaro, que me iban a pagar bien. Si bien había buena gente, fueron dos meses duros, no me adapté. Era la época de la guerrilla: por ahí en la calle estaban los militares atrincherados y por las dudas te apuntaban. Se cortaba la luz, el agua… Una vez fuimos a jugar a Washington con una delegación de 25 personas y ocho decidieron quedarse como ilegales». En la tierra de Hugo Chávez y Catherine Fulop jugó en el Deportivo Táchira (1988/89), con el que disputó la Copa Libertadores, en la que llegó a marcar un tanto que no alcanzó para evitar la eliminación en primera ronda tras 2 empates y 4 derrotas, y en el Caracas FC (1990/91). Aquella vez, le tocó vivir de cerca el Caracazo, una serie de protestas del pueblo venezolano que dejó alrededor de 300 muertos y miles de heridos.

Volvió al país para jugar en Defensa y Justicia (1991/92). Una campaña mediocre en el Nacional B y poca participación para Pajurek. Es que las lesiones pudieron más, y a los 26 años le puso punto final a su carrera: “Luché contra un tobillo dos años”, relató años después, “pero no pude. Ya había puesto un videoclub, así que viví de eso”. Noventosidad a pleno.

Su momento de gloria (?) lo vivió el 26 de Octubre de 1986, en Avellaneda. Él mismo lo contó así: «Me tira un pase Chaparro, cuando Islas me sale trato de saltarlo, chocamos y al caer sentí el ruido y pensé que era yo… El sale fuerte, con una pierna adelante. Sus compañeros le pedían la roja al árbitro, que les contestó: «Cállense, que si tengo que echar a uno es al de ustedes, y cobrar penal».

El choque trajo secuelas importantes: para Luisito, rotura de tibia y peroné y seis meses de parate. Para Paju, esguince de rodilla y tobillo y un mes sin jugar. El delantero no trascendió y apenas quedó en el recuerdo por aquella desgracia y por el manto de sospecha que Islas puso siempre respecto de la intencionalidad. “Yo intenté hablar con él y no quiso”, continúa el cordobés. “Fui a Buenos Aires, lo llamé, primero me trató mal pero quedamos en que la íbamos a terminar, que sólo había sido un choque. Y salió diciendo que un primo mío lo había llamado para disculparse por mis dichos. Mentira. Después siguió hablando, pero yo no quise tocar más el tema, pese a que algunos me decían que le hiciera juicio. Luego nos enfrentamos una vez en la cancha, yo en el Pincha: sólo nos insultamos.”

El tiempo pasó, Islas continuó su romance con Arzeno jugando varios años más, Pajurek se hizo cargo de un bar en un shopping de Córdoba y las cosas se calmaron… o no tanto. “Cuando estaba en la T, él solía pasar frente a mi bar y un día lo paré. No me reconoció. «Te pido que no me nombres más», le dije. «Yo pienso que vos me rompiste y voy a seguir diciéndolo», respondió. «Seguí, pero yo no me callo más», contesté. Es que seguía hablando, entonces no me quedan dudas de que no está bien. Una vez acá le robaron y salió diciendo que dos cordobeses lo habían cagado, el ladrón y yo. Yo ya tengo hijos y no es lindo que te comparen con un chorro.”

La versión del ex arquero es un poco diferente: “Aquel choque con Pajurek fue tremendo, y por la doble fractura de tibia y peroné que me produjo pensé que no volvería a jugar. También me dolió que el tipo nunca me haya llamado ni para preguntarme cómo estaba. Una vez me lo crucé en un shopping de Córdoba cuando yo estaba en Talleres y nos saludamos fríamente, pero ya había pasado demasiado tiempo y no valía la pena revolver la basura”.

¿Ganador? (?)