Voy al Arco: Scotti (2014)

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Ya sin chances de avanzar a los octavos de final de la Copa Libertadores 2014, Nacional recibía a Newell’s Old Boys en Montevideo con un mix de suplentes y juveniles. Del otro lado, la Lepra necesitaba los tres puntos para seguir con vida y definir su suerte de local ante Atlético Nacional de Colombia.

La noche había arrancado torcida para los rosarinos cuando el bombazo de Juan Cruz Mascia adelantó al Bolso. Un ratito más tarde, Alexis Nicolás Castro, con otro fierrazo, lo igualó para Newell’s y en el inicio del segundo tiempo Marcos Cáceres se encargó de inclinar el resultado para los argentinos. El tanto de penal de Andrés Scotti (sí, el que jugaba con los osos polares) amenazó con llevarse puesta la victoria leprosa, pero David Trezeguet, a quince del final, tras un pase de Milton Casco y con el arco a disposición, puso las cuentas en orden. 3 a 2.

Cuando aún quedaban diez minutos para que terminara el encuentro, Jorge Bava, el uno de Nacional, que se había quedado con diez hombres, se fue expulsado por una tonta mano fuera del área. Sin más cambios disponibles, Gerardo Pelusso debió improvisar con un jugador de campo y el que tomó la responsabilidad fue el propio Andrés Scotti, quien no tuvo otra que aguantar la embestida del cuadro rojinegro bajo los tres palos.

Sobre la hora, Víctor Figueroa habilitó a Trezeguet, que definió tranquilo ante la mirada de Scotti para marcar el 4 a 2 final.

Pese al triunfo en el Centenario, Newell’s quedaría eliminado un puñado de semanas más tarde, al caer en casa por 3 a 1 ante Atlético Nacional, postergando una vez más el sueño de la Copa Libertadores.

Under Ladrón: Takeshi Kagawa

Takeshi Kagawa

A mediados de 2001, Mauricio Macri gato, por entonces presidente de Boca Juniors, anunció la contratación de un desconocido delantero japonés que venía para instalar la marca Boca™ en Asia. Si bien el paso de Naohiro Takahara desde lo futbolístico fue bastante olvidable (apenas marcó un tanto, el sexto de una goleada 6 a 1 ante Lanús, en seis partidos) y ni siquiera integró el grupo que viajó al Lejano Oriente para enfrentar al Bayern Munich por la final de la Copa Intercontinental, se puede decir que cumplió a medias su función.

Cinco temporadas más tarde, otro nipón arribó a suelo argentino para hacer historia. Cuentan los que vieron al mediocampista Takeshi Kagawa enfundado en la camiseta de Quilmes (2006/07), donde alternó entre Cuarta y Reserva, que corría como loco y que, mal que mal, sabía defenderse con la pelota en los pies. También que le gustaba más la joda que el sushi, que al principio no entendía una sola palabra de español y que lo único que repetía, en cualquier lugar que estuviera, era “Boca Juniors”. Punto para el Takagol.

A la derecha con Rogério Ceni, en la previa del choque entre Estudiantes LP y São Paulo por la Libertadores 2006.

Oriundo de Matsuyama, a unos 800 kilómetros de Tokio, al Cervecero había llegado a los 20 años, de la mano de César Mario Menotti, hijo de César Luis y director general de las divisiones inferiores del cuadro de la zona sur. Su club de formación se había comprometido a pagarles a los argentinos para que lo foguearan en un mercado más competitivo que el asiático. A esa altura, Kagawa era una supuesta promesa del fútbol japonés a la que ya se le estaba pasando el cuarto de hora.

A la derecha, con la 8, en la Reserva de Quilmes.

Con apenas un puñado de encuentros en Tercera al lado de Damián Musto, Enzo Kalinski, Emanuel Loeschbor y Claudio Corvalán, entre otros, los dirigentes se avivaron de que estaban ante un verdadero paquete y le dieron las gracias. Sayonara, adiós.

Siguiendo la ruta del 148, a mediados de 2007, se sumó a prueba a Defensa y Justicia. Disputó un par de amistosos, uno contra la Reserva de Estudiantes de La Plata en City Bell, por ejemplo, pero Ricardo Rezza, DT del Halcón, le bajó el pulgar. Era el momento de conocer la Capital Federal.

En Devoto (del lado de afuera) lo esperaba General Lamadrid, en la Primera C. Estuvo muy poco tiempo, pero hay quienes aseguran que Kagawa jugó algunos minutos oficialmente con la casaca del Carcelero. Un afano, pero nada comparado a lo que se vendría.

A fines de 2007, y no un 28 de diciembre, una noticia pegó fuerte en los medios uruguayos. Una importante automotriz de origen japonés estaba dispuesta a poner una buena cantidad de dinero para patrocinar la camiseta de Nacional, uno de los dos cuadros más grandes de Montevideo. Hasta ahí, nada fuera de lo normal. Sin embargo, una cláusula llamaba la atención: el Bolso debía contratar, como condición sine qua non, al volante nipón. El negocio, acercado en conjunto por Menotti Junior y Luis Malvárez, incluía, además, una gira relámpago por países de Europa y Asia. En principio, el Tricolor, dirigido por Gerardo Pelusso, se comprometía a fichar al jugador con un sueldo bajo y testear sus condiciones para ver si le daba el piné para actuar en Primera, Reserva o si lo prestaba a un club más chico.

Inexplicable.

De más está aclarar que todo quedó en nada. Luego de pasar un semestre en Racing de Montevideo (2008), bajó dos categorías para vestir los colores de Albion Football Club (2008), en la Liga Metropolitana Amateur, aunque no por mucho tiempo.

Es muy probable que su mejor versión en el paisito se haya visto durante su breve estadía en Basáñez (2008), en la C. Con fútbol y carisma, arrancó los aplausos de los gurises de La Bombonera, el estadio del Rojinegro. Sin embargo, a fines de ese año pintó la nostalgia y dijo chau, para pegar la vuelta a Japón.

A pesar del amague, en marzo de 2009 estaba de nuevo en Uruguay, ahora en la Segunda División Profesional, defendiendo los intereses del simpático Tanque Sisley.

La última vez que lo vimos en una cancha fue a comienzos de 2011, cuando viajó a Chile para disputar el Campeonato Sudamericano de jugadores libres, representando a la Mutual Uruguaya de Futbolistas Profesionales.

Después de colgar los botines, regresó a Japón y desde entonces pudimos seguir su vida vía Facebook. Así, por ejemplo, nos enteramos de que en 2015 se quedó dormido en su auto y se la dio de lleno contra un árbol y que actualmente es entrenador de juveniles en el FC Livent Jr de la tierra del sol naciente.

Mal Pase: Riquelme a Belgrano (2007)

Repasando la exitosa carrera de Juan Román Riquelme, es difícil no detenerse en 2007, cuando regresó a Boca para obtener su tercera Copa Libertadores y afirmar su idolatría. Ese año, también la rompió con la selección argentina, alcanzando la final de la Copa América y haciendo varios goles en eliminatorias. Pero qué distinto hubiese sido todo, tal vez, si hubiera arrancado ese año firmando para Belgrano.

En enero de 2007, una bomba explotó en Córdoba: Riquelme podía llegar a Belgrano. ¿El motivo? Quería irse del Villarreal debido a su mala relación con el técnico Manuel Pellegrini. Pero, ¿por qué al Pirata?, es lo que muchos se preguntaron.

El principal y único argumento era que Marcelo Delgado, incorporación celeste y amigo de Román, lo había llamado para que se sumara al barco. Mientras tanto, el gerenciador Armando Pérez metía fichas a esa pequeña chance: «Una vez que Román entregue una respuesta, nos pondremos en contacto con los dirigentes de Villarreal. Estamos pensando una ingeniería económica para afrontar un sueldo alto como el que debe tener un jugador de esa categoría, aunque esto sería un sueño». Y agregó: «El 90 por ciento de una decisión de Riquelme va a estar dada por un razonamiento que él haga con el Chelo».

Bueno, el razonamiento terminó desembocando en un NO rotundo. Finalmente Román arregló un préstamo de 6 meses con Boca, y Belgrano, con el Chelo Delgado, se terminó yendo a la B.

[A la Inversa] Voy al Arco: Adrián Chávez (1992)

El reconocimiento que el brasileño Paulo Roberto Falcão adquirió como jugador tras 15 años de destacada carrera, no pudo alcanzarlo como entrenador. En esa función, ni siquiera se acercó a los logros conseguidos en su tierra y en Italia, con la camiseta de Roma. Como muestra, basta con recordar su paso por el América, donde nunca pudo encontrarle la vuelta al equipo y, en la desesperada búsqueda del resultado, incurrió en un insólito experimento.

Fue en un partido frente al Querétaro, por la temporada 1992/93. Con el encuentro 0 a 0, y a falta de 7 minutos para el final, el DT hizo ingresar a Adrián Chávez, histórico guardameta de las Águilas, pero no en reemplazo del titular en su puesto, sino como delantero.

Nada de esto fue improvisado: el pantalón y la camiseta con el número 1 ya estaban preparados, teniendo en cuenta que en más de un entrenamiento se había movido como atacante. Lo más insólito, y el hecho por el que el DT recibió mayores críticas, fue que había otros jugadores de campo disponibles entre los relevos.

Este mexicano estuvo lejos de poder compararse con su compatriota Jorge Campos, un histórico en este disparate: apenas jugó 7 minutos en esa posición, haciendo debut y despedida. Por lo menos, durante su breve estadía cercana al área rival, el América convirtió y ganó ese partido 1 a 0.

Así, Falcão conservó su trabajo, aunque dos fechas después lo perdería luego de un par de derrotas en las que Chávez se quedó en el banco, pero vestido de arquero.

Under ladrón: Mario García Caboara

Mario Humberto García Caboara

Hay preguntas que parecen no tener respuesta. ¿Por qué no triunfan los mexicanos en el fútbol argentino? No lo consiguieron tres históricos del Tri, como el Beto García Aspe en River Plate, el Pájaro Hernández en Boca Juniors, ni Mario Méndez en Vélez. Tampoco otros jugadores más muertos mortales como Moctezuma Serrato en Defensa y Justicia, Bardo Fierros y Carlos López Rubio en Talleres de Córdoba, Eduardo Rergis Borja en Instituto, y Jonny Magallón en Lanús, entre otros, más acá en el tiempo. ¿Iba a lograrlo entonces Mario Humberto García Caboara?

Nacido en septiembre de 1980 en el Distrito Federal pero radicado enseguida en Guadalajara, desde temprana edad este chamaco desarrolló un interés por el futból (así, con acento en la o) y se alistó a las fuerzas básicas de la Universidad Autónoma de Guadalajara, los populares Tecos. Allí, este zaguero central se pasó un buen rato con los Tecomán, la filial de la segunda división, pero no le dio para debutar.

“Estaba en los Tecos, pero no alcancé a jugar en Primera. Yo tenía ganas de irme porque era muy joven y por la posición en que jugaba el equipo traía muchos zagueros de experiencia. Encima estaba peleando el descenso. Entonces hablé con mi empresario y él me dijo que por qué no me iba para Argentina que había una posibilidad y yo le dije que sí”, relató alguna vez ante los medios. Así fue que a fines de 2002 arribó a nuestro país para probar suerte en el under. Lo esperaba Argentino de Rosario, pero entre lesiones y cuestiones burocráticas tampoco pudo actuar.

Recién debutaría el 14 de noviembre de 2003 con la camiseta de Central Córdoba de Rosario, en la B Metropolitana, de la mano de Miguel Lito Isabella. Aquella noche, ante Estudiantes de Buenos Aires, reemplazó al ex Rosario Central Sergio Panchito Fernández a los 38 minutos del primer tiempo. Desde entonces, se desempeñó con intermitencias como segundo marcador central del Charrúa, que buscaba la vuelta a la B Nacional, donde había estado entre 1991 y 2002.

Tras un Apertura 2003 flojito, en el Clausura 2004 el cuadro rosarino mostró su mejor versión (tuvo el ataque más goleador) y peleó hasta el final, aunque se quedó sin nafta y terminó a tres puntos del campeón, Sarmiento de Junín.

Con el pasaporte comunitario en la mano, en 2005 García Caboara se marchó a Italia para defender los colores del Varese. Pero como nadie es profeta en su tierra (ni tampoco en la adoptiva, ni mucho menos en la Argentina), en el Calcio apenas tuvo oportunidades y un año más tarde armó las valijas otra vez y se fue a Colombia: “Estando en Italia mi representante me comentó de una posible oferta de la Primera División de Colombia, en el equipo me vieron y no dejé pasar la oportunidad”.

Con la casaca ajedrezada del Boyacá Chicó (2006 a 2012) por fin logró afianzarse y en cuestión de poco tiempo se transformó en una pieza inamovible. En 2008, por ejemplo, se convirtió en el primer mexicano en salir campeón en suelo cafetero, tras derrotar en la final al América de Cali. García Caboara es, además, el jugador azteca con más partidos en el Fútbol Profesional Colombiano y el extranjero con más encuentros disputados en el Boyacá Chicó.

Sin embargo, no fueron todas rosas. A mediados de 2010, tras un control antidóping que salió positivo por una sustancia llamada Gonadotropina, le detectaron un tumor. Lo que al principio parecía una joda de mal gusto, derivó en algo mucho más grave: cáncer de testículos. «Fue un tema muy delicado. Me hicieron la cirugía para atacar el tumor y después el proceso de quimioterapia. Salió todo bien y estoy muy contento de que eso quedó atrás y que ahora tengo la posibilidad de seguir jugando futbol», decía en 2011, cuando regresó a las canchas.

En 2013 pegó la vuelta a su tierra natal para jugar un semestre en Pumas Morelos, de la Liga de Ascenso, pero apenas disputó 3 partidos. Al menos se sacó la espina de debutar en casa y con la camiseta del club de sus amores. Tras un brevísimo segundo paso por el Boyacá Chicó (2013), colgó los botines en Deportes Quindío (2014/15), en el ascenso colombiano, con el que ganó el torneo de Finalización en 2014, pero perdió la final ante Jaguares de Córdoba y la Promoción ante Uniautónoma.

Actualmente, es el ayudante de campo del uruguayo Nelson Olveira (ex Gimnasia LP) en Boyacá Chicó.

Aldosivi negra provisoria (2015)

Es cierto que «negra provisoria» puede sonar un poco despectivo (?), pero eso fue lo que sucedió con la camiseta alternativa de Aldosivi en el verano de 2015, cuando recién había ascendido vestido por Joma y se preparaba para afrontar la Primera División con la ropa de Kappa.

En la noche del 3 de febrero de aquel año, el Tiburón recibió a Los Andes en el José María Minella y presentó una casaca negra con mangas verdes y vivos amarillos. En el pecho, además, llevaba la leyenda Aldosivi es Mar del Plata, algo muy común en el elenco del Puerto a la hora de suplir la falta de anunciantes.

El amistoso se lo terminó llevando el Milrayitas por 3 a 2 y la casaca negra de los marplatenses nunca más volvió a aparecer. Las rodillas de Carranza, tampoco.