
Lucas Márcico
Entre 1986 y 1992, Alberto José Márcico dejó su huella imborrable en el fútbol francés. Fue durante su estadía en el Toulouse, en 1988, que nació su hijo Lucas, quien varios años más tarde dejaría Europa para llegar a la Argentina y tratar de seguir los pasos de su padre, casi al pie de la letra.
Tras pasar por las divisiones inferiores del Toulouse, a la hora de pegar el salto el pibe se sumó a las juveniles de Ferro Carril Oeste. Así lo vendía el Beto a mediados de 2007: “Juega bien, yo creo que va a llegar, porque le gusta y porque está en un club lindo, que es Ferro. Se tiene que adaptar al fútbol argentino, él hizo todas las inferiores en Toulouse. Juega de enganche, de nueve, un poquito como yo. Está en la Cuarta, el año que viene tiene que ir golpeando la puertita de Primera”.
Pero quizás el cuadro de Caballito, cada vez más alejado de sus días de gloria, no era el lugar indicado. A mediados de 2009, al momento de firmar el primer contrato y sin haber sumado ni un minuto entre los grandes, le dieron el pase libre. Al menos se dio el gusto de coincidir en un par de entrenamientos con Franco Armani, Gonzalo Castellani o Christian Chimino.
El siguiente destino estaba cantado. Con su bolsito a cuestas, el Betito apareció en la sede social de la calle 4 al 900, entre 51 y 53, dispuesto a pasar la revisación médica de Gimnasia y Esgrima La Plata. “Realmente estoy feliz, quiero mucho a Gimnasia y sé que tratan muy bien a los chicos. Estoy muy agradecido al Club, y para mí todo esto es muy especial porque Gimnasia es donde terminé mi carrera y ahora se da la posibilidad de Lucas para venir a jugar”, tiró el Beto. El vástago se sumó enseguida al grupo de la Reserva, dirigido por el Pirata Adrián Czornomaz, y hasta participó de la pretemporada de 2010 con la Primera del Lobo, al mando de Diego Cocca. Sin embargo, cuando tenía que demostrar volvió a quedarse sin nafta.
Antes de bajarle por completo la persiana al sueño del profesionalismo, de nuevo en su tierra natal, estuvo probando suerte en el Avenir sportif Béziers (2010), por aquel entonces en la cuarta división gala, pero tampoco tuvo éxito.

Cansado de rebotar por todos lados, se dedicó entonces a despuntar el vicio en el tradicional fútbol de los sábados con amigos. En equipos como Torito o Atlético San Martín, vistió, al menos de forma amateur, las camisetas de Talleres de Córdoba, Vélez Sarsfield, Manchester United o la selección de Francia. Algo es algo.
Hoy, con un bajísimo perfil, se dedica a viajar por el mundo y mostrarnos su vida a través de su cuenta de Instagram.











