Acosta Claudio

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Claudio Germán Acosta (El Betito)

Una de las máximas muestras de nuestra fragilidad y endebles emocional acontece, años más, años menos, finalizando la adolescencia. No a todos los dueños de los ojos que leen estas palabras les ocurrió, claro, pero a muchos de nosotros –vacuos y desprolijos- si nos sucedió. Y esa insania sensorial se manifiesta, sí y solo sí, con un único e inexorable desencadenante: el abandono de nuestra amada e idolatrada primera novia…

Llanto, noches de insomnio, angustia, dolor, pánico y la sensación que el mundo tal como lo conocíamos ha llegado a su fin es lo que acompaña los días venideros al fatídico acto ¿y saben que? Eso está más que bien. Es una reacción sana y normal. La locura y el sinsentido vienen después, cuando en teoría se han recuperado el orgullo más la autoestima, y es en las horas que se busca una media naranja con las mismas características -calcadas, idénticas, semejantes- a la maldita que nos dio el puntapié. Esa emoción la conoce mejor que nadie la gente de San Lorenzo, tras aquel traumático Apocalipsis llamado “El Retiro del Beto Alberto Federico Acosta”.

Roberto Cornejo, Alfredo Guevara, El Latigo Peirone, Matías Urbano, Juan Manuel Olivera, Germán Casigol Herrera, Leonardo Fabio Moreno, Leonardo Ulloa, Jorge Drovandi, Edilio Cardoso, Joaquín Botero Vaca y Roberto Malingas Jiménez fueron algunos de los nombres con los cuales se intentó reencarnar a aquel viejo amor del pasado. Sin embargo, la gente Cuerva sólo sintió el bálsamo del revanchismo cuando se insinuó por Primera División el salteño Claudio Germán Acosta.

Categoría 1988, nacido en El Quebrachal y con un pasado ínfimo por la Selección Sub-17, El Betito apareció en el Torneo de Verano de 2006, teniendo su noche de gloria en la victoria 4 a 0 sobre Independiente en Salta donde, además de ser vitoreado por ser local, convirtió el tercer tanto de su equipo y fue una amenaza constante sobre el arco que ¿defendía? Bernardo Leyenda. Además, Acosta usó la camiseta número 10 de San Lorenzo. Romance en puerta… de emergencia.

Considerado la mayor promesa a futuro de San Lorenzo y un aspirante a ídolo solo por ser delantero y por portación de apellido, Claudio Acosta arrancó el Clausura 2006 como titular acompañando en el ataque a José Saturnino Cardozo. La sociedad solo duró hasta la segunda fecha, cuando nuestro homenajeado sufrió un desgarro que lo dejó afuera de las canchas hasta el siguiente torneo.

En el Apertura 2006, El Betito tuvo su mejor producción disputando 8 cotejos (mitad suplente, mitad titular) jugando como ¡volante por izquierda! para intentar abastecer a Ezequiel Lavezzi y a Andrés Silvera. Al menos, pudo verle la espalda a Ariel Ortega cuando le picó la pelota al Chino Saja. Pero claro, la cosa no prosperó, el romance no se materializó y durante los siguientes 30 meses, Claudio Acosta apenas disputó cinco encuentros sin nunca jamás poder batir a un arquero de manera oficial. ¿La mala? La dirigencia lo invitó a buscarse un nuevo destino ¿La buena? No tuvo que estresarse para organizar un partido autohomenaje donde El Pipa Estévez se vista de pajarraco…

Argentino A en Juventud Antoniana (2009/10 – 2011/12 – 2013), Gimnasia y Tiro (2013/14) y Sportivo Patria de Formosa (2014/15), y Primera B Metropolitana en Almagro (2010/11) y en Colegiales (2012) fueron los destinos donde El Betito siguió ostentando su escaso poder de gol. Hoy, a sus 29 años, Claudio Acosta defiende la divisa de Desamparados de San Juan y rememora aquel romance trunco con la gente de San Lorenzo por ser victima de la urgente y desesperante suplantación de romántica identidad. Y si, él solo fue apenas un chape (?) de verano…

Y vos… ¿Todavía recordas la sonrisa de tu primera novia?

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Shaffer José

José Alberto Shaffer

“Si el padre es baldosero, el hijo es baldosero”, sería la adaptación de la célebre máxima de Néstor Raúl Gorosito. Letras más, letras menos, José Alberto Shaffer es el hijo de José Antonio Schaffer, oportunamente homenajeado en este sitio.

Producto genuino de las divisiones inferiores de Racing Club de Avellaneda, Shaffer Junior debutó oficialmente en Primera de la mano de Diego Pablo Simeone, el 25 de febrero de 2006, ante Independiente, por la fecha 6 del Clausura. Ese día, en su puesto natural de lateral por izquierda, le tocó compartir la última línea junto con Diego Menghi (luego Julio Barroso), Gustavo Cabral y Claudio Úbeda, y bailar con la más fea. Con un doblete del Kun Agüero, el Rojo se quedó con la victoria por 2 a 0.

Un puñado de días después, el Cholo le ratificó la confianza: fue 0-3 ante Olimpo de Bahía Blanca. También reapareció contra Boca, por la octava jornada, en el Estadio Único (el Cilindro estaba clausurado por incidentes en el clásico) y la suerte no iba a cambiar. Otro 0-3, otro cachetazo. La despedida de su primera etapa en la Academia se dio en la fecha 9, frente a Rosario Central, en Arroyito. Esa tarde compartió la defensa con Barroso, Cabral y Menghi, y por primera vez pudo sumar un punto: fue 1 a 1, con goles de Marco Ruben para el Canalla y Lucas Valdemarín para los de celeste y blanco.

Con el arribo de Mostaza Merlo no sería titular, aunque sí se mostraba como una de las primeras opciones de recambio. No obstante, una propuesta del fútbol europeo le hizo repensar los planes: «Merlo me dijo que hiciera lo que quería. No me quiso cortar la posibilidad de probar algo distinto en mi carrera y me aclaró que, cuando finalizara mi contrato, tenía las puertas abiertas para volver a Racing». Así fue que armó las valijas y se fue a Suecia. Lo esperaba el IFK Göteborg (2006/07), uno de los clubes más tradicionales de ese país, pero no la iba a pasar nada bien. “Ricardo Prunes, que era mi representante, me abandonó y me dejó tirado sin un mango. Me dijo que en el IFK iba a ganar cierto dinero y en verdad era muchísimo menos. Yo mismo me tuve que pagar el alquiler de la casa, pagarle los pasajes a mi señora y hasta hacerme cargo del nacimiento de mi hija. Ni siquiera me llamaron para ver si necesitaba algo. Allá vivía con lo justo, no me alcanzaba la plata. Suecia es un lindo país y al principio era feliz, pero me quise volver a Racing”, contaba en una entrevista al diario Olé.

De regreso en Avellaneda, no fue tenido en cuenta por Gustavo Alf Costas ni por su reemplazante, Miguel Ángel Micó, que lo conocía de las inferiores. La llegada del Chocho Juan Manuel Llop, en abril de 2008, lo sacó del ostracismo y lo puso de nuevo en el mapa. Primero fue al banco de suplentes contra Arsenal, Lanús y Tigre, hasta que le tocó entrar frente a Rosario Central, en la fecha 13, por la lesión de Gonzalo Dardito García a los seis minutos. “Pensé que iba a jugar mal por la inactividad, pero terminé conforme y mis compañeros me felicitaron. Lástima que perdimos, porque el centro del gol de Sava no lo tiré yo, lo tiró Dios”, decía luego del 2-3 en Arroyito, ya en su nueva fase mística.

«Pedí un milagro y se concretó. Cuando volví del extranjero hasta pensé en dejar al fútbol. Estaba mal porque el técnico (Micó) ni me dirigía la palabra. Tuve problemas. Estaba enojado con todo el mundo, me la agarraba con mi familia y sufría. Gracias a la iglesia conocí a Dios y le pedí volver a vivir, volver a jugar a la pelota. Yo pensaba que era imposible, no me sentía útil y ahora soy otra persona», relataba en mayo de 2008, en la hora más brava de la Academia en la última década.

A partir de ahí no salió más. Apenas lo hizo por obligación, para cumplir la fecha de suspensión que le dieron después del partido con Boca, y en la última jornada, ante Colón de Santa Fe, cuando, tras la expulsión de Menghi, Llop se decidió a buscar la heroica y mandó a la cancha al Chanchi Estévez en lugar del lateral por izquierda. En el Cementerio de los Elefantes, Racing necesitaba ganar sí o sí para asegurarse la permanencia y evitar la Promoción. Pero Racing es Racing, y perdió sobre la hora con gol del Pirulo Rivarola.

Superado el trauma de tener que revalidar la categoría contra Belgrano de Córdoba, Shaffer fue titular absoluto durante todo el Apertura 2008, generalmente compartiendo la última línea con Franco Sosa, Gabriel Mercado, Franco Peppino y Marcos Cáceres. Sin embargo, la relación con Llop comenzó a tensarse. Los malos resultados en el arranque del Clausura 2009 se devoraron al Chocho, que renunció tras caer en el clásico ante Independiente por 2 a 0. Ahora con Ricardo Caruso Lombardi como entrenador, el defensor cordobés continuaría en buen nivel, aunque no por mucho tiempo más en Avellaneda.

Una oferta de casi dos millones de euros lo hizo regresar a Europa, esta vez para vestir la camiseta del Benfica de Portugal (2009), donde conocería a Javier Saviola, Pablo Aimar, Ángel Di María, el paraguayo Tacuara Cardozo y los brasileños Luisão, David Luiz, Ramires y Keirrison, entre otros. Sin muchas chances en tierras lusitanas por el buen rendimiento de los locales Fábio Coentrão y César Peixoto (apenas disputó 6 partidos, 4 por la Primeira Liga y 2 por copas internacionales), a comienzos de 2010 pasó a préstamo a Banfield.

Con el Taladro pisando fuerte en la primera fase de la Libertadores, y ante las eventuales ausencias del dueño del puesto, Marcelo Bustamante, Shaffer se convirtió en una figurita frecuente en el Clausura, compartiendo tanto la línea de cuatro suplente con Santiago Ladino, Mauro dos Santos y Favio Segovia (a veces Gustavo Toledo y Alejandro Delfino), como ocasionalmente la titular, al lado de Julio Barraza, Jonatan Maidana y Víctor López.

A mitad de año lo esperaba un nueva desafío: aceptó bajar de categoría y se sumó a Rosario Central (2010/11), que venía de descender y soñaba con pegar la vuelta rápido. Allí, además, se reencontraría con un viejo conocido: Reinaldo Carlos Merlo. «Yo creo que va a venir a Central. A mí Shaffer me llamó porque lo conozco de Racing. No soy empresario, por ahora soy entrenador, y las gestiones las hacen el manager, Gonzalo Belloso, y el presidente, pero lo necesitamos por las dudas de que no podamos contar con Diego Braghieri o Guillermo Burdisso», decía Mostaza. El pase estuvo a punto de caerse por algunas diferencias económicas entre los dirigentes canallas y los del Benfica, pero finalmente se hizo. Sin embargo, Shaffer jugó poco, mal, y acumuló críticas de todos lados.

De nuevo en Portugal, se incorporó a préstamo al União Desportiva de Leiria (2011/12), donde disputó 15 encuentros y convirtió dos goles -los únicos de su carrera-, uno fue un bombazo tremendo contra el Beira-Mar, que estuvo entre los mejores del campeonato.

Tras rescindir su contrato con el Benfica (le restaban todavía doce meses), estuvo casi un año inactivo hasta que a mediados de 2013 llegó a Talleres de Córdoba. “Estoy disfrutando de nuevo de estar en un club después de mucho tiempo. Estoy feliz por eso. Aprovecharé la pretemporada. Mi negociación se complicó un poco, pero ahora solamente pienso en dejarle todo a Talleres, como lo hizo mi viejo. Él hizo mucha fuerza por estar. Yo también la hice”, decía el Peladito.

Ese año la T había vuelto a la B Nacional tras un par de temporadas en el Argentino A y, a priori, era uno de los principales candidatos para regresar a Primera. Sin embargo, descendió de nuevo. En el medio, Shaffer, que había arrancado como titular, terminó perdiendo el puesto con Elías Bazzi y fue uno de los más apuntados por la barrabrava por bajo rendimiento.

En 2014 volvió a emigrar, ahora a Chile, para actuar en Unión La Calera. “Mi paso por Chile fue muy bueno. Hicimos un gran campeonato. Cuando llegué, el club estaba en la zona de descenso y terminamos jugando la Liguilla para entrar a la Sudamericana. La verdad, nos fue muy bien a todos”, contaba. De todos modos, algunos cortocircuitos con su representante lo terminaron marginando: “El representante que me llevó era el agente del entrenador. Tuve un problema con él y por eso mismo decidieron dejarme afuera. La gente quería que me quede. Estoy agradecido a los hinchas de La Calera, porque me brindaron todo su cariño”.

Otra vez en Argentina, a fines de 2015 estuvo entrenándose con la Reserva de Racing en el predio Tita Mattiussi, con la esperanza de quedarse: “Es lo que más deseo. De todas maneras, no soy yo quien tomará la decisión. Por el momento, le agradezco al club que me abrió las puertas para poder entrenar, y me quedo con la imagen de haber dejado a Racing en Primera División”.

Durante el primer semestre de 2016, vistió los colores de Gimnasia y Esgrima de Mendoza en la B Nacional, pero apenas jugó 5 partidos y quedó libre. Desde comienzos de este año, integra el plantel de El Porvenir, que deambula por la mitad de la tabla en la Primera C.

Voy al Arco: Steve Staunton (1999)

Un clásico bien caliente fue el que disputaron Liverpool y Everton el 27 de septiembre de 1999. A los 4 minutos, los Blues se pusieron en ventaja gracias a un tanto marcado por Kevin Campbell. A pesar de ser el único gol del partido, el encuentro tendría más emociones. Sobre todo en los últimos minutos, cuando los equipos se olvidaron de jugar y se dedicaron a pelear.

Faltaba un poco más de un cuarto de hora para el final del partido cuando una pelota perdida cayó en el área del local. El arquero Sander Westerveld salió a cortar y terminó chocando con el delantero Francis Jeffers. El encontronazo terminó con ambos jugadores tomándose a golpes de puño de manera furiosa, con rabia, frente a frente. Como debe ser. Obviamente, los futbolistas fueron expulsados. Y, al haber realizado los tres cambios, el arco de los Reds quedó acéfalo (?).

El defensor Steve Staunton fue quien tomó la responsabilidad de ocupar el puesto, aunque no tuvo trabajo ya que el Everton no se acercó a sus dominios. No obstante, el enfrentamiento dejó otra jugada inolvidable en la historia de los duelos liverpoolenses: un hermoso planchazo del joven Gerrard que le puso punto final al partido. ¡Que viva el fútbol, Steven!

Mal Pase: Ponzio a Boca (2003)

A mediados de 2002, la permanencia de Riquelme en Boca Juniors era insostenible. Con el Diez en gran nivel y el Barcelona al acecho desde hacía un año, la transferencia ya era un hecho. Todos en La Ribera se preguntaban quién sería el reemplazante de Román. Bueno, casi todos.

Mauricio Macri, por aquel entonces mandamás del Xeneize, parecía tener la respuesta: “El día que venda a Riquelme, compro a Leonardo Ponzio. El pibe de Newell’s Old Boys de Rosario, de apenas 20 años, era un viejo anhelo de Macri, que le había echado el ojo varios meses antes y en octubre de 2002 llegó a asegurar: “En enero o junio próximo, Ponzio se pondrá la azul y oro. Sólo es cuestión de tiempo”.

Aparentemente, todo se había cocinado unos días después del empate en uno entre bosteros y leprosos por el Apertura 2002, aunque ambos presidentes negarían públicamente cualquier tipo de acuerdo. Boca pagaría un millón y medio de dólares por el 50% del pase y sólo una oferta superior a los seis millones dejaría a los xeneizes sin el jugador, aunque con tres palos verdes en sus cofres.

Incluso, a fines de 2002, José Anunciado Cirillo, secretario técnico de Boca, decía: «Macri está haciendo una gestión con el presidente de Newell´s para que Ponzio llegue seis meses antes y esperamos inscribirlo para la Copa Libertadores».

“Ojalá que se dé. Sentí orgullo cuando Macri me elogió, pero hoy quiero pensar en Newell’s. Mientras no haya nada oficial…”, repetía Ponzio, y agregaba: “No es fácil abstraerse de todo lo que se habla. Que Boca se fije en mí me ilusiona”. Aquella confesión le costó una estruendosa silbatina de la parcialidad rojinegra en un duelo frente a Olimpo de Bahía Blanca: «En su momento dije que me gustaría jugar en un equipo grande de la Argentina, sin desmerecer el lugar en que estaba, pero cayó mal en la gente y en un partido contra Olimpo, levantaron el cartel N° 5 para el cambio, yo empecé a salir de la cancha, aunque el cambio era para el 5 de Olimpo, y ahí me silbaron como nunca. No me gustó, fue feo».

Varios años más tarde, en una entrevista para la revista El Gráfico, el mediocampista contó que “López nunca nos dijo nada, pero se generó como que estaba todo hecho y al final se cayó. No sé”.

Hace algunas semanas, el hoy presidente de la nación, aseguró: “La verdad, me quedé con la frustración de no haber podido traer a Ponzio, que era un jugador para Boca. Con López era muy difícil, no pude enganchar la forma”.

Finalmente, a mediados de 2003, mientras Román enfilaba hacia Villarreal tras una temporada opaca en el Barça, Ponzio pasó al Zaragoza, a cambio de poco más de dos millones de dólares, y una década después se convertiría en uno de los emblemas de… River Plate.