Con el título de la temporada 1990/91 en el bolsillo y la mente puesta en la Libertadores 1992, Newell’s Old Boys de Rosario afrontó el Apertura 1991 en medio de una nebulosa. Con apenas 3 triunfos, 9 empates y 7 derrotas, y sumando 15 puntos, la Lepra terminó antepenúltima.
Otro que tuvo su chance en aquel campeonato fue el mediocampista jujeño de la categoría ‘70 Gustavo Villagra. Luego de ir al banco de suplentes en el estreno ante Unión de Santa Fe, debutó en la fecha 8, contra Ferro Carril Oeste, en el Parque Independencia. Esa tarde, se paró en la mitad de la cancha al lado del Tata Gerardo Martino, el Larry Julio César Saldaña y el ya mencionado Roldán.
Enseguida, Villagra se convirtió en una especie de rueda de auxilio para el Loco, que generalmente lo hacía ingresar sobre el final de los segundos tiempos para ganar recuperar algo de aire. En total, fueron 8 partidos.
Al año siguiente, Bielsa lo incluyó en la lista de buena fe de la Copa Libertadores y, con la Lepra clasificada para los octavos de final, hasta lo hizo jugar de titular frente a Colo Colo en Chile. Desde el banco, también fue testigo de una tarde inolvidable, en la que Newell’s, con suplentes y juveniles, le ganó el clásico a Rosario Central, con gol del Pájaro Domizi.
Ya lejos de su ciudad adoptiva, y tras un supuesto paso por Coquimbo de Chile, a mediados de 1995 llegó a México para sumarse al Inter de Tijuana, de la segunda división, que desaparecería poco tiempo después.
Su lugar en el mundo lo encontraría en Estados Unidos, donde arribó a comienzos de 1996, contratado por el Rochester Raging Rhinos, de la A-League (la segunda en importancia del país del norte, detrás de la recién nacida MLS), que enseguida lo prestó al Montreal Impact (1996) canadiense, de la misma categoría, donde apenas jugó un partido. Sin embargo, Villagra regresó al equipo neoyorquino para los playoffs, en los que Rochester enfrentó y eliminó en las semifinales… a Montreal. Luego, cayó en la final ante Seattle Sounders.
Después de haber sido cortado en 1998, se incorporó al Staten Island Vipers (1999), que alcanzó las semifinales de la conferencia este y dejó de existir al final de esa temporada. Ya en el ocaso de su carrera, quemó sus últimos cartuchos en 2000 con la camiseta de los intrascendentes Connecticut Wolves.
De todos los roles a los que puede aspirar un ser humano en esta vida perra, hay uno que me fascina sobremanera. Y ese es el rol del “buchón”. Si, el buchón, el buche, el alcahuete, el topo, el soplón o como quieran llamarle. ¿Y por qué tanto deslumbramiento por éste espécimen? Básicamente, porque él, tras hacer su gracia característica, logra llevarnos a todos –si, a todos- hacía los recónditos confines de la doble moral.
Por un lado, si somos omniscientes de algún hecho delictivo o de alguna contravención mayor aplaudimos la valentía del delator por haber sacado la verdad a la luz; a favor de la justicia y en desmedro de amistades, conveniencias o hasta dinero.
Por otro lado, si somos nosotros mismos quienes estamos en falta -sea leve o grave- consideramos como la peor de las traiciones que alguien de nuestro círculo íntimo abra la boca, para así dejar en evidencia nuestro delito o algún hecho que nos avergüenza. En el medio de todo, claro, la desconcertada humanidad del “buchón”, quien nunca logrará deducir si se transformó en el más cruel de los villanos o en el más temerario de los superhéroes…
Michael Duberry nació el 14 de octubre de 1975 en Enfield, Inglaterra, y desde sus primeros pasos como futbolista se le auguró un enorme futuro. Zaguero central negro, fuerte, grandote y con un excelente cabezazo, estaba llamado a ser el complemento ideal de Rio Ferdinand en su Selección por, al menos, diez años. Tal es así que los dirigentes británicos lo persuadieron de no aceptar la convocatoria de la poderosa nación de Monserrat –tierra de sus ancestros- para poder defender la camiseta “Pross”, libre de culpa y pecado (?).
Iniciado en el Chelsea en 1993, donde tuvo escasa continuidad, en 1999 Duberry pasó al Leeds United -por entonces gran animador tanto de la Premier League como de la Champions League- para ser el eventual reemplazante del antes mencionado Ferdinand, quien venía amagando con irse a un club poderoso a cambio de una millonada prácticamente desde la madrugada que sus padres lo concibieron (?).
La cosa arrancó para nuestro protagonista de manera timorata, pero sin desentonar. Claro que la sensación de “proyecto en espera” que dejaron sus escuetos partidos en Primera cambiaría una fría noche de enero de 2000. Y, por supuesto, para mal…
Junto a sus compañeros de equipo Jonathan Woodgate y Lee Bowyer, y a dos ignotos amigos llamados Paul Clifford y Neale Caveney, el bueno de Michael Duberry concurrió a un pub para pasar un agradable momento y para tomar cerveza hasta perder la conciencia, la noción del tiempo y hasta los recuerdos a corto plazo, como hace cualquier hijo de vecino ¿no?
Enorme fue la sorpresa para el zaguero cuando al día siguiente el estudiante de intercambio indio, Sarfraz Najeib, denunció a los cuatro alcoholizados acompañantes de Duberry por haberles dado al asiático una etílica paliza de novela que, instantáneamente, se convirtió en escándalo nacional y que acaparó la portada de todos los diarios.
Tras la anulación de un mediático primer juicio –que llevó cerca de 15 meses en los cuales los futbolistas apenas si participaron en su equipo- el Juez David Poole decidió iniciar un nuevo litigio y dejar sin efecto la absolución en primera instancia que habían recibido los 5 implicados sobre “ponerse de acuerdo en el relato para cubrirse de culpas”. Además, manifestó tener pruebas sobre un móvil racial en el asalto, lo cual se castiga con penas aún más duras en Inglaterra. ¿¡Para qué!?
Rápido de reflejos, Michael Duberry recuperó la memoria en la primera audiencia del nuevo juicio y manifestó bajo juramento: “habíamos consumido cerveza durante toda la tarde y toda la noche. En un momento mis amigos salieron del pub y al rato Woody (Woodgate) se me acercó y me dijo que junto a Neale y Paul le habían dado una paliza a un don nadie que los fue a agredir. No puedo decir nada de Lee, y yo en ningún momento me aparté de mi butaca en el pub”.
Tras la contundente declaración de Duberry, el Juez no se anduvo con vueltas y a los pocos días absolvió a Lee Bowyer (aunque lo llamó “cobarde y mentiroso” en La Corte); y declaró culpables a los otros tres ¿Las penas? Una ganga, papá: cien horas de trabajo comunitario para Woodgate y seis años de cárcel para el otro par de cuatros de copas, sin (?). Y bueno, viejo, que se jodan por no saber jugar a la pelota…
Pero claro, además del estudiante indio en toda esta historieta hubo otra víctima: el propio Michael Duberry, quien vio pulverizado su sueño de ser jugador internacional al instante y se mantuvo en el Leeds, casi sin jugar, hasta medidos de 2005. Luego anduvo en Segunda con la camiseta del Stoke City, regresó a la Premier para descender con el Reading y después deambuló por el Wycombe Wanderers de la League One, el St. Johnstone de Escocia y el Oxford United de la League Two, donde finalmente se retiró.
Pero por supuesto, la cosa no termina ahí. Durante todos esos años tanto los seguidores de los equipos rivales como así también los de las instituciones que integró lo hostigaron con cánticos donde se mencionaba su condición de “negro soplón”, “negro delator” y “traidor de sus amigos”. Además, debió cambiar varias veces de domicilio ya que diversos grupos concurrían a su hogar a hostigarlo con pancartas, amenazarlo y hasta a defecar en el jardín. Divinos (?).
Con el tiempo y alimentado por los fanáticos ingleses, la fama de Michael Duberry mutó desde “estómago resfriado” hacia un apelativo tal vez peor: el de “Mufa”. ¿Por qué razón? En principio, porque con el zaguero en el plantel el Leeds United pasó de semifinalista de la Champions League a ser un animador del ascenso. De hecho, anduvo por Tercera División por primera vez en su historia y nunca volvió a jugar en la Premier League.
También se acusó al defensor por la mala fortuna de Lee Bowyer, quien era una fija en el plantel de Inglaterra que acudiría al Mundial 2002 y no solo quedó afuera de la lista, sino que nunca jamás volvió a ser convocado. Luego fue relleno de varios planteles sin poder recuperar el brillo de sus primeros años.
Qué decir de Jonathan Woodgate, quien después de su affaire con Duberry quedó afuera de la Euro 2000 y del Mundial 2002; y quien en sus años de profesional sufrió más de diez operaciones de distinta índole. De hecho, por esta endeblez física está considerado como “el peor fichaje de la historia del Real Madrid”, donde debutó con un gol en contra más expulsión y en donde compartió sanatorio con Fernando Gago…
Todo este martirio a cuestas carga la humanidad del pobre Michael Duberry -proyecto trunco de ícono defensivo global- quien, para ponerle un poco de onda a la vida, en una de sus últimas apariciones se fotografió con una cerveza en la mano y caracterizado como la Princesa Leia Organa, interpretada originalmente por la actriz Carrie Fischer, quien al poco tiempo se convirtió en la primera del trío original de protagonistas de Star Wars en pasar a mejor vida ¿Duberry mufa? Naaahh manzanacervecita…
Todos en algún momento fuimos culpables de alimentar las comparaciones odiosas entre el fútbol argentino y el europeo, pero ¿hay en realidad tanta diferencia entre ellos?
A ver, sí hay pequeños temitas como el que no te manosean en búsqueda de objetos contundentes y estupefacientes antes de entrar, la gente está acomodada dignamente, los planteles no viajan en micros escolares y los baños de los estadios compiten tranquilamente con algunos de nuestros shoppings.
Pero, como hacemos usualmente en esta sección, nos vamos a concentrar en parámetros sociológicos para analizar a los hinchas de ambos lados del charco, con el fin de demostrar que esta brecha no es tan profunda como parece ser y que, por lo menos en tema público, podemos dar pelea.
Por ejemplo, en ambos continentes existe el hincha con complejo de superhéroe. Impecable el Superman segunda marca de este señor del Leicester, aunque la B roja del cinturón no te la robo. ¿El nuestro? Detiene maleantes posta y se tirotea por las calles de Lanús, así que ya ganamos.
Siguiendo con el tema disfraces, es inevitable que, acercandose el mes de diciembre, se popularice Papá Noel. Hombres que refunfuñan a la hora de interpretar a este ícono para las criaturas en Nochebuena, pero no tienen problemas en lucir el disfraz en la vía publica para ir a la cancha.
Si nos comparamos con el viejo continente, nada tiene de heroico vestirse de Santa Claus cuando la Navidad te cae en invierno. Hablemos cuando se vistan del Diego del Polo Norte con 35° de térmica, como los gladiadores de las populares argentinas.
Y si de comparaciones odiosas hablamos, el duelo Champions League – Copa Libertadores ha sido la grieta en más de una mesa. Lo seguro es que tanto acá como allá, cada hincha se fabrica su propia réplica con lo que tiene en casa.
Las Champions de utilería de ellos sumaran puntos por una terminación impecable, pero si no te conmueve el encanto casero de una bola de telgopor recubierta en papel aluminio, naciste sin alma. Más cuando sabés que algún niño amaneció sin el hombrecito de su trofeo, para que papá pueda coronar una copa con pretensiones hiperrealistas.
Por último, un boca de urna totalmente arbitrario dio como resultado que, en el fútbol local, el accesorio más usado es el gorro piluso. En Europa, la ganadora es la ya famosa bufanda. Si bien el piluso no cumple esa función de ser levantado cual bandera, sí sirve para comunicar de que club es hincha quien lo usa (lo que, honestamente, es lo único que importa).
Las bufandas también se popularizaron en las tribunas argentinas, aunque no creo que jamas incluyan el nombre de un DT, a menos que el hincha quiera arriesgarse a comprar una nueva cada cinco fechas.
Si sumamos, además, que los europeos nos roban algunas canciones de cancha, todas las promesas locales y olvidamos los incidentes de algunos clubes del ascenso combinados, la ecuación se empareja bastante…
La realidad es que capaz no, pero seamos menos duros a la hora de juzgar a la Patria, por lo menos en vísperas de Mundial.
Típico jugador con fórmula única, de esos que solo funcionan con una camiseta, con un solo entrenador o en una sola cancha; De esos que se destacan bajo determinadas condiciones y que, ante la más mínima variable que altere el escenacio ideal, pierden identidad, se diluyen, desaparecen y se convierten en futbolistas fantasmas.
Nacido futbolísticamente en Defensor Sporting (2003 a 2010), el charrúa Diego de Souza hizo un máster con la camiseta violeta. Durante casi una década, se mostró como un volante virtuoso, elegante e incisivo, pero además metió buenas campañas y un título, el campeonato uruguayo de la temporada 2007/08. Hasta que le tocó marchar.
Fue en 2011 que, con muy buenas referencias, cayó al fútbol argentino para ilusionar a los hinchas de Banfield. ¿Para tanto? Sí, el club había había apostado fuerte con la intención de que De Souza se pusiera la ropa de la figura que se iba, un tal Walter Erviti.
A su favor, tenía la nacionalidad. La dupla campeona Papelito Fernández – Santiago Silva había levantado el concepto de los uruguayos en el Taladro, luego de casos no muy felices como los de Ignacio La Luz y Yari Silvera. Había esperanza. Se transformaría en odio.
De entrada, De Souza se vendió un poco: «Soy un volante ofensivo, me gusta pisar el área y aportarle juego al equipo». Y agregó:«Mi objetivo es seguir creciendo futbolísticamente y aspirar a ser campeón». Un pequeño error de cálculo.
Fue titular en casi todo el Clausura 2011, metiendo 15 partidos al lado de hombres como Marcelo Quinteros, el Mencho Bustos, Marcelo Carrusca y Jonatan Gómez, el Messi pobre. ¿Su rendimiento? Debajo de lo esperado, pero aún había paciencia entre los hinchas.
La cosa empezó a doblarse en el segundo semestre, en el que el uruguayo se jodió los meniscos y apenas pisó la cancha en 6 oportunidades, junto a especímenes como Juan Eluchans, Maxi Laso y Ezequiel «Dame dos de Lanús» Carboni. Aún faltaba lo peor.
El Clausura 2012 nunca se borrará de las zabecas de Banfield. El equipo del Sur hizo lo posible y más para irse al descenso de foma inesperada, cosechando apenas 11 puntos y salvando a otro club que estaba jugadísimo, ni más ni menos que San Lorenzo de Almagro.
En ese torneo, De Souza disputó 11 encuentros y apenas hizo un gol, en su último partido en la cancha, una derrota 3 a 1 ante Belgrano. Para la última fecha, el charrúa se quedó sentadito en el banco, viendo como sus compañeros perdían 3 a 0 con Colón, de local, haciendo realidad algo increíble: irse al descenso con un promedio que incluía una campaña de campeón. Insólito.
Todo lo que vino después, fueron datos y números que ratificarían su baldoseridad. Retornó a su país para jugar en Wanderers (2012/13) y ponerse la camiseta de ChelseaCerro Largo (2013/14, 2015 y 2016); se fue a probar suerte a Guatemala con la camiseta de DeportivoMunicipal (2014), se comió 7 con Pachuca, duró apenas unos meses y terminó recurriendo a la FIFA para poder cobrar.
#Banfield realizó el pago de una cuota ($832 mil) a Def. Sporting por el pase de De Souza. El total que se está pagando es de $17,6 millones
Ojo, algo parecido tuvo que hacer Defensor Sporting para que Banfield saldara la deuda por De Souza. Sí, aquel chiste de traer un reemplazo de Erviti salió más caro de lo esperado.
Después de estar casi un año inactivo, desde 2017 defiende los colores de El Tanque Sisley.
Segunda entrega de futbolistas que cambiaron, al menos por un rato, la pelota por un micrófono.
Tottenham Hotspur con Chas & Dave
Chas & Dave es un dúo medio en joda, medio en serio, que tuvo su momento de gloria a fines de la década del setenta, cuando llegó a telonear a Led Zeppelin. A comienzos de los ochenta, grabaron una serie de canciones dedicadas al Tottenham Hotspur (el equipo sensación de la época, bicampeón de la FA Cup en 1981 y 1982), entre las que se destacaba «Ossie’s dream (Spurs are on their way to Wembley)», que incluye, obviamente, la participación del argentino Osvaldo Ardiles, que mostró una particular pronunciación del idioma.
Franz Beckenbauer
Bien podría tratarse de un sketch de Pachu Peña haciendo del alemán Jürgen, pero es Franz Beckenbauer cantando “Gute freunde kann niemand trennen” (algo así como “Los buenos amigos nunca serán separados”). La seriedad germana no se toma descanso.
Royston Drenthe
El holandés Royston Drenthe, uno de los peores fichajes del Real Madrid en la última década, colgó los botines a comienzos de 2017 para dedicarse de lleno a su otra pasión: el rap. Hace algunos años, ya había dado una muestra con la canción que grabó junto a su amigo U-Niq. A partir de ahora, intentará ganarse el pan como Roya2Faces.
Alexi Lalas
Pieza fundamental del nacimiento y la evolución de la Major League Soccer, Alexi Lalas es, sin dudas, uno de los íconos más importantes de la historia del fútbol de Estados Unidos. Fuera del verde césped, el colorado no perdió tiempo e hizo también su propio camino en el mundo de la música. Con un estilo rockero bien marcado, Lalas editó varios discos, como Far from Close (1996), Ginger (1998), Infinity Spaces (2014) y Shots (2016).
Ronaldinho Gaúcho
Hace ya un par de años que Ronaldinho Gaúcho está en cualquiera. Y bien ganada tiene esa impunidad para hacer lo que se le cante. En 2014, por ejemplo, escribió parte de la letra de “Vai na fé”, tema que grabó con el rapero Edcity. El año pasado, junto a Jhama y Pablo Luiz, compuso una canción para los atletas paralímpicos que compitieron en Río. Es para cortarle las cuerdas vocales.
Faustino Asprilla
En las vísperas del Mundial de Estados Unidos 1994, los colombianos tenían el ego por las nubes. Ya se sentían campeones. Y no era para menos. Los cafeteros se clasificaron con un 5 a 0 frente a Argentina, en pleno estadio Monumental. Uno de los que mejor aprovechó ese momento fue el Tino Faustino Asprilla, que se metió en el estudio para cumplir su sueño del pibe y cantar “Tino & Gol” con el mítico grupo de salsa Niche. ¿El estribillo? “Un gol, un gol, del ‘Tino’ Asprilla, un gol”. Un gol en contra.
Cristiano Ronaldo
Como cantante, Cristiano Ronaldo es un gran futbolista. En 2009, CR7 le puso su voz a un spot publicitario del Banco Espírito Santo. No lo salva ni todo el auto-tune que le tiraron encima. Todavía no entendemos cómo los portugueses no corrieron desesperados a sacar sus ahorros de ahí.
Jesé Rodríguez
En tan solo un par de temporadas, Jesé pasó de ser una de las principales promesas de las inferiores del Real Madrid a constante moneda de cambio del PSG, el actual dueño de su pase. Sin embargo, el lugar que aún no pudo ganarse en la cancha lo encontró en los boliches, primero bajo el seudónimo Big Flow y, desde 2016, como Jey M.
José Manuel Pinto y Daniel Alves
Luego de colgar los guantes, y rebautizado como Wahin, José Manuel Pinto decidió dedicarse a la música. Y como productor, no le fue para nada mal. En 2016, por ejemplo, ganó un Grammy Latino al Mejor Disco de Flamenco por su participación en el disco de la cantautora Niña Pastori. En 2015, Wahin, junto al brasileño Dani Alves y Mario Baro, grabó “Eres especial”. El dinero recaudado fue destinado a la Federación Española de Asociaciones de Lucha contra la Anorexia y la Bulimia nerviosa.
Sócrates
El Doctor Sócrates se dio todos los gustos. Después de romperla en el Botafogo de Ribeirão Preto, pasó al Corinthians, donde se convirtió en un emblema dentro y fuera de la cancha. En 1980, publicó Casa de Caboclo, un long play de música sertaneja: «Acepté hacerlo para quebrar los preconceptos contra la música sertaneja. Ni siquiera lo tengo en casa», contaba por aquel entonces. Años más tarde, ya afianzado como una de las figuras de la selección brasileña, Magrão fue parte de las grabaciones de Aquarela, del mítico Toquinho.
La década había arrancado bien para Vélez Sársfield. Venía de meter el título del Clausura 2011 y semifinales en dos torneos internacionales: Libertadores y Sudamericana. Había material para seguir ganando cosas. El Fortín estaba dulce. Demasiado. Tanto, que empalagaba.
A comienzos de 2012, a la gente de Topper se le ocurrió lanzar una movida marketinera para enamorar a sus hinchas. ¡¿Qué?! La idea consistía en que los fanáticos de la V azulada ingresaran al sitio miamorporvelez.com para estampar un beso virtual (?) a la camiseta. ¡¿Cómo?! Así como leen. A través de una webcam, los hinchas podían besar sus colores con la ilusión de ser una de las 11 bocas (?) seleccionadas para salir a la cancha, con nombre y todo, en la semana de San Valentín.
La propuesta, bastante llamativa para el ambiente del fútbol, no tardó en tener repercusión en las redes sociales, aunque no de la manera esperada por la marca. En Twitter, los simpatizantes de los demás equipos se burlaron del cuadro de Liniers con el HT #LaBandaDelLabial y la acción quedó en la nada.
La camiseta de los besos nunca fue utilizada y a San Valentín se le rompió el corazón.