Cerino Roberto

Roberto Jorge Cerino (El Potro)
Puntero derecho nacido en San Nicolás, que rompió las barreras del fútbol de su ciudad y regaló goles y situaciones divertidas a lo largo y a lo ancho del continente. Se formó en el Belgrano nicoleño y también jugó en la selección juvenil local. Luego pasó a Newell’s, pero no supo hallar un lugar definitivo en el equipo titular que se consagró campeón a principios de los 90’s. Debutó en 1989 (a los 18 años), ante Boca, y permaneció hasta 1991, con 9 partidos y 1 tanto en su haber (a San Lorenzo). Pese a ese pequeño detalle, pudo edificar una carrera por toda América sin temor a equivocarse a la hora de elegir equipos. No se privó de nada y eso lo hizo grande.
Fracasó en Ecuador, con la Liga Deportiva Universitaria de Quito (1995), en un conjunto de medio pelo que tenía a la Vieja Reinoso como artista invitado. Pero encontró revancha en Chile, donde vistió las camisetas de Coquimbo Unido, La Serena, Santiago Morning y Unión Española. En todos dejó algunos recuerdos. De los buenos (por ejemplo, con la Unión Española consiguió el ascenso a la máxima división) y de los malos.
En Santiago Morning, en 2002, los hinchas, enfurecidos por el mal rendimiento del equipo sumergido en zona de descenso, lo acusaron de ser uno de los principales culpables de la situación (incluso dijeron que había ido a menos en un partido). Y Cerino, tratando de defenderse, tiró una frase que quedó para la posteridad: «no pueden echarme la culpa y menos tratarme de huevón«.
Pero lo más ridículo lo vivió en Coquimbo, cuando surgió una controversia a raíz de una nota concedida por el entrenador José Sulantay, en la que se trataba el exceso de peso por parte de algunos futbolístas. Cerino, siempre guapo a la hora de luchar por lo suyo, se sintió tocado y declaró «Obvio que nos molestó, es una falta de respeto hacia los profesionales. No es que siempre uno esté gordo, a veces la ropa te engorda un poco«.
Luego tuvo un paso fugaz por el Cienciano de Perú (7 partidos en el primer semestre de 2003), donde compartió plantel con Marcelo Vega, y después se radicó en Canadá, donde militó en Les Verts de Sherbrooke. Allí tuvo la oportunidad de dirigir a un equipo de juveniles.
A fines del 2004, cansado de recorrer el Mundo, volvió a su San Nicolás natal. Pero ni bien llegó, le salió una chance de jugar en Indonesia y se olvidó por un momento del agotamiento que implican los viajes. Voló, se probó y pegó la vuelta para jugar nuevamente en el ascenso (lo había hecho para Atlético Tucuman), defendiendo los colores de La Emilia. Actualmente disputa el Torneo Argentino B y continúa haciendo goles.

Juan Pordiosero

Vivas Lucas

Lucas Ezequiel Vivas
Oriundo de Bolívar, provincia de Buenos Aires, nació el 4 de enero de 1980 y comenzó su carrera como arquero en Empleados de Comercio de su ciudad natal, cuándo con 15 años recién cumplidos pasó la prueba y fue fichado por Lanús.
«El primer año fue muy duro, dejar el pueblo y vivir en una pensión. Me trataron muy bien pero igual estaba lejos de mis afectos, me costó. Pero ya está, ahora me adapté».
Jugando en las inferiores del Granate tuvo un paso importante por las selecciones juveniles de Pekerman. De hecho, casi todos los datos que se hallaron sobre él tienen que ver precisamente con el Sudamericano sub 17 de Paraguay y el Mundial de esa misma categoría en Egipto, ambos en 1997.
Durante el torneo en el vecino país, primera experiencia de Lucas en la albiceleste, declaró que «hace un año y medio que vengo trabajando y deseando esto. Cualquier futbolista de nuestra edad quiere estar en un sudamericano y es un orgullo haber sido elegido entre los dieciocho convocados después que doscientos chicos hayan sido observados«.
En ese campeonato se dio el gusto de pelear la titularidad con Franco Costanzo y al parecer entabló una buena amistad con el ex River. No hace falta aclarar que éste último ocupó el arco y Vivas vio los partidos desde el banco, una costumbre que se repetiría a lo largo de su corta y baldosera carrera.
Vale destacar por otra parte, que en ese equipo hicieron su debut Guille Pereyra, «El Sapo» Marchant, Rubén Darío Gigena, Grabinski, Moreno y el mellizo José María Belforti, al tiempo que por lesión, no pudo estar el goleador Enrique Mallea.
Clasificación mediante, nuestro hombre en cuestión viajó a Egipto a disputar el mundial con un mix bastante interesante. Además de los ya nombrados, también defendieron al fútbol argentino valores como Roberto Chaparro, Juan Fernández, Gabriel Milito, Maximiliano Cejas, Luciano Galletti, Livio Prieto, Guillermo Santo, Ernesto Farías, el retirado Luis Zubeldía, Javier Almirón, Ezequiel González, Mauro Marchano y Marcelo Márquez.
Años después y a pesar de su pasado, ocupó repetidamente un lugar en reserva o entre los suplentes de su club, hasta que en la temporada 2002/2003 pasó al Platense de los legendarios Goberville y Grelak en la Primera B Metropolitana, sin embargo esperando ganar experiencia volvió a ser postergado y desapareció. ¿Alguien sabe algo de él?

Pastor

Armoa Adrián

Adrián Fernando Armoa
Delantero oriundo de Avellaneda que hizo las inferiores en Lanús y debutó en la Primera del Granate en la temporada 1998-99. Allí fue utilizado como suplente en varios juegos pero sólo pudo disputar dos encuentros de manera oficial. Se notaba que tenía pasta (en reserva había hecho varios goles) pero nunca le dieron la suficiente confianza. En la 1999-2000 lo prestaron a Los Andes junto a Fabio Pieters, Sebastián Salomón y Andrés Bressán. Y la apuesta salió bien para todos, porque el Milrayitas subió a Primera y los jugadores cedidos por el Grana tuvieron más minutos en cancha. Aunque, a decir verdad, Armoa no se colocó en la vidriera del fútbol grande como algunos imaginaban y tuvo que seguir jugando en el ascenso. Primero lo hizo en Deportivo Morón (2000-01) y luego pasó por El Porvenir (2001), 9 de Julio de Rafaela (2002) y San Telmo (2002-2004). En el Candombero se reencontró con los hermanos Ciglic, viejos amigos de Lanús.
A comienzos de 2004 se probó en Alvarado de Mar del Plata y quedó. Fue así como disputó el Torneo Argentino B al lado de otros grossos como Omar Gauna, Christian Daguerre y Stranges. Aún continúa en la Ciudad Feliz, y hasta baja a «volantear» cuando no tiene lugar entre los delanteros.

Juan Pordiosero

Correa Lucas


Lucas Alberto Correa
Por esas cosas insólitas del fútbol, este muchacho estuvo cerca de convertirse en el último futbolista en utilizar la camiseta número 10 de las selecciones nacionales. Por esos actos de justicia que regala la vida cada tanto, eso no ocurrió.
Promesa desde sus épocas de inferiores, debutó en la Primera de Rosario Central en la derrota 4 a 1 ante Racing del Clausura 2001. Aquél día sólo jugó 8 minutos (reemplazó a Argañaraz) y compartió la cancha con otros debutantes en el Canalla como Manchado, Cetto, Vacaría y Talamonti, aprovechando que los grandes estaban disputando la Copa Libertadores.
Su habilidad lo llevó a integrar la Selección sub 17 que participó en el Mundial de Trinidad y Tobago, en 2001. Correa jugó bastante bien (hizo un gol en el debut, ante Burkina Faso) junto a Carlos Tévez y quedó en las puertas del título luego de caer en la semifinal ante Francia. Con Argentina eliminada, surgió la decisión de la AFA de no volver a utilizar el número que Maradona había llevado durante años con la casaca albiceleste. Correa, indagado por los medios por tratarse del último representante de la mítica 10, declaró «Para mí esto es un verdadero honor«. Luego la FIFA no aceptaría la propuesta y Lucas se quedaría con las ganas.
Sus sueños de grandeza («quiero ser campeón con Central y después ir a Boca o River«), lo colocaron entre los preferidos de los simpatizantes rosarinos que aguardaban por un crack de proyeccción internacional. Todos hablaban de sus condiciones y de su futuro, pero a medida que pasaban los meses la desilusión iba en aumento. A pesar de haber disputado algunos partidos en Primera, no tenía los suficientes minutos en cancha como para creer en su definitiva explosión.
Por ese motivo, llamó la atención que en septiembre de 2002, llegara un fax desde España con la clara intención del Barcelona de contar con los servicios de Correa. La posibilidad esperanzó a alguos dirigentes canallas y abrió un abanico de sospechas en otros. Sobre todo por las cifras: El Barsa ofrecía 50.000 dólares por el préstamo, y en caso de que el volante jugara cinco partidos los rosarinos iban a cobrar 200.000 de la moneda estadounidense. Y el dato más escalofriante: si Correa llegaba a jugar 20 encuentros en el Barsa, los auriazules iban a recaudar 6.000.000 de dólares.
Las versiones fueron muchas y todos dieron su parecer. «Lo de Lucas Correa al Barcelona es una farsa absurda. El fax que recibió Néstor Mascó (secretario) lo podría haber mandado yo desde mi casa«, declaró el protesorero Eduardo Liberati. Al mismo tiempo, César Luis Menotti, que aconsejaba al Barcelona en las compras y era técnico de Central al mismo tiempo comentó «No sé de qué se trata esto de Correa«.
Lo cierto es que en octubre de ese año, el pibe armó las valijas de forma silenciosa y se fue a España. Los dirigentes estallaron de la bronca. El vicepresidente Campagna tuvo que salir a aclarar algunas cosas y dijo «De lo que estoy seguro es que nosotros no pagamos ningún pasaje de avión. Al menos tenemos la tranquilidad de que la semana pasada firmó contrato con nosotros, por lo que estamos seguros de que no perderemos al jugador«. Luego se enterarían de que el volante se había ido a probar al Barcelona B. Regresó al tiempo sin demasiadas novedades y trató de volver a jugar en Central. Y pese a que integró el plantel, no tuvo las mismas chances que en sus inicios.
A mediados de 2004 se fue a Italia y firmó para el AS Penne Calcio, para jugar junto a otros argentinos, como Pablo Landeiro, José Parmiggiani, Alejandro Lalli, Gerardo Massini y Francisco Fassone. Allí actuó en 32 partidos e hizo 9 goles.
En la última temporada se incorporó al Lanciano, de la serie C1. Y al parecer, lo de su pase al Barcelona habría sido una cortina de humo.

Juan Pordiosero

Nicola Carlos

Carlos Daniel Nicola (Manteca)
Arquero uruguayo de efímero paso por el fútbol argentino. Llegó a principios de 1998 gracias a la rotura de ligamentos cruzados sufrida por Gilberto Angelucci y firmó contrato hasta diciembre de ese mismo año. Pero las cosas no se le dieron como esperaba y jugó muy poco (apenas disputó un encuentro).
Cuando se abrió el libro de pases, en julio, el Coco Basile, que por entonces dirigía al Ciclón, lo declaró prescindible y pidió a otro portero para que sea suplente de Passet. La rabia de Nicola no se hizo esperar y se descargó en una nota en el Diario Olé: «La verdad, estoy muy caliente. Porque si me decís que jugué y fui un desastre, todavía…Pero apenas entré en un partido y anduve bastante bien. Por eso no entiendo nada. Lo único que puedo decir es que acá no me respetó nadie«. Se quedó en la institución pero sólo entrenó con la Reserva.
Su buena reputación (en aquel momento era arquero de la selección charrúa y se había destacado en un partido de Elimnatorias ante Argentina) la había conseguido a base de buenos rendimientos en Nacional de Montevideo, donde hizo inferiores y jugó en Primera desde 1995 a 1997. Allí regresó en 1999, luego de su desafortunado paso por el Ciclón, pero duró poco. En 2000 se fue a Brasil y defendió el arco de Atlético Paranaense. Si bien no estuvo mucho tiempo pudo consagrarse campeón. Al año siguiente recaló en Colombia y jugó para Independiente Medellín, pero su suerte ya estaba echada. Su carrera tenía un destino irremediable: tendría que volver, tarde o temprano al fútbol de su tierra. Fue así como fichó para Deportivo Maldonado en 2002 y permaneció hasta 2004, cuando le volvió a picar el bichito del exterior y viajó a…¡Guatemala! (Sí, Guatemala). No le tembló el pulso para firmar con el Municipal Bancafé de ese país. Y allí estuvo hasta 2005, cuando volvió a Uruguay y se puso el buzo de Bella Vista, equipo con el cual ganó el ascenso a Primera. Nicola fue figura toda la temporada y mantuvo el arco invicto durante varios partidos. Hoy disfruta de lo realizado, jugando en la máxima división del fútbol uruguayo.

Juan Pordiosero

Sagorak Juan

Juan Matías Sagorak (El Titiritero)
Esta es la efímera carrera de un defensor con apellido de lateral del ascenso, nacido en 1977 y que en su primera temporada como profesional en Gimnasia y Esgrima de La Plata, dónde hizo las inferiores, recibió la camiseta número 13, quizás un presagio de su inmediato destino.
En 1998 fue promovido a primera para formar parte de un plantel plagado de figuras como Hernando, Tarabini, Dueña, Darino, Cavallo, Aurelio, Gatti, Ferrer, Pobersnik y el Yagui «Campeón de la Concha de tu Hermana» Fernández. Sus primeros meses fueron emotivos y plagados de felicidad, que permitían soñar a lo grande.
Sin embargo, fue conociendo a Barclay, Molinari, Cantarutti, Ocampos, Bertoya, Mansilla, Guidi y Bahl entre otros, y por ende bajando su nivel, hasta que apenas un año después, dejó la institución.
Pero previo a ello, le marcó un gol a Comunicaciones de Guatemala, con el equipo suplente que viajó junto a Timoteo a jugar la Copa Coliseo en Los Angeles y además fue incentivado por su entrenador para realizar otra actividad.
Resulta que se volcó por el oficio de Titiritero junto a Chirola Romero. Otros compañeros como Larrosa y Sosa eligieron Magia, Cavallo optó por Cerámica y Decoración, mientras que Pittaluga decidió terminar el secundario.
Sin chances en el fútbol criollo y representado por algún oportunista, viajó a México y se calzó el uniforme del siempre protagonista Irapuato dónde utilizó la camiseta 77.
Tiempo después y alejado de la actividad, se inscribió en la carrera de Educación Física con legajo 72539 y obviamente se dio el gusto de participar en una maratón para un equipo llamado El Polígono, en la que quedó ubicado en el puesto 232 entre unos 300 participantes.

Cucu

Morello Norberto

Norberto Martín Morello
Un pibe al que le faltó suerte para poder triunfar. La foto corresponde a su primera práctica en River Plate, en la que se desgarró el gemelo izquierdo. La mala leche provocó que arrancara con el pie izquierdo su periplo por el Millonario. A partir de ahí, la carrera de este defensor descendería notablemente.
Nacido en Mar del Plata en 1977, se inició en Quilmes de su ciudad hasta que le tocó la chance de probarse en el homónimo de Buenos Aires. Debutó a temprana edad en la Primera de Quilmes, en el Nacional B y allí prometió a base de aceptables rendimientos. Algunos, incluso, creyeron que estaban en presencia de una verdadera joya. Mucho más cuando a mediados de 2000, River anunció su contratación a préstamo por un año y con una opción de 700 mil dólares. Estaba todo dado como para que se consagre: integraba el plantel de un grande y era representado por Gustavo Mascardi (el mismo empresario que lo llevó a Italia, junto a Lucho Mazzina y el Chapu Braña, para que se pruebe en la Lazio y en el Vicenza). Pero ese fatídico entrenamiento de agosto lo devolvió a la realidad. Apenas era uno más de la larga lista de chicos que insinuaban en el ascenso.
Sin embargo, antes de llegar a Nuñez había tenido su bautismo en Primera con la camiseta de Ferro Carril Oeste (1999-2000), donde no le pagaron y se tuvo que ir antes de lo planeado. De nuevo en el Cervecero, peleó por un lugar en el plantel que fracasó en su lucha por el ascenso, en esa misma temporada. Pero él, como el resto del equipo, se frustró en el intento.
Luego siguió su carrera bajo los designios de los dirigentes de Quilmes, que tenían el pase en su poder. A mediados de 2002, se alejó definitivamente y se incorporó a Defensores de Belgrano. En el Dragón estuvo un año y cuando se abrió el mercado de pases, en julio de 2003, partió a Argentino de Quilmes.
Luego se le perdió el rastro y lo único que se sabe es que estudió en la escuela de directores técnicos «Hugo Manuel García» de Quilmes. En el mismo establecimiento se recibieron otros futbolistas como Pedro Damián Monzón, Daniel Garnero, Walter Parodi, Marcelo Rufini, Fabián Alegre, Fernando Clementz, Claudio Filosa, Alfredo Grelak, Roberto «Fito» González y Cristian Aragón, entre otros.

Juan Pordiosero

Vales Gastón

Gastón Andrés Vales

No le pudo escapar a la herencia familiar. Su hermano Gabriel, precursor en los 80’s, había baldoseado en su paso por Boca y Ferro Carril Oeste. Y él, tratando de escaparle a esa historia, empezó su carrera en la vereda de enfrente. Se hablaba mucho de sus condiciones de lateral y marcador central cuando jugaba en las inferiores de River Plate. Passarella fue el primero en llevarlo a una pretemporada y junto a Gustavo Lombardi y Hernán Crespo, pintaba como uno de chicos con mayor futuro. Sin embargo, los tiempos para alcanzar el esperado debut se fueron prolongando y recién pudo jugar en Primera de la mano de Carlos Babington, en 1995 (sólo disputó un encuentro oficial).

Sin lugar, abandonó Nuñez y se sumó a All Boys, donde tuvo dos temporadas en buen nivel y se revalorizó. En julio de 1998, Ferro adquirió su pase y le dio la oportunidad de jugar con regularidad. Jugó 26 partidos hasta los primeros dias de 2000, cuando se cansó de que no le pagaran y pidió ser negociado. Se incorporó a préstamo por un año a Talleres de Córdoba, que por entonces era dirigido por Ricardo Gareca. El contrato, tenía una opción de compra bastante elevada (1.200.000 dólares) y una cláusula que le permitía irse a otro club a los 6 meses. Pero las cosas no le fueron bien. No pudo jugar y perdió ritmo futbolístico. A pesar de eso, a mediados de 2000 dos equipos mostraron interés por él. Uno fue Gimnasia y Esgrima de La Plata y el otro Quilmes. Ambos, chocaron contra una dificultad importante: Ferro estaba inhibido para comprar y vender jugadores.

Luego, su trayectoria se alejó de las luces de Primera y retomó la buena senda que había iniciado en el ascenso. Se fue a Brown de Arrecifes, donde fue compañero de Martín Gianfelice, y permaneció hasta mediados de 2003. Luego lo llamaron de Ecuador y se puso la camiseta del Deportivo Cuenca. Se dio el lujo de jugar con sus compatriotas Hernán Klimowicz, Raúl Antuña y Eduardo «Bachi» Iachetti, pero hizo banco durante gran parte de la temporada.

Regresó a mitad de año y se mudó a Junín y para defender a Sarmiento, en la B Nacional. Se le recuerda un incidente que lo tuvo de protagonista en un encuentro ante Unión, cuando le pegó una trompada al delantero César Pereyra. En enero de 2005 tuvo un verano de novela. Parecía que tenía todo arreglado con Tristán Suárez, pero a último momento le salió una oferta de un club venezolano. Cuando parecía que cerraría su incorporación, se rompieron las negociaciones y se puso a conversar de nuevo con los dirigentes del Lechero. El periodismo ya daba por hecha la transacción, cuando de un día para otro se cayó todo. Vales no arregló y se perdió de jugar con el Tano Anconetani (y también de conocer la tierra de Catherine Fulop).

A principios de este año se sumó a Temperley, en la Primera B, donde es compañero de Lucas Ferreiro y Pablo Campodónico, entre otros.Juan Pordiosero