[Go home] Fuera de Stock: Valderrama´s Day

Ah, los americanos… siempre los viejos y queridos americanos. Si no tienen algo lo inventan. Y si alguien ya lo inventó, se lo compran. Y si no se los venden lo roban. En los albores de la Major League Soccer y con el afán de popularizar el fútbol entre los gringos, los dirigentes de la asociación yankee quisieron imponer, para ellos y también para el resto del planeta Tierra, El Día de Carlos Alberto Valderrama.

Todos conocemos bien a los estadounidenses y sus inventos, costumbres y celebraciones de exportación. Son esas mismas que hicieron que, por caso, en Coronel Rauch se celebre El Día de San Valentín. Ó que los pibes de La Puna se pregunten por que en Navidad no se usan pulloveres y no hay muñecos de nieve. Ó hasta que en Tucumán ya se mire con simpatía El Día de Acción de Gracias. Ó que los rosarinos estén atentos al Súper Tazón. Ó que los chaqueños pregunten «Dulce o Truco» en Halloween. Y así hasta llegar a la ridiculez que a comienzos de los noventa los niños marplatenses supiesen más de David Crockett que de Don José de San Martín, por obra y gracia de ese criogenizado ser llamado Walt Disney.

“Fuimos a ver a Maradona y terminamos viendo al Pibe Valderrama” de esa manera tituló el diario Clarín tras la victoria de Colombia sobre la Argentina en la Copa América de 1987 dando -además de un mote totalmente criollo que rebotó en la patria cafetera y de allí se extendió al resto del universo- las claras que a ese talentoso volante ruliento jamás lo íbamos a poder olvidar. Más aún, después de esa vejación carnal inmortalizada universalemente como “El 5 a 0”…

Pues bien (?), allá por 1996 estos dos íconos –El Pibe Carlos Alberto y los Estados Unidos– se cruzaron y de allí nació esta abominación: «The Valderrama´s Day».

La añorada liga estadounidense tenía tan solo dos meses de vida. La emoción inicial y la feroz campaña de marketing apenas habían despertado el interés de algunos pocos latinos. Además, la señal ESPN estaba empezando a ir a pérdida. Caos. El sueño se estaba desmoronando cuando todavía nadie siquiera sabía bien los nombres de los equipos ni los colores de las camisetas.

Entonces, para atraer a los norteamericanos de pura cepa -esos colorados regordetes con apellido británico que mueven la economía yankee– se dispuso llevar a cabo desesperados artilugios publicitarios. En uno de ellos, claro, se tomó la icónica imagen del Pibe y se decidió celebrar su vida y obra. ¿Merecido? Si, claro. Aunque el modo fue medio extraño…

El día elegido para esta celebración que pretendía extenderse en el tiempo fue el 18 de julio de aquel lejano 1996 ¿por qué esa fecha? Por que la vanguardia es así (?). Y entonces en el estadio del Tampa Bay Mutiny -franquicia donde recientemente jugaba Valderrama- las entradas se cobraron a mitad de precio y se regalaron pelucas más comida chatarra para los primeros mil asistentes en llegar al lugar. Ah, además podrían ver jugar a la pelota a ese colombiano.

El tema es que, además de una gran comilona, ese día también había un partido por el campeonato contra el Kansas City Wizards. Esta nimiedad, claro, poco les importó a los organizadores, quienes también obligaron a los jugadores rivales (incluido el legendario escocés Mo Johnston) a lucir la peluca durante la salida al campo de juego, el Himno de los Estados Unidos y la ceremonia de los capitanes. Además, los suplentes de ambos equipos tuvieron que usar la prótesis durante todo el tiempo reglamentario. ¡Divino!

Pero eso no es todo. El entrenador rival, Ron Newman, también se puso la capelu y le metió toda la onda al encuentro que terminó 3 a 2 a favor del Tampa Bay Mutiny ¡Y algunos le dicen payaso a Caruso Lombardi!

Por supuesto “El Día de Valderrama” nunca más se volvió a conmemorar y la Major League Soccer superó sus primeros años de existencia a los ponchazos. Además, el fútbol -el del Pibe, el nuestro- tardó más de una década en volverse popular y solvente en ese país. Al menos, hicieron lo imposible para mantenerlo con vida. Hasta celebrar los míticos pelos de Carlos Alberto Valderrama.

“No preguntes que puede hacer tu país por ti, pregunta que puedes hacer tú por tu patria” (John Fitzgerald Kennedy, 1961)

[Go home] Fuera de stock: Tony Meola’s Sidekicks Soccer

Si hubo un mercado inescrupuloso que se encargó de chafarle los ahorros a los púberes durante la década de los noventa, ese fue el de los videojuegos. Y así millones de títulos, tanto de la consola Sega como de la querida Family Game, hicieron las delicias de los niños en el preciado tiempo de ocio, que afortunadamente era casi todo.

Hubo, por supuesto, títulos memorables sobre los cuales ya nos hemos explayado. Pero también proliferaron experimentos de empresas de poco renombre que llegaron a nuestras manos solo por tratarse de un jueguito de fútbol. El engaño perfecto. Y así, muchos perdimos valiosas horas de puñeta intentando descifrar al impresentable Tony Meola´s Sidekicks Soccer.

Nos situamos en los primeros noventas. El fresco recuerdo del íntegramente televisado Mundial de Italia más el álbum de figuritas de Panani mantenían vigente, en la Argentina, la figura del mítico arquero estadounidense Tony Meola; a quien los infantes (y no tanto) solían interpretar en las canchitas nacionales tanto por sus atajadas como por la musicalidad de su nombre y también por su inolvidable corte comitas. La globalización antes de la globalización…

Uno puede llegar a suponer que en gran parte de Occidente pasaba lo mismo, sino no se puede entender como las emergentes empresas Sculptured Software, Pack In Video y Electro Brain unieron sus fuerzas para terminar nombrando a su experimental Frankestein con el nombre del portero yankee..

El videojuego, en sí, parecía como una tesis reprobada de un grupo de estudiantes de programación adictos a los psicotrópicos, que daba las claras de por que el Soccer nunca va a ser popular entre el piberío estadounidense.

Naufragando en una interfaz inentendible y poco seductora, uno terminaba jugando campeonatos con más de 30 selecciones o disputando torneos con equipos con nombres de ciudades. Y así se podía jugar con algunas tradicionales como: Madrid, Milán, Manchester o Glasgow; ó hasta se podía defender a otras insólitas como Pittsbourgh, Cincinnati, Nueva Orleáns o La Habana. Por que, claro, nunca hubo bloqueos para la fafafa…

Lo peor de todo, por supuesto, era que los partidos apenas se parecían al fútbol. Y encima que las camisetas de todos los equipos eran casi idénticas, la oscilante y volátil cámara provocaba vómitos y mareos premonitorios de las borracheras que arrancarían poco tiempo después en nuestras vidas.

Al día de hoy, este título, Tony Meola´s Sideckicks Soccer, está ubicado en el Top Five de los peores videojuegos deportivos de la historia en varios rankings prestigiosos del universo de los fichines. Eso si, funcionó muy bien en Japón, donde llevaba el nombre del recordado jugador japobrasuca Rui Ramos y donde, además, obtuvo el galardón al mejor soundtrack de un juego deportivo de los noventa.

¿No lo crees? Tomate una pastilla de Superman y a disfrutar…

América Sub-19 1 – Argentina 7 (1986)

La historia cuenta que, durante México ’86, la Selección Argentina de Carlos Salvador Bilardo usó en una sola ocasión la camiseta alternativa oficial –la azul, viejo- pero eso, claro, no es del todo cierto.

Tras haber vencido a Uruguay en Octavos de Final con esta vestimenta y en la previa al histórico encuentro frente a Inglaterra, El Doctor dispuso un enfrentamiento contra el Sub-19 del América para comprobar si era cierto aquello del peso exacerbado con el que quedaba la casaca debido a la transpiración. Por que, se sabe, en el mundo de la medicina no es suficiente una sola prueba testigo.

Y así, el 20 de junio de aquel año, una Argentina ataviada con el segundo uniforme saltó al campo de entrenamiento con: Luis Islas; Néstor Clausen, José Luis Brown y Oscar Garré; El Gringo Guisti, Marcelo Trobbiani, El Chino Tapia, Ricardo Bochini y Roberto Néstor Sensini; El Bichi Borghi y Pedro Pablo Pasculli. Los autores de los goles y la formación de los chaparritos se las prometemos para el sexagésimo aniversario de la consagración.

Lo que si podemos afirmar es que no nos equivocamos en la formación nacional ni fue obra del Doc Emmett Brown. Esa tarde debutó Roberto Sensini en la Selección, defensor quien, a sus 19 tiernos abriles, era parte de la delegación de Renato Cesarini que viajó a tierras de Kiko para hacer las veces de sparring. Y así el querido Boquita puede decir que puso su granito de arena en la conquista del ’86 para de esta manera contrarrestar las fechorías que se mandó en los mundiales siguientes.

Tan solo dos días después, Diego Maradona haría legendaria la camiseta no oficial más célebre de la historia…

Son Decisiones: Argentina con suplentes vs Estados Unidos en 1995

Los torneos internacionales de selecciones tienen una métrica -al parecer y a Dios gracias- definitiva e imperfectible: grupos de cuatro equipos encabezados por una potencia, donde juegan una vez todos contra todos y pasan los 2 mejores clasificados si es una competencia de 32 o 16 naciones, ó donde pasan de ronda también algunos de los mejores terceros si participan 24 o 12 países. Después partidos a eliminación directa hasta que hay un ganador y a otra cosa. Infalible y apasionante como las matemáticas (?).

Suele suceder que, de tanto pensar en números y en cuentas, a algunos entrenadores se les haga un grumo en el cerebro y utilicen el último encuentro de la zona de grupos y también su previa para introducir improvisadas variantes en los viajes, en los métodos de entrenamientos, en el contacto con la prensa y, lo que es peor, en el once inicial que disputará el puntaje que quedará en los libros.

Si el equipo en cuestión ya está clasificado a la siguiente rueda se puede llegar a entender que los cambios sean en pos de proteger a las estrellas, de recuperar a los lesionados, de darle ritmo a los suplentes, de pensar en el primer encuentro de eliminación directa o hasta para “premiar” a algunos veteranos, como hicieron José Pekerman con Faryd Mondragón en Brasil 2014 ó Carlos Alberto Parreira con Rogelio Ceni en Alemania 2006 y también Marcelo Bielsa con Caniggia en Japón Corea 2002.

Lo ridículo y atemorizante, claro, es cuando estos cambios radicales u homenajes se dan cuando todavía no es definitiva la ubicación en la tabla de posiciones. Y peor si el tercer partido se pierde trastocando los futuros planes que ya se habían visualizado, todo por subestimar el cambiante humor de las matemáticas. El supuestamente metódico Daniel Passarella y el equipo que puso en la cancha contra Estados Unidos en la Copa América de 1995 son el ejemplo más claro de ello.

Paysandú, Provincia de Uruguay, 14 de julio de 1995. La Selección Argentina del Kaiser se preparaba para enfrentar al supuestamente débil Estados Unidos como líder de su grupo, con 6 puntos producto de dos victorias en igual cantidad de presentaciones y con una cómoda diferencia de +5 goles. La descontada victoria, además de eliminar a los yankees, desembocaría en un accesible enfrentamiento contra Ecuador en Cuartos de Final.

Entonces, el relajado trinomio Passarella-Gallego-Sabella dispuso ¡nueve cambios en la formación titular! y mandó a la cancha un rejunte que, si bien eran jugadores internacionales argentinos, en ese momento no tenían mucho rodaje jugando entre ellos ni mucho menos para la Selección. ¿Los que salieron? Cristante, Javier Zanetti, El Negro Cáceres, Chamot, Simeone, Astrada, Juanjo Borrelli, El Burrito Ortega y Balbo. De los que previamente habían vencido a Bolivia y a Chile solo permanecieron en la alineación Roberto Ayala y Gabriel Batistuta.

¿Los que entraron? Chiquito Bossio, Ricardo Altamirano, Néstor Fabbri, Gabriel Schurrer, Marcelo Escudero, Perico Pérez, Marcelo Espina, Marcelo Gallardo y El Beto Acosta. Enfrente, vale destacar, estaba la estable escuadra norteamericana de John Harkes, Eric Wynalda, Alexi Lalas, Cobi Jones, Tab Ramos y Paul Caligiuri, entre otros, que ya contaba con varios años de rodaje. O sea, no era un equipo para subestimar. Podrán haber perdido contra Bolivia, podrán tener poca tradición, podrán decirle “Soccer” al fútbol, podrán ser tontos, inútiles, estúpidos, comunistas… pero jamás estrellas porno (?).

Así las cosas, Argentina pensaba tanto en Ecuador y en los Cuartos de Final, que a la media hora la USMNT ya ganaba por 2 a 0 con un tanto de Frank Klopas y otro del querido Alexi Lalas. Pero lo totalmente desconcertante fue el desmoralizador toqueteo que se comieron los suplentes de Passarella durante aquellos primeros 45 minutos. Así como fueron dos pudieron haber sido cuatro goles en contra…

Durante el entretiempo, por supuesto, el mundo ya se había modificado para siempre (?). Ecuador estaba afuera de la competencia y la Argentina –todavía líder del grupo- ahora debería enfrentar a México en la siguiente ronda. Con intención de lograr la heroica, Passarella quemó los yates y mandó a la cancha a Ortega, a Simeone y un rato más tarde a Abel Balbo.

Por supuesto, esto no sirvió de nada. Estados Unidos se siguió floreando y promediando la etapa cúlmine, Eric Wynalda puso el 3 a 0 definitorio que también acabó con los días del Chiquito Bossio en el arco de la albiceleste. ¿O iba a ser gratuito el hecho de ver a un arquero correr una pelota desde atrás?

Con este último tanto, además de perder un invicto de 16 partidos en la Copa América que había comenzado en 1989, Argentina quedó en la segunda colocación y debería medirse contra Brasil. Por su parte, los yankees se habían adjudicado el grupo y ahora tendrían que enfrentar a su clásico rival, México, en Cuartos.

Tres días después y amén de la mano de Tulio, la Selección titular de Passarella caería por penales ante Brasil y desde ese momento hasta -al menos- mediados de 2016 jamás volvería a ser la actual campeona de nada. Y todo comenzó por subestimar…

[Go home] The Age of Escobillón (?)

“Si Mauricio quiere vender a Guillermo Barros Schelotto que lo haga… total, yo en la reserva tengo a otro Guillermo que es todavía mejor que El Mellizo…”. Aquellas memorables palabras que en medio del Apertura ’98 vociferó Carlos Bianchi, manifestaban la ilusión y el encantamiento que una joven figura Xeneize desataba jugando los preliminares ¿Su nombre? Sergio Adrián Guillermo.

Sin embargo y pese a mantener muchas vinculaciones con el hermano de Gustavo (su padre Juan Rogelio, ex jugador, era conocido como El Mellizo Guillermo ya que nació con esa condición), desde el inició se emparentó al emergente delantero con el atacante estadounidense Cobi Jones por el gusto que ambos jugadores sentían hacía los cortes de pelo aerodinámicos, a la vista de Marcelo Araujo, rabino bautismal del “Escobillón”.

Hoy, haremos un malicioso cuadro comparatorio con la carrera de uno y otro jugador, en pos de hallar similitudes y diferencias en la vida y obra de dos hijos directos de las relaciones carnales: Adrián Guillermo y Cobi Jones. Cobi Jones y El Escobillón…

Carrera en clubes de Cobi Jones

Cobi N´gai Jones nació el 16 de junio de 1970 en Detroit, Michigan. Puntero derecho veloz, habilidoso y carismático, es uno de los mejores y más recordados jugadores de su país en toda la historia. Inducido al Salón de la Fama del Fútbol Estadounidense en 2011, se inició en la Universidad de California y luego pasó por el Coventry de Inglaterra (1994/95), el Vasco da Gama de Brasil  (1995/96) y Los Ángeles Galaxy (1996/2007). Dejó un grato recuerdo en todos los equipos por los que pasó, teniendo las puertas abiertas de todos y cada uno de ellos.

Carrera en clubes del Escobillón

Sergio Adrián Guillermo nació el 15 de marzo de 1980 en Moreno. Proyecto trunco de puntero derecho veloz, habilidoso y carismático, es uno de los mayores fiascos y decepciones de la década de los noventa, de la historia de Boca Juniors y hasta del fútbol argentino. Fue inducido a En Una Baldosa en 2004 y es uno de sus miembros insignes.

Debutó en 1998 y luego pasó con pena por Badajoz de España, Estudiantes de La Plata, Jorge Wilstermann de Bolivia, Estudiantes de Caseros, San Telmo, El Porvenir, Colima de México, Deportivo Morón, Argentino de Merlo, Justo José de Urquiza, Sportivo Luqueño de Paraguay, Rosamonte de Apóstoles y miles de clubes más del inframundo, algunos de ellos conseguidos gracias al poder del Facebook. Entre los hinchas de los clubes por donde pasó, la sola mención de su apellido genera tristeza y hasta vergüenza ajena pero jamás bronca.

Carrera internacional de Cobi Jones

El número que signó su trayectoria a nivel de selecciones es “Tres”, ya que esa es la cantidad de Mundiales que disputó: USA ’94, Francia ’98 y Japón/Corea 2002, en los cuales brilló como una fresca rueda de auxilio que ingresaba cuando los defensores rivales se estaban quedando sin piernas.

También, el norteamericano disputó cinco ediciones de La Copa de Oro de la CONCACAF, los Juegos Olímpicos de Barcelona ’92, la Copa Rey Fahd ’92 y las Copas América de Ecuador ’93 y Uruguay ’95, donde salió en Cuarta Ubicación y le pegó un baile de novela a Marcelo Espina en el encuentro frente a la Argentina de Primera Ronda.

Carrera Internacional del Escobillón

El número que signó su trayectoria internacional es “Tres”, ya que esa es la cantidad de prestigiosos entrenadores que estuvieron a punto de boxearse por sus correrías. En el verano de 1999 y después que Adrián Guillermo disputase el Sudamericano Sub-20 de Mar del Plata, tanto Carlos Bianchi como José Pekerman y Hugo Tocalli iniciaron una feroz polémica a raíz de las versiones encontradas sobre la grave lesión con la que el delantero regresó a las prácticas de Boca Juniors.

Tras varios cónclaves subidos de tono entre los directores técnicos con sus cuerpos médicos incluídos, se llegó a una inexorable conclusión: el pibe les mintió a todos y se había lesionado jugando en el barrio en los días que tuvo de descanso tras la competición ¿Y entonces? Y entonces el trinomio Bianchi-Pekerman-Tocalli le hizo la cruz al Escobillón

Misceláneas de Cobi Jones

Se casó con la espléndida Kim Reese y constituyó una de las familias más simpáticas de Hollywood. Además, fue modelo de varias marcas de alta gama y participó del prestigioso calendario de trajes de baño de la revista Sports illustrated posando con modelos de lo más apetecibles. Una vida abundante en todos los sentidos.

Misceláneas del Escobillón

Durante sus días de gloria presentó en sociedad a su novia Marina y no hubieron muchas más novedades a nivel botineril (?). No consiguió nunca el tan mentado contrato profesional con Boca Juniors por seguir los consejos de Settimio Aloisio y volverse un rebelde. Tal vez, la peor de todas sus decisiones. El decadente empresario italiano desapareció de los primeros planos por aquella época y de su mano se hundió Adrián Guillermo.

Presente de Cobi Jones

Juega fútbol senior con diferentes equipos de estrellas y trabaja en los medios de comunicación siendo una figura respetada y entrañable. Es un habitué de las fiestas, reuniones y estrenos de Hollywood y pasa sus días rodeado de leyendas, como el ex Boca Luis Arturo Hernández, con quien suele pasear en automóvil.

Presente del Escobillón

Se supo que participó de algunos partidos de los veteranos de Boca Juniors pero no suele asistir con frecuencia. Algunos de sus legendarios ex compañeros aceptaron sacarse alguna que otra foto con él pero, eso sí, de invitarlo a pasear en auto mejor ni hablar…

New York MetroStars 3 – Boca Juniors 2 (2002)

Junio de 2002. Mientras en la Argentina todavía seguíamos lagrimeando por la opaca actuación de la Selección de Bielsa en el Mundial y nos consolábamos con ver como los coreanos eliminaban a los tanos, el Boca Juniors del Maestro Tabárez iniciaba su pretemporada en los Estados Unidos con una sola certeza: el inminente e inexorable alejamiento de Juan Román Riquelme hacia Europa.

Y así, en ese oscuro vórtice paranormal que absorbe a los clubes nacionales mientras se disputa una Copa del Mundo, El Xeneize se dio el lujo de perder contra River en Miami y otorgarle sus 15 minutos de fama a Juan Pablo Raponi. Pero además, El Club de La Ribera también tuvo la voluntad para disputar el primer encuentro en su historia contra un equipo de la Major League Soccer: El New York MetroStars.

Fue el 19 de aquel mes, en el Giants Stadium de New Jersey, que un juvenil Boca Juniors salió a la cancha con: Willy Caballero; Juan Marcos Forchetti, Nicolás Burdisso, Diego Crosa (César González) y Ezequiel Molina; Javier Villarreal (Chaco Jiménez), Gabriel Christovao, y El Pelado Pérez; El Chelo Delgado, Carlos Tévez (Bracamonte) y Ariel Carreño (Cángele).

Los amistosos vecinos del Hombre Araña, por su parte, formaron con: Tim Howard (Grafer); Diop (Chronopoulos), Jolley, Addo y Ziadle; Lisi (Popovich), Moore, Williams (Paule) y Davis (Klinger); Rodrigo Faria y Diallo (Forko); dirigidos por el ecuatoriano, Octavio Zambrano.

A la media hora, el equipo argentino ya ganaba 2 a 0 con goles del Chelo Delgado y de Ariel Carreño. Sin embargo, los yankees lo darían vuelta con un tanto de Moore y dos de Rodrigo Faria, a causa de errores defensivos Xeneizes de lo más insólitos increíbles pelotudos. Un olvidable encuentro que solo sirvió para presentar en sociedad al niño Franco Cángele.

¿Primer intento? Fallido. Una victoria bostera sobre un equipo de la Major League Soccer debería esperar algunos años más…

[Go home] “Victory”, un doble homicidio de tímpanos

Por cosas como éstas debe ser que, futbolísticamente, a los yankees los queremos como a pocos. Sin tradición futbolera alguna, con ligas que oscilaban entre el invento y la oportunidad económica más una irrisoria desorganización a nivel de Selecciones, en 1989 la desamparada escuadra de universitarios estadounidenses veía casi como una utopía su presencia en el Mundial de Italia.

Con México afuera de carrera a raíz de Los Cachirules, con el aporte providencial de héroes inesperados y gracias a que su oponente final –Trinidad y Tobago- había arrancado igual de torcido que ellos, la conocida desde entonces como USMNT llegó a la jornada definitoria igualada en puntos pero con un gol menos que el combinado de Dwight Yorke. Los americanos (?) debían ganar o ganar. Vale aclarar, por supuesto, que el otro cupo ya lo había obtenido la Costa Rica de Luís Gabelo Conejo con cuatro meses de antelación.

Y así, el 19 de noviembre de 1989, comiéndose un baile de novela como visitantes en La Bombonera de Puerto España (?), Paul Caligiuri se disfrazó del Chango Cárdenas y desde 30 metros sacó el célebre “Disparo Que Se Escuchó En Todo El Mundo” con el que los Yankees se metieron milagrosamente en una Copa del Mundo tras 40 años de frustraciones. Los 30.000 trinitenses se fueron apesadumbrados al no haber podido batir ni a Tony Meola ni al árbitro argentino Juan Carlos Pichi Losteau, de pésima labor…

Fue tanta la algarabía que se desató por esta heroica clasificación que la Federación llegó a la conclusión que para despertar los aletargados ánimos de la población y también para brillar en el Mundial, el equipo de Estados Unidos necesitaba algo fundamental: una canción representativa, sin (?).

Por tal razón, le encargaron la composición de la misma al rapero Def Jef y al DJ Eric Vaughn, le propusieron a los jugadores agregar los coros y contrataron para la realización del video al director Marty Callner, quien había trabajado con Aerosmith, Cher y Poison, entre otros. Además, lograron que la cinta se estrene en Heavy Rotation de la MTV en un segmento conducido por el volante John Harkes y por la siempre follable (?) Daisy Fuentes…

Pero eso no es todo, también consiguieron la participación estelar del queridísimo Orenthal James Simpson – ¡Si, OJ!- quien sería el único capaz de meter otro disparo que se escuche en todo el mundo un poco de gracia y carisma en medio de la notable timidez de los futbolistas… ¡El Juice se robó el show!

«Ésta no la tenías, Lavecchia…»

Pese a aquellos artísticos esfuerzos, ni la canción ni el soccer prendieron entre los norteamericanos. Menos aún, cuando Estados Unidos terminó en la anteúltima colocación de Italia ’90 producto de tres derrotas en igual cantidad de encuentros. Una repudiable actuación condenatoria de la que no los salvan ni varios prestigiosos bufetes de abogados…

[Go home] Andrew Shue, el cuñado de los ochenta (?)

Una vez decididos el lugar, la fecha y la hora del arranque de la Major League Soccer, los dueños de cada una de las franquicias se vieron con un dilema superior: debían conformar desde cero planteles con norteamericanos que al menos supiesen parar la pelota y, además de eso que no es poco, tendrían que sumar un par de apellidos que sean atractivos para un público que aún no existía.

Por ejemplo, el hombre fuerte de la Federación, Alan Rothemberg, ayudó a Los Angeles Galaxy a hacerse con el fichaje de los internacionales yankees Cobi Jones y Ante Razov, del salvadoreño Mauricio Cienfuegos, del ecuatoriano Eduardo Hurtado y también del inolvidable arquero mexicano Jorge Campos. Pero además, el dirigente recordó a un joven buen mozo (?) a quien conoció en un exclusivo ágape en Hollywood y que, al parecer, tenia un pasado con la número cinco ¿Su nombre? Andrew Eppley Shue.

El susodicho tenía una trayectoria cuanto menos discutible: Bulawayo Highlanders de Zimbabwe (1991), Los Angeles United (1993) y Anaheim Splash (1994). Pero lo que tenía de superlativa su atractiva figura, es que era una de las figuras de la por entonces aclamada mundialmente serie televisiva Melrose Place. ¡Imagínense a Gastón Pauls jugado en la Primera de Boca! Instantáneamente, claro, Andrew Shue fue invitado a sumarse a la plantilla del Galaxy en el rol de delantero.

Pero la cosa no sólo quedó ahí: con Andrew Shue como estandarte fue como se promocionó el nacimiento de ésta nueva competencia. Y así el actor fue la figura central de entrevistas, actos, spots televisivos, programas alegóricos y tertulias donde su fluida oratoria y su dentadura perfecta opacaban las presencias de Carlos Valderrama, El Diablo Etcheverry, Roberto Donadoni o Walter Zenga, entre tantos otros “jugadores franquicia”.

Hay que entender que el californiano en general y el angelino en particular tienen muy aceptada y arraigada la cultura de las celebrities. Por tal razón a nadie le extrañó cuando Andrew Shue fue el encargado de realizar el sorteo en el Partido Inaugural de la Mayor League Soccer, entre San José Clash y DC United. Así como leen. Desde el minuto cero la Liga estuvo bendecida con la participación vital de un baldosero. Y de los buenos…

A los bifes y aunque la primitiva Mayor League Soccer era un torneo entre improvisado y bizarro, al querido Andrew Shue solo le alcanzó para disputar, como suplente, escasos 86 minutos diseminados en cinco encuentros. Es más, cada uno de sus ingresos fue como para que el público no se fuera sin ver correr un rato al ídolo juvenil que hacía las delicias de adolescentes y veteranas. Al final de la temporada y con el pretexto de una lesión, el actor se retiró y regresó a Melrose Place.

Tras la cancelación de la aclamada serie en 1999, Andrew Shue baldoseó a morir en producciones Clase B y hasta Clase C. Estuvo en la pedorrísima «Goal 3» y participó en la película “Gracie”, historia que está basada en los días como jugadora de fútbol juvenil de su bellísima, famosísima y talentosísima hermana.

¿Y quien es ésta agraciada familiar? Nada más y nada menos que la reconocida Elizabeth Shue o, como le dicen los cinéfilos, “La Novia de Los Ochenta”, quien enamoró a todo el planeta siendo la chica linda de “Volver al Futuro 2”, “Karate Kid”, “Coctail” y, más acá en el tiempo, “Adios a Las Vegas” y “El Santo”, entre tantas otras. La amo. La amo posta. Con toda mi alma, eh. No aguanto más… La tengo que ver… Chau…

«Aruba, Jamaica… Bermuda, Bahama…»

Hoy por hoy, Andrew Shue sigue fantaseando con un hipotético retorno de Melrose Place, quizás, lo único que lo puede devolver a las primeras planas… ¿Quién sabe? Si volvieron Axl Rose, Slash y Duff, todo es posible…