Pocos saben que Enzo Francescoli estuvo cerca de jugar en Boca. Fue en 1982, cuando todavía era una promesa que asomaba en Montevideo Wanderers. A pesar del interés del uruguayo por sumarse al plantel (por lo menos eso fue lo que contó su compatriota Ariel Krasouski, que por entonces jugaba en el Xeneize), los dirigentes no estaban convencidos, por lo que el posible acuerdo fracasó.
Pasó el tiempo, el Enzo tuvo su oportunidad en el fútbol argentino, y no la desaprovechó. A esta altura, se ha transformado en un símbolo de River Plate, y no se puede negar que lleva a la institución en su corazón. Y esto ya lo demostraba en 1985, al lucir una camiseta algo diferente a la de sus compañeros: solamente la suya tenía el histórico logo del león diseñado por Caloi del lado izquierdo, mientras que el de adidas aparecía en el otro costado. Además, la publicidad de Fate brillaba por su ausencia.
Hasta en este detalle en la vestimenta quedaba claro que el Príncipe era un distinto. Lo supieron todos, menos los dirigentes de Boca.
¿Cómo es retirarse con apenas 33 años y cambiar de rubro, después de una vida dedicada al fútbol? La cuarentena nos dio tiempo para charlar con Enrique Quique Seccafien, aquel volante creativo de Morón, Rosario Central y Aldosivi, entre otros, que hoy se gana la vida como camionero.
“Me costaba ir a entrenar, físicamente no estaba de la mejor forma, y anímicamente tampoco porque estaba atravesando momentos familiares duros, como la muerte de mi mamá. Entonces, no dudé mucho. Aunque me querían ofrecer a otros clubes, no estaba motivado”, recuerda Quique, de último paso por Barracas Central en la B Metro.
A mediados de 2018, dejó de ser jugador para transformarse en chofer profesional de camiones y así continuar con el legado de su papá Juan Carlos, con quien hoy comparte el oficio. “Mi viejo tiene ya 75 años y estuvo con algunos temas de salud, al principio no quería que subiera al camión porque él me tenía idealizado como el jugador de fútbol, después lo aceptó porque ya no le quedó otra”, dice Secaffien, que actualmente tiene 35 años .
Las primeras experiencias no fueron las más agradables arriba del camión: desde chocar en la ruta 29, hasta mandarse por la avenida Luis María Campos de Buenos Aires, sin reparar en la altura máxima permitida para transitar y poner en peligro el acoplado.
Al margen de esas anécdotas, el oriundo de Morón destaca la solidaridad que existe entre los compañeros de ruta y remarca la diferencia entre el camión y el fútbol: “No te aburrís. Acá, no tengo horarios, podés salir por un viaje a las 2 de la tarde de un día y volvés a las 5 de la madrugada del siguiente”.
Después de dejar el fútbol, a contramano de lo que suele suceder, pudo salir de la depresión y cambiar el ánimo: “Muchos amigos y familiares me dicen que me ven mucho mejor que en mis últimos tiempos de jugador”.
Su momento futbolístico
“Recuerdo que en la época en que nos dirigió Darío Franco en Aldosivi, veníamos muy mal peleando el descenso en la B Nacional, pudimos salvarnos y terminamos jugando muy bien. El entrenador sacó lo mejor de mí, porque me hacía jugar pero también marcaba, porque veía que todos los hacían. Nos exigía atacar y defender a los 11. Esa temporada recuerdo que marqué un lindo gol, puse el pie a lo Riquelme, contra Almirante Brown en Mar del Plata”.
La pandemia
“El futbol es parte de la burbuja en la que estábamos antes de que pasara todo esto. Lo que vemos en las primeras categorías del fútbol mundial es el negocio en su máxima expresión. Que a un jugador lo paguen 200 millones de dólares es un despropósito. Antes los deportistas tenían cierta rebeldía ante los dirigentes, se le plantaban, pero ahora ya no y eso es por la plata. Hoy, son una parte más del circo. El negocio es por los jugadores, la TV y la publicidad, pero en un mundo en el que hay muchas necesidades, es una locura que se manejen estos números”.
Respecto a la situación de ex compañeros de clubes de ascenso, Seccafien remarca que los jugadores estána la buena de Dios. “Hay jugadores que no cobran sueldos desde diciembre. Es delicada la situación, tal vez con la solidaridad de algunos jugadores que cobran buenas sumas y están al día, se podrían pagar sueldos de algunos planteles del ascenso que están atrasados”.
En el segundo semestre de 2010, Independiente se jugó un pleno a ganar la Copa Sudamericana. No le salió mal, al menos en parte, ya que conquistó el título en una recordada definición por penales ante el Goiás brasileño. Sin embargo, pagó el descuido del torneo local con el último puesto en el Apertura, que a la postre (?) sería clave en el descenso consumado en 2013. En ese semestre, el Rojo cosechó miserables 14 puntos, producto de 2 victorias, 8 empates y 9 derrotas.
Para afrontar las últimas fechas de aquel campeonato, el Turco Antonio Mohamed apeló a un rejunte de juveniles, veteranos y relegados. Uno que sumaba sus primeros minutos oficiales era el lateral izquierdo Ignacio Barcia, que en el receso invernal había participado de la pretemporada, bajo el mando de Daniel Garnero. El pibe nacido en Capital Federal el 15 de junio de 1989 ya era todo un histórico del club. “Empecé a jugar a los cinco años, en el baby. Luego, a los ocho, pasé a cancha grande, tras un partido que se realizó entre los chicos del baby y los de cancha de once. Después de ese encuentro, que fue observado por Nito Veiga y Ricardo Bochini, me dijeron que me tenía que presentar en el predio de Wilde para sumarme a los entrenamientos de la categoría superior”, rememoró alguna vez.
Antes del debut, había ido al banco de suplentes en la segunda fecha ante Argentinos Juniors y hasta se había colado en la lista de buena fe de la Sudamericana, gracias a la lesión del paraguayo Cristian Báez. Finalmente, en la jornada 14, salió desde el arranque, con el número 13, en el empate 1 a 1 frente a Olimpo de Bahía Blanca. Esa noche, actuando como zaguero central, conformó una línea de 4 con el ya recuperado Báez, Carlos Matheu y Maximiliano Vélazquez. Matheu había puesto en ventaja al equipo de Avellaneda, que no supo aguantar el resultado y sufrió la igualdad en la última jugada por intermedio de Carlos Salom, que aprovechó una salida espantosa de Hilario Navarro.
Siete días después, reapareció entre los titulares contra Colón de Santa Fe, en un encuentro casi calcado. Otro defensor, esta vez Velázquez con un bombazo, adelantó al Rojo, pero el Bichi Esteban Fuertes lo empató a 15 del final para el Sabalero.
La tendencia de los goles sobre la hora se repitió en la fecha 16, en la derrota por 2 a 1 ante Estudiantes de La Plata, el líder. Aquella vez, Barcia compartió la última línea con Samuel Cáceres y Carlos Matheu. A diferencia de los choques anteriores, Independiente arrancó abajo en el marcador por el tanto de Juan Pablo Pereyra (horror defensivo al margen), pero lo igualó gracias a Nicolás Martínez, el hermano menor del Burrito. A los 85, la Gata Fernández, con un cabezazo bombeado, le dio el triunfo a los dirigidos por Alejandro Sabella. A pesar de la caída, los pibes made in Avellaneda se fueron aplaudidos.
Una semana más tarde, el juvenil se despidió para siempre de la máxima categoría en un olvidable 0 a 0 contra Lanús en La Fortaleza.
Tras la pretemporada de 2011, donde sumó algunos minutos extraoficiales, estaba afianzado en el plantel profesional (qué bien), aunque nunca salió del banco de suplentes (qué mal). Así fue en el duelo postergado del Apertura contra Tigre que se jugó en febrero, en el arranque del Clausura ante Vélez Sarsfield y en dos partidos de la Copa Libertadores, frente a la Liga Deportiva Universitaria de Quito y Godoy Cruz. Además, formó parte del grupo que viajó a Japón para disputar y perder por penales la final de la Copa Suruga Bank con el Júbilo Iwata. Por entonces, sonaba como posible moneda de cambio, junto con Federico Mancuello, para la llegada de Javier Cámpora (goleador del Clausura 2011 con Huracán) a Independiente y también hubo sondeos del Tijuana de México.
Sin chances en Primera, colgado por Ramón Díaz, que tomó el mando tras la salida de Mohamed, y casi que estorbando en Reserva, tuvo que salir a buscar lugar en otra parte. Lo encontró bastante cerca, en la famosa Isla Maciel, con la camiseta de San Telmo (2012/13) en la Primera B Metropolitana. “Fue un error haber ido porque significó bajar dos categorías luego de pasar por la Primera de Independiente. Jugué alrededor de 40 partidos y al final descendimos, así que terminó siendo peor”, reconoció tiempo después.
Con el Rojo viajando a lo largo y a lo ancho del país en la B Nacional, Nacho regresó al club, pero Miguel Ángel Brindisi lo mandó a entrenar con los marginados. Lo rescató Omar De Felippe, pero no tuvo acción y a comienzos de 2014 rescindió su contrato.
Enseguida se sumó a préstamo a la UAI Urquiza (2014), también de la B Metropolitana, donde ni jugó. Su última experiencia como profesional fue en Bahía Blanca, con los colores de Villa Mitre (2014/15) -12 encuentros, una expulsión- en el Federal B. “Estuvimos cerca de ascender. En febrero-marzo de 2015 me volví para acá y los clubes estaban casi todos armados, no había cupos. Me salió para ir a entrenar a Berazategui, pero al final contrataron a otro refuerzo y no se pudo dar. Ahí ya había cerrado todo y quedé parado”, contó hace algunos meses en una entrevista al sitio Doble Amarilla, en la que relató su experiencia actual como empleado de una empresa de limpieza.
“Después de que me quedé sin club, estuve tirando currículums en todos lados. Un día, una conocida mía me dijo que su padre trabajaba en una empresa de limpieza en la que se ganaba poco. Agarré y le dije que sí, porque la verdad estaba desesperado. Al otro día me llamó el padre y me dijo que tenía que ir a firmar el contrato y arrancar a trabajar. En ese momento me salvó, cerré los ojos y fui. Jamás había trabajado en algo como esto, siempre había jugado al fútbol, pero le di para adelante”, contó. “Tenía que conseguir trabajo porque en ningún momento llegué a estar bien económicamente. No podía mantenerme entrenando sin cobrar un peso porque no me daba la billetera, así que necesité salir a trabajar”.
Hoy, alejado por completo del fútbol, sueña con volver a las canchas, aunque sabe que es difícil: «Llegué a Primera, viví mi sueño. Tengo que creérmela un poquito», dice. Y agrega: «Me encantaría que algún club me dé una oportunidad».
El 2012 de Colón fue un año con dos caras bien diferentes. Por un lado, mostró un lento pero visible deterioro en el plano institucional, con varios trapos sucios que empezaban a aflorar mientras su presidente lachapeaba como «Secretario del Departamento de Selecciones Nacionales». Uno de ellos fue la conflictiva salida del Chino Garcé, tirando palitos hacia los dirigentes y hacia el manager del club, Gabriel Omar Batistuta, meses después del episodio surrealista de la Virgen. Pese a todo ésto, en el plano futbolístico el equipo de Boquita Sensini tuvo un año medianamente aceptable: un buen colchón de puntos, la participación en una copa internacional y un celebrado triunfo en el clásico luego de 10 años.
En ese contexto, Sebastián Prediger se había convertido -junto al Puma Gigliotti y al pibe de los 10 millones de euros Lucas Mugni- en uno de los jugadores franquicia (?) del sabalero. Lejos parecía haber quedado su seguidilla de magras experiencias en el Porto, en el Cruzeiro y en el Boca de Bianchi. ElPerro, que había vuelto en 2011 a su primer hogar futbolero, se había reencontrado con su mejor versión, aquella que demostró en su anterior etapa sabalera junto al Turco Mohamed, y que lo llevó a ser pretendido por varios equipos europeos (Benfica, Ajax, Espanyol, por nombrar algunos)… ¡y por el Diego! quién le dedicó un mimo en uno de los amistosos falopa de la selección.
Pues entonces, para fines de 2012, la carrera internacional de Prediger parecía tener un reload (?). Alrededor del 10 de diciembre de ese año medios españoles y argentinos hicieron público el interés del Celta de Vigo por el mediocampista entrerriano. El club español estaba dispuesto a desembolsar entre 800.000 y 1.000.000 de euros por el 50% del pase (la otra mitad pertenecía al Porto), y un contrato por tres temporadas y media. ElPerro fue solicitado expresamente por el DT del Celta, Paco Herrera, para reforzar su equipo de cara a la segunda mitad de la Liga. Incluso el secretario técnico de la entidad gallega, Miguel Torrecilla, estuvo en Argentina un par de semanas atrás comprobando in situ las prestaciones del futbolista antes de dar el visto bueno a la operación. La cosa iba en serio (?).
Consultado sobre el interés del Celta, Prediger eligió poner paños fríos a la situación: «Recién llegué de pescar, de vacaciones y no sé nada. Vi los mensajes y las llamadas perdidas en mi celular, pero quería salir a aclarar que no estoy enterado de nada». Aunque dijo no estar al tanto de las negociaciones, se mostró contento por el interés del equipo español: «Siempre tuve el anhelo de jugar en España. Cuando firmé en el Porto tuve la chance de jugar en el Espanyol de Barcelona y me arrepentí de no haber ido porque es un fútbol que siempre me gustó«, contó. Y cerró de manera optimista: «Ojalá que si esto es concreto y le conviene a todos, se pueda llevar a cabo».
Por su parte, en la prensa ibérica se hablaba de Prediger como firme candidato a reforzar el clan argentino (sic) del Celta. Gustavo Cabral, defensor argentino que integraba el clan (?) fue consultado sobre la posibilidad y le tiró un hueso flores al Perro: «He escuchado que podía ser una de las alternativas y no sé si será así, pero ojalá pueda venir […] Es un jugador que maneja muy bien la pelota en el piso. Le gusta jugar mucho, estar en contacto con el balón. Actúa en el mediocampo y trata de tener la pelota, de jugarla. Es un estilo a lo que juega el Celta hoy en día. Además, es un futbolista alto que también va bien por arriba. El tipo de jugador que están buscando para que se acople lo más rápido posible al plantel».
Para el 15 de diciembre las negociaciones se mostraban avanzadas, y el entusiasmo del mediocampista sabalero también, pero con cautela. «Por lo que tengo entendido, creo que está bastante avanzado todo, pero tampoco quiero decir algo que quede fuera de lugar porque yo pertenezco a Colón […] Siempre me manifesté en el sentido de que soy feliz jugando en Colón, estoy cerca de mi casa y de mi familia, es un club en el que nací profesionalmente y que siempre me brindó todo, incluso la posibilidad de volver con esta dirigencia. Tengo una muy buena relación con Germán (L*rche), quien me dio la chance de ponerme nuevamente la camiseta de Colón y estar en el ruedo», agregó. Ya por entonces no quedaba mucho margen para la operación, puesto que el DT Paco Herrera esperaba contar con él antes del 27 de diciembre, previo a los compromisos del Celta por la Liga y la Copa del Rey. Y sobre todo, antes del otrocompromiso, ligado a la vida personal del Perro: el acuerdo y la presentación del futbolista en Vigo debía producirse antes del 29 de diciembre, día en el que Prediger tenía previsto contraer matrimonio en Argentina.
Sin embargo, mientras todos los medios deportivos continuaban asegurando que el pase de Prediger al Celta estaba prácticamente cerrado, apareció el presidente del club español, Carlos Mouriño, negando que el club haya hecho una oferta formal por el jugador: “Lo único que podemos decir es que preguntamos precio por muchos jugadores y que Prediger puede ser uno de ellos, pero si se dice que éste es el jugador elegido y que a por éste vamos, rotundamente digo no”. ¡Chan!
Los días transcurrieron sin más novedades, hasta que el 19 de diciembre, el periódico Atlántico de España publicó «El fichaje de Prediger está descartado», expresando que las diferencias económicas fueron el detonante y que el club vigués saldría a buscar a otro jugador. Incluso, el medio español deslizó la posibilidad que el jugador argentino esté coqueteando (?) con otra mina Racing.
Consultado por esta noticia, Prediger señaló: «Hasta hace tres días estaba todo hecho y tenía otras posibilidades también, pero bueno, la situación mía no es tan fácil porque pertenezco a dos equipos y porque hay que ponerse de acuerdo entre tres equipos, y por ahí siempre pueden suceder estas cosas. De mi parte, quiero aclarar, no hay nada de otro mundo, no hay nada extraño. […] Yo estoy tranquilo, soy muy feliz de estar acá. Un privilegiado de ser querido por la gente del equipo que soy hincha».
Ante la consulta por saber si el motivo fue alguna traba que puso el Porto o el pedido de más dinero por parte de Colón (en concepto del año y medio de contrato que le quedaba), Prediger tomó temperatura y apuntó a las altas esferas (?): «Eeeeh bueno, eso se lo podrían preguntar a quien le tienen que preguntar, yo puse la mejor predisposición. Ahora le tocará hablar a la gente que le toque hablar. Hay gente que está más arriba que debería dar explicaciones también«, refiriéndose quizás, al cúmulo de manos en el plato que quería sacar tajada de la transferencia y no se ponían de acuerdo.
Tal era el nivel de turbiedad desconcierto, que el mismo Prediger lo ponía en evidencia en otra entrevista. Al consultarle sobre la propiedad de su pase y las versiones de que Colón no sería el dueño de la mitad del mismo, sino Marcelo Simonian (el empresario que posibilitó la transferencia al Porto, la vuelta a Colón y ahora, la oportunidad de ir al Celta) el jugador declaró: “desde el momento que volví a arreglar con Colón, se que el 50% de mi pase pertenece al club y los derechos federativos también… Marcelo Simonian es un representante que lleva jugadores por todo el mundo, independiente de si uno tiene representante. Pero yo volví a Colón en 2011 sabiendo que el 50% iba a ser del club. Después no se que hubo, o si hubo algo detrás”.
Luego el que salió a hablar fue el futuro presidente de AFA mandamás de Colón, Germán L*rche, desmintiendo cualquier tipo de oferta al club: «Si algún dirigente del Celta habló con el jugador, no lo sé, pero no recibimos un ofrecimiento por él». A su vez, aseguró que los dirigentes de Racing tampoco pidieron referencias por el mediocampista, como trascendió en un medio español. Sin embargo, más tarde el dirigente sabalero sacó su faceta más capanga y confesó: «Prediger tiene dos años más de contrato en Colón. Tenía la posibilidad de irse, pero para hacerlo, tenía que rescindir un contrato vigente, y para eso hay que pagar”. Un hermoso ejemplo que nos dejó Germán sobre haz lo que yo digo y no lo que yo hago.
Para pasar por limpio (?): mientras que entre Prediger, su entorno y el Celta parecía estar todo arreglado, por el lado de Colón -que en principio desmintieron esta operación porque no habían recibido ningún llamado formal- la diferencia pasó a ser de números, ya que el club rojinegro no estaba de acuerdo con el resarcimiento ofrecido por el Celta para rescindir el contrato y liberar al jugador. Fue así que luego de dos semanas de novela, el sueño de jugar en el fútbol español se le pinchó, las nuevas novias nunca aparecieron y, finalmente el Perro se casó continuó en Santa Fe. «Me quedo felíz en Colón» tiró el mediocampista en un tono de novio a punto de casarse resignación.
A partir de entonces la realidad de Prediger y de Colón no volvería a ser la misma, y los esperaba un 2013 para el olvido.
Durante la pretemporada que le siguió y también con el campeonato en marcha, el Perro discutió en varias oportunidades con el DT Sensini, llegando a quedar excluido del equipo. Allegados al mediocampista manifestaban que todo era resabio de la frustrada venta a España: “siempre paga los platos rotos y es el primer cambio cuando los resultados no se dan. Además no le dieron vía libre para que se realice la venta al Celta y no le cayó bien la negativa». El malpase había dejado secuelas y Prediger ya no parecía estar tan feliz en Colón.
Lo que siguió fue aún peor. Ya sin Sensini… ni Gigliotti… ni Batistuta… ni Forestello… ni L*rche… ni comida en la pensión… ni dinero en las arcas del club… Prediger tuvo que poner la cara en la Fecha 16 del Torneo Inicial 2013 y hacerse cargo de una de las decisiones más difíciles de la historia reciente de Colón, costándole a la postre de los resultados, la idolatría en el club que es hincha. Pero bueno, esa ya es otra historia que en algún momento tendrá su lugar en Son decisiones.
Por lo pronto, continuaremos recibiendo donaciones (?) de fotos de nuestro homenajeado con la remera de Atletico Uruguay, a fin de que el colega KeyserSoze complete este anhelado culo de mal asientoAmor a la Guita.
Durante mucho el tiempo, el negro fue un color casi prohibido para las camisetas de fútbol. Y eso tenía una lógica: estaba muy relacionado a la vestimenta del árbitro, que rara vez cambiaba el tono de su indumentaria. Con el paso de los años y el crecimiento del marketing, las tradiciones fueron dejadas de lado y es así como la mayoría de los equipos de nuestro país (y del resto del mundo) se animaron a experimentar y a tener una casaca negra.
El último grande en llegar a tener ese color fue Boca Juniors, que en 2016 usó, por primera y última vez, un modelo similar al de la camiseta titular, pero que reemplazaba el azul francia por el negro y el amarillo por el dorado.
La presentación oficial fue en la fecha 10 del Torneo Transición, cuando el equipo dirigido por Barros Schelotto visitó a Tigre con varios jugadores suplentes, ya que estaba disputando la Copa Libertadores de América.
Ni bien los jugadores xeneizes se sacaron las camperas negras con vivos dorados, se pudo observar la ropa que tenía la misma combinación. ¡Si hasta los números eran color oro!
En aquella jornada, Boca perdió 2 a 0 con un inolvidable gol en contra de Jhonatan Silva. Y sí, evidentemente fue una noche negra.