[Go home] Fuera de stock: Tony Meola’s Sidekicks Soccer

Si hubo un mercado inescrupuloso que se encargó de chafarle los ahorros a los púberes durante la década de los noventa, ese fue el de los videojuegos. Y así millones de títulos, tanto de la consola Sega como de la querida Family Game, hicieron las delicias de los niños en el preciado tiempo de ocio, que afortunadamente era casi todo.

Hubo, por supuesto, títulos memorables sobre los cuales ya nos hemos explayado. Pero también proliferaron experimentos de empresas de poco renombre que llegaron a nuestras manos solo por tratarse de un jueguito de fútbol. El engaño perfecto. Y así, muchos perdimos valiosas horas de puñeta intentando descifrar al impresentable Tony Meola´s Sidekicks Soccer.

Nos situamos en los primeros noventas. El fresco recuerdo del íntegramente televisado Mundial de Italia más el álbum de figuritas de Panani mantenían vigente, en la Argentina, la figura del mítico arquero estadounidense Tony Meola; a quien los infantes (y no tanto) solían interpretar en las canchitas nacionales tanto por sus atajadas como por la musicalidad de su nombre y también por su inolvidable corte comitas. La globalización antes de la globalización…

Uno puede llegar a suponer que en gran parte de Occidente pasaba lo mismo, sino no se puede entender como las emergentes empresas Sculptured Software, Pack In Video y Electro Brain unieron sus fuerzas para terminar nombrando a su experimental Frankestein con el nombre del portero yankee..

El videojuego, en sí, parecía como una tesis reprobada de un grupo de estudiantes de programación adictos a los psicotrópicos, que daba las claras de por que el Soccer nunca va a ser popular entre el piberío estadounidense.

Naufragando en una interfaz inentendible y poco seductora, uno terminaba jugando campeonatos con más de 30 selecciones o disputando torneos con equipos con nombres de ciudades. Y así se podía jugar con algunas tradicionales como: Madrid, Milán, Manchester o Glasgow; ó hasta se podía defender a otras insólitas como Pittsbourgh, Cincinnati, Nueva Orleáns o La Habana. Por que, claro, nunca hubo bloqueos para la fafafa…

Lo peor de todo, por supuesto, era que los partidos apenas se parecían al fútbol. Y encima que las camisetas de todos los equipos eran casi idénticas, la oscilante y volátil cámara provocaba vómitos y mareos premonitorios de las borracheras que arrancarían poco tiempo después en nuestras vidas.

Al día de hoy, este título, Tony Meola´s Sideckicks Soccer, está ubicado en el Top Five de los peores videojuegos deportivos de la historia en varios rankings prestigiosos del universo de los fichines. Eso si, funcionó muy bien en Japón, donde llevaba el nombre del recordado jugador japobrasuca Rui Ramos y donde, además, obtuvo el galardón al mejor soundtrack de un juego deportivo de los noventa.

¿No lo crees? Tomate una pastilla de Superman y a disfrutar…

[Go home] Fuera de Stock: El Torneo Bicentenario 1976

Soccer - American Bicentennial Cup - Team America v England

Para celebrar los 200 años de su Independencia, los Estados Unidos tiraron la casa por la ventana. Vistas ilustres, espectáculos únicos, eventos especiales, símbolos conmemorativos, productos inéditos y también competencias deportivas formaron parte de los festejos organizados por el gobierno. Entre estos últimos, se destacó un cuadrangular de fútbol entre tres de las selecciones nacionales más importantes del mundo y un combinado local.

El hecho de haber quedado afuera de la Fase Final de la Eurocopa 1976, les dejó un hueco en el calendario a Italia y a Inglaterra. La otra potencia invitada fue Brasil. Y a estos experimentados conjuntos nacionales se les sumó una formación conformada por jugadores de la NALS, denominada Team America. Esta suerte de equipo de las estrellas serviría además como  inspiración para la creación de una franquicia algunos años después.

La Canarinha se quedó con el primer puesto, al ganar sus tres partidos. Además, tuvo al goleador de la competencia, Gilberto Alves. El segundo lugar fue para los ingleses, que contaban con Kevin Keegan y Trevor Francis entre sus nombres más destacados. Los tanos concluyeron en un decepcionante tercer puesto a pesar de contar con Dino Zoff, Marco Tardelli, Roberto Bettega y Fabio Capello. Y el último lugar fue para los locales y su equipo constituido por jugadores estadounidenses y  figuras extrajeras como Mike England, Ramon Mifflin, Giorgio Chinaglia y Dave Clements.

Con un promedio de asistencia de alrededor de 25.000 espectadores por partido, el torneo dejó algunas curiosidades. Por ejemplo, en el tema vestimenta, no se puede dejar pasar a la Selección de Inglaterra vestida de amarillo, ni las diferencias entre las camisetas de Bobby Moore (con el templete de Adidas) y la de Pelé (llevaba el diseño de Puma). Sin embargo, el pico de “You can not be serious” se produjo en el enfrentamiento entre Inglaterra e Italia, jugado en el legendario Yankee Stadium, un estadio ¡de beisbol!

Ante unas 40.000 personas (la mejor concurrencia del certamen) los ingleses se impusieron por 3 a 2. Casualidad, o no, todos los goles se marcaron en la portería que tenía césped, donde no había que superar los obstáculos compuestos por el montículo del pitcher, las tres bases y la zona de arena alrededor del denominado infield. Cosas que solo pasan en Yanquilandia.

América Sub-19 1 – Argentina 7 (1986)

La historia cuenta que, durante México ’86, la Selección Argentina de Carlos Salvador Bilardo usó en una sola ocasión la camiseta alternativa oficial –la azul, viejo- pero eso, claro, no es del todo cierto.

Tras haber vencido a Uruguay en Octavos de Final con esta vestimenta y en la previa al histórico encuentro frente a Inglaterra, El Doctor dispuso un enfrentamiento contra el Sub-19 del América para comprobar si era cierto aquello del peso exacerbado con el que quedaba la casaca debido a la transpiración. Por que, se sabe, en el mundo de la medicina no es suficiente una sola prueba testigo.

Y así, el 20 de junio de aquel año, una Argentina ataviada con el segundo uniforme saltó al campo de entrenamiento con: Luis Islas; Néstor Clausen, José Luis Brown y Oscar Garré; El Gringo Guisti, Marcelo Trobbiani, El Chino Tapia, Ricardo Bochini y Roberto Néstor Sensini; El Bichi Borghi y Pedro Pablo Pasculli. Los autores de los goles y la formación de los chaparritos se las prometemos para el sexagésimo aniversario de la consagración.

Lo que si podemos afirmar es que no nos equivocamos en la formación nacional ni fue obra del Doc Emmett Brown. Esa tarde debutó Roberto Sensini en la Selección, defensor quien, a sus 19 tiernos abriles, era parte de la delegación de Renato Cesarini que viajó a tierras de Kiko para hacer las veces de sparring. Y así el querido Boquita puede decir que puso su granito de arena en la conquista del ’86 para de esta manera contrarrestar las fechorías que se mandó en los mundiales siguientes.

Tan solo dos días después, Diego Maradona haría legendaria la camiseta no oficial más célebre de la historia…

[Go home] Tu nombre en clave es Jay Goppingen

Dura la vida del futbolista recién retirado. Se apagan las luces, se terminan las ovaciones, escasean los reconocimientos, los autógrafos le van dejando cada vez más espacio al dolor de ya no ser y otros lugares comunes sobre los que se ha escrito mil veces, aunque no dejan de ser ciertos.

Para contrarrestar ese vacío y continuar con esa vida de viajes, prácticas y concentraciones, muchos se convierten en entrenadores o cumplen roles secundarios dentro de un cuerpo técnico. Otros, en cambio, no soportan la desolación de estar del otro lado de la línea de cal y vuelven al ruedo con los cortos después de un buen tiempo, sin medir los costos de poner en juego el apellido y regalar prestigio.

Aunque claro, pocos tuvieron en cuenta la gran Klinsmann: seguir jugando con otro nombre.

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No hace falta ahondar demasiado en la carrera de Jürgen Klinsmann. Implacable goleador del Sttutgart alemán, revalidó sus condiciones en equipos del extranjero y también con su Selección. Anotó 11 goles en los Mundiales, repartidos entre Italia ’90, USA ’94 y Francia ’98. Levantó una Copa del Mundo y una Eurocopa, aunque sólo pudo conseguir una liga de clubes, con el Bayern Múnich en 1997, cuando ya divisaba su retiro.

Después de disputar su último partido oficial con el Tottenham, en 1998 jugó su último Mundial con Alemania y entonces sí, al año siguiente lo despidieron con papelitos en el estadio del Sttutgart, entonces denominado Gottlieb-Daimler y antiguamente llamado Adolf-Hitler-Kampfbahn. Pero lo historia no se cerró ahí…

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Con los botines ya colgados, Jürgen tomó una decisión de vida: alejarse del ambiente del fútbol. Quería ser un anónimo, poder caminar por la calle y que nadie lo reconociera. Eso era imposible en su país y en cualquier otro lugar con una fuerte cultura futbolera. Por eso eligió irse a vivir a los Estados Unidos, los pagos de su esposa Debbie.

Ya instalado en la pacífica Huntington Beach (California), Klinsmann logró lo que buscaba: tranquilidad y armonía familiar en un contexto donde no existía el fútbol ni la exposición pública. Parecía una situación ideal, pero después de unos años comenzaría a aburrirse…

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En 2003, el ex atacante del Inter comenzó a dar señales cuando entrenó con Los Angeles Galaxy de la MLS, aunque sólo de manera recreativa. Decía que sólo quería estar en forma, aunque negaba la posibilidad de volver a entrar a una cancha de manera oficial.

Unos meses después, sin embargo, unos amigos con los que jugaba de vez en cuando le propusieron que vistiera la camiseta del Orange County Blue Star de Irvine, un equipo californiano que participaba de la Premier Development League, la cuarta división de los Estados Unidos. Jürgen, con 39 años, aceptó el desafío y puso una condición: no utilizar su verdadero nombre.

Antes de que el goleador se arrepintiera, sus compañeros lo anotaron bajo la identidad de Jay Goppingen, en homenaje a la inicial de su nombre y al pueblito alemán donde nació. Jay, agradecido, devolvió favores con lo que mejor había hecho en su vida pasada.

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Con 5 goles en 8 partidos, colaboró para el equipo se metiera en los playoff por el ascenso. Se divertía y encima nadie lo reconocía. Todo era tan perfecto, que alguien tuvo que arruinarlo: en un partido ante el Southern California Seahorses, un rival se percató de que a ese rubio lo tenía visto de algún lado. Fue entonces que le avisó a un periodista amigo, que investigando googleando llegó a la conclusión: el famosísimo Klinsmann estaba jugando con otra identidad. Suficiente para que el 9 no volviera a aparecer.

Al día de hoy, los pocos simpatizantes del Orange County Blue Star se preguntan: ¿qué habrá sido de la vida de Jay Goppingen?

[Go home] BaldoHero: Paul Caligiuri (1989)

Domingo 19 de noviembre de 1989. Estadio Hasely Crawford, de Puerto España. Última fecha de las eliminatorias de la CONCACAF para Italia 1990. Tras siete presentaciones, Trinidad y Tobago y Estados Unidos cosechaban 9 puntos, producto de tres victorias, tres empates y una derrota. La diferencia de gol, sin embargo, inclinaba la cancha para los Soca Warriors: +3 contra +2 de los Yanks, que estaban obligados a vencer.

A los 30 minutos del primer tiempo, Paul Caligiuri sorprende al arquero Michael Maurice con un remate desde lejos y convierte el tanto que clasifica a los estadounidenses a una Copa del Mundo tras 40 años de ausencias.

[Go home] RePartidos: Bayern Munich 7 – Cosmos 1 (1978)

Repartidos1978BayernCosmos

Para finales de 1978, el New York Cosmos gozaba del prestigio que le daba saberse bicampeón de la ascendente North American Soccer League (NASL). Todavía con la resaca de los festejos, el cuadro estadounidense arrancó en casa una serie de amistosos previo a su gira por el Viejo Continente.

Tras los empates ante un combinado de Resto del Mundo, Boca Juniors y la derrota ante el Atlético Madrid, el ex equipo de Pelé, que se había retirado el año anterior, emprendió viaje a Europa, donde estaría poco más de un mes, pasando por Alemania Occidental, Inglaterra, España y Yugoslavia.

El primer test fue el 12 de septiembre, en el estadio Olímpico de Munich, ante el Bayern. Y no podría haber sido peor. Poco y nada pudieron hacer los estadounidenses antes los teutones, que dieron una verdadera lección de fútbol. Fue 7 a 1 para los locales con hat-trick de Karl-Heinz Rummenigge y dobletes de Gerd Müller y Norbert Janzon. El tano Giorgio Chinaglia marcó el descuento del Cosmos cuando el encuentro ya estaba 4 a 0.

Muchos años después, otro conjunto alemán ganaría por 7 a 1, pero esa ya es otra historia.

[Go home] La regla «Eddie Gaven»

Aunque ya se había abolido el inolvidable desempate por shootouts, la Major League Soccer todavía mantenía un reglamento propio, que hacía de esta liga algo distinto a lo que se jugaba en el resto del planeta. Una de esas diferencias era la realización de un tiempo suplementario si el partido terminaba empatado: se jugaban dos tiempos de 5 minutos cada uno con Gol de Oro, y si se mantenía la igualdad repartían puntos.

Sin embargo, la norma que permitió la creación de esta polémica regla fue el permiso para realizar un cuarto cambio, aunque únicamente el arquero era el que podía ser reemplazado si ya se habían realizado las tres modificaciones permitidas. Pero así como se hizo la ley, se hizo la trampa.

El culpable de manipular esta disposición para su propio beneficio fue Bob Bradley, quien en 2003 dirigía a New York Metrostars. El momento elegido fue ni más ni menos que un partido frente al DC United, uno de los rivales con los que más pica tienen los neoyorquinos. El 5 de julio de aquel año, los 90 minutos terminaron empatados, por lo que se debió jugar la mencionada prórroga. Semejante adefesio (?) iba a resultar, por lo menos ese día, en una emocionante e inolvidable definición.

Justamente, al inicio del suplementario se produjo la “trampa”. Con todas las sustituciones hechas (menos el cambio extra del arquero), la lesión del defensor Mark Lisi obligaba a los de Nueva York a jugar con uno menos. Pero el DT tenía un as bajo la manga: mandó al maltrecho futbolista a  intercambiar posiciones con Tim Howard, el Nº 1. Así, la modificación del guardameta fue posible. El que ingresó y se puso los guantes fue Eddie Gaven, un joven mediocampista que tuvo que comenzar el overtime bajo los tres palos, mientras el verdadero dueño del arco se ubicaba en algún sitio aleatorio (?) del campo de juego.

Pitazo inicial, mueve el DC United, a los 10 segundos el MetroStars recupera la pelota e inmediatamente se produce un momento mágico: puntinazo absurdo al lateral que en circunstancias normales hubiese sido motivo de insultos como “Donkey son of a bitch, you have round feet” (?). Pero en este caso fue causa de alivio para los de La Gran Manzana: el juego se detuvo, lo que posibilitó que Howard y Gaven intercambiaran posiciones.

Así lo contó el improvisado arquero: “Ellos movían del medio. Yo, la verdad, estaba nervioso: podían intentar un remate  y quién sabe lo que ocurriría después de eso. Por suerte, no lo hicieron. Trataron de dar un pase y la terminaron perdiendo. Alguien del equipo la mandó afuera, e hicimos el cambio: fui muy feliz cuando vi como esa pelota se iba a la tribuna”. La “estafa”, bautizada como Regla Eddie Gaven, había concluido. Para los que piensan que todos los chanchullos (?) se inventaron en Argentina.

Este partido quedó en la historia, ya que fue fundamental para que al término de la temporada la MLS suprimiera el cuarto cambio. Además, por sus pocos segundos con los guantes, Eddie Gaven se convirtió en el arquero más joven de la historia de la Liga (¡16 años y 8 meses!).

Como si esto fuese poco, aquel día el adolescente anotó el Gol de Oro que le dio la victoria a su equipo, en lo que fue su segundo partido como profesional, alcanzando otro record: jugador de menor edad en convertir en la historia de la franquicia neoyorquina. Todo, gracias a una particular lectura del reglamento. God Bless America.