Todos en algún momento fuimos culpables de alimentar las comparaciones odiosas entre el fútbol argentino y el europeo, pero ¿hay en realidad tanta diferencia entre ellos?
A ver, sí hay pequeños temitas como el que no te manosean en búsqueda de objetos contundentes y estupefacientes antes de entrar, la gente está acomodada dignamente, los planteles no viajan en micros escolares y los baños de los estadios compiten tranquilamente con algunos de nuestros shoppings.
Pero, como hacemos usualmente en esta sección, nos vamos a concentrar en parámetros sociológicos para analizar a los hinchas de ambos lados del charco, con el fin de demostrar que esta brecha no es tan profunda como parece ser y que, por lo menos en tema público, podemos dar pelea.

Por ejemplo, en ambos continentes existe el hincha con complejo de superhéroe. Impecable el Superman segunda marca de este señor del Leicester, aunque la B roja del cinturón no te la robo. ¿El nuestro? Detiene maleantes posta y se tirotea por las calles de Lanús, así que ya ganamos.

Siguiendo con el tema disfraces, es inevitable que, acercandose el mes de diciembre, se popularice Papá Noel. Hombres que refunfuñan a la hora de interpretar a este ícono para las criaturas en Nochebuena, pero no tienen problemas en lucir el disfraz en la vía publica para ir a la cancha.
Si nos comparamos con el viejo continente, nada tiene de heroico vestirse de Santa Claus cuando la Navidad te cae en invierno. Hablemos cuando se vistan del Diego del Polo Norte con 35° de térmica, como los gladiadores de las populares argentinas.

Y si de comparaciones odiosas hablamos, el duelo Champions League – Copa Libertadores ha sido la grieta en más de una mesa. Lo seguro es que tanto acá como allá, cada hincha se fabrica su propia réplica con lo que tiene en casa.
Las Champions de utilería de ellos sumaran puntos por una terminación impecable, pero si no te conmueve el encanto casero de una bola de telgopor recubierta en papel aluminio, naciste sin alma. Más cuando sabés que algún niño amaneció sin el hombrecito de su trofeo, para que papá pueda coronar una copa con pretensiones hiperrealistas.

Por último, un boca de urna totalmente arbitrario dio como resultado que, en el fútbol local, el accesorio más usado es el gorro piluso. En Europa, la ganadora es la ya famosa bufanda. Si bien el piluso no cumple esa función de ser levantado cual bandera, sí sirve para comunicar de que club es hincha quien lo usa (lo que, honestamente, es lo único que importa).
Las bufandas también se popularizaron en las tribunas argentinas, aunque no creo que jamas incluyan el nombre de un DT, a menos que el hincha quiera arriesgarse a comprar una nueva cada cinco fechas.
Si sumamos, además, que los europeos nos roban algunas canciones de cancha, todas las promesas locales y olvidamos los incidentes de algunos clubes del ascenso combinados, la ecuación se empareja bastante…
La realidad es que capaz no, pero seamos menos duros a la hora de juzgar a la Patria, por lo menos en vísperas de Mundial.










