
Fracasó en Ecuador, con la Liga Deportiva Universitaria de Quito (1995), en un conjunto de medio pelo que tenía a la Vieja Reinoso como artista invitado. Pero encontró revancha en Chile, donde vistió las camisetas de Coquimbo Unido, La Serena, Santiago Morning y Unión Española. En todos dejó algunos recuerdos. De los buenos (por ejemplo, con la Unión Española consiguió el ascenso a la máxima división) y de los malos.
En Santiago Morning, en 2002, los hinchas, enfurecidos por el mal rendimiento del equipo sumergido en zona de descenso, lo acusaron de ser uno de los principales culpables de la situación (incluso dijeron que había ido a menos en un partido). Y Cerino, tratando de defenderse, tiró una frase que quedó para la posteridad: «no pueden echarme la culpa y menos tratarme de huevón«.
Pero lo más ridículo lo vivió en Coquimbo, cuando surgió una controversia a raíz de una nota concedida por el entrenador José Sulantay, en la que se trataba el exceso de peso por parte de algunos futbolístas. Cerino, siempre guapo a la hora de luchar por lo suyo, se sintió tocado y declaró «Obvio que nos molestó, es una falta de respeto hacia los profesionales. No es que siempre uno esté gordo, a veces la ropa te engorda un poco«.
Luego tuvo un paso fugaz por el Cienciano de Perú (7 partidos en el primer semestre de 2003), donde compartió plantel con Marcelo Vega, y después se radicó en Canadá, donde militó en Les Verts de Sherbrooke. Allí tuvo la oportunidad de dirigir a un equipo de juveniles.
A fines del 2004, cansado de recorrer el Mundo, volvió a su San Nicolás natal. Pero ni bien llegó, le salió una chance de jugar en Indonesia y se olvidó por un momento del agotamiento que implican los viajes. Voló, se probó y pegó la vuelta para jugar nuevamente en el ascenso (lo había hecho para Atlético Tucuman), defendiendo los colores de La Emilia. Actualmente disputa el Torneo Argentino B y continúa haciendo goles.
Juan Pordiosero




