Es difícil encontrar un maridaje más perfecto que la camiseta del Nottingham Forest y las cervecerías, desde 1984 e ininterrumpidamente hasta 1997 main sponsors de los colorados, que todavía gozaban de una enorme reputación gracias a los títulos conseguidos a finales de los setenta y comienzos de los ochenta, como la liga inglesa, el bicampeonato de la Copa de Clubes Campeones Europeos (la actual Champions League) y la Supercopa UEFA. Todos dirigidos por el recordado Brian Clough (aquel de la película The Damned United), que se mantuvo en el cargo ¡entre 1975 y 1993!
Entre 1984 y 1986 fue la danesa Skol (que contrariando la creencia popular no es brasileña) quien estampó su marca al frente de la casaca del Forest y arrancó bárbaro: afuera de la Copa UEFA 1984/85 en primera ronda contra el Brujas de Bélgica.
Tras un breve interinato de Home Ales en la temporada 1986/87, la posta la tomó Shipstones (en la imagen de abajo defendida por un jovencísimo Roy Keane), que se mantuvo hasta 1993 -alternando en los partidos televisados con la canadiense Labatt’s (ambas del mismo dueño) durante la 1992/93- y se fue como corresponde, en gran estilo: descendiendo a la Division 1.
Ya con Labatt’s como sponsor fijo, Nottingham volvió rápido a la Premier League y pegó un campañón en la 1994/95: terminó tercero y se metió en la Copa UEFA 1995/96, de donde marchó en cuartos de final, con una paliza incluida ante el Bayern Munich. Nada comparable con el dolor de ojos que fue ver la camiseta suplente que usaron entre 1995 y 1997, cuando las cosas acabaron mal: con un nuevo descenso.
Luego de 13 años consecutivos de cervecerías en el pecho, la llegada de la aseguradora Pinnacle inició una nueva era de fracasos estrepitosos. De las últimas 20 temporadas, Nottingham Forest pasó apenas una (la 1998/99) en la Premier League. Incluso, hace algunas semanas se salvó con lo justo de caer a Tercera, lo que desencadenó en una increíble invasión de cancha para festejar.
En agosto de 1993, algunas semanas después de haber rescindido su contrato con el Sevilla español, y con su futuro incierto, Diego Armando Maradona viajó a Montevideo para someterse a un rápido tratamiento para bajar de peso en una clínica especializada. En medio de esa travesía, Ceferino Rodríguez, presidente de Nacional, aprovechó la presencia del Diez en el estadio Centenario, donde había ido a ver Uruguay – Ecuador por las eliminatorias a Estados Unidos 1994, para tratar de convencerlo y llevárselo al Bolso.
Si bien Diego no podría jugar el campeonato uruguayo por cuestiones reglamentarias, la posibilidad de por lo menos disputar algunos encuentros amistosos con la casaca del Tricolor era más que tentadora. “Vamos a juntarnos y luego decidirá si firma con Nacional o no. Si la reunión no se puede hacer en Montevideo, yo viajaré a Buenos Aires para encontrarme con él”, aseguraba Rodríguez, ilusionado con la chance de tener al más grande de todos en su plantel.
Finalmente, el Diez, hincha confeso de Peñarol, que analizaba una propuesta de San Lorenzo y hasta le había abierto las puertas a una eventual negociación con el Corinthians brasileño, terminó en Newell’s Old Boys de Rosario.
Alguna vez el Chapulín Romário dijo que “Pelé callado es un poeta”. Seguramente lo habrá escuchado cantar. A continuación, un compendio de futbolistas argentinos y extranjeros que cambiaron, al menos por un rato, la número 5 por un micrófono.
De acá…
Germán Adrián Ramón Burgos (Burgos Simpatía y The GARB)
«Traigan a la renga, que bailen los ratones, que llega el hijo del rock and roll». La grandeza de Germán Adrián Ramón Burgos no distingue camisetas: al mismo tiempo que defendía el arco de River Plate a fines de los noventa, se hizo un tiempo para dedicarse a la música. Al frente de Burgos Simpatía, el Mono editó dos discos de clara estirpe rollinga: Jaque al rey y Fasolera de tribunas. Años más tarde, ya durante su paso por el fútbol español y rebautizado como The GARB, sacó Líneas calientes y Abismos, que lamentablemente no llegaron de este lado del mapa.
Carlos Tevez (Piola Vago)
Visto a la distancia, Los pibes del barrio, el disco debut de Piola Vago, es una gema. Arrancaba con una soberbia versión de «Pobre diabla», del reggaetonero puertorriqueño Don Omar, y cerraba con «Déjala», un magistral cruce dialéctico entre el Apache y el Zurdo por el amor de una mujer. Ay, Zurdo, déjala, déjala, déjala.
Sergio Agüero (Los Leales)
“¿De quién? ¿de quién? Kun Agüero, papá”. Antes de irse al Atlético Madrid, el Kun se animó al micrófono para ponerle voz al tema que le hicieron Los Leales. La concha de tu madre, Kun Agüero.
Diego Armando Maradona (cover de Carlos Vives)
El Diego cantándole una de Carlos Vives (“Voy a olvidarme de mí”) a la Claudia en La noche del Diez. Si no te genera nada, estás muerto por dentro, maestro.
Casi veinte años después de su lanzamiento original, el grupo inglés Lindisfarne convocó al mediocampista Paul Gascoigne para grabar una nueva versión de «Fog on the tyne». En plena Gazzamania tras su actuación en el Mundial de Italia 1990, la canción llegó al segundo puesto de los charts británicos.
Clint Dempsey (ft. Big Hawk y XO)
A los 11 no quería saber nada con el fútbol. Su ídolo, Diego Armando Maradona, se iba del Mundial 1994 por doping. «Nos enamoramos de Maradona, su estilo de juego, su actitud… De todo lo que hacía. Era nuestro héroe», contó alguna vez Ryan, su hermano. Una década más tarde, Clint Dempsey debutó en la selección de Estados Unidos, donde se convirtió en uno de los jugadores más importantes de la historia de ese país. En 2006, en la víspera de su primer Mundial, bajo el seudónimo Deuce, se unió a los raperos Big Hawk y XO para incentivar a los jóvenes a jugar al fútbol y homenajear a su hermana Jennifer, fallecida de un aneurisma a los 16 años.
Ronaldo Giovaneli (Ronaldo e os Impedidos)
En paralelo con su actuación bajo los tres palos del Corinthians brasileño, donde disputó más de 600 partidos entre 1988 y 1998, Ronaldo Giovaneli se las rebuscó para mantener activa su banda de rock ‘n roll, Os impedidos. Y mal no le fue, eh. «O nome dela», lo más parecido a un hit que tuvieron, sonó bastante en las radios y llegó a vender 50 mil discos.
Andy Cole (cover de The Gap Band)
Cuando colgó los botines después de varios pasos en falso por equipos chicos de Inglaterra, Andy Cole, goleador del Manchester United de mediados de los noventa, buscó meterse de lleno en el mundo de la música con un cover de «Outstanding» de The Gap Band. ¿Lo logró? La respuesta no los sorprenderá.
Neymar (Michel Teló)
No hay forma de odiar a Neymar. Ni siquiera cuando canta «Ai se eu te pego» al lado de Michel Teló. Nossa!
Bonus track
Gaizka Mendieta (Los Planetas)
“He puesto la tele y había un partido y Mendieta ha marcado un gol realmente increíble”, canta Jota, de la banda española Los Planetas, en «Un buen día», incluida en su disco Unidad de desplazamiento, editado en 2000. Cuál era el gol realmente increíble de Mendieta, por aquel entonces jugador del Valencia, es un misterio que los medios especializados tratan de descifrar hasta hoy.
¿Mudar o no La Bombonera? Una cuestión que por estos días enciende el avispero del incansable Mundo Boca estuvo fuera de discusión hace más de 50 años, en 1964, cuando el Congreso Nacional sancionó una ley, la 16.575, mediante la cual le cedía al Xeneize la zona del Río de la Plata delimitada entre la avenida Costanera Sur y la prolongación de la calle Humberto Primo para que rellenara un total de 40 hectáreas de islas.
Allí se planteaba la creación de la Ciudad Deportiva de Boca Juniors, un ambicioso proyecto impulsado (y rosqueado a más no poder) por el ex presidente bosteroAlberto J. Armando, que, desde su asunción en 1954, soñaba con la construcción de un imponente estadio. En principio, intentó hacerlo en Casa Amarilla, pero ante la negativa de la Municipalidad de Buenos Aires tuvo que salir a buscar otras opciones. Una tarde de gira con el ingeniero José Luis Delpini, uno de los ideólogos de Brandsen 805, pasaron por la Costanera: “¡Ahí está el lugar!”, sentenció Delpini. “Yo lo único que veía era agua. Por un momento pensé que estaba loco. Pero me explicó que la planta de SEGBA (hoy conocida como Central térmica Costanera) que estaba frente a nosotros también había sido construida sobre pilotes, ganando terreno al río”, declaraba Armando en 1965 a la revista El Gráfico.
Ideado por el arquitecto Carlos Costa, el sucesor de La Bombonera tendría capacidad para más de 150 mil personas y, además, contaría con otras instalaciones deportivas, como canchas de tenis, básquet, piletas de natación, y otras atracciones como confitería, anfiteatro, autocine, acuario, parque de diversiones y sectores de recreación y camping. Todo eso debía realizarse en un plazo inferior a diez años, ya que, en caso de no cumplir con lo pactado, la ley indicaba que los terrenos pasarían sin ningún tipo de indemnización a la Municipalidad de Buenos Aires. Tanta confianza se tenía el Puma Armando que hasta le puso fecha de inauguración al estadio: domingo 25 de mayo de 1975 a las 11 de la mañana, con un duelo entre la Primera y la Tercera. “No podemos perder”, bromeaba el presi, un pésimo actor.
Todo arrancó poco tiempo después de la sanción de la ley, cuando comenzaron los trabajos de relleno del Río de la Plata hasta formar siete islas circulares de unas pocas hectáreas, unidas por puentes curvos voladizos. La naturaleza del proyecto hizo que la Ciudad Deportiva fuese comparada con Brasilia, la capital brasileña creada por el arquitecto Oscar Niemeyer a fines de los cincuenta.
Con buena parte del sector social ya construido y en pleno funcionamiento, las obras del estadio, que se anunció oficialmente en noviembre de 1970, arrancaron en mayo de 1972 con la colocación del primero de los 1200 pilotes de 1,20 metro de diámetro, a 32 metros de profundidad, que servirían de base. Por aquel entonces, se esperaba concretar el hundimiento de los 1199 restantes en un plazo de nueve meses. La obra sería financiada mediante una serie de rifas, denominadas Cruzada de las Estrellas y Cruzada de Oro, y la venta de plateas. El propio Armando, en un verdadero raid mediático, se puso al frente de la búsqueda de inversores.
La versión oficial indica que los vaivenes políticos de la época, la hiperinflación y, aparentemente, algún boicot del Monje José López Rega, hombre influyente y nefasto de aquellos años complicados, sentenciaron el fracaso del estadio, que se reducía a una ínfima tribuna de 30 metros con apenas diez escalones. Otros aseguran que, tras una prueba piloto, la constructora Christiani & Nielsen determinó que el terreno ganado al río no estaba apto para aguantar semejante estructura y que, en agosto de 1973, por falta de pago, ordenó el retiro del personal (unos 40 obreros) y la maquinaria hasta nuevo aviso… que nunca llegó.
El domingo 25 de mayo de 1975, Boca salió a la cancha, pero fue en Liniers, donde Newell’s Old Boys hizo ocasionalmente de local por el campeonato Metropolitano. El encuentro terminó 0 a 0 y en los diarios de la jornada siguiente nada se habló de la promesa incumplida.
En 1979, una ordenanza del intendente de facto porteño Osvaldo Cacciatore liberaba a Boca de la construcción del estadio y le extendía el plazo para la conclusión de otras obras pendientes. Tres años más tarde, el propio Cacciatore sancionó otra ordenanza mediante la cual le daba al club la posesión legal de los terrenos a través de una escritura a su nombre, aclarando que no podía venderlos. Hasta entonces, se habían rellenado 60 hectáreas, 20 más de lo previsto al inicio. Sin embargo, el estado de abandono de la Ciudad Deportiva ya era evidente y desolador.
Durante parte de la década del 80, con el Xeneize hundido deportivamente y al borde de la quiebra, se le buscó un nuevo uso al espacio de la Costanera Sur. Por ejemplo, se le alquiló la isla con la confitería, con su particular techo con forma de hongo anaranjado, a la Cámara de Comercio Argentino Soviética, que instaló allí un centro de exposición permanente de productos exportados de la URSS a la Argentina.
Ya con Carlos Saúl M*n*m como presidente, en 1989, el Congreso Nacional sancionó otra ley, a través de la cual cambiaba el destino de estas tierras, indicando que podían utilizarse como complejo balneario, náutico, turístico, hotelero o comercial y que estaban habilitadas para funcionar como centro habitacional. No son pocos los que aseguran que esto último era el gran objetivo desde un comienzo. Además, se le permitió a Boca la venta de los terrenos. Un negocio redondo.
En 1992, durante la gestión de Antonio Alegre y Carlos Heller, la sociedad Santa María del Plata compró el predio de la Ciudad Deportiva de Boca Juniors a cambio de 23 millones de dólares, dinero que se utilizó, en parte, para la construcción del complejo de Casa Amarilla.
Cinco años después, en 1997, por algo más del doble de valor, los terrenos de la Costanera Sur pasaron a manos de su actual dueño, el Grupo IRSA, que tenía la intención de levantar allí la Villa Olímpica en caso de que Buenos Aires fuese elegida sede de los Juegos Olímpicos de 2004. Según el emperador riojano, nuestras chances alcanzaban el 95%. Ganó Atenas.
Desde entonces, lo que alguna vez fue el gran sueño de la mitad más uno del país alberga recitales y funciona como depósito de containers, mientras convive entre el abandono, la desidia y los intereses económicos que buscan la aprobación de la creación de un complejo habitacional y oficinas de lujo en una de las zonas con el metro cuadrado más caro de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Mientras Eduardo López, presidente de Newell’s Old Boys de Rosario, juraba públicamente que lo de Leonardo Ponzio a Boca Juniors era pescado podrido, le abría las puertas a otra negociación que, a priori, parecía delirante, pero que estuvo cerca de concretarse.
A mediados de 2002, Olimpia de Paraguay había derrotado en la final de la Copa Libertadores al São Caetano de Brasil, ganándose el derecho de definir la Copa Intercontinental frente al Real Madrid de Los Galácticos en Japón. Para ese partido, los de Nery Pumpido necesitaban refuerzos y el nombre que sonó con más fuerza fue el del propio Ponzio. Según medios locales e internacionales, ese sería el paso previo a su llegada al Xeneize.
Al frente de las tratativas estuvo Alfredo Mendoza, ex delantero leproso de la década del noventa, que por aquel entonces trabajaba como manager del club paraguayo. A López, que no dejaba de negar ni un minuto el acuerdo con Boca, le interesaba el negocio para utilizarlo como vidriera: «El tema es muy serio. Me lo planteó Mendoza y quedamos en conversar. Con Boca no hay nada, ya dije varias veces lo mismo y me lo siguen preguntando. Lo único serio es esta posibilidad de que Ponzio juegue la final de la Intercontinental y considero que puede ser un buen negocio para Newell’s», decía el hombre que hizo lo que quiso durante catorce años al frente del cuadro del Parque Independencia.
“Si me lo piden es porque se podrá. No es un tema que se le haya ocurrido a Newell’s», repetía López sobre la chance de que el volante central oriundo de Las Rosas vistiera la camiseta franjeada solo por una noche. Tampoco se hacía mucho problema por el dinero: «Es lo que menos importa, el valor pasa por mostrarle a Ponzio al mundo, incluido al Real Madrid, que será el rival de turno. En este caso, la plata por un partido no cuenta».
Finalmente, las tratativas no llegaron a buen puerto y el mediocampista continuó jugando en el rojinegro. Tiempo después, Ponzio reconoció el acercamiento: “Llamaron a Newell’s, preguntaron por mí, me comentaron que podía darse y al final se cortó. Hubiera estado lindo enfrentar al Madrid de Los Galácticos”.
Finalmente, pudo sacarse las ganas un año y medio más tarde, en marzo de 2004, aunque con la camiseta del Zaragoza español y por la final de la Copa del Rey. Esa noche, los Maños se quedaron con la victoria y el título por 3 a 2.
El primer ciclo de Ramón Ángel Díaz al frente de San Lorenzo (2007 a 2008) prácticamente no tuvo tiempo para sorpresas: apenas un juvenil debutó durante ese año y medio. El elegido fue el correntino Néstor Villalva, un mediocampista central o por derecha que desde hacía un buen rato venía buscando una chance entre los grandes y que se convirtió, de la noche a la mañana, en el fetiche del entrenador.
Después de ir al banco de suplentes contra Rosario Central e Independiente, el pibe se sacó la mufa en la fecha 8 del Clausura 2007, frente a Lanús en el Nuevo Gasómetro (1-0, gol del Cuqui Silvera), cuando ingresó a cinco del final, con la casaca número 30, en lugar de Germán Voboril. La escasez de minutos y la desesperación granate en busca del empate, de todos modos, no lo privaron de tirar un caño casi al lado de donde estaba sentado el riojano. La perdió, claro. “Pensé que mis compañeros me iban a matar», dijo después. Iba a ser, al fin y al cabo, su única aparición en la máxima categoría. ¿Quién le quita lo bailado?
Oriundo de San Roque, a 130 kilómetros de la capital, Villalva (generación 1986) había arribado al Ciclón con edad de sexta división, proveniente del Deportivo Armenio: “Llegué en 2002 y tuve experiencias buenísimas en la pensión. Compartí momentos con Hernán Peirone, Leonardo Ulloa, Darío Bottinelli, Walter Acevedo y Pablo Alvarado, entre otros. Con muchos hice una amistad”.
Con 20 años y sin previsión de estreno en Primera en el corto plazo, a comienzos de 2007 casi se va al Alianza Atlético Sullana de Perú. Sin embargo, el llamado del Pelado Díaz, uno de sus mayores ídolos junto con Enzo Francescoli, lo hizo cambiar de planes.
“La verdad es que Ramón cambió mi vida. De un día para otro pasé de la nada a jugar un partido en Primera. Fue un cambio enorme, estoy contento, feliz y disfrutando de esto”, decía en una entrevista al diario Olé. “Ramón no es de hablarme mucho a mí solo, sino que a todos en general. Es de hablar poco, pero cada cosa que dice te deja una enseñanza. Siempre nos habla para que nos cuidemos y nos marca cómo quiere que nos movamos dentro de la cancha”, agregaba.
Sin chances en el Apertura 2007, reapareció en el primer test de la pretemporada 2008, ante Racing, en Salta. Esa noche, bajo la dirección técnica de Sebastián Pascual Rambert, reemplazó a Santiago Hirsig a diez minutos del final y no pudo hacer demasiado para evitar la derrota por 1 a 0, con gol de Diego Menghi.
La falta de oportunidades en el primer semestre de 2008 y, principalmente, la salida del segundo riojano más famoso del país, lo sacaron del mapa. Javier Baena se lo llevó a préstamo a Platense (2008/09) para que conociera las bondades de la B Nacional, pero el DT sucumbió rápido ante el espantoso inicio del Calamar: un triunfo, tres empates y cinco caídas. Poco iba a cambiar el panorama con el arribo del Loco Mariano Dalla Líbera, de idénticos o peores resultados, con el que Villalva perdió terreno. Ya con Ricardo Kuzemka como entrenador y el ex CASLA en la tribuna, el cuadro de Vicente López hilvanó una serie de victorias y se escapó con lo justo de la Promoción.
De vuelta en el Bajo Flores, al correntino lo dejaron libre. Era hora de volver a casa. Quería jugar con su hermano Eric e iba a conseguirlo en Boca Unidos (2009/10), que había ascendido a la segunda división. Sin embargo, allí actuó poco y al final de la temporada tuvo que armar las valijas otra vez.
A mediados de 2010, por recomendación de Agustín Orion, se sumó a Midland, en la Primera C. “Tengo una buena relación y lo valoro porque me dio una mano grande en un momento complicado”, decía sobre el actual arquero de Racing. Allí permaneció hasta 2012, cuando parecía que tenía todo arreglado con Bella Vista de Uruguay, pero terminó en Atlanta (2012/13), que venía de descender a la B Metropolitana y se había renovado por completo para regresar lo más rápido posible. Las casi veinte incorporaciones no le alcanzaron al Bohemio, que cayó ante Almagro en semis del reducido.
Tras un breve regreso a Midland (2013/14), desde 2015 Villalva defiende los colores de Justo José de Urquiza, en la penúltima categoría del fútbol nacional, donde conoció a otro baldosero deluxe como Gino Clara.