Báez Carlos

Carlos Báez Appleyard (Aquiles)

Buenas, estimado. Si usted así lo desea, por favor siéntase y lea. Es más que bienvenido. Pero, eso si, sepa de antemano que este texto fue modificado severamente de su versión original, en un desesperado intento por no perderse, completa e infinitamente, en los entramados jurídicos de la carrera delictiva y vandálica de este sujeto, que superaron ampliamente a una promisoria, luego escueta y finalmente decepcionante trayectoria deportiva.

Parido el 12 de junio de 1982 en Asunción del Paraguay según algunas publicaciones ó en Salamanca, España, de acuerdo a otros escribidores; la confusión en su acta de nacimiento no hace más que confirmar el hecho que Carlos Báez Appleyard fue inventado, sin ningún lugar a dudas, en el taller donde Quentin Tarantino se sienta largas horas a pensar en Uma Thurman y a cranear a los personajes más entretenidamente bizarros, desequilibrados y violentos de la cinematografía universal.

De lo que nadie puede dudar, bajo ningún punto de vista, es de la verdadera nacionalidad del aludido: cerroporteñista. Y es que esta extrema y fanática condición marcó y marcará la vida de éste ser humano como la de quien busca, con métodos primitivos y salvajes, una quimérica autonomía patriótica y estatal tanto para él como para sus desgraciados semejantes.

El para otros idealizado sueño de ser jugador de fútbol profesional no le resultó esquivo ni dificultoso, más bien todo lo contrario. Facilidades y condiciones sobraron: buen porte, resistencia física, aprobado cabezazo, don de mandamás. Todo eso sumado al ventajoso hecho de ser el homónimo hijo de un reconocido y experimentado ex futbolista y entrenador guaraní quien -cual Peleo, orgulloso progenitor- le brindó la chance de iniciarse en el tradicional sustento familiar.

En líneas generales, Carlos Báez, siendo poco más que un púber, se encontraba en condiciones del promedio hacia arriba como para triunfar en un mundo donde siempre se necesitan confiables y estereotipados defensores paraguayos. El más probado déficit, lamentablemente, se hallaba en algún punto de su psiquis, que lo inducía a cometer los más innecesario actos de violencia que se puedan avizorar sobre un verde césped. Esta actitud, tomada con bastante sorna durante sus años iniciales en la disciplina de Cerro Porteño (2003/06), inspiraron a la creatividad de su compañero Jorge Achucarro, quien lo rebautizó como Aquiles después que ambos deportistas salieran del cine tras ser espectadores de la divergente y hereje cinta “Troya”, protagonizada por Brad Pitt.

La primera vez que los simples mortales pudieron ver una muestra gratis del temperamento de éste Aquiles fue en el partido por un lugar en la Libertadores de 2004, en el que su equipo cayó derrotado por 2 a 0 ante Olimpia. Siendo integrante del banco de suplentes, Báez agredió a Julio César Enciso a traición, desatando una batalla campal ante la pasividad de su entrenador, el hoy inmaculado Gerardo Martino, quien en ese preciso momento se dedicaba a insultar a Luís Cubilla. ¿Las penas para los implicados? Absolución para todos, excepto para el defensor, quien fue suspendido de la actividad por un año.

Ese castigo, claro, no hizo más que devolverlo al universo de las fantasías ya que, durante ese tiempo, concurrió con libertad y frecuencia a “La Gradería Norte”, donde pudo alentar a su equipo y sentirse, de esa manera, mucho más pletórico y realizado que en la tediosa tarea de perseguir a delanteros rivales.

Cumplida la sanción, Carlos Báez volvió al primer equipo para convertirse en un baluarte de la defensa, ganarse la cinta de capitán y encabezar varias vueltas olímpicas. Burocráticas sensaciones que matizaba con los verdaderos placeres de esta vida, tales como: ensalivar cabelleras rivales, tatuar tapones en desprotegidas canillas, retirarle el saludo a los jugadores de Olimpia antes de los clásicos, convertirse en ídolo de su parcialidad amparado en su carisma, volver a la tribuna siempre que las expulsiones se lo permitían e iniciar disputas territoriales como todo buen macho alfa de cualquier jauría.

No se me duerma, estimado. Por que a comienzos de 2007, Carlos Báez llegó a la Argentina para defender la divisa de Independiente de Avellaneda a expreso pedido de Jorge Burruchaga. Ni bien llegó al país, el extasiado Aquiles manifestó: “Soy el Cannavaro paraguayo” sin aclarar que esta apreciación era más afín a su aspecto caucásico que a sus cualidades futbolísticas. Así y todo, fue titular durante su primer torneo (Clausura ’07) donde fue lateral derecho en una feroz zaga compartida con Leandro Gioda, el uruguayo Rodríguez y Sergio Escudero.

Su desvalorizada actuación durante aquel campeonato, donde metió 17 encuentros, lo llevaron a ser suplente con la llegada de Pedro Troglio en el Apertura ’07. Apenas 5 partidos, solo 2 de ellos como titular, lo depositaron, sin escalas, en la siempre temida lista de jugadores prescindibles.

Arsenal de Sarandí fue su cobijo durante todo 2008, donde Aquiles pareció calcar la desabrida faena de su campaña anterior: algo de titularidad durante el Clausura (11 partidos) y suplencia rutilante a lo largo y ancho del Apertura (6 encuentros). Entremedio, viajó a Japón con el capricho del Clan Grondona para ganar la Copa Suruga Bank, donde su participación se limitó a traspasar aliento mediante enérgicos sapucays sentado cerca de Daniel Garnero. Considerado por debajo de Matellán, Mosquera, Brau, Casteglione, Yacuzzi y varios más, Carlos Báez se reencontró al fin con la felicidad: el esperado retorno a Cerro Porteño (2009).

Arsenal con la Suruga… A que no encuentran a Aquiles…

Lamentablemente para él o no, este retorno careció de hechos destacables desde lo deportivo. Apenas poco más de una decena de encuentros en un pobrísimo nivel y el orgullo de haber sido el artífice de una inolvidable tángana contra Fluminense en la Semifinal de la Sudamericana, al sentirse herido tras quedar afuera con dos goles en contra en el descuento. Ah, esa noche Aquiles era suplente…

Deportivo Cúcuta de Colombia (2010) y O`Higgins de Chile (2011) fueron los siguientes destinos donde actuó, ya desanimado por la lejanía afectiva, en escasísimas ocasiones. Imposibilitado de volver a Cerro Porteño por la dirigencia, Aquiles resolvió no aceptar ninguna de las ofertas de otros equipos paraguayos y se retiró de la actividad. Y ahí vendría la novela policial. Pero antes, claro, manifestó el amor hacía su club en esta exquisíta pieza musical.

En principio y como intento de primordial sustento de sus días venideros, Aquiles creó la marca de ropa “Imperix Azulgrana” dedicada íntegramente a toda la liturgia que involucra a Cerro Porteño y que fue tanto  uniforme de batalla como prenda sepulcral de decenas de barrabravas caídos en su nefasta ley.

Después y sin solución de continuidad: protagonizó peleas en boliches, riñas callejeras masivas, le pegó una patada en la cabeza a una persona en su comercio, fue acusado por tirar balazos desde su departamento hacía las casas vecinas y hasta de agredir al equipo femenino de Olimpia cuando enfrentó a las chicas del Azulgrana por que: «basuras no hay que meter en Barrio Obrero».

«Una foto con los pibes pal feis…»

¿Denuncias? De toda índole, hombre, claro. Entró y salió de la cárcel como quien va despreocupadamente a pagar el cable o el teléfono y también gozó o padeció de arresto domiciliario. El caso más relevante, que le valió una persecución casi estatal, fue cuando se metió en la platea de Nacional para agredir a un hincha rival solo sabe Dios por que motivo…

Estando Báez tras las rejas, después de un tiempo prófugo, su legado fue celosamente protegido por Laura, tierna hermana menor de Aquiles, quien fue detenida por protagonizar una balacera contra otra hinchada rival. Oh, bella ninfa de la guerra…

¿VOT SI?

Además supo ponerse en contra al Municipio de Asunción cuando lideró a un grupo que pintó varias calles, monumentos  y espacios públicos con los colores azul y rojo para conmemorar el centenario de Cerro Porteño.

A mediados de 2015 y antes de ir a juicio oral por ya no se sabe bien cual de todas sus causas, Aquiles no tuvo mejor idea que difundir un bélico video donde se trenza con un semejante olimpista más un amenazante mensaje de voz dedicado a cualquier oído Decano que lo quisiera escuchar.

Finalmente, en octubre de 2015 fue sentenciado a trabajos comunitarios y a presentarse en una comisaría cada vez que Cerro Porteño jugase en Asunción por el lapso de dos años. Esto, nos animamos a pronosticar, no impedirá que dentro de un corto período de tiempo volvamos a tener novedades de Carlos Báez Appleyard, desafortunado ex futbolista, barrabrava, baldosero, quien está encerrado en un universo personal donde, inconscientemente, se confunden los atributos heroicos de Aquiles con los de Loki, el Dios de la mitología nórdica que haya armonía para su espíritu en la trasgresión, la maldad, el amor fanático, la violencia y la travesura…

Morales Gerardo [Actualización 2016]

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Gerardo Ariel Morales (El Karibito)

A ver, estimado lector, sabemos que usted sufrió muchos vejámenes auditivos durante los últimos meses y que tiene su psiquis contaminada por esos pseudos conjuntos juveniles uruguayos de cumbia. Así que, ya que el verano está dando sus últimos alientos, le pedimos, a modo de mínima venganza personal, que deje volar a su imaginación por un instante y piense en El Cata Díaz barriendo con furia las piernas del petiso que canta en Marama… O, si quiere ir más allá, visualice al codo de Huguito Barrientos sobre el rostro de la rubia que aparece al frente de Rombai… ¿Imposible, no? Sin embargo, hace tres lustros, la gente que tenía oídos y que los quería preservar pudo ver algo parecido a la justicia que nosotros soñamos cuando llegó a nuestro país el delantero charrúa Gerardo Morales.

Mediapunta incisivo, habilidoso, diminuto, insistidor; a principios de 2001 El Karibito desembarcó en Huracán desde Rentistas (1996/2000), club donde hizo su estreno profesional y con el cual osciló entre la lucha por permanecer en Primera y la pelea por abandonar la Segunda División del paisito. O sea, era un tipo más que ideal para la sufrida idiosincrasia del Globo.

Y ojo. Mal, lo que se dice mal, no le fue. Jugó 17 partidos y convirtió 2 goles en aquel emocional equipo donde se destacaron, para bien o para mal, Morquio, Moner, Erbín, Fabián Carrizo, La Bruja Berti, Juan Carlos Padra e Iván Gabrich. Por caso, Morales convirtió el primer gol en la victoria por 3 a 2 sobre River en la anteúltima jornada con el cual los de Parque Patricio le sirvieron en bandeja el título de campeón del Clausura 2001 a San Lorenzo.

Tras aquel torneo y cansado de los humores del Inglés Babington, quien siempre lo consideró el primer fusible a reemplazar, El Karibito inició una gira interminable que lo depositó por Grasshoppers (2001/02) y FC Wil de Suiza (2003), Montevideo Wanderers (2003),  Deportivo Maldonado (2004), River Plate (2004), Rampla Juniors (2005), Nacional de Montevideo (2005 y 2006/07) Universidad de San Martín de Porres de Perú (2006) y Mes Kerman de Irán (2006/07) donde colgó los botines.

Ahora bien, usted se preguntara ¿y que tiene que ver esto con Marama y Rombai? Es que a finales de los noventa, nuestro homenajeado fue uno de los cantantes y bailarines del grupo juvenil “Karibitos”, el cual era la reserva del establecido grupo “Karibe con K” y con el cual giró, con bastante suceso, por Uruguay y también por la Argentina.

Recordando sus días de gloria, Gerardo Morales manifestó: “El grupo se inició gracias a un representante que nos vio tocar y se le prendió la lamparita. Teníamos a todas las mujeres. Fueron nuestras primeras experiencias sexuales. Las gurísas nos tiraban del pelo. Parecíamos los Beatles. Nos sentíamos Paul McCartney”.

“Muchas veces tocábamos en la televisión, en De Igual a Igual, y yo me tenía que ir corriendo por que jugaba. Llegaba a la cancha con el disfraz puesto y mis compañeros se mataban de la risa”.

Hoy, Gerardo Karibito Morales trabaja en las juveniles de Rentistas, donde guía y aconseja a muchos jóvenes, quienes rebeldemente le contestan: “Todo comenzó bailando / Aquella noche loca de los mil tequilas / Amé como sonreías / en el resto de mi vida” (?).

Carrera Juan Ignacio

Juan Ignacio Carrera (Chilo)

Poseedor de un porte cercano a los dos metros y de un rictus con el cual uno pensaría hasta 72 veces antes de agarrarse a las trompadas, el arquero pergaminense Juan Ignacio Carrera (10/05/1981) pasó por la primera de Argentinos Juniors con las mismas dosis tanto de fortuna como de infortunio. Aquí el recuerdo de la carrera de Carrera (?).

En el verano de 2001 y con tan solo 19 años, El Chilo se encontró haciendo la pretemporada con los profesionales, siendo la última opción detrás de Sanzotti, Memento Aurrecochea y los veteranísimos Marcelo Ojeda y Robert Siboldi. Eso, claro, no impidió que El Checho Batista lo mandase a la cancha como titular en la última jornada del Clausura ’01 (derrota 1-2 con Chacarita), ya que decidió guardar a los titulares para jugar la Promoción frente a Instituto.

La temporada siguiente (2001/02) Carrera volvió a la Reserva, ya que tanto Batista como El Indio Solari lo protegieron en la campaña que desembocó en la pérdida de la categoría y sumaron a Rodrigo Burela para irse a la B como Dios manda.

Con el descenso consumado y cansado de actuar con los juveniles, el arquero tomó una de las mejores decisiones que estaban en la baraja por aquellos días: retirarse e irse a España a trabajar como albañil retirarse e irse a España a trabajar como albañil. Luego de tres años dándole al pastón y al fratacho, a principios de 2005 volvió a La Paternal para buscar sus derechos federativos y así poder atajar en equipos regionales de La Madre Patria. Y fue ahí, en ese preciso momento, cuando Chiche Sosa y Luis Segura lo invitaron a quedarse en El Bicho ya que lo conocían y buscaban arqueros de respaldo ante la vejez (?) de Marcelo Pontiroli y la presunta inminente venta de Nicolás Navarro. ¡Y hasta le hicieron un contrato a Carrera! ¡Sorpresa y Media!

Durante las dos temporadas siguientes y con intermitencias, El Chilo adornó el banco de suplentes hasta que el 22 de septiembre de 2007 -y tras 6 años sin jugar en Primera- volvió al primer equipo con 15 minutos de fama incluido. A los 70 minutos de la victoria 4 a 0 sobre Newell´s (con hat-trick de Palito Pereyra), Navarro cometió penal y se fue derecho a las duchas. Carrera ingresó, se paró bajo los tres palos y en su primera intervención le atajó el penal a Rolando Schiavi. Heróico, aunque después del siguiente partido volvió al banco de relevos.

Con la venta de Navarro, en el Clausura ´08 se le abrió a nuestro homenajeado la esperada posibilidad de clavarse el buzo número 1 y de ser titular, pero antes del partido ante San Martín de San Juan por la primera fecha se le cayó una pava con agua hirviendo en la pierna derecha que le provocó una inflamación de tobillo que lo tuvo a maltraer durante varios meses. Asì y todo, atajó en ese y en un puñado de encuentros más hasta que Sebastián Torrico le robó el arco y Diego Morales el lugar en el banco de suplentes. Y todo por una pava. Que pavo (?)…

Tras otro año en la Reserva, en julio de 2009, su representante, Carlos Mac Allister, le consiguió un préstamo en Independiente Rivadavia del Nacional B, donde fue el portero titular en las desastrosas campañas del Teté Quiroz y de Claudio Úbeda. Lamentablemente, cuando llegó Roberto Trotta lo separó del plantel junto a Matías Mantilla, Loeschbor, Leopoldo De La Vega, Seltzer y Garipe, entre otros representados por El Colorado. Turbio.

Luego de otros doce meses en la Reserva de Argentinos Juniors (2010/11) a mediados de 2011 se fue a Sarmiento de Resistencia del Chaco del Argentino B, donde se dio el lujo de llegar hasta Octavos de Final de la Copa Argentina, siendo eliminados por Racing la noche del debut de Zubeldía como entrenador Académico.

Entre 2012 y 2015, El Chilo integró el plantel de San Martín de Tucumán del Argentino A, donde alternó titularidad con el ex Boca Diego Pave. En enero de 2016, el entrenador, Tomatito Pena, se cargó a ambos porteros, momento desde el cual Juan Ignacio Carrera forma parte del plantel de San Jorge de la tierra de Palito Ortega y La Bomba Gladys.

Y así llegamos hasta hoy: arco, fratacho, once partidos en Primera, pavas y Pave. Una verdadera Carrera Demente

Manrique Matías

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Matías Eduardo Manrique

Símbolo de una etapa oscura de Independiente y primer beneficiario de las constantes visitas de Gabriel Milito al policlínico, el mendocino Matías Manrique dejó su imborrable recuerdo tanto en las retinas de los seguidores del fútbol como así también en las piernas de rivales de turno. Aquí el repaso de su dilatada trayectoria.

Defensor central, lateral izquierdo o a veces volante central, Manrique debutó en la última fecha del Apertura 2000, cuando el técnico interino, Hugo Villaverde, lo mandó a la cancha por Gustavo Núñez en el segundo tiempo de la victoria 2 a 1 sobre Belgrano. Esa tarde y pese al triunfo, El Rojo no pudo lograr el pasaje a la Copa Libertadores de 2001 ya que Vélez había ganado su respectivo encuentro. La historia arrancaba con sabor a decepción.

El jugador recién volvió a ver algo de acción al año siguiente. Y durante 2001 y el primer semestre de 2002 integró una pesadillesca última línea que se compuso con estos apellidos: El Bebé Rocha ó Darío Sala / Martín Vitali, El Avión Ramírez o Matías Villavicencio / Satanás Paéz o José Luis Zelaye / Matías Marchesini o Matías Manrique / Mariano Pernía o Juan Carlos Tissera. Entrenador: Osvaldo Piazza ó El Negro Clausen… Si no viene sólo, metansé los dedos pero no se queden con el vómito atragantado.

Con la intención de destacarse entre tanta alimaña (?), nuestro homenajeado metió la mano de manera casi amateur en la última fecha del Clausura 2001, cediéndole un penal a Racing que luego El Chanchi Estévez convirtió en gol y que significó la derrota con la que Daniel Garnero se despidió del fútbol.

Con la llegada del Tolo Gallego se acabó esa etapa nefasta de la humanidad y Manrique se exilió en el recientemente ascendido Arsenal de Sarandí (2002/04), donde comenzó alternando y agarró la titularidad en el Clausura 2003. Lamentablemente, entre las lesiones y la poca onda (?) sólo disputo menos de una decena de partidos durante los últimos doce meses. En total defendió en 33 ocasiones el escudo de armas de la familia Grondona.

El mendocino volvió a Independiente y se mantuvo los últimos seis meses de 2004 entrenando con la reserva. Al año siguiente, un César Luis Menotti que ya estaba de vuelta lo vio correr, se enterneció y lo volvió a incluir en el primer equipo. Nobleza obliga, El Flaco solo lo utilizó frente a Olimpo. Fue Pepé Santoro quien lo hizo jugar con más continuidad y ya como lateral izquierdo, disimulando las falencias de Manrique con los aciertos de Navarro Montoya, El Negro Martínez, Múñoz Mustafá y El Negro Cáceres.

Luego llegó Julio Falcioni y Manrique se vislumbraba como el atleta perfecto para la filosofía del entrenador. Hasta le convirtió un recordado golazo de tiro libre a Lanús (4-2) en la primera fecha del Apertura 2005. Lamentablemente, en la quinta jornada se hizo un gol en contra frente a Gimnasia de La Plata (0-3), fue reemplazado y no volvió a verse su estampa en una cancha de la Primera División de nuestro fútbol.

Sus números finales en Independiente dan: 31 partidos con tres rojas y un gol por campeonato más 7 encuentros por la Copa MERCOSUR con la recordada tarjeta roja frente a Flamengo, cuando se hizo expulsar de manera infantil a los 18 minutos propiciando la victoria por 4 a 0 de los dirigidos por Mario Zagallo ¿Algo más? Si, cuando Manrique se estaba yendo de la cancha, Oscar Ruíz le enchufó una amarilla por protestar. Nuestro protagonista en estado puro…

Luego de meter un mal pase con el Numancia de España y de salvar su vida de milagro al arrojarse de su camioneta para evitar un secuestro express, Manrique continuó su carrera en Uruguay, donde tuvo un paso discreto por Danubio (2006). Tras un año recuperándose de una lesión en Independiente se sumó –increíblemente- a un Peñarol de Montevideo (2007/08) que se encontraba en decadencia y donde pudo sumar su único título actuando como suplente.

A mediados de 2008 volvió al país y firmó para Huracán, donde solo fue al banco de relevos en el empate 3 a 3 con River, la tarde que debutó Ángel Cappa como entrenador quemero. De hecho, fue el propio Bigotón quien le aconsejó a los dirigentes que le rescindieran el contrato junto a Germán Castillo, Alejandro Limia y Diego Herner, quienes no tenían cabida en el “Tiki – Tiki”.

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Tras no llegar a un acuerdo con Chacarita del Nacional B por un tema de números, el defensor se volvió a su provincia y jugó un año para Huracán de San Rafael del Argentino C. Luego cruzó la cordillera y se sumó a Ñublense (2010), donde su estadía quedó marcada a fuego luego de ser suspendido por cinco fechas tras agredir al jugador ecuatoriano de Unión Española, Giovanni Espinoza, con epítetos como: “Mono” y “Tomá una banana”. Ese mismo mes fue arrestado por protagonizar una pelea en el estacionamiento de un supermercado. Todo Mal.

En 2011 y ya en el otoño de su carrera Matías Manrique se integró al Leonardo Murialdo de Mendoza. Club que abandonó en algunas ocasiones para intentar ayudar a otros equipos mendocinos como Andes Talleres o Deportivo Maipú cuando participaron de competencias como el Argentino B o C. Pero claro, siempre regresa a Leonardo Murialdo, donde es considerado una leyenda y un símbolo de la provincia. Cada loco con su tema. De hecho, hace poco el club lo agasajó por su partido 300 con la institución. ¿Trescientos? “This is Sparta Mendozaaaaaaaa”…

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Fornillo Mariano

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Mariano Leandro Fornillo

Primer semestre del año 1999. Huracán era un quilombo, un haras, un corralón. Inmersos en una carrera alocada hacía el Nacional B, sus voluntariosos jugadores juveniles sobreexigían su tracción a sangre para intentar lograr un imposible mientras su hinchada los maltrataba cual animales; si es que legitimamos el sinsentido de maltratar a los mismos.

Con el inglés Carlos Babington haciendo las veces de un déspota patrón de estancia, por el primer equipo del Globo desfilaron percherones como Sebastián Morquio, Alfredo Torres, Marcelo Ledesma, Fernando Ávalos, Cristian Fernández, Ariel Graña, Leonardo Orsi, Gustavo Mhamed y Gustavo Artaza, entre tantos y tantos otros grandes valores.

Lo curioso del asunto es que ni antes ni después de aquel primer semestre de 1999 un plantel descensivo contó –además- con tantos potrillos señalados como proyectos de futuros grandes jugadores. A saber: Sixto Peralta, Rolfi Montenegro, Andrés Silvera, Gastón Casas, Pablo Calandria, Lucho González, Pablo Brandán y Mariano Toedtli. Eso, sumado a unos experimentados Gustavo Chacoma y Raúl Peralta. Todos ellos verdaderos pura sangre del buen trato de pelota; más allá que alguno que otro se convirtió en legítimo baldosero.

En ese contexto, el juvenil arquero Mariano Fornillo (04/04/1979) ocupó -con el dorsal número 40- el lugar de suplente de Martín Ríos una vez que el entrenador se cargó a La Anguila Gutiérrez y a Javier Sodero. Por que animales había para todos los gustos.

Y así, durante las últimas ocho jornadas, el pibe se sentó en el banco de suplentes y se dedicó a mirar los partidos, no sin dejar de sorprenderse y tomar nota del marcado contraste entre compañeros y compañeros. La afilada guillotina del Fantasma del Descenso acabó con el espectáculo y con los días de Mariano Fornillo en un plantel de Primera División.

Deportivo Merlo (2001/06), San Miguel (2006/07) y Justo José de Urquiza (2007) de las categorías menores de AFA fueron los lugares donde continuó su carrera con relativa continuidad y escaso suceso. Antes de cumplir los 30 años, Mariano Fornillo colgó los guantes.

Extrañamente o no tanto, Mariano Fornillo consiguió notoriedad y prestigio en la siguiente década ¿En que forma? No en forma de fichas, sino como uno de los mejores cuidadores y criadores de caballos de competición de la Argentina. Y allí anda hoy, recibiendo reconocimientos y billetes. Nos alegra y nos ilumina. Por que siempre es saludable tratar con equinos desde chico…

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Especiales: El gol del Campeonato (Parte 2)

campeonato06

Gerardo Bedoya a River (Apertura 2001)

El planeta se había vuelto extraño. Corralito, corralón, torres gemelas, despedida de Maradona, Gran Hermano. Todos estábamos tan distraidos con nimiedades que no reparamos en un pequeño detalle: Racing Club de Avellaneda estaba a pasos de ganar el campeonato después de 35 años de espera. Y de esa manera, es sabido, es como termina el Libro del Apocalipsis de la biblia. Sonamos…

A decir verdad y aunque lo neguemos o lo hayamos olvidado, casi todos, de alguna u otra manera, fuímos simpatizantes de aquel equipo formado por la empresa Blanquiceleste S.A que encabezaba el Mostaza Merlo como figura excluyente. Más aún en las fechas cúlmines del torneo, cuando parecía que no le íba a dar ni la nafta ni la fuerza anímica para dar la vuelta olímpica.

El 2 de diciembre, por la decimosexta jornada, La Academia recibió en su estadio a su escolta, River Plate, en lo que era una verdadera final anticipada. Y fue más que eso. Resultó una batalla épica, una película de Tarantino, el camino del héroe y demás. Tal es así que todo quedó grabado a fuego en la memoria de quienes miramos aquel encuentro.

Esteban Cambiasso -un ex Independiente- abrió el marcador para River en el último minuto del primer tiempo y daba la impresión que Racing jamás lo iría a empatar. Con ese resultado, los de Núñez quedarían a solo dos puntos de los gerenciados a falta de tres fechas y con la sensación que el castillo de naipes blanquiceleste se iba a desmoronar. Eso, claro, hasta que apareció en escena él: Gerardo Alberto Bedoya Múnera y desató el eterno carnaval.

Latigazo inmortal, vuelo de Comizzo, pedido de hora de Mostaza, empate, «se lo dedico a Cardetti» y demás. Racing Club de Avellaneda campeón y que se venga el mundo abajo.

campeonato07

Nelson Cuevas a Racing (Clausura 2002)

Para esos años de superabundancia, parecía ser demasiado. La dupla Dávicce- Pintado despidió su gestión en River Plate con tres subcampeonatos consecutivos y hasta se había «devorado» a «Los Cuatro Fantásticos«. De hecho, Ariel Ortega aún no había podido dar la vuelta olímpica en su primer regreso a Núñez; Boca se había llevado todo y hasta San Lorenzo había ganado su primera copa internacional. «Yo voy a devolver a River a los primeros planos» declaraba el flamante Presidente, José María Aguilar, como intentando apaciguar un aparente incendio que a ciencia cierta no era tal.

Seguido de cerca por el Gimnasia de Ramacciotti, aquel River de Ramón arrasó rivales durante ese torneo basado en la solvencia de una inédita línea de tres, en el fútbol generado por los pies del Lobo Ledesma y en el poder goleador de Fonseca Esnaider Cavenaghi. Y así, con virilidad futbolística, el equipo llegó a la decimosexta jornada para enfrentar a un viejo conocido: el Racing Club de Mostaza Merlo.

El partido fue aburrido y olvidable. Horrendo. Salvo los minutos adicionados, claro. Después de una falta a Leo Torres con el tiempo cumplido, Comizzo retuvo la pelota para impedir que Racing la jugase rápido. Chiche Arano se la sacó al arquero e hizo el tiro libre que finalizó con una zancadilla criminal del propio Ángel David sobre la humanidad de Panchito Maciel. Tarjeta roja al portero, tiro libre para La Academia y Martín Demichelis al arco ya que El Millonario no tenía más cambios. Prepará otro subcampeonato (?).

Lo que sigue es historia y de la buena: un tiro libre ejecutado asquerosamente por ¡Claudio Úbeda!, la contra electrizante de Nelson Cuevas y el inolvidable Pipinazo esquivando hasta una patada voladora de Gustavo Campagnuolo. River campeón y lleno de gracia. Por que, se sabe, la revancha es un plato que se sirve paraguayo…

campeonato08

Lucas Pusineri a Boca (Apertura 2002)

Morocha, flaca, ojos verdes, simpática, sexy, sensual, inteligente, increíble… Sin exagerar, era la mujer más hermosa que había tenido entre mis brazos en toda mi vida. Nunca jamás me había levantado a una mina en el apogeo de su belleza. Y nunca más lo haría. Lo que es peor, es que ella estaba sinceramente enamorada de mí. Y yo, por supuesto, hacía uso y abuso de esa ventaja.

Todo había comenzado un par de veranos atrás, en mi Mar del Plata, cuando yo estaba fascinado por salir los sábados a la noche a cazar turistas. Y una noche cualquiera, ya no recuerdo ni como, di con ella, que había llegado desde la desconocida City Bell… Y a partir ese momento seguimos la especie de relación en veranos, inviernos, fines de semana largos y con ese amigo olvidado llamado teléfono. Esa mujer cada día me amaba más ¿Y yo? Por esa época ya era incapaz de amar a nadie.

Bueno, en realidad, no. Yo amaba fervientemente a Boca Juniors, que para finales de 2002 me tenía muy malacostumbrado: títulos locales, internacionales, mundiales. A uno se le había despertado un apetito voraz que exigía ganar por demolición hasta los torneos de verano. Básicamente, eso era lo único que realmente me importaba en aquella vida.

En diciembre de ese año, ella se tomó un fin de semana a base de mentiras para venir a verme y definir todo lo nuestro. Si es que había un todo y si es que había un nuestro. ´Hablamos el domingo, durante el partido´ atiné a decirle con ánimos de postergar la charla hasta que una providencial invasión extraterrestre me exima de enfrentarla. Además, Boca se jugaba la chance de destronar al líder Independiente en la anteúltima jornada del torneo y yo no pensaba perdérmelo. Realmente no podía posponer eso. Lo otro sí, pero eso no.

Domingo. Ella pasó a buscarme por el trabajo y fuimos a un café. En ese ambiente, nuestro ambiente, había una sensación de inminente inquisición que yo quería evitar hablando de nimiedades. Pero esa sensación, cercana a la culpa, volvía cada vez que la miraba a los ojos. Nos sentamos frente a una pantalla gigante a la espera del partido y ahí pasó lo peor que pudo haberme pasado. Corte general de electricidad en casi toda la Argentina. ¿Y ahora qué hago?

No hubo partido en directo. Al menos, no en las zonas que yo frecuentaba. Tuve que hacerle frente a una mujer y tirar todo por la borda por mi poco apego al compromiso y por mi temor a las rutinarias relaciones de pareja. Aquella tarde sigue dando vueltas en mi cabeza como aquel delantero que se tortura por haber tirado una pelota por arriba del travesaño en una final del mundo. La revancha algún día llegaría, pero no sería la misma. Sería otra revancha. En otro lugar, siendo otra persona.

Volví a ver a Sabrina -así se llamaba ella- una década después, en la costa. Me la crucé por casualidad. Estaba igual de hermosa que siempre pero esta vez llevaba en sus brazos a un infante vestido de Independiente y de nombre Lucas… por que a veces, injustamente o no, los campeonatos se los llevan otros…

campeonato09

Pablo Piatti a Newell´s (Apertura 2006)

Pese a La Volpe, Boca Juniors iba derecho a conseguir su ansiado tricampeonato. El único que tenía mínimas chances de aguarle la fiesta era Estudiantes de La Plata, que no daba una vuelta olímpica desde hace más de veinte años.

Además, había en el ambiente una extraña sensación de persecuta hacía los Pincharratas: «Que los árbitros no se animan a expulsar a Verón», «Que la Bruja es el cabecilla de una movida de los jugadores para voltear a Grondona» y demás. A la jornada dieciseis, frente a Newell´s, los de Simeone llegaron con cuatro puntos menos que los Xeneizes e imposibilitados de llevar a sus hinchas a Rosario. Bienvenidos al futuro.

Encima, aquel sábado 18 de noviembre, Tacuara Cardozo abrió el marcador para los Leprosos de penal y el tiempo se consumió para Estudiantes entre la impotencia y los chistes de Baldassi. Tremendo. A los 90 minutos, como quien no quiere la cosa, José Luis Calderón empató el partido y le dio algo de vida a su equipo, que se potenció cuando el árbitro elevó seis dedos al cielo. Y a la carga Barracas…

Fue en ese preciso momento cuando apareció en escena Pablo Piatti con su metro sesenta y tres para meter la cabeza y darle una agónica victoria a Estudiantes a los 94 minutos. Heróico e inolvidable para el pibe cordobés de tiernos 17 años que encima estaba haciendo su debut absoluto en Primera División.

Aquel gol fue la orden para que se empiecen a alinear los planetas. Del resto, por supuesto, se encargó el querido Ricardo…

Aquí, el listado completo de los goles del campeonato desde el inicio de los torneos cortos

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Medina Nicolás

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Nicolás Rubén Medina (Nico – Tato)

En estos días convulsionados que vive la Argentina apelamos a la unidad nacional brindando una Baldosa mucho más inclusiva. Además de los típicos baldoseros, por este espacio han desfilado jugadores que han defendido a diversas selecciones. Campeones de liga, de copa, de juveniles. Algunos que han pasado por grandes de Europa. Otros que participaron de la Copa América. Hay varios extranjeros que hasta han sido mundialistas. Pero nunca, hasta hoy, se había incluido a un futbolista que además tiene una Medalla de Oro olímpica. Con nosotros: Nicolás Rubén Medina.

Nacido el 17 de febrero de 1982 en Capital Federal, este volante polifuncional -de preferencia central aunque también defensor- comenzó su carrera en el semillero del Semillero del Mundo: el Club Social y Deportivo Parque. Siguiendo el camino natural de todos aquellos pibes, se unió a las inferiores de Argentinos Juniors promediando su adolescencia.

Además, formaba parte activa del Seleccionado Sub-17 de Hugo Tocalli. Y fue precisamente allí -cuando se encontraba disputando el Sudamericano de la categoría en Montevideo- que su nombre llegó con prepotencia a las grandes marquesinas. El flamante entrenador de la Selección Argentina, Marcelo Bielsa, lo había convocado para el primer amistoso de su gestión en el cual iban a participar los consagrados jugadores que estaban en Europa. “Nicolás Medina debe ser un crack, recién cumplió 17 años”, pensábamos todos…

Con la cabeza en otro lado, El Tato tuvo un bajo nivel en la ronda final del Sudamericano y la Selección no consiguió el pasaje al Mundial de Nueva Zelanda ´99. Igual, a Medina nada pudo borrarle la sonrisa de la cara. Viajó a Holanda, se sacó una foto con Redondo, otra con Batistuta y después se sentó en el banco de suplentes en el empate 1 a 1 contra los locales. Ah, también se sacó una foto con Guglielminpietro, claro, pero la borró 36 minutos después (?).

En septiembre de ese año -1999- debutó con El Bicho cuando ingresó a los 44 minutos del empate 1 a 1 frente a Boca. Esa noche, Chiche Sosa le pidió que ayudase a Mariano Herrón en la tarea de anular a Juan Román Riquelme. Y los dos pibes cumplieron con creces, claro. Durante los dos años siguientes, Medina osciló entre la titularidad y el banco de suplentes, con la lógica de quien cuece a fuego lento a sus futuras estrellas. En resumen, hasta mitad de 2001 totalizó 48 partidos y un gol (a Boca). No la rompió ni defraudó, por supuesto. Aún tenía 19 años.

A mediados de 2001 ocurrió lo mejor de su carrera cuando fue el volante central titular en la Selección Argentina Sub-20 que ganó caminando el Mundial disputado en nuestro país al lado del Conejo Saviola, El Cabezón D´Alessandro y El Pipi Romagnoli. Y también al lado de Sebastián Bueno y El Pollo Herrera, claro. Después de la vuelta olímpica, Nico fue vendido por 3,5 millones de dólares al Sunderland de Inglaterra, quienes se decidieron a invertir animados por las buenas actuaciones de otro ex Argentinos Juniors que habían contratado: Julio Arca.

Sin embargo y pese a que lo definió como “un mediocampista completo”, el técnico Peter Reid jamás lo utilizó en el primer equipo y la participación de Medina se limitó a los partidos de reserva. Tras el descenso del Sunderland, la directiva lo cedió al Leganés (2003/04) de la Segunda División española que contaba con 15 argentinos y que descendió a la tercera categoría. Al menos, pudo ser titular. Entremedio, Bielsa lo convocó para el Preolímpico Sub-23, que Argentina ganó logrando el pasaje a los Juegos Olímpicos.

El año 2004 estuvo, para Nico, teñido de celeste y blanco. Estuvo en la Copa América de Perú -para ver todos los encuentros desde el banco- y participó de Atenas 2004, donde ingresó como suplente en los partidos frente a Serbia, Costa Rica e Italia y se adjudicó la primera presea dorada de la especialidad para nuestro país. Desde Grecia, aquella Selección Sub-23 completa viajó directo a Perú para jugar por Eliminatorias y Medina ingresó por Tévez durante los últimos siete minutos de la victoria por 3 a 1 frente a los incaicos. Ese -podríamos afirmar- fue su punto final en el alto rendimiento. Obvio, ya tenía 22 años (?). Eso si, estuvo al lado de Bielsa durante sus primeros días y también en su último encuentro.

En la temporada 2004/05 jugó -con un nivel irregular- en el Murcia de la Segunda de España. Luego volvió al país para sumarse a Rosario Central (2005), donde apenas metió 3 partidos con un pobrísimo rendimiento. A comienzos de 2006 y ya con el pase en su poder, Medina firmó para Gimnasia de La Plata para estar recuperándose de una lesión durante todo el Clausura 2006.

¿La solución? Un semestre a préstamo en Nueva Chicago (solo jugó 12 minutos frente a Gimnasia de Jujuy) y otro en Talleres de Córdoba en la B Nacional (9 partidos, un gol, en la campaña que condenaría al Matador a bajar al Argentino A).

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De regreso en Gimnasia, Falcioni lo puso en 7 partidos hasta que una rotura ligamentaria lo dejó afuera de todo. Con 26 años, El Tato dejó la elite de nuestro fútbol y -tras doce meses en la enfermería del Lobo- en 2009 se fue al O´Higgins de Chile. Con algunas interrupciones por lesión en el medio, Tiro Federal (2010, Nacional B, 7 partidos), Reboceros de La Piedad de México (2011, Liga de Ascenso, 2 partidos) y El Porvenir (2012/13, Primera C, 12 partidos) fueron los siguientes destinos donde siguió regalando jirones de prestigio.

Entre 2013 y 2015, el campeón olímpico estuvo en Unión Comercio de Perú, donde le sobró para convertirse en patrón del mediocampo. A mediados de 2015, la ex promesa Nico Medina cambió de equipo pero no de país cuando se sumó al Sport Huancayo.

Y ahí, como quien se siente en su casa, dejó una sentencia digna de resaltar: “El único técnico que mete con seguridad a Perú en el Mundial de Rusia es José Pekerman”. ¿Por su probada capacidad? ¿Por lo que está haciendo en Colombia? ¿Por las enseñanzas que te dejó en la Selección Sub-20? “No… porque es mi suegro”.

Nicolás Rubén Medina. Bienvenido a En Una Baldosa.

Especiales: El gol del campeonato (Parte 1)

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Es, por supuesto, el tanto más recordado por los hinchas de cada equipo campeón. Es ese grito que te hace poner la piel de gallina cada vez que lo recordás o lo encontrás en televisión. Un momento de alegría que funciona como bálsamo ante cualquier depresión. Un lugar adonde irse a vivir eternamente. ¿Por qué? Por que de cada posible sueño recurrente ellos son la infinita confirmación.

El gol del campeonato puede ser el que definió matemáticamente un torneo, pero muchas veces no lo es. Lo que es seguro es que no necesariamente son los que ocurrieron en los clásicos, por más que, tal vez, esos tantos guarden un lugar más privilegiado en el corazón de todos.

Por lo general, el gol del campeonato es el que se inmortaliza por que emerge cuando el miedo y la angustia paralizan a hinchas y a protagonistas. Funcionaron y funcionan como descargo y desahogo. Y, desde su concepción, cobran el estatus de “objeto”. Están almacenados en el disco rígido y no se borran. Una coreografía interminable con héroes, antihéroes y baldoseros. Aquí el recuerdo para algunos de ellos.

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Aldo Soria a Talleres de Córdoba (Clausura 1992)

Newell´s Old Boys estaba deprimido: apenas siete días atrás había perdido por penales la final de la Copa Libertadores frente al San Pablo. Y a pesar de haberle prometido a Marcelo Bielsa que iban a ganar sí o sí aquel campeonato, los jugadores no daban pie con bola contra Talleres en el partido que tenían postergado.

Peor aún, cuando en el primer tiempo Javier Zeoli le atajó un penal a Eduardo Berizzo, quien también había errado su ejecución frente a los brasileros. El Coloso del Parque se llenó de fantasmas. La solución, como siempre en la historia del fútbol rosarino, estuvo en recurrir a la cantera. Y El Loco se la jugó por dos pibes que venían asomando: Marcelo El Pichi Escudero y Aldo Soria.

Y fueron ellos dos, en ese orden, quienes marcaron los tantos de la victoria a los 82 y 84 minutos para mantener la diferencia en la tabla frente a Boca. Y fue precisamente después de este último gol que el pueblo Leproso sintió que el campeonato no se iba a escapar. Y no se escapó. Un par de semanas después solo se podía decir una cosa: “!Ñubel! ¡Ñubel, Carajo!”.

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Claudio Benetti a San Martín de Tucumán (Apertura 1992)

Imposible obviarlo. Boca acumulaba once años de frustraciones y llegaba a la jornada final de aquel campeonato con poca nafta y con River comiéndole los talones. Ricardo Solbes abrió el marcador para los tucumanos y el silencio se apoderó de La Bombonera, por el temor cagazo a perder el torneo frente al rival más odiado.

Y ahí apareció él, Claudio Edgar Benetti, con su eterno tiro cruzado. “Los rivales se abrieron”. “pedito de vieja”, “estaba arreglado”, “amenazaron a los tucumanos”. Todo eso es verdad, todo eso es mentira y todo eso ya es un mito.

El héroe con 15 minutos de fama por antonomasia de nuestro fútbol ya estaba instalado y el telón de aquel torneo cayó con la tónica de aquel final de campeonato: con el alambrado sobre la jeta de los ganadores…

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Enzo Francescoli a Talleres de Córdoba (Apertura 1994)

Decimoséptima jornada. El River de Américo Gallego estaba invicto e iba con paso firme hacía la conquista de un nuevo campeonato. Con 26 puntos, al momento de iniciarse su encuentro le llevaba solo uno de diferencia a San Lorenzo, quien ya había vencido por 3 a 1 a Vélez. Recuerden: todavía se entregaban dos puntos por victoria.

Antes de finalizar la primera etapa, Enzo Francescoli abrió el marcador gracias a un penal de dudosa procedencia (?). Además, el inexperto árbitro, Horacio Elizondo, había expulsado a Ariel Boldrini del Matador sin motivo evidente. En apariencias, todo cocinado para los de Núñez.

Sin embargo, a los tres minutos del segundo tiempo apareció Adrián Fornero, quien inesperadamente igualó el marcador. Y fue ahí, con el apresurado transcurrir de los segundos, cuando la incertidumbre se apoderó de los Millonarios ¿Por qué? Por que en las últimas dos jornadas debía enfrentar nada menos que a Boca Juniors y luego al Vélez campeón del mundo. En tanto, San Lorenzo debía medirse contra el irregular Lanús y luego frente a sus amigos de Rosario Central. Todo se había puesto raro.

Pero claro, nadie contaba con la astucia de Elizondo quien, mostrando ganas que su nombre sea conocido en todo el país, adicionó cinco minutos cuando el tiempo reglamentario había expirado ¿Algo más? Si, también expulsó a Silvio Carrario y a Daniel Kesman del visitante es un loquito… es un loquito…

Una vez cumplidos los cinco minutos, el árbitro adicionó tres minutos más como corresponde (?). Tiempo suficiente para que Enzo Francescoli -de cabeza- marcase un gol inmortal que quedó como la ratificación de la merecida conquista de ese campeonato, más allá de la actuación del árbitro, quien era perseguido por los pocos cordobeses que aún quedaban en la cancha.

Un par de días después, el equipo del Tolo venció por 3 a 0 a Boca. Sin embargo, no pudo dar la vuelta olímpica en el Camilo chiquero Cichero a la espera del partido de San Lorenzo, quien finalmente empató 2 a 2 con Lanús. Así es, aquel River salió campeón mirando la televisión.

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Roberto Trotta a Newell´s (Clausura 1997)

A mediados de los noventa, la sociedad argentina tenía una sola certeza: ningún humano amaba a Roberto Trotta (?). Odiado en menos de doce meses por los hinchas de Vélez, por los tifosis de la Roma de Italia y también por Ramón Díaz; la estabilidad emocional del Cabezón estaba siempre en la mira. Además, el jugador encontraba en los periodistas a los cómplices ideales para dejar en claro por que el planeta estaba equivocado menos él. “No tengo pelos en la lengua”, se enorgullecía…

Y así, convertido en un paria emocional, Trotta fue el lógico suplente de Celso Ayala durante el Clausura 1997; extraño torneo donde el lugar de escolta de River osciló entre Colón, Lanús, Independiente y Newell´s. Ninguno era tan sólido como el Millonario, que sin embargo sufrió derrotas vergonzosas frente a los Sabaleros y a Estudiantes. Cualquier cosa podía pasar…

Por la jornada 17, ahí nomás del final, River recibió en su estadio a su competidor directo Newell´s en un partido que se tornó duro y demasiado peleado, ante la juventud y la ambición de los rosarinos. Todo parejo hasta que en el último minuto apareció Roberto Trotta con una media chilena para marcar el 1 a 0 definitivo, que además posicionó a River como seguro ganador del torneo ante la pérdida de puntos de todos sus rivales.

“Cuando lo ví entrar en el segundo tiempo con la camiseta 13 le dije que iba a hacer el gol del campeonato” dijo Ramón Díaz como dando a entender que el defensor le había gritado el gol en la cara como dedicatoria, cuando en realidad lo que Trotta tenía era ganas de bajarle la dentadura, sin (?).

River salió campeón en la siguiente fecha, cuando venció por 2 a 0 a Vélez con goles de Enzo. Por su parte, Trotta se fue a préstamo a Racing, Sporting Gijón y Unión de Santa Fe y recién dos años después recibió algo de afecto. Igual, hizo “el gol” de aquel campeonato…

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Matías Arce a Estudiantes (Apertura 2000)

Tras volver de Japón con la Intercontinental en brazos y luego vencer a San Lorenzo, Boca cayó ante Chacarita por la anteúltima fecha del Apertura y el sueño de lograr un tercer título en aquel año comenzó a desmoronarse. Eso, hasta que dos horas después apareció en escena el paraguayo Derlis Soto de Huracán, quien le empató el partido a River en El Monumental, devolviéndole el alma al cuerpo a Los Xeneizes.

En la última fecha y entremedio de un partido chato y aburrido frente a Estudiantes, La Hiena Arce dejó su lugar en el banco de suplentes para meterse en la historia con un derechazo defectuoso que hizo rememorar, en el acto, a la gracia histórica de Claudio Benetti.

Y así, Matias Arce acabó con la impaciencia de los hinchas que habían abarrotado La Bombonera, se robó las portadas de los diarios y se convirtió en la cara inmortal de la obtención del Apertura 2000. Igual, nunca nadie reparó en un detalle: antes del gol de La Hiena, el escolta River Plate ya había perdido por 3 a 2 contra Lanús. Con o sin gol, Boca ya había ganado el campeonato…