Después del Mundial de USA ’94, la empresa argento-brasileña Topper supo que iba a tener que esmerarse en la mercadotecnia para no quedar fatalmente relegada en el olvido o en la falta de prestigio. Para esa época, ya no alcanzaba con vestir a diversos clubes del Cono Sur. Había que captar jugadores de calidad o carisma y sobre ellos había que crear líneas representativas con su correspondiente invasión mediática y todo el circo.
En Brasil la iba a tener difícil, ya que a la firma también la responsabilizaban por haber vestido en mundiales a “La Generación Maldita” del país vecino. En la Argentina, por supuesto, la cosa estaba más fácil, ya que en general era todo camino inexplorado.
Por esa razón, los encargados del scouting de estrellas de Topper se sentaron pacientemente durante seis meses, miraron todo lo que pasaba tanto en las canchas como en los diversos medios de comunicación y después tomaron una determinación.
Enzo Francescoli había regresado a la Argentina en julio de 1994. Con su idolatría millonaria a cuestas y el talento intacto, fue campeón y goleador del Apertura de ese año y desparramó elegancia sobre los terrenos de juego. Además, frente a las cámaras se presentaba como un caballero amable, cordial y educado; en contraposición a las máximas figuras de nuestro país, quienes, por aquellos días, estaban totalmente cuestionadas y desprestigiadas por asuntos tales como drogas, pelo largo, señoritas y falta de profesionalismo.
Por supuesto, nada de eso llamó la atención de la gente de Topper. Lo que si lo hizo fue que durante aquel primer semestre de su retorno, Enzo Francescoli había jugado con botines totalmente negros… o sea ¡No tenía patrocinador! Al ver como los peces se subían sólos al bote mientras estaban pescando (?), los empresarios se reunieron con el uruguayo a comienzos de 1995, firmaron los papeles y lo presentaron como la cara exclusiva de la original línea Antara.
La empresa se dedicó, como corresponde, a todos los chivos en los medios gráficos y en la estática de los estadios, además de un esmerado seguimiento de notas: si uno agarra una revista con una entrevista a Francescoli de aquel año, podrá ver como el delantero aparecía vestido con ropa de Topper o la publicidad de la marca aparecía en esas páginas.
Lamentablemente para ellos y pese a que un Francescoli limitado por una lesión de hombro tuvo un gran nivel, River no ganó nada durante esos doce meses. La buena para Topper fue que El Enzo levantó la Copa América con su Selección y -por la sumatoria- el Círculo de Periodistas Deportivos lo distinguió con el Olimpia de Plata en Fútbol de aquel año (que iba para Maradona antes dell 4-6 contra Racing).
¿Y que hizo la orgullosa Topper durante el verano de 1996? Llenó páginas y páginas de diarios y revistas felicitando al papá de Marco y Bruno por la obtención de dicho logro con los benditos botines Antara…
Un hermoso gesto que Francescoli retribuyó ¿Cómo? Estrenando unos flamantes botines Adidas Predator en el primer partido oficial de aquel año: el empate 1 a 1 con San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro por la Copa Libertadores. Es más, la foto del gol apareció en primera plana en todos los medios… por que el populacho debía saberlo con rapidez: ahora Francescoli usaba Predator…
Tras morder el polvo del mate (?), los encargados de Topper aguardaron unos meses y en mayo de 1996 anunciaron como la nueva cara de la línea Antara a Claudio Paul Caniggia, quien venia con el nivel en alza tras arrastrarse por los campos durante el último semestre de 1995.
El Pájaro estrenó los botines en el empate 0 a 0 de la Selección Argentina en Perú por Eliminatorias y Daniel Passarella no lo volvió a convocar más durante su ciclo… Toda la suerte, Topper. Toda…
La empresa si la clavó azarosamente al ángulo durante el superclásico del Clausura ’96, donde El Cani -por única vez en su carrera profesional- convirtió un Hat-Trick para la victoria Xeneize por 4 a 1 y justo la firma había comprado segundos en el entretiempo para lanzar la revolucionaria campaña de “El Pájaro de Topper”. Es más, los tres goles de Caniggia fueron en el segundo tiempo, después del estreno del comercial. Una inolvidable superproducción como nunca se había visto hasta ese momento en nuestro país.
Todavía borrachos de alegría por aquel golazo, los responsables de Topper decidieron rápidamente lanzar la línea de botines “Pájaro TC”, que eran básicamente los Antara pero con un leve cambio en la suela y en el logo. Era un borrón y cuenta nueva, totalmente dedicado a Caniggia y sin vinculación alguna con Enzo Francescoli.
Todo muy lindo pero ¿qué pasó? Después del anuncio de la nueva franquicia, Claudio Paul Caniggia estuvo más de un año inactivo por desavenencias varias con el Cartonero Macri. Y si bien El Hijo del Viento después regresó a Boca, Topper Argentina no volvió a insistir con campañas exclusivas y agresivas en torno a ningún treintañero. Ya habían sido demasiado pajarones…
























