Lucas Daniel Echenique
Arquero integrante de los planteles de Arsenal hasta 2005 sin posibilidades de llegar más lejos que el banco de suplentes en alguna que otra ocasión. La desleal (?) competencia ante nombres como Alejandro Limia, Leonardo Aguirre, Ariel Rocha y Esteban Dreer lo hicieron despedirse de la Primera División antes de mandarse alguno de esos bloopers que se repiten en los especiales de fin de año.
La ansiada cagada (?) llegaría en 2008, cuando ya defendía los colores de Comunicaciones: el portero rival, Albano Anconetani, ejecutó un tiro libre desde su propio campo, la pelota lo superó y se terminó metiendo sin oposición. Años más tarde Augusto Batalla copiaría la jugada en un Superclásico. Así lo recordó el propio Echenique: “Fue un tiro libre desde mitad de cancha. Nosotros ganábamos 2 a 0, ellos descontaron y al final me empató el arquero. Ese día había muchísimo viento, yo le había dicho a Ricardo González que patearan fuerte los tiros libres, que el viento podía complicarlos, y se me terminó metiendo a mí”. Para que gastarse en tantas palabras si está Youtube, ¿no?
En 2009 dejó el Cartero por falta de pago, pero la cosa no iba a mejorar. Sin equipo alguno que requiera de sus servicios, recién un año después iba a poder formar parte de un nuevo plantel: San Miguel le dio un lugar a mediados de 2010. Una nueva oportunidad para afianzarse que no salió como esperaba: sin siquiera llegar a debutar, decidió irse a probar suerte a otro destino. A un lejano y exótico destino: Tailandia.
Lo que comenzó como una aventura de unos meses para conocer las delicias del turismo sexual sudeste asiático, se transformó en una larga estadía en un país que sería su nueva casa por varios años. Su primer equipo fue el Sriracha, donde tuvo revancha de aquella malograda jugada en el ascenso argentino: en un partido en 2011, fue a buscar el empate al área rival, consiguiéndolo con un certero cabezazo. “Fue la primera vez que un arquero extranjero convertía en el país. Además, si perdíamos quedábamos muy comprometidos con el descenso. Pero con el punto pasamos a depender de nosotros para salvarnos, y lo terminamos logrando”.
Con su vida establecida a más de 16 mil kilómetros de distancia de su lugar de nacimiento, las ofertas de otros equipos de aquella nación no tardaron en caer. Y él no tardó en aceptarlas. En las temporadas sucesivas defendió los arcos del Army United, Samut Songkram, Sisaket FC, TTM Chiangmai, Look Phor Khun, Kabinburi FC y Rajpracha FC, tanto en la Thai League como en categorías menores. En 2014, cuando formaba parte de la tercera de esas improbables instituciones, repitió la hazaña de empatar un partido sobre la hora, con otro frentazo que tuvo la colaboración del arquero rival.
En lo futbolístico, este sería el cierre de la historia de Lucas Echenique hasta estos días. Pero, más allá de lo que hizo adentro de las canchas, su nombre quedó impregnado en los medios por un caso que nada tuvo que ver con la pelota. Fue en 2012, cuando Gisela Zavala, su pareja, lo acusó de golpeador: “Me golpeó, me tiró al piso y me pateó. Me molió a palos delante de los chicos”, declaró la chica desde Bangkok, adonde había llegado junto a sus hijos para recomponer una relación con altibajos. Después de refugiarse en la embajada argentina, pudieron regresar al país.
Por otro lado, el arquero dio su versión: «Gisela puede decir que le pegué, que la tenía secuestrada o que la quise matar, pero yo voy a pedir que le hagan una pericia psicológica porque tiene un gran problema. A eso hay que sumarle que es una fanática religiosa». En pocas palabras: Echenique podrá ser golpeador, secuestrador, un inseguro arquero pero nunca una estrella de porno.









