Era todo un mérito desentonar en aquel Boca Juniors de Carlos Bianchi multicampeón de fines de los noventa y principios del nuevo milenio. El Virrey tenía el celular de Dios y la señal nunca lo dejaba de garpe. Ponía al arquero suplente en el Superclásico y era la figura del partido. Se la jugaba por un pibito en una definición de Copa Libertadores y le respondía. Improvisaba con un defensor en la final de la Intercontinental y éste limpiaba de la cancha a uno de los galácticos. La excepción a la regla, claro está, era el peruano José Antonio Pereda Maruyama.
El Chino llegó a Boca desde Universitario de Lima al mismo tiempo que Bianchi, en el invierno de 1998, con el antecedente positivo del Ñol Solano, que se había marchado al Newcastle inglés. Estaba por cumplir 25 años y desde 1996 era un habitué de la selección dirigida por Juan Carlos Oblitas. Se presentaba como un volante ofensivo, bastante habilidoso y con buen manejo de pelota. Un calesitero, bah.
Su debut con la camiseta xeneize se dio en la segunda fecha del Apertura 1998, cuando reemplazó al Chipi Antonio Daniel Barijho en una ajustada victoria ante Gimnasia de Jujuy por 3 a 2, una noche en la que Martín Palermo metió dos golazos. Uno a favor y otro en contra. Desde entonces, el peruano se convirtió en una pieza de recambio, utilizada con cierta frecuencia (actuó de 8, de 5 y hasta de enganche), pero generalmente sin grandes resultados.
Con La Bombonera suspendida por los violentos incidentes en el amistoso ante Chacarita, el domingo 7 de marzo de 1999 Boca recibió a un (in)olvidable Ferro Carril Oeste por la primera fecha del Clausura en el Nuevo Gasómetro. Ese mediodía de 36 grados, el Chino se paró de 5 con el Pepe Basualdo a la derecha y Diego Cagna a la izquierda, y redondeó un buen encuentro.
Iban 12 minutos del segundo tiempo y los de Bianchi ganaban 1 a 0 (tanto de Martín Palermo) cuando Pereda protagonizó una de las jugadas más insólitas, fantásticas y baldoseras de la historia del fútbol argentino. Recuperó el balón en tres cuartos de cancha tras una mala salida de Pelotín Vitali, dejó en el camino a medio plantel verdolaga (Carlos Mac Allister, Nicolás Sartori, Gastón Vales, entre otros), esquivó al arquero Martín Herrera y cuando estaba por marcar un gol maradoniano… le pegó de lleno al pasto y la pelota se fue por la línea de fondo. El efecto desmoralizante fue tan fuerte que el peruano jamás volvería a encarar a una defensa contraria.
A pesar de Pereda, Boca venció 3 a 0 (otro de Palermo y uno de Guillermo Barros Schelotto completaron la goleada) y conquistó los primeros tres puntos de cara al bicampeonato que conseguiría algunos meses más tarde.
Como no podía ser de otra manera, el ciclo del Chino (no, este no) en Argentina se terminó a fines de 2001, con 72 partidos oficiales en el lomo (48 por torneos locales y 24 por copas internacionales), sin goles y 6 títulos. De vuelta en Perú, siguió sumando etapas en Universitario (fueron cuatro en total), pasó por Melgar, Coronel Bolognesi, Cienciano y coronó su trayectoria con un descenso a la enorme Copa Perú con el Real Academia.












