[Go home] That’s All Folks: Los Cachirules

Para arrancar, vamos a abarcar la piedra fundacional de la hoy por hoy estable liga estadounidense. Y esa génesis no la hallaremos ni en el primer partido disputado en 1996; tampoco cuando anunciaron la contratación de Carlos Valderrama y mucho menos cuando se le adjudicó a aquel país la sede del Mundial de 1994. Nada de eso… La querida Major League Soccer comenzó a ser una realidad en abril de 1988, cuando estalló el escándalo de “Los Cachirules”.

El tema es así: los dirigentes mexicanos, por aquel entonces los kapangas de la Confederación, comían las porciones más sabrosas del pastel, dejándole apenas las servilletas sucias al resto de sus vecinos, por no decir invitados. Recientemente anfitriones del Mundial ’86, miraban con recelo la posible inminente realización de una Copa del Mundo en los Estados Unidos. Más que nada, para que no naciera un hermanito rubiecito y regordete con quien repartir los juguetes.

A nivel de selecciones, los mariachis habían clasificado recientemente a los Juegos Olímpicos de Seúl ’88 y se sabían ganadores por muerte de un cupo en el Mundial de Italia ’90. Con esa patriótica confianza, la Selección Sub-20 de México acudió en abril de 1988 al Torneo Clasificatorio de la categoría en Guatemala y logró su cupo en el Mundial de Arabia ’89 al salir en segundo lugar, detrás de la juvenil de Costa Rica.

Acá viene lo raro… A los pocos días -dos para ser precisos- la propia Federación Mexicana de Fútbol les regaló a los periodistas un anuario donde deschavaba la tramposa edad de algunos de los miembros de aquella Selección Sub-20. Uno tenía 23, otros tenían 22, había alguno con 21 y así con casi todos… Además y con llamativa rapidez, el Canal Imevision con el periodista Antonio Moreno a la cabeza, se hizo con actas tanto de fichaje como de nacimiento en las cuales quedaba en evidencia el fraude de jugadores y dirigentes. Chupala, Lanata…

Instantáneamente, la Federación de Guatemala con el respaldo fundamental de la Federación de Estados Unidos, iniciaron las investigaciones y los sumarios correspondientes. No les hizo falta mucho, ya que todos los involucrados terminaron quebrándose y confesando ante unos pocos cuestionamientos. En Mayo de 1988 la CONCACAF resolvió descalificar del Mundial Sub-20 de Arabia ’89 a los muchachotes mexicanos y otorgarle el cupo a aquellos rústicos pibes yankees salidos del College.

¿Algo más? Si, se determinó eliminar a México de los Juegos Olímpicos de Seúl (sin que se expidiera el Comité Olímpico Internacional y otorgándole esa plaza a Guatemala) y se suspendió a la Selección Mayor por dos años, impidiéndola de participar de las Clasificatorias para Italia ’90.

Extraña que, desde la FIFA, tanto Joao Havelange como Guillermo Cañedo, “El Julio Grondona Mexicano”, hayan manifestado un escueto: “No somos quienes para rebatir la sanción de una Confederación sobre uno de sus afiliados”. Raro. Por que nadie puede disentir sobre la sanción de por vida que obtuvo una veintena de dirigentes mexicanos ni que se haya bajado a la Sub-20 del Mundial. Pero ¿Era para tanto?

Un mes después, tan sólo un mes después, los dirigentes norteamericanos celebraron el ser designados anfitriones del Mundial ’94; el tener allanado el camino de su equipo hacía Italia ’90 y el ver viable la concepción del requisito sine qua non que les imponía la FIFA: tener una liga propia, seria y estable.

Y esto, además de por la decisión política, lo vislumbraron gracias al ejercito de anunciantes que dejarían México tanto por el escándalo de “Los Cachirules” como por el fraude electoral que llevó a la Presidencia de ese país a Carlos Salinas de Gortari. Y todo se inició por un puñado de pibes que hicieron lo mismo que hacemos nosotros cuando tenemos la caradurez de caer en una discoteca: chamuyar con los años…

“-¡I want the truth! / – ¡ You can’t handle the truth!”

«-¡Quiero la verdad! / – ¡No sabes que hacer con la verdad!»

(Tom Cruise y Jack Nicholson, “A Few Good Men”, 1992)

“Cachirulo” fue un popular personaje cómico encarnado por el actor Enrique Alonso, quien interpretaba a un menor de edad cuando claramente ya era un adulto hecho y conciso. Por carácter transitivo y por las pruebas aportadas, cuatro jugadores de aquel Sub-20 fueron estigmatizados con ese mote y señalados como los culpables de aquel punto de inflexión en la historia del fútbol mexicano, a saber:

Aureliano Rivera Bueno (El Coreano / El Cachi)

El que mejor trayectoria tuvo de los cuatro, aunque sin dejar de ser mirado de reojo por el medio futbolístico. Jugador del Tampico y con 22 años cuando estalló el escándalo, en 1989 éste zaguero central pasó al Cruz Azul y dos años después al Puebla. En 1997 fue encarcelado luego de atropellar y matar a dos ciclistas, encontrándose en estado de ebriedad. Terminó su trayectoria en Lobos BUAP del ascenso en el año 2001. Luego fue técnico de diversos equipos del ascenso pero disfrazado de asistente en las planillas por no poseer el curso de entrenador.

José De La Fuente Guzmán (El Chorro / El Cachi)

También defensor y poseedor de 22 pirulos cuando estalló el escándalo, época durante la cual era titular en Monterrey. Luego lo bajaron a las inferiores hasta el año 1991, cuando se retiró del fútbol y básicamente desapareció del mapa.

Gerardo Jiménez Cantú (Shaggy / El Cachi)

El que hizo el gol de la fallida clasificación y quien ya contaba con 20 años. Siguió en Monterrey hasta 1994 con escaso suceso. Luego jugó una temporada en el Tampico y otra en el Pachuca. Bajó a Segunda y se retiró después de un año en el desaparecido Atlético Hidalgo. Dirigió a varios equipos del ascenso mexicano.

José Luis Mata Santacruz (El Cachi)

Con 22 años en abril de 1988, siguió baldoseando hasta 1993 con la camiseta del Atlas. Jugó un año con el Pachuca en Segunda División y se retiró. Luego se dedicó a la dirección técnica sin jamás despegarse del martirio de ser señalado como uno de los responsables de la máxima vergüenza del fútbol mexicano en la historia, a la par de sus tres compañeros.

Pese a todo y en nombre de ellos, miles de jugadores mexicanos falopas cobrarían su revancha, pocos años después, baldoseando en lugares llamados Columbus Crew, Dallas Burn o Chivas USA, expandiendo así el legado de los famosos “Cachirules”…

https://youtu.be/k4sUO2m3rhs

«¿Hicimos la trampa los periodistas?», «no, no, no»…

[Go home] Welcome

gohome

Como se habrán dado cuenta, este no es un sitio de actualidad, pero aprovechando el comienzo de la inédita Copa América Centenario y al conmemorarse los 20 años de uno de los torneos más baldoseros del planeta –la Major League Soccer– vamos a publicar, durante el mes de junio, una serie de notas con lo más falopa del fútbol norteamericano.

Desde los jugadores que quisieron cumplir el sueño americano, pasando por las peores camisetas, las franquicias que quedaron en el olvido y hasta los cambios reglamentarios que los yanquis introdujeron para cautivar seguidores.

Esperemos que disfruten esta cuota de imperialismo.

El Tío Sam

 

Fuera de Stock: los muñecos de Fútbol Manía

«Escribile la cartita a Papá Noel», «Dejale el pastito y el agua a los camellos», «El Mono Navarro Montoya está en casa, vení que te lo muestro» (?). Frases que desde chicos machacaron nuestra tierna inocencia hasta convertirnos en estos seres hijos de puta que somos ahora. Sí, porque alguna vez fuimos niños.

A comienzos de los años 90, la empresa Cromy aún gozaba de la fama que había cosechado una década atrás, editando varios álbumes de figuritas y mazos de cartas de los personajes infantiles más famosos de la época, como Transformers, Mazinger Z, Brigada A, Rambo, Barbie, El Auto Fantástico, Los Ositos Cariñosos, Frutillitas y muchos más. Pero claro, le estaba faltando una pata fundamental: el fútbol.

En nuestro país, históricamente las figuritas de jugadores o equipos habían sido sensación entre los chicos. Cromy lo sabía. Sin embargo, la marca quiso ir un poco más allá y en 1993 explotó la licencia del fútbol argentino a través de su línea Fútbol Manía, con dos propuestas diferentes: naipes y muñecos articulados.

naipes1993

Las cartas eran ni más ni menos que las queridas y olvidadas Match 4, divididas en mazos según los clubes y con estadísticas individuales que te podían hacer ganar o perder una mano. Por ejemplo, la carta de Pipo Gorosito decía: Campeonatos ganados: 1. Partidos jugados: 201. Expulsiones: 2. Goles convertidos: 36. Accidentes por escaparse de la concentración para visitar a un amigo: 1.

Más allá de los naipes, las estrellas de Fútbol Manía eran los muñecos articulados que representaban, a veces de forma muy lograda y otras no tanto, a los futbolistas más importantes de Primera División. O al menos de los denominados 5 grandes, más el ascendente Vélez, que por esos años comenzaba a forjar su historia más exitosa.

Si uno era hincha de Boca, podía adquirir en las jugueterias a Navarro Montoya, el Beto Márcico, el Chino Tapia, Blas Giunta, el Beto Acosta y Alejandro Mancuso. Si uno era de River, podía llevarse al Polillita Da Silva, Fabián Basualdo, Darío (sic) Ortega (hic), Leonardo Astrada y el Mencho Ramón Medina Bello.

turcotata

Los de San Lorenzo, sólo tenían tres players: Néstor Gorosito, Favio Zandoná y Fabián Carrizo. Lo mismo que Racing, con el Turco Claudio García, Alfredo Graciani y Carlos Roa. ¿De Independiente? Daniel Garnero, Néstor Craviotto, Luis Islas, Perico Pérez y Gustavo López. Los pibitos de Vélez, en cambio, sólo podían conformarse con el Gallego González y Walter Pico.

En una segunda edición, salieron a la venta otros jugadores que habían quedado afuera, como Carucha Corti, Sergio Goycochea y el colorado Mac Allister, entre otros. Además, se incorporaron figuras de clubes del interior, como José Luis Cucciufo (Belgrano de Córdoba) y el Tata Martino (Newell’s).

colocarrizo

Ojo que no todo se reducía a la reproduccción tridimensional de tus ídolos (?), sino que además, en el dorso del blister, venían un par de perlitas. Por empezar, te recomendaban usar el cartón como base para un portaretrato. De esa manera, uno podía poner la foto de su jugador preferido y agregarle el autógrafo en el lugar especialmente destinado. Muy útil (?).

monofutbolmania

Lo mejor, sin dudas, era el concurso: recortando 3 logotipos de Fútbol Manía y enviándolos por correo postal a las oficinas del Cromy Club, participabas por el gran premio principal: 2 pasajes con estadía por 7 días y entradas la semifinal y final del Mundial de Estados Unidos 1994.

Lo peor que te podía pasar, al margen de ser favorecido y que Argentina no llegara a esas instancias, era obtener el segundo premio: un par de rollers. Eso sí era mala suerte, muñeco.

Racing 0 – Polonia 1 (1986)

La visita de la Selección de Polonia a nuestro país en el verano de 1986 será siempre recordada por un gol extraordinario, dentro de un partido electrizante. Pero la estadía de los europeos fue mucho más que aquel encuentro.

Además de su paso por Mar del Plata, también estuvieron en Córdoba (aunque no pudieron jugar ni frente a Belgrano ni con Talleres debido a un paro de transporte) y en Buenos Aires.

El 14 de febrero de aquel año, en la cancha de Vélez y bajo el arbitraje de Francisco Lamolina, Racing salió a jugar con Wirtz; Vázquez, Costas, Fabbri, W. González; Attadía, Ortíz, Colombatti; Acuña, Olivera y Walter Fernández. Ingresaron en el segundo tiempo: Piris, Héctor Fernández y Otermín.

10

Esa noche no hubo goles de chilena, pero sí muchas situaciones de peligro: la mayoría a favor de La Academia. Pero como Racing era Racing hasta en los amistosos (?), no entró ninguna. Y en una de las pocas llegadas de los polacos, la pelota terminó adentro.

Tan grande fue la superioridad de los argentinos que la revista partidaria que cubrió el choque calificó al arquero Kasimierski con un 10. Como Rinaudo a Laverni, pero sin ironía.

Ortega Diego

OrtegaDiegoM

Diego Marcelo Ortega (El Chino)

Los que lo vieron jugar en Reserva o los que tuvieron la oportunidad de compartir un rato de cancha con él lo recuerdan como uno de los mejores de su camada, la 91 de River Plate. Tenía condiciones y, para colmo, un apellido ilustre. Pero, como decía Tu Sam, puede fallar: apareció en el peor momento institucional/deportivo del Millonario y tuvo la desgracia de desperdiciarse a la par de varios de sus compañeros, absorbidos por la necesidad imperiosa de pelearle cada milésima al promedio del descenso.

Diego Marcelo Ortega nació en Villa Jardín, una de las zonas más picantes de Lanús, el 5 de septiembre de 1991 y desde los 9 años fue haciendo el típico caminito a Primera, siempre con la camiseta de la banda roja, actuando generalmente como enganche o doble cinco.

En 2008, cuando jugaba en las divisiones inferiores del cuadro de Núñez, fue sparring de la selección argentina que dirigía Alfio Basile. En una práctica, el Coco lo mandó a la cancha junto con Agustín Orion; Pablo Zabaleta, Fabricio Coloccini, Daniel Díaz y Luciano Fabián Monzón; Leandro Somoza, el Cuchu Cambiasso y Pablo Barrientos; Francisco Grahl (un pibe de Almirante Brown que luego pasó por Boca y ahora está en Atlético Tucumán) y Ángel Di María.

A comienzos de 2010, tras un puñado de campañas en Reserva, Leonardo Rubén Astrada lo citó a la pretemporada. Por aquel entonces, el Chino se inspiraba en Ariel Arnaldo Ortega, que volvía al club de sus amores para aprovechar su último rato de curda cuerda. «Mi sueño es jugar en la Primera, al lado de Ariel. Es mi proyecto», decía el chico que no llegaba al metro setenta. «Tuve la oportunidad de tirar algunas paredes, je. El me gritaba ‘Negro, Negro’, nada más. Después no pude hablarle. Es que me da vergüenza. Hace muchos años sólo le pedí un autógrafo. Nunca me dio para animarme a una camiseta. Que él haya vuelto al club me genera más ganas para jugar».

Quiso el destino que tras el debut con derrota ante Racing, Astrada hiciera varios cambios para enfrentar a Independiente, por la segunda fecha del torneo de verano, en Salta. Esa noche, como partenaires del Burrito, salieron a la cancha un montón de purretes que sumaban sus primeros minutos entre los grandes. Quiso el destino también, bastante puto a veces, que el encargado de reemplazar a Ortega promediando la etapa final fuera, sí, Orteguita, en su único partido con la casaca del Millonario. Encima, sesenta segundos después de su ingreso, Ignacio Piatti marcó el 3 a 2 definitivo para el Rojo. Unos días más tarde, el pibito vio desde el banco de suplentes cómo River vencía a Boca por penales.

Desde entonces y hasta su despedida, fue marginado por Astrada, Ángel Cappa, Juan José López y Matías Almeyda, limitando su participación a algunas prácticas junto con otros juveniles que tampoco pudieron hacerse un hueco en esa época de mierda, como Sebastián Silguero, Santiago Gallucci Otero, Facundo Quignon, el camerunés Many Essomba o el propio Gustavo Bou.

Ya consumado el descenso, le dieron vía libre. Pedido por Cacho Sialle, pasó a préstamo a Guillermo Brown de Puerto Madryn (2011), que la temporada anterior había conquistado el ascenso a la B Nacional y que justamente sería uno de los verdugos de River en ese viaje a tierras desconocidas, quedándose sobre la hora con un empate histórico en pleno estadio Monumental. Ojo, Ortega no llegó a verlo: fue parte del escobazo que pasó Dalcio Giovagnoli tras un primer semestre para el olvido.

De nuevo en Núñez y con las acciones en baja, los dirigentes se encargaron de buscarle un club acorde a su nivel. Tampoco se esmeraron mucho, eh. Abrieron su navegador amigo, tipearon “destinos exóticos”, clickearon en “Me siento con suerte” y el bueno de Orteguita terminó el 2012 a 11 mil kilómetros de distancia, defendiendo los colores del Sliema Wanderers de… ¡Malta!

OrtegaDiegoMalta

Allí, donde alguna vez brilló César Paiber, llegó acompañado de dos argentinos (Ariel Laudisi y Matías Muchardi) y otros nueve ladris colegas y, después de algunas pruebas, disputó apenas dos partidos oficiales antes de pegar la vuelta. La última vez que escuchamos su nombre fue a mediados de 2013, cuando el Boyacá Chicó, que ya se había asegurado al Tigre Jairo Castillo, intentó llevarlo a Colombia.

Parecía que estaba todo arreglado, pero a último momento surgió la posibilidad de contratar a otro jugador y lo anunciaron… a través de Facebook.

boyaca-diegoortega

Desde entonces, nunca más lo vimos pasar por nuestro timeline.

Real Madrid 2 – Gimnasia 3 (1931)

real madrid

Reciente campeón, jugando en Europa y ganándole al Real Madrid. Sí, aunque parezca salido de un libro de ciencia ficción, esto sucedió con Gimnasia y Esgrima La Plata antes de inicio del profesionalismo.

Una agotadora gira en barco llevó al conjunto tripero hasta el viejo continente, para asombrar con su fútbol a los europeos, quienes más de una vez terminaron ovacionando a los argentinos.

El primer partido en aquellas tierras fue a principios de 1931. Bien al principio: el 1º de enero de ese año el Lobo venció al Merengue en el Estadio de Chamartín, con dos goles de Leonardo Sandoval (jugador de Quilmes incorporado para este viaje) y otro de Jesús Díaz. Para los locales marcaron Lazcano y Galé.

Al día siguiente, la prensa española tituló: “Los argentinos parecen haber nacido para jugar al fútbol”. Y no, no fue un chiste de gallegos.

Boca y River con la camiseta de Palmeiras (1948)

BocaRiverPalmeiras1948

En el verano de 1948, la Federación Paulista de Fútbol aprovechó la presencia de Boca Juniors y River Plate en Brasil para organizar un partido amistoso entre un combinado argentino y los mejores jugadores del Trío de Ferro (Palmeiras, Corinthians y São Paulo) agrupados en un invento que se llamó Selección Paulista.

Al encuentro, que se realizó en el estadio Pacaembu, acudieron miles de personas que nunca supieron que estuvo a punto de suspenderse. ¿El motivo? Los argentinos no se ponían de acuerdo… con la camiseta. Sin un uniforme genérico que satisficiera a los dos, los de Boca se negaban a usar los colores de River y viceversa. Ninguno quería dar el brazo a torcer.

La solución llegó de la mano de Elmo Bovio, delantero argento del Palmeiras que tenía amigos en ambos planteles y que propuso que utilizaran la tradicional casaca del Verdão.

Entonces, Bover salió a la cancha vestido de verde con Obdulio Diano (Boca), José Marante (Boca), Rodolfo De Zorzi (Boca), Norberto Yácono (River), Néstor Rossi (River), José Ramos (River), Mario Boyé (Boca), José Manuel Moreno (River), Alfredo Di Stéfano (River), Ángel Labruna (River) y Gregorio Pin (Boca). Luego, entraron Amadeo Carrizo (River), Alberto Luis Castellani (Boca), Pío Corcuera (Boca), Jaime Sarlanga (Boca) y Félix Loustau (River).

En la vereda de enfrente, los brasileños formaron con Oberdan Cattani, Caieira (Renganeschi), Noronha (Turcão), Rui, Zezé Procópio, Waldemar Fiúme, Cláudio, Pinho, Yeso Amalfi, Servílio (Canhotinho) y Teixeirinha (Remo).

bover1948

Más sorpresivo que el shock que significó ver a un conjunto argentino usando la indumentaria de un equipo brasileño fue ver a los once players del combinado nacional con la camiseta de Boca Juniors al inicio del segundo tiempo, incluso aquellos muy identificados con el club de la banda roja, como Ángel Labruna. Al parecer, los nuestros habrían limado asperezas en el vestuario para demostrar que estaban más unidos que los locales.

¿El resultado del encuentro? Un anecdótico 1 a 1 con goles de Pin para los de verde y Servílio para los paulistas.