
Néstor Leonardo Villalva
El primer ciclo de Ramón Ángel Díaz al frente de San Lorenzo (2007 a 2008) prácticamente no tuvo tiempo para sorpresas: apenas un juvenil debutó durante ese año y medio. El elegido fue el correntino Néstor Villalva, un mediocampista central o por derecha que desde hacía un buen rato venía buscando una chance entre los grandes y que se convirtió, de la noche a la mañana, en el fetiche del entrenador.
Después de ir al banco de suplentes contra Rosario Central e Independiente, el pibe se sacó la mufa en la fecha 8 del Clausura 2007, frente a Lanús en el Nuevo Gasómetro (1-0, gol del Cuqui Silvera), cuando ingresó a cinco del final, con la casaca número 30, en lugar de Germán Voboril. La escasez de minutos y la desesperación granate en busca del empate, de todos modos, no lo privaron de tirar un caño casi al lado de donde estaba sentado el riojano. La perdió, claro. “Pensé que mis compañeros me iban a matar», dijo después. Iba a ser, al fin y al cabo, su única aparición en la máxima categoría. ¿Quién le quita lo bailado?
Oriundo de San Roque, a 130 kilómetros de la capital, Villalva (generación 1986) había arribado al Ciclón con edad de sexta división, proveniente del Deportivo Armenio: “Llegué en 2002 y tuve experiencias buenísimas en la pensión. Compartí momentos con Hernán Peirone, Leonardo Ulloa, Darío Bottinelli, Walter Acevedo y Pablo Alvarado, entre otros. Con muchos hice una amistad”.
Con 20 años y sin previsión de estreno en Primera en el corto plazo, a comienzos de 2007 casi se va al Alianza Atlético Sullana de Perú. Sin embargo, el llamado del Pelado Díaz, uno de sus mayores ídolos junto con Enzo Francescoli, lo hizo cambiar de planes.
“La verdad es que Ramón cambió mi vida. De un día para otro pasé de la nada a jugar un partido en Primera. Fue un cambio enorme, estoy contento, feliz y disfrutando de esto”, decía en una entrevista al diario Olé. “Ramón no es de hablarme mucho a mí solo, sino que a todos en general. Es de hablar poco, pero cada cosa que dice te deja una enseñanza. Siempre nos habla para que nos cuidemos y nos marca cómo quiere que nos movamos dentro de la cancha”, agregaba.
Sin chances en el Apertura 2007, reapareció en el primer test de la pretemporada 2008, ante Racing, en Salta. Esa noche, bajo la dirección técnica de Sebastián Pascual Rambert, reemplazó a Santiago Hirsig a diez minutos del final y no pudo hacer demasiado para evitar la derrota por 1 a 0, con gol de Diego Menghi.
La falta de oportunidades en el primer semestre de 2008 y, principalmente, la salida del segundo riojano más famoso del país, lo sacaron del mapa. Javier Baena se lo llevó a préstamo a Platense (2008/09) para que conociera las bondades de la B Nacional, pero el DT sucumbió rápido ante el espantoso inicio del Calamar: un triunfo, tres empates y cinco caídas. Poco iba a cambiar el panorama con el arribo del Loco Mariano Dalla Líbera, de idénticos o peores resultados, con el que Villalva perdió terreno. Ya con Ricardo Kuzemka como entrenador y el ex CASLA en la tribuna, el cuadro de Vicente López hilvanó una serie de victorias y se escapó con lo justo de la Promoción.
De vuelta en el Bajo Flores, al correntino lo dejaron libre. Era hora de volver a casa. Quería jugar con su hermano Eric e iba a conseguirlo en Boca Unidos (2009/10), que había ascendido a la segunda división. Sin embargo, allí actuó poco y al final de la temporada tuvo que armar las valijas otra vez.

A mediados de 2010, por recomendación de Agustín Orion, se sumó a Midland, en la Primera C. “Tengo una buena relación y lo valoro porque me dio una mano grande en un momento complicado”, decía sobre el actual arquero de Racing. Allí permaneció hasta 2012, cuando parecía que tenía todo arreglado con Bella Vista de Uruguay, pero terminó en Atlanta (2012/13), que venía de descender a la B Metropolitana y se había renovado por completo para regresar lo más rápido posible. Las casi veinte incorporaciones no le alcanzaron al Bohemio, que cayó ante Almagro en semis del reducido.
Tras un breve regreso a Midland (2013/14), desde 2015 Villalva defiende los colores de Justo José de Urquiza, en la penúltima categoría del fútbol nacional, donde conoció a otro baldosero deluxe como Gino Clara.















