Heredia Rubén

ruben-heredia

Rubén Hermes Heredia

Arquero mendocino de breve paso por la Primera División del fútbol argentino. Tan corta fue su estadía, que no jugó ni un partido. Su único antecedente en un equipo de la máxima categoría lo registró en Platense, en la temporada 1987/88.

Había llegado proveniente de Colegiales, en una temporada en la que también arribaron refuerzos como Alejandro Nannini, Roberto Vega y Nestor De Vicente; pero no tuvo oportunidades, ya que Manuel Serrano era el arquero titular y Carlos Fortunato ocupaba habitualmente el banco de suplentes. Luego regresó a Cole, donde fue dirigido en 1991 por José Pintado, el hermano de David, ex Presidente de River.

Incompleto, malo, inexpresivo, deficiente  y penoso. No nos referimos a Heredia, a quien ni siquiera recordamos. Estamos hablando de la calidad de este texto. Lo que en la jerga (?) comunmente llamamos post de domingo.

Benítez Marcelo

benitezmarcelo

Marcelo Javier Benítez

Haber disputado 4 partidos en Primera División sin haber perdido debería ser, para un baldosero, un orgullo digno de condecoración. Y mucho más para un jugador del Racing de los 90’s. Ese es, de alguna manera, el rasgo distintivo de Marcelo Benítez, un marcador central surgido en el club Liebig de Colón (Entre Ríos), que llegó a La Academia con edad de Quinta División.

Tras haber ido al banco de suplentes de Primera en un par de partidos bajo la tutela de Juan Carlos Oleniak, finalmente debutó de la mano de Perfumo, el 12 de junio de 1991, en la victoria 1 a 0 ante Newell’s con con gol del Beto Ortega Sánchez, de penal. Después, vendrían otros 3 empates para sumar a su currículum.

En 1992 pasó al fútbol uruguayo pero mantuvo los colores, ya que vistió la camiseta de Cerro. Tras 12 encuentros, volvió al país actuar en Douglas Haig de Pergamino, donde apenas fue al banco en una oportunidad y no le quedó otra que irse.

Luego, en Concepción del Uruguay, Benítez encontró el lugar para mostrarse con regularidad. Disputó el viejo torneo del Interior para Gimnasia y Esgrima (1993) y después de quedar eliminado bajó hasta la liga local para jugar en Atlético Uruguay durante un par de años. Gimnasia lo repatrió en 1995 para el Argentino A y con ese equipo logró el ascenso, ganándole la final provincial a Patronato de Paraná.

La experiencia en la nueva categoría con los entrerrianos, sin embargo, le duró poco. Se fue al descenso en la temporada 1996/97 y pasó a Godoy Cruz de Mendoza (1997/98). Sus últimos años, lejos ya de las grandes campañas en el ascenso, se remitió a los torneos locales y regionales con Atlético Uruguay y clubes de la localidad de Colón como Sauce, Campito (?), Defensores y San José.

En el 2007 abandonó el fútbol y se dedicó a la dirección técnica. Hoy, con casi 40 años, 2 hijos y una hermosa familia, trabaja en su propia distribuidora de bebidas y sigue jugando en torneos seniors, algo que nunca nos hubiésemos enterado si el mismísimo Marcelo Benítez no hubiera tenido tanta buena onda para contarnos su historia por mail.

Y hay que decirlo. Tuvo suerte que antes no encontráramos una foto suya, sino sólo hubiésemos puesto «es un muerto que jugó 4 partidos en Racing«. Y a lo mejor no estaríamos mintiendo (?).

Morales Eduardo

moraleseduardo

Eduardo José Morales

Eduardo como el Feinmann malo y José como el Feinmann menos malo (?), no tuvo otra que comprar doble moral y por eso el apellido le quedó pintado. En el fútbol, claro, eso le sirvió poco.

Mediocampita integrante de una exitosa camada de Newell’s Old Boys, salió campeón en inferiores teniendo de compañeros a figuras como Diego Bustos, Hernán Sperandío, Daniel Faggiani, Rodolfo Aquino, Miguel Abrigo, Andrés Malvestitti, Bruno Giménez Marioni, Andrés Yllana y Gonzalo Belloso (sí, sí, el ídolo y dirigente de Rosario Central).

Luego llegó a Primera División pero le costó ubicarse. Debutó como titular en una derrota 2 a 0 ante Racing, en el Clausura ’94. A eso le agregó partidos salteados hasta el Clausura ’96, cuando se despidió con un duro y adverso 4 a 1 frente a Lanús. En total, disputó 10 partidos con la camiseta rojinegra y partió con rumbo desconocido.

Hoy, como diría el Feinmann menos malo, un pelotudo que escribe en un bloc (sic) los agrede con su mala prosa y les trae la historia de Eduardo José Morales, un olvidado volante que seguramente, como diría el Feinmann malo, tiraba la pelota afuera a propósito.

Viera Ramón

 viera_ramon

Ramón Obdulio Viera

Si tomamos en cuenta el plantel que tenía Boca en 1984 y el rival con el que le tocó debutar, podemos estar seguros que el destino no sólo le guiñó un ojo a Ramón Obdulio Viera, sino que le guiñó los dos y hasta lo palmeó en la espalda mientras le decía “vamos pibe, vamos que podés”. ¿Por qué decimos ésto?

Porque nuestro homenajeado, delantero de 20 años, veloz y nacido en Misiones, cayó a prueba en el Boca del Zurdo López a principios de 1984. Y la noche del 14 de enero, su presentación en sociedad, fue en Mar del Plata por la Copa de Verano y ante un Racing que puso lo que tenía a mano mientras pensaba los refuerzos para encarar la tortura de la Primera B.

Como evidentemente los astros estaban alineados a favor del misionero, faltando algo así como 25 minutos para terminar el partido, Sergio Giachello sintió una molestia. Así que el combo se completó con su ingreso, un par de piques electrizantes y sobre la hora la frutilla: enorme gambeta al arquero de La Academia y pase gol para que el uruguayo Krasouski sentenciara el triunfo 4 a 2.

Con pasado de inferiores en Ferro y algo de rodaje en San Telmo, semejante estreno no sólo le hizo pasar la prueba sino que casi le abría las puertas de par en par para ganarse un lugar. Pero no, más bien todo lo contrario. Boca quedó eliminado en primera fase del Nacional, arrancó pésimo el Metro, el técnico renunció y la llegada de Dino Sani lo hizo retroceder a fojas cero.

Tan a fojas cero que en el resto de ese oscuro año y con un campeonato largo por delante apenas jugó 3 partidos oficiales. Cantó presente en el 2 a 2 con Platense en cancha de Vélez, el día que López Turitich le atajó un penal a Morena y luego en las pardas 0 a 0 con Racing de Córdoba y 1 a 1 con River haciendo de local en el Monumental. Esa lluviosa tarde y con Boca en ventaja 1 a 0, Dino Sani lo sacó en el entretiempo para meter a Stafuzza y reforzar la trinchera. Claro que la jugada no salió del todo bien si tenemos en cuenta que el 1 a 1 final llegó con gol de Stafuzza en contra.

Correteó en algunos amistosos de los muchos que jugó Boca en el interior y voló tras finalizar la temporada. Su trayectoria siguió hasta donde sabemos en Central Norte de Salta, Instituto y Bolívar de La Paz, en el fútbol boliviano.

(Publicado casi (?) en simultáneo con Imborrable Boca)

Perea Jafet

Jafet Junior Perea Peña

Podría decirse que en Centroamerica Sudamérica el dalobucaramismo (?) es un estilo de vida. El hijo de Abdalá Bucaram hizo escuela y otros «hijos de» puta lo siguieron en eso de sacar chapa con su apellido sin tener mucho talento. Es el caso de Jafet Junior Perea Peña, un ignoto colombiano que llegó a Quilmes en octubre de 2003, por la lesión de Damián Domínguez (que no era el Chori).

Hijo de Édgar José Perea Arias, conocido relator, ex senador y actual embajador del país cafetero en Sudáfrica, el morocho (desconocido hasta en su tierra natal) traía consigo un dudoso prontuario que, aparentemente, incluía un pasado por la Sub 20 y el Deportivo La Paillia.

En el Cervecero no jugó ni un segundo, pero conoció a una parva de baldoseros como Leandro Evangelisti, Gabriel L*b*s, Gastón Beraldi, Arturo Norambuena y Pablo Bastianini, entre otros. Desde su salida de la zona sur, tan desapercibida como su llegada, costó seguirle el rastro. Pasó por Llaneros de Venezuela (2004/2005) y volvió al sur del continente en el primer semestre de 2006, para vestir los colores de Villa Española de Uruguay. Un brevísimo paso por el Córdoba del ascenso de su tierra natal en la otra mitad de ese año fue suficiente para que se diera cuenta que su carrera en el fútbol, al menos dentro del campo de juego, estaba terminada.

Ahora, ya fuera del verde césped, mientras actualiza su estado de Facebook y se une a grupos a favor de su viejo, se las rebusca como representante de Perea Sport International.

Segovia Diego

segovia

Diego Alejandro Segovia

Hay jugadores que tienen todas las condiciones para progresar y llegar a Primera. Y otros, aunque las tengan, no tienen la fortuna necesaria para alcanzar el objetivo. Es el caso de Diego Alejandro Segovia, marcador de punta derecho (también marcador central), integrante de la gloriosa categoría 1969 de Argentinos Juniors que dio a jugadores de la talla de Fernando Redondo y el Negro Cáceres, salió cuatro veces campeón en inferiores y obtuvo el único título de Reserva en la historia del Bicho.

Sin embargo, siempre estuvo tapado en su puesto. Cuando aún no tenía edad de Primera, su lugar era propiedad de Carmelo Villalba y, eventualmente, del suplente, Fermín Valenzuela. En la zaga central, aún estaba José Luis Pavoni y también alternaba Héctor Cejas. Cuando Villalba, Valenzuela y Pavoni dejaron el club, a mediados de 1988, las chances de Segovia parecieron crecer. Pero en el gran recambio producido para la temporada 1988/89, el puesto de lateral derecho fue cubierto inicialmente por Rubén Darío Plumero Gómez y, cuando éste no jugaba, lo hizo Jorge Gáspari. Además, como marcador central derecho se afirmó Fernando Cáceres, convirtiéndose en titular indiscutido.

En la temporada siguiente, la 1989/90, llegó su gran chance. En su último año como amateur, era a todo o nada. La llegada de Luis Malvárez para cubrir el lateral derecho le restó posibilidades, pero el buen rendimiento del equipo en la Supercopa de 1989 (Argentinos llegó hasta semifinales) hizo que, en la previa de la penúltima etapa del torneo internacional, tuviese su debut. Fue por la 14º fecha, en la derrota 2 a 1 ante Platense, en Vicente López. En ese encuentro debutaron también Carlos Javier Netto y Gabriel Alejandro Marino, quien, como Segovia, tuvo debut y despedida aquella tarde.

Previo al debut había estado cuatro veces en el banco de suplentes y tras su bautismo de fuego, una vez más como relevo. Al final de la temporada quedó libre sin haber firmado primer contrato y decidió probar suerte en el ascenso. Lo intentó en el Nacional B para Deportivo Morón, pero en todo el año sólo pudo jugar 1 encuentro. Para la 1991/92 bajó una categoría más y buscó su chance en All Boys, pero tampoco fue afortunado.

Abandonó entonces tempranamente el fútbol y se dedicó a trabajar relacionado con familiares de compañeros de su categoría de inferiores.
Esta es una muestra más que para el fútbol no sólo hay que tener condiciones, sino también suerte.

(Publicado en simultáneo con «¿Te Acordás Bicho?«)

Gutiérrez Daniel

gutierrezdaniel

Daniel Ernesto Gutiérrez

A comienzos de los 90’s poco se sabía de él. Las publicaciones de la época lo describían como un volante por derecha con dinámica y manejo que intentaba hacerse un lugar en el mediocampo de River Plate. Pero no mucho más.

Había debutado el 2 de septiembre de 1990, como titular, en la victoria 2 a 1 ante Talleres de Córdoba con goles de Leonardo Fernández. Ese mismo año entró en un clásico ante Racing que terminó 1 a 1 (volvió a anotar el baldosero Fernández) y también jugó desde el arranque los dos choques ante Olimpia de Paraguay por la Supercopa, donde los Millonarios quedaron eliminados a pesar de haber ganado 3 a 0 en el partido de ida. Sí, mucho antes del silencio atroz.

Al año siguiente, Gutiérrez siguió buscando su lugar y lo consiguió efímeramente, con un encuentro ante Independiente, por el torneo Clausura, donde compartió la mitad de la cancha con Juan José Rossi y Alberto Garay. También disputó 2 partidos de Copa Libertadores muy recordados: las caídas 4 a 3 ante Boca y 4 a 1 ante Bolívar de Bolivia.

Luego costó seguirle la huella. Dicen que, además de actuar para Defensores Unidos de Zárate, lo hizo para Técnico Universitario (1997) y Deportivo Cuenca de Ecuador (1998); y Carabobo de Venezuela (1999). Pero son datos que le agregan poco a una trayectoria que a nivel nacional nos dejó con ganas de más. A comienzos de la década del ’10 poco se sabe de él. Las publicaciones de la época ya ni lo describen.

Noguera Diego

Diego Armando Noguera

Defensor misionero que apareció y desapareció con la misma velocidad. Formado en las divisiones inferiores de Estudiantes de La Plata, debutó en la Primera del Pincha a los 21 años, el 7 de mayo de 2006, cuando Jorge Luis Burruchaga lo mandó a la cancha en reemplazo de Ramón Eduardo Fernández. El rival era Rosario Central y la misión era aguantar el resultado: el conjunto platense le ganaba 1 a 0 al Canalla y se mantenía en la mitad de la tabla cuando apenas faltaba una fecha para terminar el Clausura.

Pero el plan falló y a cinco minutos del final Marco Ruben empató el partido para que los rosarinos pudieran rapiñar un punto en el estadio José Luis Meiszner. Para Noguera fue debut y, sin saberlo, también despedida.

Con la llegada de Diego Pablo Simeone, y la firma del primer contrato, el pibe pensó que tendría más oportunidades entre los grandes. Pero no. Le trajeron al colombiano Casierra y para colmo en un amistoso ante Cambaceres sufrió una lesión ligamentaria en la rodilla izquierda que lo mantuvo fuera de las canchas hasta 2007.

Ese año pasó a préstamo a Defensa y Justicia en la B Nacional. A mediados de 2008, recomendado por Oscar Malbernat, estuvo a prueba en Antofagasta de Chile, aunque no convenció al entrenador y regresó al Pincha para jugar en Reserva. En 2009 se sumó a Deportivo Armenio y en 2010 apareció en Jorge Gibson Brown de Misiones para disputar el Torneo del Interior. Lo que se dice un lindo tobogán.