Como se imaginarán, esta entrada no trata de polleras literalmente.
A esta altura, la mayoría ya sabe de qué va esta sección: agarramos un grupo de hinchas anónimos e invisibles de las canchas del país y reivindicamos su existencia usando a la moda como excusa.
Hoy nos reúne uno de los personajes más odiados para los que nos toca mirar desde afuera, aunque curiosamente a los protagonistas eso poco les preocupa.
Hoy hablamos de “Los pollerudos”, novios abnegados que a veces aman a su novia incluso mas que a al club de sus amores.

Son fácilmente reconocibles porque: 1) Van aferrados a su pareja como si estuviesen marcando a Jan Koller en un tiro libre. 2) Se esmeran en su higiene un poco más que el promedio (ir a la cancha ahora es una cita). 3) Hay un grado importante de simbiosis entre su ropa y la de su novia (una gran parte abandona la camiseta en pos de lograr esto).
En este caso, este hincha de Ferro también tuvo que abandonar la birra del ritual de la previa – probablemente también la previa- para cambiarla por la sobrevaluada gaseosa del “cocacolero” local.

Pero si una chica te banca yendo a ver a Defensores de Belgrano ya es algo serio. Es más raro que ver ahora a Rumania en un mundial. Por eso entendemos en este caso el apego y que usen el mismo modelo de anteojos de sol.
Además, ¡eh! Todavía sigue siendo mejor que el que deja de ir a la cancha del todo ni bien se empareja, así que respeto.

Y si hablamos de simbiosis estilística, no pueden faltar el grupo al que cariñosamente llamaré “los hermanos”. Probablemente ni ustedes me crean que estos chicos no lo son y que sean menos demostrativos que una hinchada alemana sobria no ayuda.
Además de su parentesco físico y la visión disminuida, los une también esa onda estudiante de Filosofía y Letras (tan popular en las tribunas de su amado Ferro).

Y a pesar de que la creencia popular dice que el apego extremo es sólo los primeros años de relación, estos dos tortolos -con el mismo gusto por los lentes aviadores y color el azul- refutan esa hipótesis.
Créanme, soy una persona que ha visto señores volverse desde la cancha de River hasta el auto estacionado en Puente Saavedra porque la señora no quería tirar algo en el cacheo. El amor no tiene límites.

A otros sacrificios como dejar la birra, los amigos y arreglarse para ir a la cancha se le suman: donarle tu buzo cuando cae la noche (aunque te estés cagando muriendo de frío vos también), bancarte que diga todo el tiempo que el 7 es churro (pero ojo si se te van los ojos atrás de unas calzas), que grite goles en offside y que te pida que la acompañes al baño en pleno primer tiempo…¡Ah! Y toca pagar todas las consumiciones.
Algunos pollerudos destacados son: David Beckham, el «Poroto» Cubero y los señores Wanda Nara.
Sin embargo, todos somos susceptibles a enamorarnos por lo que todos potencialmente podemos ser -chicos y chicas- protagonistas de un post como este.
Antes de enojarte con un amigo, reflexioná. Mañana el pollerudo podés ser vos.










