Voy al Arco: Passucci (1988)

Tan marcado quedó Roberto Passucci con su juego aguerrido y aquella patada a Ruggeri para vengar el orgullo xeneize en el clásico ante River, que poco se habla de otros aspectos coloridos de su trayectoria, como su insólito retiro en el ascenso de Suiza o su afición por el arco, que demostró más de una vez.

Ya recordamos cuando le tocó ponerse el buzo de Gatti en un partido de 1983, pero años más tarde volvería a hacerlo, aunque defendiendo a otra institución.

El 9 de octubre de 1988, Unión de Santa Fe recibió a Banfield, por la novena fecha del Nacional B. Ambos equipos venían de descender de la Primera División y estaban en el plan de retornar lo más pronto posible. El Tatengue lo terminaría logrando al final de aquella temporada 1988/89, con aquellas recordadas finales del reducido ante Colón. El Taladro tardaría 4 años en hacerlo, también ganándole un desempate al Sabalero. Pero volvamos a 1988.

Ese tarde, Passucci se hizo cargo del arco en los minutos finales (el arquero titular era Tognarelli), y pese a que tuvo algunas buenas intervenciones (según el recuerdo de algunos hinchas), no pudo evitar la caída de su equipo 1 a 0 ante Banfield, con gol de Daniel Toribio Aquino.

Chelsea 0 – Racing 0 (1954)

Durante los primeros meses de 1954, Racing llevó a cabo una intensa gira por varios países europeos. Tras haber terminado el último campeonato argentino en el tercer puesto, disputó juegos en Italia, Yugoslavia, España y Bélgica, antes de llegar a Inglaterra, donde chocó ante el Wolverhampton y el Chelsea.

Este último enfrentamiento, llevado a cabo el 13 de marzo, tuvo un Stamford Bridge colmado que vio a los argentinos salir a la cancha con Domínguez; Dellacha, Fernández; Giménez, Balay, Alvarez; Cupo, Méndez, Recalbuto, Pizzuti y Sued.

Si bien The Blues no se había convertido en el poderoso conjunto que actualmente protagoniza cada Premier League, contaba con la base del equipo que al año siguiente se quedaría con su primera liga inglesa. Por eso no extrañó que el arquero visitante tuviera mucho trabajo, destacándose como la figura del encuentro, según las crónicas de la época.

Tras esta igualdad sin goles, Racing continuó viajando: Paris y Madrid fueron las últimas escalas antes de regresar a Argentina. ¿El resumen del viaje? La Academia disputó 11 partidos, con una sola victoria, tres empates y siete derrotas. Y una buena cantidad de millas sumadas.

Huracán camuflada (2015)

El ascenso de Huracán a Primera División en 2014, sumado a la obtención de la Copa Argentina y su consecuente participación en la Copa Libertadores 2015, hizo reaccionar a los diseñadores de TBS, que se encontraron con la necesidad de estrenar nuevos modelos de camisetas.

Además de la tradicional camiseta titular blanca y la suplente roja, la empresa entregó una muy similar a la que utilizó Dinamarca en el Mundial 1986. Pero esto no era todo. Envalentonados por las buenas ventas de los modelos anteriores, la marca de indumentaria decidió presentar un par de alternativas con alto grado de experimentación.

Una de ellas era verde, en homenaje a los comienzos del club, que antes de tener la actual denominación se llamó Verde Esperanza y Nunca Pierde. Este color también había sido utilizado en la temporada 2013/14.

El otro diseño era más polémico. Se trataba de una camiseta negra y gris de estilo militar, más conocido como camuflaje. Los soldados de Apuzzo la utilizaron complementándola con pantalones y medias al tono, pero en un momento dejaron de lado la prolijidad y salieron a jugar combinando la nueva casaca con el conjunto titular.

Las críticas del pueblo Quemero por semejante destrato a la historia no le importaron demasiado a Manuel Petrakovsky, máxima autoridad de TBS. “Si los hinchas están conformes o no, es lo que menos nos preocupa”, arrancó, antes de apuntarle a la directiva. “Quien sabe de moda y tendencia es la marca, no un dirigente de fútbol. El dirigente me puede decir ‘me gustaría más esto o lo otro’, pero nada más. El color lo impone la marca”.

El polémico empresario tampoco se olvidó de la competencia: “Huracán viene de una marca como Meister, que es un fabricante de camisetas de tercera línea. Vienen de Kappa, de Joma, que es una marquita española que viste a dos equipitos en España. TBS los está prestigiando con los diseños, con la calidad y la cantidad de variedad de productos que hay en las tiendas deportivas”.

Por último, no dejó dudas de la influencia de su firma en los logros de la institución: “no se olviden que cuando comenzamos a vestirlos, estaban 10º de 11 equipos, sin ninguna expectativa, y con TBS ascendieron y tuvieron dos estrellas más. En seis meses ganaron lo que no habían ganado en 41 años«.

Pirchio Marcos

Marcos Emiliano Pirchio (El Tanque)

Casilda, esa localidad santafesina ubicada a 56 kilómetros de Rosario, siempre fue tierra fértil para el surgimiento de notables personalidades relacionadas al quehacer (?) del fútbol. Desde Jorge Griffa hasta Franco Armani, son muchos los nombres que emergieron de este lugar para desarrollar su actividad por el país y, en algunos casos, por el mundo. Este es el caso de Marcos Pirchio, quien no dejó de viajar en casi una década y media de profesión.

Fue una prueba en Estudiantes lo que le abrió las puertas a este trabajo. Presentado como una joven promesa de Alumni, convenció con goles, subió categorías, se adaptó a la vida en la ciudad de las diagonales y debutó entre los grandes. Su primera vez fue el 7 de mayo de 2006, en un empate frente a Rosario Central, cuando Jorge Burruchaga lo mandó a la cancha para que juegue unos minutos.

No volvió a tener participación hasta un año más tarde, por lo que se privó de ser parte del plantel campeón del Torneo Apertura. En 2007, el Cholo Simeone lo rescató de la Reserva y le dio algo más de rodaje. Sin embargo, cuando Roberto Sensini asumió el mando en 2008 sus chances para afianzarse en el equipo fueron escasas, y los días del Tanque en La Plata se fueron terminando. Entre competencias nacionales e internacionales, jugó 16 partidos y convirtió un solo gol: fue ante Lanús, por Copa Sudamericana.

Tras una temporada en el Nacional B con la camiseta de Olimpo (2008/09), su carrera pegó un gran salto al llegar al Deportivo Quito (2009/10). Allí fue campeón de la Serie A de Ecuador, jugó Copa Libertadores y formó una hermosa amistad con Franco Niell y el Memo Borghello.

A esto le siguieron breves pasos por Unión (2010) y Everton (2011), donde llegó por expreso pedido de Diego Osella. Por los malos resultados, el DT dejó el cargo antes de que termine el torneo, y a Pirchio no le quedó otra que irse de Chile.

En su vuelta al país, se dio el lujo de enfrentar a River Plate, Sportivo Desamparados y Almirante Brown, entre otros. Durante ese apasionante Nacional B 2011/12 vistió la camiseta de Gimnasia y Esgrima de Jujuy. Antes de que termine el torneo ya estaba haciendo las valijas otra vez: Macará (Ecuador) sería su destino, aunque solo por unos meses.

A principios de 2013, apareció una chance para jugar en la MLS, y eligió probar. Cambiando el verano casildense por el invierno de Denver, se preparó para jugar en el el Colorado Rapids, en una liga donde se destacaban Marco Di Vaio, Robbie Keane y Thierry Henry, entre otros. Sin embargo, las cosas no salieron como había imaginado: por un problema con su visa de trabajo solo pudo entrenar y estar en algunos partidos de pretemporada. “Estaba tan mal por no poder jugar que hasta me invitaron a conocer Aspen para esquiar, pero no quise ir.” Un bajón.

Tras un segundo ciclo en Macará en el que fue suspendido por cuatro meses por realizar gestos obscenos a una hinchada rival (luego reducirían su castigo), aceptó una propuesta para instalarse en la otra punta del globo terráqueo. Tras un frustrado intento por sumarse a un equipo malayo, en 2014 firmó contrato con el Khatoco Khánh Hoà FC. Todo eso (?) es un club de Vietnam, donde recogió las mejores anécdotas de su vida. Unos años después, contó algunas en una extensa entrevista con un medio de Casilda.

Uno de los aspectos culturales a los que no se pudo adaptar fue el de los partidos arreglados (?). “Un día perdimos 5 a 1 y después me enteré que mis compañeros habían ido para atrás. Los únicos que no sabíamos éramos los extranjeros: un rumano y yo. En ese partido hice un gol y me hicieron un penal. Lo iba a patear yo pero me la sacó uno de los vietnamitas, hizo que se patinaba y la tiró afuera. Con el rumano nos volvimos locos, queríamos pelearlos a todos”.

Además, tuvo que lidiar con el idioma. “Yo no entendía nada, ni siquiera al traductor. Me explicaban todo en una tablet. Una vez me hicieron decirle unas palabras en vietnamita al DT: resulta que sin saberlo lo insulté. ¡Se armó un quilombo! Los tipos eran terribles y me agarraron a mi para la joda”.

En su nuevo regreso a Argentina vistió los colores de Guaraní Antonio Franco (2014) y All Boys (2015), donde se sumó al listado de víctimas de las locuras del Gato Sessa. En su caso, le tocó recibir un pisotón del arquero. “No me pidió disculpas, tampoco las quiero. Fue algo malintencionado, pero ya pasó. No soy rencoroso», declaró luego.

Sus siguientes experiencias por nuestro continente le presentaron fuertes contrastes: mientras que en 2016 fue campeón en Bolivia, con el Jorge Wilstermann, en 2017 vistió los colores del Ayacucho FC (Perú), donde no la pasó tan bien. “Disfruté un montón en Cochabamba, es un lugar hermoso, para quedarse a vivir. En cambio, Ayacucho es horrible, encima ahí me fracturé el peroné y quería dejar todo”.

Después de varios meses de recuperación, en 2018 tuvo su último paso por el fútbol extranjero, con la camiseta del Royal Parí (Bolivia). Otra lesión (esta vez fueron los meniscos de su rodilla derecha) lo trajo de vuelta por última vez a su casa. Allí se instalaría para ponerle punto final a su carrera.

Superando sus problemas físicos, se dio el gusto de retornar al club que lo vio nacer, Alumni. Su nombre forma parte de la historia de la institución de Casilda, que en su momento homenajeó a aquellos que hicieron tanto por el balompié nacional. Y de paso, también incluyeron a Sampaoli.

River 1 – Sevilla 0 (2015)

El 26 de marzo de 2015 se disputó la primera edición de la Supercopa Euroamericana. La idea no era mala, y hasta podía definirse como el lado B de la recordada Copa Intercontinental. Y no precisamente porque River Plate fuera su primer vencedor, sino porque, a diferencia de aquel preciado trofeo, no se enfrentaban los campeones de la Copa Libertadores y la Copa de Europa (o la posterior Champions League). En este caso, el duelo era entre los recientes vencedores de la Copa Sudamericana y la Europa League.

Sin embargo, el principal rasgo de este formato era su carácter no oficial. Es decir, por más lógica que tuviera un choque entre los ganadores de esas competencias, se trataba de un simple amistoso. Además, durante el partido se permitían hasta cinco cambios, pero debían hacerse en no más de tres interrupciones.

A sabiendas de que el triunfo no sumaba estrella, Marcelo Gallardo mandó a la cancha a varios de los habituales suplentes. El Millonario formó con Chiarini; Mercado (Kaprof), Pezzella, Mammana (Maidana), Vega; Solari, Ponzio, Driussi; Pisculichi (Guido Rodríguez); Simeone (Mora) y Boyé.

Por su parte, Sevilla lo hizo con Beto Bastos (Barbosa); Coke, Arribas, Pareja (Kolodziejczak), Fernando Navarro; Aleix Vidal, Antonio Romero (Diogo), Daniel Carriço (Iborra), José Reyes (Borja); Iago Aspas y Kevin Gameiro.

A pesar del deseo de Rodolfo D’Onofrio y los hinchas (llegaron a crear una petición en change.org), el título no fue reconocido. Sin embargo, unos meses más tarde tendrían motivos reales para festejar: River obtuvo la Copa Libertadores y la prestigiosa Suruga Bank, que sí es considerada una competencia oficial. FIFA, no la entenderías.

Trapasso: las banderas para Fabbiani

Eran tiempos en los que los futbolistas no usaban Twitter o Instagram. Hacerles llegar un mensaje hiriente no era tarea fácil. El bullying cibernético a gran escala aún no estaba perfeccionado: la mecha que encendía una fogata de burlas no provenía de las redes. En el caso del fútbol, las muestras de ingenio al servicio de la maldad estaban en las tribunas. Y se veían reflejadas en las banderas. Cristian Fabbiani pudo dar fe.

Rara vez fue cuestionado por sus habilidades futbolísticas. Por eso, este lienzo de 2007 refleja lo que los hinchas de Lanús sentían cada vez que le llegaba la pelota: placer. «Fabbiani: fútbol erótico». Cortito y contundente.

El Ogro dejó el sur del GBA y voló hacia Rumania. En 2008 regresó al país y se instaló en Rosario. Su paso por Europa le había dado fama mediática por su fallida convivencia con Amalia Granata, y su imagen no hacía más que llamar la atención. Su talento, también. Y su filosa lengua, ni hablar.

En la previa de la 8ª fecha de aquel Torneo Apertura, el delantero se había referido a las dimensiones del campo de juego de la cancha de Argentinos. La respuesta de los hinchas del Bicho fue una de las más sutiles: «Fabbiani: la cancha no es chica… vos estás gordo». Él eligió contestar en la cancha: Newell’s ganó 4 a 0 con un gol suyo.

Algo similar ocurrió en la 15ª jornada. La gente de San Lorenzo provocó con «Fabiani vomitá el fitito». Seguramente ofendido porque habían escrito mal su apellido, metió un golazo y dio una asistencia para que la Lepra empatase sobre la hora un partido que parecía perdido.

En el primer semestre de 2009, la Ogromanía alcanzó su punto máximo: su llegada a River, su romance con Victoria Vanucci, su peso. Todos hablaban del hombre del momento. Hasta Alberto Cormillot, médico especialista en nutrición, se refirió a su estado físico: «me encantaría darle una mano y que venga a mis clínicas. Para mí, sería un honor».

En su debut por el torneo local, el Millonario debía visitar a Rosario Central. Y los mensajes no se hicieron esperar. Mientras que el local no se olvidaba de su reciente paso por el adversario de toda la vida («Fabbiani no estás gordo, Newell’s es chico»), su nuevo público lo apoyaba.

Es que, teniendo todo arreglado para sumarse a Velez, Fabbiani había dado un giro en las negociaciones para jugar para el club de sus amores. La gente supo retribuir este gesto con aplausos, caretas de Shrek y banderas. «Gracias ‘Ogro’ por elegir con el corazón», decía una de ellas.

Aunque después de un buen arranque su nivel fue decayendo, las hinchadas rivales no tenían descanso. Con la colorida «Fabbiani: seguís sin vomitar el fitito», los fanáticos de San Lorenzo insistían con clásico hábito de ingerir un Fiat 600 como si fuera un plato de ravioles. Alcanza con ver el modelo del auto para identificar la originalidad del chiste. Viejísimo.

Mientras tanto, la platea de Vélez no se olvidó de lo que había sucedido en el último mercado de pases, y le dedicó otro trapo: «Fabbiani: las vacas comen pasto; no te morfes el del Amalfitani», y la hiriente «Fabbiani, vos te lo perdés. Acá concentramos con asados».

Un poco más arriesgado en cuanto a la creatividad, pero no menos gordofóbico, fue lo que sucedió en La Bombonera. El histórico lienzo que contaba los goles de Palermo quedó a la sombra de uno muy especial: el Fabbiani countdown, que en lugar de goles, contabilizaba kilos. En aquel clásico, también se vio otro con la frase «Ogro: vas a ir a Japón pero para hacer sumo».

En 2010, el atacante dejó River y, como consecuencia, se corrió del centro de la escena. Continuó defendiendo los colores de All Boys, Independiente Rivadavia y Sports Boys (Bolivia). Los trapos con dedicatorias fueron desapareciendo, o ya no tuvieron el rebote mediático que causaban anteriormente.

Sin embargo, su nombre (o su apodo), siguió estando presente en algún que otro estandarte. Por ejemplo, el que mostraron los jugadores de Estudiantes de San Luis en 2015. Con un Fuerza Ogro le mandaban buenas vibras antes de ser operado por un tumor en el gemelo derecho. La operación salió bien y pudo seguir jugando varios años más. Los suficientes para llegar al centenar de goles y recibir el agasajo que merecía.

En 2019, alcanzó la cifra redonda y los hinchas de Deportivo Merlo, su club, lo homenajearon con una prolija bandera que tomaba las palabras que Ronaldo le había dedicado un tiempo atrás: «Los gorditos hacemos la diferencia». Además, la gente del Charro le agregó: Los 100 goles lo confirman. Por fin, después de tantas bromas, había llegado su revancha. ¡Mirá de quién te burlaste!

 

Mal Pase: Donnet a Flamengo (2005)

Hasta no hace mucho tiempo, el fútbol carioca en general, y Flamengo en particular, era un gigante dormido. Sin títulos relevantes desde 1992, cuando había conquistado por última vez el Brasileirão, en 2005 el Mengão atravesaba otra de sus tantas malas rachas deportivas y financieras, y coqueteaba con el primer descenso de su historia.

Decimonoveno entre 22 equipos, con apenas 9 puntos en 11 fechas, el cuadro más popular de Brasil necesitaba refuerzos de manera inmediata, y uno de los que entró en el radar fue el mediocampista de Boca Juniors Matías Donnet. Héroe inesperado de aquella noche de Yokohama ante el Milan en 2003, Puchero había actuado a cuentagotas con el Chino Benítez y no estaba dentro de los planes de Alfio Basile, flamante DT del Xeneize.

«Es un buen jugador, joven, pero con experiencia y un currículum maravilloso. Como todos los argentinos, es un jugador de mucha garra y será interesante que le transmita eso a sus compañeros del plantel», decía el gaúcho Celso Roth, DT de Flamengo, en declaraciones que habrán caído muy bien entre sus dirigidos, claro.

Si bien aparentemente estaba todo encaminado y apenas faltaba la firma del contrato, el pase de Donnet al fútbol brasileño se cayó porque la esposa del jugador no quería saber nada con mudarse a una ciudad tan violenta como Río de Janeiro.

Finalmente, Roth no aguantó mucho tiempo más en el cargo (“lo eché porque no lo quería nadie”, argumentaría semanas después Márcio Braga, mandamás del Mengão) y el Rubronegro terminó el campeonato en el 15º lugar, 6 puntos arriba de la zona de descenso.

En un conflicto con los dirigentes que nunca fue aclarado, Puchero continuó colgado en Boca hasta mediados de 2006, cuando, con el pase libre, partió a Estados Unidos para sumarse al DC United de la Major League Soccer.