Bottinelli: los Topper Antara

Después del Mundial de USA ’94, la empresa argento-brasileña Topper supo que iba a tener que esmerarse en la mercadotecnia para no quedar fatalmente relegada en el olvido o en la falta de prestigio. Para esa época, ya no alcanzaba con vestir a diversos clubes del Cono Sur. Había que captar jugadores de calidad o carisma y sobre ellos había que crear líneas representativas con su correspondiente invasión mediática y todo el circo.

En Brasil la iba a tener difícil, ya que a la firma también la responsabilizaban por haber vestido en mundiales a “La Generación Maldita” del país vecino. En la Argentina, por supuesto, la cosa estaba más fácil, ya que en general era todo camino inexplorado.

Por esa razón, los encargados del scouting de estrellas de Topper se sentaron pacientemente durante seis meses, miraron todo lo que pasaba tanto en las canchas como en los diversos medios de comunicación y después tomaron una determinación.

Enzo Francescoli había regresado a la Argentina en julio de 1994. Con su idolatría millonaria a cuestas y el talento intacto, fue campeón y goleador del Apertura de ese año y desparramó elegancia sobre los terrenos de juego. Además, frente a las cámaras se presentaba como un caballero amable, cordial y educado; en contraposición a las máximas figuras de nuestro país, quienes, por aquellos días, estaban totalmente cuestionadas y desprestigiadas por asuntos tales como drogas, pelo largo, señoritas y falta de profesionalismo.

Por supuesto, nada de eso llamó la atención de la gente de Topper. Lo que si lo hizo fue que durante aquel primer semestre de su retorno, Enzo Francescoli había jugado con botines totalmente negros… o sea ¡No tenía patrocinador! Al ver como los peces se subían sólos al bote mientras estaban pescando (?), los empresarios se reunieron con el uruguayo a comienzos de 1995, firmaron los papeles y lo presentaron como la cara exclusiva de la original línea Antara.

La empresa se dedicó, como corresponde, a todos los chivos en los medios gráficos y en la estática de los estadios, además de un esmerado seguimiento de notas: si uno agarra una revista con una entrevista a Francescoli de aquel año, podrá ver como el delantero aparecía vestido con ropa de Topper o la publicidad de la marca aparecía en esas páginas.

Lamentablemente para ellos y pese a que un Francescoli limitado por una lesión de hombro tuvo un gran nivel, River no ganó nada durante esos doce meses. La buena para Topper fue que El Enzo levantó la Copa América con su Selección y -por la sumatoria- el Círculo de Periodistas Deportivos lo distinguió con el Olimpia de Plata en Fútbol de aquel año (que iba para Maradona antes dell 4-6 contra Racing).

¿Y que hizo la orgullosa Topper durante el verano de 1996? Llenó páginas y páginas de diarios y revistas felicitando al papá de Marco y Bruno por la obtención de dicho logro con los benditos botines Antara…

Un hermoso gesto que Francescoli retribuyó ¿Cómo? Estrenando unos flamantes botines Adidas Predator en el primer partido oficial de aquel año: el empate 1 a 1 con San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro por la Copa Libertadores. Es más, la foto del gol apareció en primera plana en todos los medios… por que el populacho debía saberlo con rapidez: ahora Francescoli usaba Predator…

Tras morder el polvo del mate (?), los encargados de Topper aguardaron unos meses y en mayo de 1996 anunciaron como la nueva cara de la línea Antara a Claudio Paul Caniggia, quien venia con el nivel en alza tras arrastrarse por los campos durante el último semestre de 1995.

El Pájaro estrenó los botines en el empate 0 a 0 de la Selección Argentina en Perú por Eliminatorias y Daniel Passarella no lo volvió a convocar más durante su ciclo… Toda la suerte, Topper. Toda…

La empresa si la clavó azarosamente al ángulo durante el superclásico del Clausura ’96, donde El Cani -por única vez en su carrera profesional- convirtió un Hat-Trick para la victoria Xeneize por 4 a 1 y justo la firma había comprado segundos en el entretiempo para lanzar la revolucionaria campaña de “El Pájaro de Topper”. Es más, los tres goles de Caniggia fueron en el segundo tiempo, después del estreno del comercial. Una inolvidable superproducción como nunca se había visto hasta ese momento en nuestro país.

Todavía borrachos de alegría por aquel golazo, los responsables de Topper decidieron rápidamente lanzar la línea de botines “Pájaro TC”, que eran básicamente los Antara pero con un leve cambio en la suela y en el logo. Era un borrón y cuenta nueva, totalmente dedicado a Caniggia y sin vinculación alguna con Enzo Francescoli.

Todo muy lindo pero ¿qué pasó? Después del anuncio de la nueva franquicia, Claudio Paul Caniggia estuvo más de un año inactivo por desavenencias varias con el Cartonero Macri. Y si bien El Hijo del Viento después regresó a Boca, Topper Argentina no volvió a insistir con campañas exclusivas y agresivas en torno a ningún treintañero. Ya habían sido demasiado pajarones…

[Baldosa Olímpica] Mal Pase: Julio Velasco al Milan (1996)

Ya que estamos bien al pedo (?), hagamos el siguiente pasatiempo. Pensemos en las palabras: “Director + Técnico + Argentino + Prestigioso + Unánimemente + Incuestionable” y esperemos que nuestro cerebro envíe una orden en forma de nombre propio hacia nuestras cuerdas vocales, en primer término…

¿Sale alguno? ¡Ni en joda! Alguno va a argumentar que Bilardo es un esquizo, Menotti un chamuyero, Basile un choborra, Bielsa un enfermo, Pekerman un autista, Bianchi un abuelito y el resto unas mentiras… epíteto más, epíteto menos, tal el grado de inteligencia y tolerancia que gustamos manejar los futboleros. Al menos, los de estas tierras…

Sin embargo, existió y existe un Director Técnico Argentino Prestigioso Unánimemente Incuestionable, quien estuvo durante años escondido del gran público ya que trabajaba en un deporte mayormente periférico y por que -dato no menor- sus primeras demostraciones de capacidad en la Argentina las hizo hace aproximadamente 35 años, mucho antes de las trasmisiones de calidad, los canales deportivos, las redes sociales y el gusto por otra disciplina que no sea el fútbol ¿Su nombre? Julio Velasco, de profesión entrenador legendario de vóley…

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Resulta que el fulano éste (?), nacido en La Plata en 1952, fue entrenador de Ferrocarril Oeste entre 1979 y 1982 (ganó las cuatro ligas que disputó), estuvo como segundo entrenador de la Selección Argentina (1981/83) y luego se marchó a dirigir clubes de Italia, donde no solo duró mucho más tiempo que Menotti, Bianchi y Passarella, sino que además ganó sucesivas ligas y copas.

Estos éxitos deportivos sumados a un gran carisma personal, a su probada inteligencia, a una inquebrantable ética de trabajo y al lograr que uno vea al mundo como un lugar bello con tan solo decirte tres palabras (?) lo depositaron como cabeza de la archicompetitiva selección italiana, con la cual fue Medalla de Plata en Atlanta  ’96 y donde además ganó los Mundiales de 1990 y 1994, como para que Bilardo lo invite a su exclusiva mesa con Victorio Pozzo y Franz Beckenbauer…

Fue en ese momento -mediados de 1996- cuando ese señor que descubrió la joda de viejo, llamado Silvio Berlusconi, se vio en la encrucijada por la partida de Fabio Capello como entrenador de fútbol del AC Milan y no estaba convencido sobre el sucesor que le ofrecía el resto de la junta directa: El Maestro Oscar Washington Tabárez. Y ahí  en un yacuzzi con un par de gemelas suecas al Cavalieri se le ocurrió la extravagancia…

“Para suceder a Capello no hay nadie mejor que Julio Velasco… Él es el elegido. Es el mejor italiano (sic) para tal puesto. Y seguirá mejor que nadie con la filosofía que comenzó Arrigo Sacchi”. Por supuesto, la prensa futbolera se indignó de mala manera y lo consideró, entre otras cosas, “una broma de mal gusto”, tal el caso de La Gazzetta Dello Sport.

Pero además, Cesare Maldini, un símbolo del Milan quien siempre había aspirado a tal puesto sin conseguirlo hasta ese momento, puso su mejor cara de póker ante la insólita idea y murmuró: «Velasco es un gran personaje, pero los entrenadores de fútbol no se inventan. No basta ser un ganador para vencer en todas las disciplinas deportivas».

Finalmente y luego de un par de semanas de rumores, fue el propio Julio Velasco quien tumbó la idea de dirigir a Roberto Baggio, Baresi, Maldini, Boban, Albertini, Weah, Desailly y Davids, entre otros, y de paso tranquilizó a los más puristas de la península: “Tengo otro concepto de las cosas. Berlusconi piensa que alguien capaz y con carisma -como él o como yo- puesto en determinadas condiciones, funciona. Yo creo en la especialización: si no sabés del asunto, el carisma se diluye”.

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Ahí fue cuando murió el sueño que teníamos de ver a un argento dirigiendo por primera vez en la historia al AC Milan. Pese a eso, Julio Velasco se vincularía más adelante al fútbol siendo Director Deportivo del Inter y de la Lazio, donde ganaría varios títulos de fútbol. Después volvió al voley, claro, y nunca jamás se cayó su halo.

Sólo podemos concluir que debe ser muy lindo ser un Director Técnico Argentino Prestigioso Unánimemente Incuestionable… pero debe ser mucho más lindo llamarse Silvio Berlusconi.

Maidana Matías

Matías David Maidana (El Maidana Trucho)

Estaba predestinado a marcar una época en la zaga de Boca Juniors. A ser un referente, a despertar idolatría. Allá por mediados de 2007, el futuro ícono riverplatense, Jonathan Ramón Maidana, embelesaba al pueblo Xeneize con su prestancia, seriedad y sobresalientes condiciones. A tal punto que la alegre dirigencia del Club de La Ribera decidió tirar unos maletines al viento y trajo desde Los Andes al hermano menor del susodicho; todo para darle una alegría al central y por aquella vieja máxima de mantener a la famigia unita…

Matías Maidana, a él nos estamos refiriendo, nació el 9 de marzo de 1987 en Adrogué y se inició en El Milrayitas, al igual que su famoso y talentoso familiar. Iniciado como delantero, fue corrido cada vez más atrás en el campo de juego hasta que terminó fermentando como lateral derecho, como casi todo hermano muerto (?). Tras un puñado de encuentros en Los Andes de la mano de Mario Rizzi, se sumó a la pretemporada de Boca Juniors en La Posada de Los Pájaros antes la incredulidad de todos, incluido el propio jugador.

“No lo puedo creer. Voy a jugar en el club más grande del país y encima con mi hermano mayor. Todavía no caigo. Somos distintos. Yo por ahí soy más técnico y Jony es muy profesional y serio. Juega concentrado y jamás se descontrola. Él vive para el fútbol”, se atajaba en su primera entrevista. Todo muy lindo, realmente, pero tras un par de prácticas con el primer equipo, Miguelo Russo lo mandó a vivir a la reserva.

Sin embargo, y ya con Carlos Ischia en el timón del equipo, El Negro Ibarra se lesionó durante el inicio del Torneo de Verano de 2008 y eso le abrió la chance a Matías Maidana de jugar sus únicos 90 minutos en un abominable empate 0 a 0 frente a Racing en Salta. Ah, esa noche también debutaron con la Azul y Oro, Exequiel Benavídez y El Seba Battaglia Trucho. Todo dicho.

A mediados de 2008, con la venta de Jonathan al Metalist de Ucrania, a nadie en Boca ya le interesó la buena o mala fortuna de Matías, quien regresó a Los Andes (2008/09) del Nacional B para descender de categoría junto a Cubito Cáceres, Walter Alcaraz y El Piquetero Arce, entre otros. En 2010 jugó un semestre en Deportivo Armenio de Primera B y en 2011 pasó por el Linense del under Brasilero. En el último semestre de 2012 estuvo en Tristan Suárez y luego metió cuatro años en Berazategui  (2012/16) de la Primera C.

Sin embargo, Matías Maidana, quien desde mediados de 2016 es el refuerzo estelar de Cañuelas, sí dejó su marca imborrable en el fútbol grande de los domingos: esa cicatriz que vemos en la ceja de Jonathan Maidana cada vez que le hacen una entrevista, se la hizo su hermanito de un piedrazo por que, de chicos, no le quiso prestar los juguetes.

Y eso es todo lo que la posteridad va a recordar de Matías David Maidana…

Cracco Juan Pablo

Juan Pablo Cracco

Soy un ávido y responsable coleccionista. Lo cual, inconcientemente, lleva aparejado una profunda e inexorable tristeza. Y no hablo de lo patético de ver a un hombre en sus treintas esperando con la ilusión de un niño a que llegue una action figure del universo de DC Comics… O de lo lisérgico que suena que llegue a posponer una reunión de trabajo por mirar los extras de una película de los ochenta que completa una deseada antología de blue-rays. Eso no genera tristeza, para nada. Ya que las sensaciones negativas, por supuesto, son siempre desde la perspectiva de la mirada ajena. Y al coleccionista convencido poco le interesan las castradoras máximas que emergen desde los sentidos de los demás.

La verdadera tristeza -rayana a la angustia- que acecha a los coleccionistas, es por una sola cuestión: cuando la colección se está por completar. Ese es el fin, la depresión, la muerte, el acabose, el ragnarök. Por que lo que debería acaecer es la felicidad por la colección completa. Y al coleccionista no le interesa la felicidad, en absoluto. De hecho, el coleccionista se mueve como pez en el agua en la búsqueda de algo que desea interiormente que jamás se materialice. Paradójico. Entre los muñecos de Batman, los Gráficos de los noventa, los vinilos de The Beatles y las películas de Freddy Krueger, una sola pesquisa obsesiona cada uno de mis días: que estén posteados, perfumados e inmortalizados todos los íconos del baldoserísimo Ferrocarril Oeste del Clausura 2000.

Por supuesto, todos recordamos y veneramos a aquel último equipo de Caballito que divisamos en Primera División en nuestras vidas. ¡Si! aquel que dirigieron Palito Brandoni y Juan Domingo Rocchia; luego Rocchia en solitario y finalmente la vieja y desaparecida Subcomisión de Fútbol. Un verdadero canto a La Baldosa. Ojo que había jugadores, digamos, respetables, tales como Martín Vitali, El Bebé Rocha, Cristian Tula, Sergio Rodríguez, Félix Décima, El Pupi Salmerón o el bicampeón con Lanús, Maxi Velázquez.

Pero después había una galería de villanos que se hacían llamar Martín Morello, Nicolás Sartori, Cristian Chaparro, Jorge Vega, Diego Velázquez, El Máquina Giampietri, Nicolás Hernández, El Cuco Lagos, Ariel Groothuis, Diego González, Andrés Grande, Cristian Hudaied, Fernando Sanjunjo, Cristian Ayala o Fabio Landaburu, quienes hicieron, en los últimos años, un verdadero carrusel de emociones con nuestras vidas. Hoy, con una lágrima incrustada en este corazón de coleccionista, le llega el turno a Juan Pablo Cracco.

Lateral izquierdo de la categoría ’80 y oriundo de Río Tercero, nuestro homenajeado hizo su debut como titular en la décimo primera jornada de aquel Clausura 2000, cuando Rocchia decidió quemar a dos de los últimos juveniles que le quedaban por incinerar en la plantilla ¿El otro? El también cordobés Luis Pupi Salmerón. Tras la derrota 0-2 frente a Estudiantes de La Plata, el Diario El Día describió así su debut: “Juan Pablo Cracco hizo todo al revés y El Pincha supo aprovechar su sector. Marcó mal, entregó pésimo y su desprolijidad fue alarmante. Los albirrojos lo volvieron loco toda la tarde y no se fue expulsado de milagro ¡Qué tardecita!”

En total, Juan Pablo Cracco fue titular en 8 encuentros de aquel Ferro terminal, incluido, claro, el encuentro frente a Lanús en el que cayeron por 0-7 perdiendo la categoría y en donde uno no sabía si sorprenderse por lo abultado del resultado o por los extravagante apellidos que usaban la pilcha del Oeste, quienes parecían personajes de una película como El Señor de Los Anillos o una serie como Game Of Thrones: “de las entrañas de la tierra emerge el abominable Groothuis”, “la respuesta la hallaras en la aldea de los Hudaied”, “Le debemos lealtad al Sanjurjo Celestial”, “La salvación de nuestra especie será después que derrotemos al salvaje Cracco de las profundidades”… Y así hasta el final de aquel plantel.

De la vida de Juan Pablo Cracco no se supo mucho más, solo que entre los años 2004 y 2006 usó la camiseta de 9 de Julio de Río Tercero. Y de esta manera, hoy, aquí, con este paradero incierto, casi completamos nuestro álbum favorito de baldoseros.

¿Alguien dijo Roberto Galant, Mario Costas y Agustín De La Canal?

Cervetti Rodrigo

Rodrigo Cervetti (Tato)

El domingo 9 de abril de 2006 no fue un día más en la vida ni de River Plate ni de Instituto de Córdoba. Por el lado de los punteros Millonarios, esa tarde hizo su debut profesional Diego Mario Buonanotte, un diminuto joven de 17 años quien ya compartía una gigantografía publicitaria en El Monumental junto a Enzo Francescoli y a quien todos allí señalaban como el continuador de la dinastía de talentosos valores autóctonos, tales como Ariel Ortega, Marcelo Gallardo, Pablo Aimar, Javier Saviola y Andrés D´Alessandro, entre tantos y tantos otros.

En La Gloria, por su parte, el panorama era bastante distinto. Habían descendido de categoría sin jugar un día antes; al entrenador Ariel Cuffaro Russo le habían enseñado la ruta de salida de Córdoba y junto a él a una decena de “porteños”, tales los casos de los dos principales arqueros: Damián Grosso y Gastón Pezzutti.

Con ex arquero Ramón Benito Álvarez como técnico interino, Instituto se presentó en la cancha de River sin moral y con el entonces inexperto Jorge Carranza en la portería. Pero claro, fue tanta la presión (?) que el 1 se lesionó solo y posibilitó el impensado debut del pibe Rodrigo Cervetti (22/04/1985), juvenil a quien se señalaba como un gran proyecto futuro y continuador de la lista de grandes arqueros de La Gloria, tales como… eh… eh… eh… ¿Caranta?

En ese contexto, el asustado Tato se mandó debajo de los tres palos y de entrada recibió la bufonesca bienvenida de Tití Fernández: “Al peluquero de Cervetti ya lo metieron preso, Enrique (Macaya). Quédese tranquilo…”. Encima, no alcanzó a tocar una pelota que El Tecla Farías se la mandó a guardar dos minutos después de penal. Posteriormente, el propio Farías señaló el 3 a 1 final para La Banda.

Habiéndose sacado de encima la ansiedad por el siempre anhelado debut, Cervetti fue suplente de Carranza en las pocas jornadas que restaron de aquel Clausura y luego la siguió peleando a la espera de su oportunidad. Chance que, por supuesto, nunca jamás llegaría. Y no por que se haya ido o por que se haya retirado, eh. No, no.

Continuó en el plantel hasta mediados de 2013 tapado por, entre otros, Ariel De La Fuente, Diego Pozo, Diego Pellegrino, Laureano Tombolini, Julio Chiarini, Matías Vega y siguen las firmas. Entre medio, vale destacar, se sacó las ganas de jugar un poco cuando estuvo un semestre en General Paz Juniors (2010) del Argentino B.

Sarmiento de La Banda (2013/14) del inframundo fue la antesala a su inolvidable momento mainstream; ese que circuló viralmente en los teléfonos nacionales y extranjeros y que también repiqueteó por programas televisivos de toda índole a lo largo y ancho del planeta. ¿Su equipo? Comunicaciones (2014/15) de la Primera B Metropolitana.

Apenas iban cuatro minutos de aquel partido contra Atlanta cuando El Tato hizo su desmoralizante gracia inmortal, que finalizaría con un 0-5 a favor del Bohemio. Tras estar un tiempo colgado, desde principios de 2016 el arquero intenta rehacer su carrera en Unión de Santiago del Estero del Argentino B.

Desde acá, le mandamos nuestros mejores augurios. Si Florencia Peña, Ivana Nadal y Chachi Telesco lograron superar el escarnio de la híperconectividad ¿Por qué no lo va a poder superar Rodrigo Cervetti?

Especiales: «♪♫♪ se va a la puta… que lo parióóóó ♪♫♪» (Parte 1)

En estos días álgidos que vive el país, donde renunciar parece ser la mejor respuesta a todo y el mensaje cabal que baja al populacho desde las más altas y representativas esferas rosarinas, vamos a rememorar algunos casos de jugadores que -por las más diversas razones- abandonaron el conjunto nacional hayan vuelto o no al equipo después de tan tajante determinación.

Por supuesto, renuncias a la selección argentina hubieron desde antes que se instale aquel viejo slogan en desuso que la describía como “la prioridad número uno”. Y después también, eh. Por que El Flaco Menotti y La Junta Militar no lograron evangelizar a los todos futbolistas durante aquel tan mentado “proceso”. Por citar algunos casos de los setentas u ochentas, El Lobo Carrascosa, El Loco Gatti, Jota Jota López, El Vasco Olarticoechea y Luis Islas, entre otros, se negaron a pararse en una cancha y entonar el One Hit Wonder de Blas Parera y Vicente López y Planes.

Pero, como no nos queremos ir tan atrás porque lo que pasó en blanco y negro a nadie le interesa lo que pasó en blanco y negro a nadie le interesa, vamos a arrancar desde la década de los noventa y desde allí hasta nuestros días. ¡Disfruten este vermouth de volátil indignación!

Abel Balbo (1993)

La Selección de Alfio Basile acababa de ganar la Copa América de Ecuador ’93 y estaba confiada en mantener una racha triunfadora que seguramente se iba a extender a lo largo de los años (?). Así y todo, El Coco debía descansar la esperanza goleadora sólo en Gabriel Batistuta; ya que ni El Beto Acosta ni El Mencho Medina Bello ni El Turco García quedaban jamás en posición de algo.

Por tal razón, el técnico convocó por primera vez en su ciclo a Abel Eduardo Balbo, un gran delantero que, pese a que había estado en el Mundial ’90, no tenía mucho feeling con la gente por haberse ido al Calcio de muy joven y también por no poseer carisma, sin (?). Eso si, era el segundo artillero del fútbol italiano.

Pero, hete aquí, Abel Balbo declinó la invitación y confirmó su renuncia; ya que recientemente había sido traspasado desde el Udinese hacía la Roma y quería hacer buena letra con sus nuevos empleadores. Lo peor de todo, claro, fue que El Coco terminó llamando para las Eliminatorias a USA ’94 -que se jugaban en poco más de un mes- a un Negro Julio Zamora que era más barriga que ser humano.

Tras la derrota 5 a 0 con Colombia y a sabiendas que el país le iba a declarar la guerra a cualquiera que aventurara a bajarse del barco, Balbo aceptó regresar a la Selección y hasta convirtió el gol en el partido por el Repechaje contra Australia en Sydney. Después, claro, jugó el Mundial de Estados Unidos, donde fue el recordado “delantero retrasado” mucho antes de la aparición en nuestras vidas de Cristian Fabbiani y Pablo Daniel Osvaldo…

Abel Balbo (1996)

El tiempo pasó y llegó Daniel Passarella al banco de la Selección; alguien a quien Abel Balbo ya conocía de River Plate y en quien también se reflejaba por sus actitudes, llamémosle, conservadoras… El delantero participó de la Copa América ’95 como titular acompañando a Gabriel Batistuta. Hasta ahí, todo jamón (?)…

El problema surgió en 1996, cuando a Claudio Caniggia por fin se le ocurrió recuperar el nivel y volver al seleccionado. Balbo aceptó a regañadientes estar un día arriba de un avión para ser suplente del Pájaro, claro. Pero, eso si, se puso del orto cuando -ya sin El Cani en el equipo- Passarella prefirió poner como titular a José Fabián Albornoz (si, jugó en la Selección) en el empate 1 a 1 con Chile en El Monumental.

Peor aún, cuando, tras el partido, El Kaiser manifestó aquello que “al equipo le faltó fibra” por haber jugado de manera tan insípida frente a los trasandinos. Tirándole algunos palos leves al entrenador en los medios, Balbo renunció a la Selección esa misma semana a través de un fax en el que manifestaba que no podía dar lo mejor de sí en un equipo donde era titular Albornoz con tan pocos días de trabajo. Por que primero la diplomacia…

Para sorpresa de todos, Daniel Passarella demostró no ser rencoroso (?) y Abel Balbo fue el famoso jugador número 22 de la lista del Mundial ‘98, por encima de Hernán Díaz, el propio Caniggia y Christian Gustavo Bassedas, a quien el integrante de CQC, Nacho Goano, le aseguró que iba a viajar a la Copa en la mesa de Mirtha Legrand… Seguí participando.

Una vez en Francia, lo más destacado que hizo Balbo fue decir, en una de esas soporíferas ruedas de prensa, que «yo vivo hace más de una década afuera y los argentinos dan una mala imagen en Europa con su desespero e irrespeto». Andá a lavarte el Calcio…

Marcelo Delgado (2003)

El querido Chelo cerró el año 2001 comiéndose un gol increíble frente a Oliver Kahn y haciéndose expulsar como un gil contra el Bayern Munich. Pudo haber sido vejado en su hombría una vez llegado al país, pero pasó desapercibido ya que la gente estaba recontra copada con eso de buscar distintas notas musicales en las cacerolas (?)…

Como sea, durante el año 2002 e intentando salvar su pellejo de gente que se hace la tonta pero que no olvida, Marcelo Delgado tuvo el mejor año calendario que se le recuerde a algún jugador en mucho tiempo. Contrariamente a lo que sucedía por aquel tiempo, Boca Juniors no ganó ningún título en aquellos doce meses, pero El Chelo la rompió jugando detrás de Guillermo Barros Schelotto y de Héctor Bracamonte como le pidió El Maestro Tabárez. Realmente extraordinario. Orgásmico. Pocas veces visto. Crean o mueran…

Este nivel tampoco le pasó por alto al ratificado técnico argentino, Marcelo Bielsa, quien en su primera determinación tras el fracaso del Mundial 2002 armó una Selección Argentina con pibes y el treintañero Marcelo Delgado para enfrentar a Honduras, México y los Estados Unidos durante enero de 2003.

Ni bien enterado de la lista y pese a que Bianchi le pidió que viajase, El Chelo le hizo saber a todo el mundo que él no pensaba volver a ponerse ninguna Celeste y Blanca bajo ningún concepto ni punto de vista. Y además, lo hizo con una frase que resultó lapidaria: “Me llaman a mi para estos partidos falopa y los importantes los termina jugando El Piojo López… Yo me quedo a hacer la pretemporada en Boca para ganar la Copa Libertadores”… Y si, no vaya a ser cosa que los Xeneizes recordasen las cagadas contra el Bayern Munich.

Javier Saviola (2007)

Mediados de 2001. El Conejo Saviola acababa de ganar el Mundial Sub-20 en nuestro país convertido en el máximo anotador de ese certamen en una misma edición. Además, lo esperaba el Barcelona de España, que había gastado más de 20 millones rúcula por su ficha. En retrospectiva, muchos sentíamos que gran parte de las cosas que le sucedieron a Lionel Messi en esta vida le iban a ocurrir a aquel pibe, que por aquel entonces  contaba con apenas diecinueve años.

Finales de 2007. Tras aparecer en la Selección con intermitencias, olvidos y postergaciones, un Javier Pedro Saviola de tan solo 26 años anunció su retiro del combinado nacional y, podemos afirmar, también su adiós del fútbol al más alto nivel. Ya que desde ahí tuvo pasos de lo más raros por Real Madrid, Benfica de Portugal, Málaga, Olympiakos de Grecia y Verona. ¡Ni que hablar de su última etapa en River Plate!

El motivo, claro está, era de lo más noble: darle prioridad a su vida familiar. Aunque, eso sí, esto resulta un poco extraño, ya que todos tienen vínculos humanos que no les impide desarrollarse en sus trabajos. Los tienen el resto de los jugadores y también los tenemos nosotros. Aunque, por supuesto, a ninguno de nosotros nos espera en casa una ni siquiera veinteañera Romanella Amato.

¿Fútbol? Andá a jugarlo vos, patasucia…

(Continuará…)

Boca Juniors 2 – New York Red Bulls 1 (2009)

En febrero de 2009 el New York Red Bulls inició una gira por la Argentina que lo llevaría a enfrentar, de manera extraoficial, a varios conjuntos de nuestra Primera División. La última posta de aquella pretemporada de los norteamericanos por la Capital Federal fue en La Bombonera, donde se medirían contra la reserva de Boca Juniors ya que -frente a la gran cantidad de compromisos- Carlos Ischia no quiso arriesgar a ni a sus titulares ni a sus suplentes; pese a que previamente había dado su palabra para hacerlo…

Como sea, el 6 de marzo de 2009 un adolescente Boca Juniors saltó al campo de juego del Alberto J. Armando con: Maximiliano Scapparoni; Alejandro Alfonso, Alan Pérez, Alan Ruiz y Juan Sanchez Miño, Leandro Kuszco, Moreira, el Sebastián Battaglia trucho y Joel Acosta, Cabrera y Nicolás Blandi.

Por su parte, el conjunto estadounidense alistó a: Danny Cepero; Carlos Johnson, Carlos Mendes, Kevin Goldthwaite y Traynor; Luke Sassano, Sinisa Ubiparipovic, Khano Smith y Dane Richards; Jorge Rojas y el colombiano Juan Pablo Ángel.

¿El resultado? Victoria Xeneize por 2 a 1 con un tanto de Blandi y otro de Kuszko, descontando Jorge Rojas para los yankees. La cereza del postre, claro, fue que durante el segundo tiempo el Red Bulls mandó a la cancha a dos jugadores nacionales a prueba: Juan Pietravallo y el juvenil de Boca, Nicolás Villafañe.

Ah ¿y eso solo? No, por supuesto que no. También intentó seducir al cuerpo técnico visitante el baldosero deluxe Emiliano Ramón Díaz, quien seguía insistiendo hasta la falta de piedad ajena con su hastiante anhelo de “ser jugador profesional” y vivía rebotando desde aquí para allá tras la traumática salida de su núcleo familiar y laboral del Club Atlético San Lorenzo.

Tras este encuentro informal, el New York Red Bulls se volvió a La Gran Manzana con Juan Pietravallo y con Nicolás Villafañe entre sus pasajeros… y sin Emiliano Díaz, como todos podíamos imaginar.

[Go home] Segurola y Habana: Baldoseros vs David Beckham

¿A quien no le pasó que alguien a quien sentías totalmente opuesto y que además te irritaba terminó siendo un querido amigo con el pasar del tiempo? Y encima, hasta todavía más fraternal que tipos a los que conocías desde tus primeros años. Este posteo, obviamente, gira en torno a la bella figura de David Robert Joseph Beckham, un flaco sobre el que vos mismo -pensálo bien- tenés que ser bastante antipibe para que hoy en día te caiga como el traste.

Por que puede que no haya sido una dotada superestrella y que el exacerbado marketing hay generado anticuerpos. Puede que sí. Pero también tenemos que decir que le pegaba a la pelota como pocos, que nunca le escapó ni a la capitanía ni a las obligaciones, que todos sus cosmopolitas compañeros siempre hablaron maravillas sobre su humildad y solidaridad, y también -mal que nos pese o no- que su fama de sex simbol mundial le hace honor a los dotes que le proporcionó la naturaleza. ¿Si no es él, quien? ¡Hasta fue a jugar a la pelota a la Villa 1-11-14 y nadie lo hizo su meretriz!

Pero claro, argentinos al fin, estimarlo no estuvo siempre en la baraja. Para ninguno de nosotros. Es que, ni bien asomó su cabeza por el profesionalismo, todos vimos a David Beckham como un invento de la prensa que solo tenía relevancia por moverse a la más linda de las Spice Girls. Por que encima de pirata, pollera…

Llegó el Mundial ‘98, Beckham mariconeó con Simeone, se fue expulsado y todos lo reconocimos instintivamente como a un enemigo, además de festejar y menospreciarlo.  Y así, como un código nacional, durante mucho tiempo celebramos cada una de sus derrotas, más aún si había un jugador nacional de por medio. Y ni hablar cuando Aldo Pedro Duscher lo lesionó y casi lo deja afuera del Mundial de Japón y Corea. Hubiera sido glorioso. Pero, por supuesto, todo eso nos salió como el ano.

El tiempo pasó y el Real Madrid lo hizo a Beckham todavía más querido y apreciado que cuando estaba en el Manchester United. Eso, claro, para todo el planeta excepto para el público y los jugadores argentinos, quienes siempre tuvieron como premisa hacerle bullyng al inglés con tal de ganarse el cariño y el apoyo del populacho. Ese fue el caso de los baldoseros Carlos Arturo Marinelli y Eloy Colombano.

Viajamos hasta mayo de 2008. El equipo de David Beckham, Los Angeles Galaxy, había arrancado de manera horripilante la temporada y veía casi como un imposible su participación en los Play Offs. En ese punto de “no retorno” les tocó enfrentarse al poderoso Kansas City Wizards, quienes recientemente se habían reforzado, nada más y nada menos, con Claudio Javier López.

Y fue precisamente El Piojo quien puso -con un zarpado zurdazo- el 1 a 0 para Kansas haciendo morder el polvo a la escuadra de David Beckham quien, ante el clamor popular, en la previa al partido tuvo que salir obligado a firmarle autógrafos a los muchachotes que le daban consejos sobre fútbol y a las muchachitas que querían hacer abdominales arriba de él, sin (?).

Durante el segundo tiempo y obligados por las circunstancias y los contratos, Landon Donovan anotó el 1 a 1 a los 56 minutos y Edson Buddle marcó el 2 a 1 para los angelinos a los ´76. Herido en su amor propio y pensando en la cuota de humo que iba a poder ostentar en el país, Eloy Colombano le metió una regia e inolvidable patada al inglés de la que solo lo salvó la intervención providencial del Piojo López ¡Y encima el árbitro no cobró nada!

Pero la cosa no quedó ahí nomás. Sobre los noventa minutos y por la disputa de un corner que era a favor del Spice Boy, Carlos Marinelli se quiso convertir en héroe y le metió un par de pechazos al inglés sin importarle la vergüenza ajena de propios y extraños ¡Eso eso es un argentino, hermano!

La pelea, por supuesto, quedó ahí por la mediación del Piojo López. Encima, sobre el final. a Beckham le quedó una pelota con la cual hizo historia en la Major League Soccer. Pero, eso sí -todos lo vimos- aquel día arrugó de lo lindo frente a dos baldoseros… así que solo queda preguntarle al soberano…

¿Ganador?