Talleres 1 – Lausanne 0 (1992)

¿Qué es el fútbol suizo si no es un lavadero de guita? Para nosotros, los argentinos, es imposible imaginarnos otra cosa teniendo en cuenta antecedentes como las cuentas de Néstor las triangulaciones vía Locarno FC (el club que supo inscribir a Gonzalo Higuaín, Fernando Belluschi, el Piojo López y muchos más). Por eso es que la relación Suiza más jugadores, siempre nos dará para sospechar.

Allá por 1992, el Football Club Lausanne-Sport, un tradicional equipo de aquella liga menor europea, llegó a la Argentina para disputar una serie de amistosos. Uno de ellos, fue ante Talleres, en Córdoba.

Los suizos no contaban con demasiadas figuras, apenas con el holandés Frank Verlaat (foto), de pasado en Ajax y futuro en el Stuttgart alemán. Los cordobeses, mientras tanto, tenian a Panchito Rivadero, Daniel Kesman y el paraguayo Catalino Rivarola.

La T se impuso 1 a 0, con gol del Pastor Mario Bevilacqua, en un amistoso que rápidamente pasó al olvido, incluso para los hinchas albiazules. ¿Y para los suizos? Apenas una experiencia exótica, la de probarse en el fútbol sudamericano. Hoy, el Lausanne disputa la Challenge League (segunda división de su país) y tiene en sus filas a Enzo Zidane, el hijo de Zinedine.

¿Y el Locarno? Quebró y ahora intentará volver a ser lo que fue, arrancando desde la quinta división. Capaz que hicieron algo turbio (?).

Quisiera ver al Diego para siempre

¿Hace cuantos años le perdiste el rastro a Diego Armando Barrado? ¿Después de su tercer ciclo en River? ¿Tras su paso por Atlético Tucumán? ¿Luego de su incursión en el ascenso con Boca Unidos y Juventud Unida? Cualquiera haya sido el momento en el que dejaste de prestarle atención al ex Racing y Olimpo, seguramente ya lo creías retirado, a sus 37 años. Pero hay novedades.

Esta semana, Barradito firmó con EFIN de Navarro, un club bonaerese que el año pasado ganó la Copa El Autógrafo (?).

– Hablando de autógrafos, ¿recuerdan a Okiki Afolabi? El nigeriano que le pedía fotos a los hinchas de Talleres de Córdoba, fue suspendido por la Federación de Etiopía (en esa liga fue goleador) por falsificar papeles para irse a jugar a Egipto. Esperamos novedades desde algún penal (?).

– Candidato a quedarse otra vez con la categoría Gordo Kenig de los Premios Baldoseros, Cristian Fabbiani fue nuevamente noticia, tras rescindir contrato con Universitario de Panamá. ¿La razón? Según el jugador, fue de común acuerdo. Pero un dirigente dio su versión: «Trató de bajar de peso y hasta el club le preparó una dieta especial y tareas en el gimnasio, pero no se adaptó al fútbol panameño, que por cierto es muy rápido. La calidad se le notó, pero atrasaba a todo el equipo. Por eso, se fastidió y se fue así sin más». Pobre Ogro, la camiseta le quedaba pintada.

Pero ojo, porque no todo está perdido: ¡Fabbiani va a seguir jugando! ¿Al fútbol? Mhhh, parecido. Se pondrá la camiseta del Deportivo Provincial de Empalme en el Fútbol Playa. Y no descartan que lo haga junto a Leandro Lázzaro. ¡Que viva el baldoseo!

Del Solar a Racing (1989/90)

José Guillermo del Solar, más conocido como el Chemo, fue uno de los pocos talentos de exportación del fútbol peruano de los 90. Pasó por el Tenerife de Valdano (donde jugó al lado de Fernando Redondo) e hizo escalas en Salamanca, Celta de Vigo y Valencia de España, antes de cerrar su tour europeo en el Beşiktaş de Turquía y Mechelen de Bélgica.

Pero antes de todo eso, el lungo volante central de Universitario estuvo cerca de pasar a Racing, equipo al que había enfrentado en la Copa Libertadores de 1989.

La producción del Chemo con la camiseta académica corresponde a la revista Solo Fútbol y se hizo en Argentina, cuando el futbolista viajó para reunirse con Juan De Stéfano. Guita en Avellaneda no sobraba, como contó el mismo del Solar, así que terminó yéndose a Chile.

En 2002, colgaría los botines con los Cremas, saliendo campeón del torneo Apertura de la mano de Angel Cappa. Sí, contra todos.

Gallo Germán

Germán Darío Gallo

Del dream team de Carlos Salvador Bilardo a la formación más baldosera de la historia. La temporada 1996/97 de Boca Juniors fue una montaña rusa de emociones, con sus altibajos típicos: un triunfo agónico contra River en el Apertura, un empate con sabor a derrota (aquel 3 a 3 con gol de Celso Ayala sobre la hora) en el Clausura, el debut oficial de Juan Román Riquelme, una caída contra el Deportivo Español en La Bombonera. Perlitas de un año que dejó la sensación de que cada paso adelante eran dos para atrás.

La historia ya es bastante conocida. El experimento del Doctor terminó antes de lo previsto y de la peor manera. Tras un pálido décimo puesto, el Narigón dijo adiós y las principales figuras (con Juan Sebastián Verón y Cristian González a la cabeza) emigraron rápido. A comienzos de 1997, la llegada de Héctor Rodolfo Veira, que dos años antes había sido campeón con San Lorenzo, renovó las ilusiones, pero el rendimiento no mejoró: Boca finalizó noveno, con 25 puntos.

El 12 de agosto de 1997, por la última fecha del torneo Clausura, en la Tacita de Plata, Gimnasia de Jujuy recibió al Xeneize, que presentó a Sandro Guzmán; Carlos Zapella, Walter Del Río, Aníbal Matellán y Germán Gallo; Raúl Peralta, Diego Cagna, Luis Darío Calvo y Rubén Cantero; Emanuel Ruiz y Pedro González. El partido, un 0 a 0 soporífero, era tan intrascendente que el violador Bambino ni se calentó en viajar. En su lugar estuvo Esteban Pogany, que también les dio minutos a Ariel Rosada, que tuvo que entrar enseguida por Calvo, Gustavo Scolari (por Peralta) y Diego Herrera (por Cantero). En el banco se quedaron el arquero suplente Federico Vilar y un tal Brides, del que no existen registros Germán Britez. Salvo honrosas excepciones, casi todos los jugadores terminaron homenajeados en este sitio. Y sí.

Nacido en febrero de 1977 en Pavón Arriba, provincia de Santa Fe, Germán Gallo se presentaba como un marcador central zurdo (por eso ese día se ubicó en el lateral izquierdo), de buen físico y una técnica aceptable. Eso dicen quienes lo vieron en las divisiones inferiores, claro, porque aquellos noventa minutos en Jujuy fueron los únicos en la máxima categoría. Por lo menos antes de irse iba a darse el gusto de compartir algunos entrenamientos con Diego Armando Maradona, en lo que ya cerca del retiro (el de Gallo, claro) sería recordado como el mejor momento de su carrera.

Lo que siguió, previsible, fue un paso por el ascenso nacional. Primero con los colores de Nueva Chicago (1997/98), donde actuó con cierta regularidad al lado de Ariel Jesús, el hoy presidiario Marcelo Couceiro, Fernando Ávalos, Claudio Benetti, Rodolfo de Paoli, Lucio Filomeno, Leandro Lázzaro, Pablo Talarico, Juan Manuel Sara, Flavio Frangella, Marcelo Elizaga, entre otros. Ese equipo no tenía otro destino que pelear por la permanencia y así fue. Gallo, al menos, le metió un gol a Atlanta en una victoria por 2 a 1 en Mataderos. Algo es algo.

Luego, en la temporada 1999/2000, se incorporó a Arsenal de Sarandí, donde fue dirigido por el Chaucha José María Bianco. Allí conocería a los históricos Hernán Coldeira, Darío Espínola, Alejandro Limia y Carlos Ruiz, y también a Facundo Gareca, Maximiliano Flotta y Dante Ciglic, porque en la vida hay que compensar. El cuadro de Sarandí se metió en la lucha por el segundo ascenso a Primera, pero terminó eliminado en cuartos de final ante Atlético Rafaela.

Ya en la B Metropolitana, Gallo sumó algunos minutos con la camiseta de Argentino de Quilmes (2000/01), antes de sus incomprobables pasos por Tiro Federal de Rosario y el fútbol guatemalteco. Sin mucho más que hacer a nivel profesional, colgó los botines. “Me costó desprenderme del pueblo y de los afectos, no veía la hora de tener días libres para poder regresar”, le contó alguna vez al diario La Capital.

De nuevo en casa, fue elegido como el segundo mejor jugador de la historia de Pavón Arriba, y siguió dándole a la pelotita en la Liga Deportiva del Sur con la casaca del Club General San Martín, donde es ídolo (fue el MVP (?) de 2015) y se mantuvo hasta su retiro en 2016, cuando pasó a ser el técnico del plantel de Primera División.

Mutu a Racing (2013)

No fue una joda por el día de los inocentes ni una bomba de humo inventada en las redes sociales. La posibilidad de que un reconocido futbolista rumano llegara al fútbol argentino existió y fue desestimada por el mismo club. Así fue la historia de Adrian Mutu y Racing.

Se terminaba el 2013 y La Academia venía de mal en peor. Los hinchas aún gozaban con el reciente descenso de su clásico rival, pero el equipo no les ofrecía nada para celebrar. Armar un buen equipo para el 2014 era el objetivo, pero el libro de pases corto apenas le permitía reforzar lo que tenía a Mostaza Merlo.

En Europa, mientras tanto, el delantero Adrian Mutu jugaba en el Ajaccio de Francia, pero buscaba cambiar de aires, después de haber pasado por Inter, Parma, Chelsea, Juventus y Fiorentina, entre otros.

¿Qué conspiraba con semejante trayectoria? Sus antecedentes de indisciplina. Y no hablamos solo de sus casos de doping positivo, sino por algunas termeadas, como haber publicado en Facebook un meme del entrenador de Rumania, Victor Piturca, con la cara Mr Bean. Obvio que nunca más fue convocado.

A un mes de aquel incidente que le costó su despedida de la Selección, Mutu fue ofrecido a Racing, pero el mismo Presidente Víctor Blanco, que no veía con tan buenos ojos traer a un jugador grande como Diego Milito, mucho menos se ilusionaba con abrir la billetera por un rumano de 34 años. Luego de hablar con Merlo, lo bajó. Y eso que a Mutu lo volvía loco todo lo que fuera blanco.