Especiales: Campeones fantasmas

¿Cuántos jugadores son referentes de una institución sin haber haber ganado un título? Muchos. Y ahí los vemos todos los fines de semana, con la cabeza bien arriba, levantando los brazos ante el aplauso de su gente que les reconoce alguna victoria en un clásico, algún gol salvador o simplemente el hecho de haber acumulado varias batallas con la misma camiseta.

En la vereda de enfrente de esos persistentes hombres sin fortuna, están aquellos tocados por una luz divina; esos que llegan a un club y en un abrir y cerrar de ojos se cuelan en el póster de campeón. Aunque no hayan hecho mucho. Aunque su participación haya sido escasa e imperceptible. Repasemos, entonces, algunos de los ñoquis con medalla que nos ha dado el fútbol argentino en las últimas décadas.

495a5d908bd6e_300x0

Charles

El antecedente de haber amargado a River en una final de Supercopa lo trajo por estos lados. Todos querían ver más goles de Charles al Millonario, pero ni quiera llegó a enfrentarlo.

En el Apertura ’92, ese que cortó la racha de 11 años sin títulos xeneizes, el brasilero tuvo una influencia escasa. Debutó como titular en la primera fecha, haciendo dupla con Roberto Cabañas, en un 0 a 0 ante Mandiyú.  Luego metió minutos ante Belgrano, Talleres, Vélez y Huracán.  Ya para la séptima fecha, Charles nunca más fue tenido en cuenta, pero al menos se anotó en la lista de campeones del fútbol argentino.

Fuera de los números oficiales, el ex Cruzeiro jugó aquellos dos amistosos ante el Sevilla y nos dejó el recuerdo de su presentación en Ritmo de la Noche, donde jugó con el Diego (dueño de su pase) y cumplió el sueño bostero: meterle goles a River.

Mário Jardel

Fue un implacable número 9 brasilero que deslumbró al Mundo en la Copa Libertadores de 1995, donde fue campeón y goleador con el Gremio de Felipão. Ya para 2004, había dejado el fútbol portugués y había tenido un primer paso en falso en el Bolton inglés, donde se lo vio gordo y errático. Adelanto de lo que vendría.

El Newell’s de Gallego lo incorporó para el Apertura 2004, con la ilusión de que hiciera una gran sociedad con Ariel Ortega. Pero las cosas no salieron bien desde la primera fecha, cuando el Burrito no fue habilitado y entonces el lungo atacante tuvo que hacer dupla con el Piojo Manso.

En su debut (derrota 1 a 0 con Vélez), hizo todo mal. Incluso le pidió aliento a los hinchas y eso terminó por condenarlo. «Estoy en la búsqueda de mi acondicionamiento. Estoy tranquilo, sólo pido tiempo, paciencia. Me encuentro en un 70 por ciento de mis posibilidades, y creo que en dos semanas voy a estar cerca de mi mejor forma», tiró.

Ya para la segunda fecha, había perdido el puesto con Scocco. Fue al banco, pero no entró en el clásico ante Central (victoria 1 a 0 con gol de Maidana). Se tuvo que conformar con minutos como suplente en otros dos partidos: ante Huracán de Tres Arroyos y Banfield.

A pesar de que solo disputó 3 partidos, el nombre de Mario Jardel integra aquella lista del Newell’s campeón de 2004.

Luis Salmerón

Personaje querible el Pupi. Jugó en varios equipos, pero es imposible no identificarlo con Ferro, el club donde debutó y en el que tuvo 6 (sí, seis) etapas. Su momento de gloria, sin embargo, lo vivió con otra camiseta verde y blanca.

En 2009, descendió al Argentino A con Talleres de Córdoba y se fue a Chile para firmar con la Católica, pero tuvo algunos problemitas y volvió a la Argentina, para terminar arreglando con Banfield, que le ofrecía una chance en Primera División.

En aquel Apertura 2009, el Taladro se consagró de la mano de sus delanteros: Santiago Silva y Papelito Fernández. ¿Salmerón? Relegado. Apenas disputó un puñado de minutos en 4 encuentros, pero se dio el lujo de sacarse la foto de la consagración en La Bombonera. Al año siguiente pudo disputar otros 11 partidos, pero nunca la metió.

Wason Rentería

Poco se sabía de él a su arribo al fútbol argentino. Apenas que era delantero y que había hecho varios goles en Millonarios de Colombia.  Así que hubo que sentarse a esperar su debut. Y bastante.

A comienzos de 2014, firmó con Racing, declaró que quería ser campeón y se puso a disposición de técnico, Mostaza Merlo, pero a último momento blanqueó que tomaba un medicamento con corticoides y se tuvo que bajar del estreno ante Colón para que no le saltara en el doping.

Al toque, regresó a su país para arreglar unas cosas y muchos especularon que no volvería a la Argentina. Pero sí, volvió. Y en un entrenamiento previo a la segunda fecha se rompió los ligamentos al chocar con Francisco Cerro. Todo en apenas una semana.

Un semestre más tarde, Wason finalmente entró a la cancha en la victoria 1 a 0 ante Arsenal de Sarandí, por la cuarta fecha del Torneo de Transición 2014. Ese mismo día debutó Gustavo Bou en La Academia, por lo que las chances del colombiano se terminarían reduciendo al máximo. Solo volvió a tener minutos en el empate 1 a 1 ante Olimpo, en Bahía Blanca.

Para cuando el Racing de Milito y Cocca se alzó con el título, Rentería ya era un fantasma: ni apareció en los festejos.

Bruno Uribarri

Caso raro el de este jugador surgido en Boca (2006 a 2007) que se convirtió en un amuleto de River. ¡Y casi nadie reconoce su cara!

Llegó a Núñez, proveniente de Colón, a comienzos de 2014. Pese a estar en el plantel, solo jugó en Reserva y no pudo disputar ni un minuto en Torneo Final 2014 que ganó Ramón Díaz. Pero el destino le tendría preparado algo mejor.

Ese mismo año, Uribarri fue titular en uno de los choques ante Godoy Cruz por la Copa Sudamericana. De yapa, el DT lo llevó al banco en el 0 a 0 ante Boca, en La Bombonera, que a la postre serviría para eliminar al rival de toda la vida y luego conquistar ese trofeo continental.

¿Más? Claro que sí, porque el defensor entrerriano además jugó media hora en la caída 2 a 0 ante el San José de Oruro, por la Copa Libertadores 2015. Fue un mal comienzo, sí, pero el Millonario terminaría consagrándose meses más tarde. ¿Y todo gracias a quién? ¿A Alario? ¿A Gallardo? ¿A D’Onofrio? No, señor. Gracias a Uribarri.

Civit Martín

Martín Alejandro Civit

El tiempo es un flujo inconstante, increíble y paradójico. O mejor dicho es inconstante, increíble y paradójico lo que hace con todos nosotros mientras estamos sumergidos bajo su tirano rigor unidireccional. En mi caso particular, lo que me genera mayor perplejo y asombro es lo que hizo con algunos de mis sueños o anhelos… Para ser más específico y por haber crecido rodeado de ejemplares de El Gráfico, trasmisiones deportivas y potenciales futbolistas, lo que hizo con uno de mis deseos primarios: el de ser periodista deportivo profesional.

Probablemente, lo que me movilizó en primer término deben haber sido las ganas de entrar a todas las canchas fácil y sin pagar. O el estar cerca y hacerles preguntas a mis héroes de la infancia. El Diego, El Manteca, El Burrito, y muchos, muchos más. Encima, al ser testigo del surgimiento tanto del primer canal especializado como de la fundación del primer diario deportivo, sentía que ser colega de Gonzalo Bonadeo, Fernando Niembro o Marcelo Araujo era la madre de todas las realizaciones personales. No era el único. Muchos de mi generación tenían el mismo sentir, aunque luego se decantaron por un laburo en serio (?).

¿Qué hace un periodista deportivo en la vida real? ¿Jetonea en la tele contra otros colegas, todos al borde de la histeria y del ataque al corazón, por una ínfima jugada en el primer tiempo? ¿Es un nexo para una transacción económica? ¿Es un actor necesario para inflar una transacción económica? ¿Es un tipo que muestra memes? ¿Es un señor que se sabe la formación de Checoslovaquia del 62? ¿Un hombre que habla y se cree palabra autorizada por sobre las demás, pero que en realidad solo fue hábil para estar donde sentía que tenía que estar gracias a nexos políticos y con el poder?

Hoy por hoy, no hay uno solo de aquellos pibes con los que compartía el deseo de la vocación, ya todos convertidos en hombres, al que no le escuche algún: “como le pegaría a Liberman”, “qué asco que me da Martín Arevalo”, “Lo veo a Azzaro y me dan ganas de vomitar” y así sobre casi todos estos sujetos de omnisciente accionar cotidiano. Pero, viejo ¿ustedes no querían ser uno de ellos? Por supuesto, el tiempo y solo el tiempo hizo lo que siempre. Sabiduría.

En mi caso, aún siento que la parte primordial de ser periodista deportivo es la de contar historias. Tampoco se necesita tanto para eso, claro. Y en ello tampoco hay ninguna realización personal. De hecho, ni siquiera soy periodista deportivo. Es más, ahora también los aborrezco. Pero se puede agarrar alguna foto, un par de datos, hacer de cuenta que nunca pasó el tiempo y jugar a que amo una profesión que nunca conocí.

civit01

Recibimos el diploma en la Escuela de Periodismo Deportivo, le damos un beso a mamá y a papá, nos despedimos para siempre de los forros con los que cursamos durante tres años y, ansiosos por complacer a nuestros nuevos jefes, tomamos un nombre al azar para desarrollar nuestra historia.

En este caso, Martín Civit (25/09/1985), un mediocampista surgido en Arsenal de Sarandí que ingresó en un partido contra Vélez (caída 1 a 0) en el Apertura 2005. Apoyamos nuestro texto, que puede poseer severas faltas de ortografía, que total algún gil va a corregir, con alguna imagen tomada de internet. Total, Siglo XXI, papá.

Conocemos algo de fama repentina, un poco de guita, las minas nos miran distinto y, por compromiso, ponemos que Civit jugó 23 minutos contra San Lorenzo (2 a 2) en el Apertura 2006. Nos damos cuenta que nuestro protagonista participó de 23 minutos contra Boca Juniors (derrota 3 a 1) por el Clausura 2008 y que así se despidió de Primera División, pero no le damos mucha bola porque acaecieron los primeros cachetazos: un colega veterano nos dejó en ridículo al aire; nos apretaron por “decir giladas de tal club” y a ciertos protagonistas les parezco un salame. Apechugo y vivo a la defensiva. Esto no puede volver a pasar…

civit02

Apoyamos la historia con otra imagen robada: Civit estuvo durante el último semestre de 2008 en el Alajuelense de Costa Rica, pero lo fueron rápido porque no se adaptó al club. Todo esto me chupa un huevo, porque no me cabe que me bardeen en las redes sociales. La exposición trae un montón de problemas que siempre sentí que iban a ser del otro. No míos.

Hacen referencia maliciosa a mi cara, a mi cuerpo o el de mis familiares. Se meten con mi novia. Con la ropa que usamos. Yo nunca hago eso. Solo hablo de los jugadores en la cancha, nomás. A no ser que anden en la joda. En los boliches, con gatos. Ellos se tienen que preparar para la alta exposición, no yo… Yo apenas soy un simple periodista. Voy a prepararme para devolver siempre la piña, porque esta se ve que es una carrera que no otorga prestigio. Nadie lo tiene ni lo tendrá por unanimidad. Ira.

civit03

Sacamos otra imagen de la web y caemos en cuenta que, tras seis meses en la nada, a mediados de 2009 Martín Civit se fue al Inter Turku de Finlandia y que así metió el ambicionado pase a Europa, al menos por seis meses. Ambición… Ambición… A veces pienso que la ambición me llevó a convertirme en este grotesco que la gente piensa que soy. Ellos no me conocen y hablan. Hubiera sido mejor una radio zonal o un programa partidario. Algo chico y seguro, vender publicidad. Pero no, acá estamos y cualquiera se arroga el derecho a insultarme. Será culpa de mi ambición. ¿Qué? ¿Es malo tenerla?

Martín Civit pasó otros seis meses desocupado y a mitad de 2010 se unió a Comunicaciones de Primera B (2010/12). Después pasó a Talleres de Remedios de Escalada de Primera C (2012/16) y a ahí se retiró. Y hablando de retirarse, estoy pensando severamente irme hacía el lado de las operaciones periodísticas o el de la representación de jugadores. Este sueño infantil no es lo que se creía y cansa. O tal vez me vuelque al periodismo político. Eso tal vez me otorgue más prestigio, libertad o espacios de poder. Irme del estadio puteado por padres e hijos me cansó.

Además, al pasar me entero que a mediados de 2017 Martín Civit regresó al fútbol en Ferrocarril Midland de Primera C. Y yo la verdad ya no tengo ni ganas ni tiempo como para perder con un futbolista cualquiera que es mucho más chico que yo. Y que encima en cada entrevista cuenta con orgullo que es periodista deportivo recibido…

Y el tiempo sigue pasando.

Racing con Taiyo, Bizarri con Topper (1998)

bizarri 1998

Ya sobre el final de los años 90, la mayoría de los arqueros habían dejado de tener total libertad  a la hora de vestirse, para ceñirse a lo que ofrecía el sponsor técnico. Claro que hablamos del caótico Racing de Daniel Lalín y entonces todo era posible. Incluso, que un arquero usara un buzo que atrasaba un año.

A comienzos de 1998 y en pleno torneo de verano, el cuadro de Avellaneda todavía seguía usando indumentaria Topper, aunque su vínculo ya estaba terminado. ¿Sponsor técnico? Se buscaba. Mientras tanto, había que improvisar.

Ya para el Clausura de ese año, Racing estrenó su curioso modelo marca La Academia, que en realidad era confeccionado por Taiyo, aunque no bordaba su marca en el pecho. ¿Y el arquero? Ahí vamos.

En el apuro por terminar las camisetas, olvidaron que dentro de los 11 titulares había uno que se vestía diferente. Así fue como Albano Bizarri volvió a mostrar aquel buzo Topper con un gran parche de Multicanal en el frente.

La formación de la foto corresponde al partido jugado frente a Vélez (debut de Ángel Cappa como DT de la Academia), por la primera fecha del Torneo Clausura 1998. A partir de la segunda jornada, el joven guardameta ya luciría la vestimenta actualizada, quedando en composé (?) con sus compañeros.

J. J. Urquiza celeste, verde y amarilla 2011/12

¿Qué estarían pensando los diseñadores de Paso a Paso Sport cuando hicieron la camiseta suplente de la Asociación Social y Deportiva Justo José de Urquiza para la temporada 2011/12? Históricamente asociado al celeste (con detalles en blanco), J. J. Urquiza no pudo escaparle a la experimentación, tan frecuente en estos tiempos, en su casaca alternativa, tradicionalmente blanca o negra con detalles en celeste.

Lo que nadie imaginaba, claro, era que el celeste estuviera acompañado por ¡el amarillo y el verde! Una combinación a la que no se animó ni el O’Higgins de Chile, que tiene esos colores en su escudo.

Probablemente, semejante espanto encandiló a los rivales y llevó a Jota Jota a ganarse un lugar en el reducido por el segundo ascenso a la B Metropolitana, en el que cayó en cuartos de final ante Dock Sud.

Sin embargo, no se trataba de la primera vez que el amarillo y el verde se unían en la camiseta del club de Caseros. Don Balón ya lo había hecho, con muchísimo más criterio, en la temporada 2003/04, en un clarísimo choreo homenaje a la casaca que Brasil utilizó en la Copa del Mundo de Corea y Japón 2002.