Pellerano a Juventus (2006) y Torino (2010)

¿La Juventus siguiendo los pasos de un jugador Nueva Chicago? Hoy en día parece broma, pero realmente sucedió. Claro que eran otros tiempos, y valga una breve contextualización… sobre todo para nuestros lectores centennials (?).

Finalizaba el año 2006, el dólar rondaba los $3, Chicago jugaba en Primera, Pellerano la descosía en El Torito y Área chicas era una sección que no generaba controversia Juventus era un equipo del ascenso italiano que tenía -además de un escudo tradicional– el objetivo de regresar rápidamente a la Serie A y comenzar a dejar atrás los fantasmas del Calciopoli.

Todos estos variopintos planetas se alinearon el 26 de noviembre de 2006, cuando un conocido ojeador de la Vecchia Signora se hizo presente en Mataderos para observar de cerca a Cristian Pellerano, en lo que fue un vibrante empate entre Chicago y Vélez.

En menos de dos años, Pellerano había pasado de descender a la B Metropolitana con Defensores de Belgrano a ser posible refuerzo de la mismísima Juventus. Al ser consultado sobre esta posibilidad, el 5 de Chicago prefirió tomárselo con humor:

Al parecer hizo bien en no encandilarse con esos rumores, ya que el traspaso a la Juve no fue más allá de ese episodio en Mataderos, esfumándose de manera muy rápida la idea de verlo en una cancha junto a nenes de la talla de Buffon, Del Piero, Nedved y Trezeguet. No obstante, el malpase le sirvió para hacer un poco de ruido en el mercado, elevar su cotización (?) y despertar el interés de otros equipos (entre ellos el Murcia de España).

Recién un mes después, en enero de 2007, Pellerano cruzaría el charco… del Riachuelo. Su destino se encontraba finalmente en Avellaneda y más precisamente en Racing, quien durante el mercado de pases le ganó la pulseada a su clásico rival: «Racing quería que se haga lo antes posible e Independiente quería esperar, porque no estaban decididos. Mi decisión fue firmar para el que más me quería en su equipo», expresó el jugador luego de que Blanquiceleste S.A. pusiera los 1.200.000 dólares del pase.

El amor a la guita Las vueltas de la vida hizo que -tres años después- Pelle pase a defender los colores del club argentino al que le tiene mas cariño, con el cuál levantó su primera Copa Sudamericana. Esa ráfaga triunfal en Independiente pareció abrirle nuevamente las puertas al Viejo Continente. Y vaya capricho del destino… ¡otra vez lo buscaron desde Turín! Aunque esta vez no se trataba del Día de la Marmota de Juventus sino del otro equipo de la ciudad: el Torino.

Al igual que con el bianconero, el traspaso al Torino nunca prosperó, pese a la buena voluntad de ambas partes y de las buenas vibras de los hinchas del rojo.

Fue así que el mayor de Los Pelleranos nunca llegó a jugar en Europa. Su lugar en el mundo sería la Patria Grande (?), cosechando títulos en México y su segunda Copa Sudamericana, esta vez como capitán y cerebro del cuco de los argentinos de Independiente del Valle.

Sin más que agregar a todo ésto… Pellerín Pellerano (?), este doble-malpase a Turín se ha terminado.

Olimpo naranja (2015)

Hubo un tiempo en el que Olimpo dejó de ser Olimpo. Esto fue en el Campeonato de Primera División 2015, aquel que disputaron 30 equipos.

Por un lado, abandonó la rutina de andar por los últimos puestos, al realizar una digna campaña (terminaría en el 18º puesto). Digna en un torneo superpoblado, claro. Y por el otro, le dio la espalda a sus habituales colores para darle lugar a algo más novedoso. Aunque no todo lo nuevo es lindo.

Ese año, el conjunto bahiense presentó 4 camisetas de la marca Kappa. ¿Tradicional? Ninguna, ya que la titular era negra con finos bastones amarillos, la suplente era gris, la tercera «de copas» (?) era aurinegra a mitades, y la cuarta…¿había una cuarta camiseta para un equipo que no jugaba otros torneos que no fueran los locales? Claro que sí.

Una semana antes del inicio de aquel particular campeonato que descajetaría por años el fútbol argentino, Olimpo organizó un cuadrangular amistoso en su estadio, el Roberto Carminatti, del que también formaron parte Godoy Cruz, Nueva Chicago y Sarmiento. El local terminaría levantando el trofeo Ciudad de Bahía Blanca, usando la casaca naranja, con short del mismo color y medias amarillas. Nacía una cábala.

Para la primera fecha del Torneo de Primera División, en La Bombonera, el cuadro bahiense fue a lo seguro: la naranjita para seguir en la racha triunfadora. ¿Resultado? Cayó 3 a 1. Moría una cábala.

Lo que no cambió fue el hábito de lucir más publicidades que un auto de TC. Al frente, en las mangas, sobre la espalda; cualquier hueco fue aprovechado para meter un auspiciante. Y no hubo exclusividades, si hasta los logos de Chevrolet, Renault y Volvo supieron coexistir. Es entendible: todos quisieron ser parte de la Holanda del Sur.

Voy Al Arco: Pelé (1957)

Pelé arrodillado. Sucedió en un partido entre Santos y San Pablo, en 1957. Veludo, arquero del Peixe, sufrió una lesión y tuvo que abandonar la cancha. Su lugar fue ocupado por O Rei, quien mostró una llamativa seguridad para alguien de su edad.

Esta no sería la única oportunidad en la que se lo vería a Pelé en esa posición, claro. Mostraría una continuidad a lo largo de su carrera.

Incluso, el brasileño solía aprovechar los entrenamientos para experimentar en otros sectores. Sin embargo, aquella fue la primera vez en la que esta habilidad se hizo pública. En ese momento, tenía solo 17 años.

Trapasso: «Ronaldo você não existe»

Los argentinos tenemos el mejor público del mundo. Este mito, que varios músicos internacionales confirman cada vez que dan un show en el país, no se puede aplicar de ninguna manera a los partidos de la Selección Argentina. Suele tratarse de una afluencia fría, distante, poco conectada con el espectáculo y que encima dice ser una barra quilombera. ¿Quieren a las familias en los estadios? Bueno, ahí tienen.

Otra de las características de los hinchas de la Selección es su capacidad para causarle vergüenza ajena al futbolero promedio, ese que prefiere cualquier triunfo de su equipo por sobre el rendimiento del combinado nacional. Tal vez esto cambia al momento de un Mundial. Está bien, ese desliz se permite una vez cada cuatro años.

Aun así, cuando en 2014 el insoportable Brasil decime que se siente sonaba todo el día en época mundialista, aquel que sabía un poco de historia del balompié (?) sentía que una parte de esa canción no estaba del todo acertada. Estás llorando desde Italia hasta hoy, gritaban a todo pulmón los fanáticos de la celeste y blanca. ¿Es necesario nombrar los logros de uno y otro equipo desde 1990 hasta aquellos días? El futbolero lo entiende, hermano.

Claro que esta costumbre de autohumillarse no nació en el Siglo XXI. Por ejemplo, el término “campeones morales” que supimos adjudicarnos en los años 40, fomentó la creencia de que éramos los mejores, pero que no lo podíamos demostrar porque el mundo estaba en nuestra contra. Qué cringe.

De esta manera, llegamos al 4 de septiembre de 1999. Argentina recibe a Brasil en el estadio Monumental, un amistoso que tendrá su revancha unos días más tarde en Porto Alegre. Y ahí está, colmando las tribunas, nuestra gente.

La Verdeamarela llega como subcampeón mundial y campeón continental. ¿Su jugador más destacado? Ronaldo Luís Nazário de Lima, elegido como el mejor del mundo por la FIFA en 1996 y 1997. Además, era el último goleador de la Copa América jugada un par de meses antes, donde su selección dejó eliminada a la nuestra… con un gol suyo, obvio.

Aquella tarde, un trapo colgado de una de las populares le enviaba un mensaje al delantero: Ronaldo você não existe. Ni burla, ni agresión. Era más bien una expresión de deseo.

Ojalá que O Fenómeno nunca la haya visto. En ese caso, nuestras más sinceras disculpas por tener al peor público del mundo.

Huracán (1985/86)

En la actualidad, cuesta imaginarse a los hinchas del Globo jactándose de no conocer las canchas del ascenso. Sin embargo, esto era habitual hasta mediados de la década de los 80’s. En aquella época, los fanáticos de San Lorenzo y Racing, por ejemplo, ya sabían lo que era jugar en la B. Algo que Huracán estaría a punto de vivir en carne propia.

En la imagen, una de las últimas formaciones de los de Parque Patricios antes del primer descenso de su historia. Arriba: Juan Amador Sánchez, Christian Angeletti, Carlos Gay, Rodolfo Raffaelli, Claudio Cabrera y Osvaldo Damiano. Abajo: Claudio Turco Garcia, Daniel Messina, Carlos Mendoza, Juan Tutino y Carlos Torino.

Entre otros, también fueron parte de ese plantel: Héctor Herrero, el Toti Iglesias, López Turitich, Eduardo Papa, Marcelo Bottari, Carlos Taracido, José Luis Zuttión y Ángel Beltrán, quien fallecería ese mismo año a causa de una leucemia.

Sin embargo, sería injusto responsabilizar solamente a estos nombres. Es que, más allá de la mediocre temporada 1985/86 (obtuvo el 13º puesto), el equipo terminó siendo condenado por el pésimo promedio arrastrado de las campañas de 1983 (14º) y 1984 (17º).

Aunque el descenso directo fue evitado gracias a una pésima campaña de Chacarita, los Quemeros no pudieron zafar del Reclasificatorio, un octogonal en donde se enfrentaron con los mejores equipos de la vieja Primera B.

Luego de dejar en el camino a Lanús y a Los Andes, el sorpresivo Sportivo Italiano lo derrotó después de tres finales muy parejas, decretando que el Globo jugaría en el flamante Nacional B. En las instancias definitivas, Huracán utilizó una vestimenta muy particular: camiseta roja y pantalones azules. Sí, se fue al descenso usando los colores de San Lorenzo.

Si bien la atención del mundo futbolero estaba puesta en lo que sucedía en México (al mismo tiempo se estaba jugando el Mundial 86), la caída de un histórico participante de los torneos de Primera División no pasó desapercibida.

Sin dudas, se trató de un hecho histórico para nuestro fútbol: quedó confirmado que los sextos grandes también descienden.

Valencia 2 – River 1 (1984)

El Trofeo Naranja es un tradicional torneo de pretemporada, organizado por el Valencia, del que suelen participar equipos de todo el mundo. Y por supuesto, también hay un lugar en la historia para los argentinos.

Después Independiente (1970), Huracán (1978) y Boca (1980), River se convirtió en el cuarto club de nuestro país en disputar esta competencia amistosa, cuando fue invitado a la edición de 1984.

El local siempre se había quedado con el título cuando participaba un conjunto de Argentina. La historia se repetiría aquel año, en un triangular del que también participó el Hamburgo alemán.

En el encuentro disputado el 14 de agosto, los españoles salieron a la cancha con Sempere; Arias, Tendillo, Castellanos y Subirats; Cabrera, Granero (Quique Flores) y Serrat; Saura, Roberto (Fernando) y García Pitarch (Sixto).

Por su lado, el Millonario jugó con Carlos Gay; Jorge Gordillo, Jorge Borelli, Guillermo Nicosia y Julio Olarticoechea; Héctor Enrique (Reinaldo Carlos Merlo), Américo Gallego y Norberto Alonso (Carlos Tapia); Edgardo Teglia; Enzo Francescoli y Raúl Roque Alfaro (Enrique Villalba). En el banco de suplentes quedaron Goycochea, Karabín y Gorosito.

A pesar de que los dirigidos por Federico Vairo se pusieron en ventaja con un gol de Alfaro (en la imagen, convierte tras recibir un pase del Beto Alonso), los españoles dieron vuelta el resultado gracias a los tantos de Subirats y Saura.

Dejando de lado el juego, lo más destacado de la noche vino por el lado de la indumentaria riverplatense. Aquella jornada se estrenó una novedosa camiseta suplente con los tradicionales colores invertidos y números en el pecho.