En un estadio Centenario semivacío, Peñarol y Rampla Juniors se enfrentaban por la fecha 11 del Torneo Apertura 2014 del siempre pintoresco fútbol uruguayo. En la antesala del clásico, el Manya buscaba los tres puntos para no perderle pisada al líder, Nacional, mientras que el Picapiedras necesitaba ganar para tomar un poco de aire en la pelea por mantener la categoría.
En el primer tiempo, el Tony Pacheco había puesto en ventaja al aurinegro, pero en la segunda etapa Gonzalo Malán se encargó primero de empatarlo y luego de darlo vuelta para el rojiverde, con un bombazo inatajable para el juvenil Washington Aguerre, que había tomado la posta del lesionado Pablo Migliore. Las cosas se complicaron todavía más para el Carbonero cuando el experimentado Joe Emerson Bizera anotó el 3 a 1 para Rampla en contra de su propia valla. De nada serviría el descuento de Discoteca Núñez.
Restaban pocos minutos para el final del encuentro cuando, con Peñarol buscando desesperado el empate y regalado en el fondo, Malán picó habilitado y se fue derechito hacia el arco de Aguerre, que no tuvo otra que bajarlo. Roja directa por último hombre. Como el DT Jorge Fossati ya había realizado las tres modificaciones permitidas por el reglamento, el defensor Damián Macaluso tuvo que pararse bajo los tres palos.
El ex Gimnasia y Esgrima La Plata, que un rato antes, todavía como jugador de campo, se había lucido sacándole un gol casi sobre la línea al ex Racing Nicolás Vigneri, demostró buenos reflejos para despejar el violento remate de Malán, pero ni aun así pudo evitar la derrota del Mirasol, que esa misma tarde se despidió del campeonato.
Mucho antes de convertirse en el hazmerreír del fútbol colombiano, el América de Cali supo ser uno de los cucos del continente. Y no hablamos de Julio César Falcioni, su arquero durante casi toda la década del ochenta, cuando el cuadro caleño disputó (y perdió) tres finales de Copa Libertadores consecutivas.
En 1995, después de nueve temporadas con el sponsoreo de gaseosas Colombiana en el pecho, Cervecería Bavaria, la más importante del país, se hizo cargo del espacio principal en la casaca del América y estampó la marca de uno de sus productos estrella: la Cerveza Poker, que en apenas 18 meses desfiló por uniformes de proveedores tan disímiles como Umbro (que no se olvidaba de poner el escudo como pareciera en la imagen de arriba, sino que el diablo era considerado mufa por buena parte del plantel y lo sacaban a propósito), Torino, adidas y Nanque.
Sin embargo, fue Cerveza Águila, también del grupo Bavaria, la que se llevó todos los flashes cuando en 1996 los Rojos llegaron a su cuarto subcampeonato continental, el segundo frente a River Plate en 10 años. Ese logo lo vistieron, entre otros, viejos conocidos como Óscar Córdoba, Jorge Bermúdez, Arley Dinas, Wilmer Cabrera, Alfredo Berti, Giovanni Hernández y… el Pitufo Antony de Ávila. Eso explica todo.
En 1997, ya con Topper como proveedor de indumentaria, la Mechita utilizó una pilcha idéntica a la de Independiente, con un diablo de tamaño considerable sublimado en el centro de la camiseta, que generó cierto disgusto entre los hinchas. ¿El sponsor? Otra vez Cerveza Poker, que se mantuvo hasta fines de 1999, cuando los colombianos conquistaron la Copa Merconorte, vestidos por Fila.
Ya entrado el nuevo milenio, la desconocida Lusti Sports sorprendió a todos cuando confeccionó los uniformes de los dos equipos más grandes de la ciudad, América y el Deportivo. Sin embargo, fueron apenas unos pocos meses. Ese mismo año, el Rojo volvió a gritar campeón con el logo de Cerveza Águila, en un diseño de la italiana Kappa.
En 2013, después de que el conjunto caleño saliera de la Lista Clinton, Cervecería Bavaria, de la mano de Águila, regresó a la camiseta puntualmente para los cuadrangulares semifinales del Torneo Finalización de segunda división. Allí, América debió enfrentar en encuentros de ida y vuelta a Fortaleza, Universidad Autónoma y Real Cartagena. El acuerdo, además, estipulaba que se extendería automáticamente por todo 2014 si los escarlatas lograban el ascenso. Con 8 puntos (producto de dos victorias, dos empates y dos derrotas), quedaron en segundo lugar, sin chances de clasificar a la final del año. ¿Quién había vuelto algunos meses antes? Sí, sí, el diablo. Para el deleite de su gente…
El pase del delantero brasileño Wallyson a San Lorenzo fue una de las novelas del verano 2015. Verdugo inesperado del debut cuervo en la Copa Libertadores 2014, cuando en pleno Maracanã y con la camiseta de Botafogo clavó un fierrazo desde lejos, entró en la órbita del Ciclón, que buscaba refuerzos en su camino hacia el bicampeonato continental.
«Wallyson la rompió contra nosotros, llegaría a préstamo con opción», sentenció Matías Lammens, presidente del cuadro de Boedo, que parecía no tener en cuenta un detalle. Si bien el club argentino llegó a un rápido acuerdo económico con el futbolista de 25 años, los problemas surgieron por el dueño de sus derechos federativos, el siempre turbio Deportivo Maldonado de Uruguay. «El arreglo es complicado porque su pase es muy discutido», repetía Gilberto de Nadai, el representante del brasileño. ¿Cómo estaba dividida la cuestión? 50% HAZ Sports Agency, 30% Cruzeiro, 10% un empresario de Natal y 10% el propio jugador.
HAZ (que no es otra cosa que la combinación de la primera letra de los apellidos de Fernando Hidalgo, Gustavo Arribas y Pini Zahavi) había comprado la ficha de Wallyson en 2010, luego de que se destacara en ABC y Atlético Paranaense, y lo había vinculado al conjunto charrúa, gerenciado por el empresario Juan Figer y reconocido mundialmente por ser utilizado a la hora de las triangulaciones. Desde entonces, lo habían prestado a Cruzeiro (donde fue goleador de la Libertadores 2011 junto a Roberto Nanni), São Paulo, Bahía y Botafogo. En el Fogão había arrancado bárbaro, pero una lesión lo marginó de las últimas fechas y los cariocas se fueron al descenso.
Después de muchísimas vueltas, Wallyson terminó actuando a cuentagotas en Coritiba. Hoy, todavía ligado al Deportivo Maldonado, juega poco y nada en el Vila Nova, de la segunda división brasileña.
Mientras en Argentina los titulares y Alejandro Sabella ultimaban detalles para el debut por el torneo local, en agosto de 2010 los suplentes y algunos juveniles de Estudiantes de La Plata viajaron a Inglaterra para enfrentar al Sheffield United en el marco de la Alex Sabella Cup.
Comandados por Guillermo Trama, y ante poco más de 5 mil espectadores, salieron al verde césped del Bramall Lane estos once: César Taborda; Elian Parrino, Dylan Gissi, Leonardo Delgado y Raúl Iberbia; Diego Auzqui, Leonardo Jara, Marco Francescoli y Héctor Cardozo; Mauricio Carrasco y Ramón Fernández. En el complemento entraron Javier Favarel por Auzqui y Leonardo Morales por Carrasco. En el banco se quedaron el arquero Agustín Silva y el delantero Guido Carrillo.
¿Y el team de Kevin Blackwell? No le importa a nadie. Steve Simonsen; Laszlo Bodnar, Chris Morgan, Johannes Ertl (Ched Evans) y Leon Britton (Kingsley James); Mark Yeates, Andy Taylor, Richard Cresswell (Daniel Bogdanović) y Jamie Ward (Jordan Chapell); Stephen Quinn y Matthew Lowton.
En un duelo muy parejo, los ingleses se encontraron con el único gol del partido sobre la hora. A cinco del final, tras un córner ejecutado por el colorado Stephen Quinn, la defensa pincharrata no logró despejar y el rebote le quedó servido a Matthew Lowton, que fusiló a Taborda.
De esta manera, el capitán Chris Morgan levantó la Alex Sabella Cup, en homenaje a Pachorra, que dejó su huella con la camiseta del Sheffield United entre 1978 y 1980, hasta que fue transferido al Leeds United.
La suerte, sin embargo, cambió al momento de jugar por los porotos. Estudiantes fue campeón del Apertura 2010, mientras que los Blades (espadas, en inglés), luego de una campaña espantosa, descendieron a la League One, la tercera a nivel nacional.
Acostumbrado a ocupar el arco en los picados informales, César Delgado asumió tal responsabilidad jugando por los puntos en un partido válido por el Torneo Clausura 2005 de la Liga MX. La oportunidad se le presentó cuando Emmanuel Gonzalez, portero del Cruz Azul, fue expulsado sobre el final del encuentro.
El ex delantero de Rosario Central fue el hombre más destacado de los 90 minutos. No por haber demostrado una extraordinaria destreza bajo los tres palos, ya que no tuvo trabajo en el poco tiempo que ocupó ese lugar, sino por haber convertido el único gol con el que su equipo derrotó al Necaxa, anotándose su cuarta victoria en igual cantidad de presentaciones.
“Lo importante era colaborar con el grupo para obtener el triunfo, se presentó la posibilidad de estar en el marco, situación que había deseado desde hace tiempo, aunque en realidad no toqué el balón”, declaró el Chelito al finalizar el juego, aclarando además que lo que más le costó fue armar la barrera en un tiro libre que no le trajo peligro.
Los años pasaron y luego de estar una temporada inactivo a causa de un doping positivo, en 2017 Delgado se incorporó a Central Córdoba de Rosario para ser figura en la Primera C. Como jugador de campo, claro.
Su aparición en Primera despertó curiosidad e ilusión. Y no era para menos. Después de todo, se trataba de un familiar de uno de los jugadores más importantes de la historia de Boca Juniors. Para colmo, se llamaba (casi) igual y también actuaba en la mitad de la cancha.
Sebastián Alejandro Battaglia (el campeón de todo) y Sebastián Alberto Battaglia son primos segundos, pero, a pesar de que sus familias vivían a escasas 30 cuadras de distancia en su Santa Fe natal, recién se conocieron en Buenos Aires. «Nuestros viejos son primos entre sí. Pero como no se veían muy seguido, dio la casualidad de que a los dos nos pusieron Sebastián», explicaban al unísono. «Yo había venido a probarme a Boca en 2001. Estaba en la pensión y Seba vino a saludarme, a presentarse. En realidad, lo conocí primero por tele, mirando los partidos, que personalmente», comentaba Junior en sus primeras entrevistas: «Cuando digo mi nombre todos me preguntan qué parentesco tengo con él. Es lógico. Ganó todo, se hizo un nombre, hasta jugó en la Selección. Yo, en cambio, recién estoy empezando».
Nacido el 18 de junio de 1987, el juvenil jugaba de volante por izquierda o doble cinco y, dicen aquellos que lo vieron, marcaba diferencias con su habilidad, por la técnica de su zurda y por su constante ida y vuelta. Quizás por eso ya en 2006 había llamado la atención de Pancho Ferraro, que lo convocó al torneo Esperanzas de Toulon con la Sub 20. Si bien la Argentina decepcionó al no alcanzar las semifinales (empató con Portugal, perdió con China y le ganó a República Checa), Battaglia compartió experiencias con Sergio Romero, Gabriel Mercado, Frasquito Moralez, Mauro Zárate, Lautaro Acosta, Hernán Fredes, Mauricio Pedano y Franco Caraccio, entre otros.
Después de quedarse afuera del grupo que viajó al Sudamericano de la categoría en Paraguay en 2007, Miguel Ángel Russo lo llevó a su primera pretemporada con los profesionales. Sin embargo, su debut extraoficial se produjo un año más tarde, ya con Carlos Ischia como entrenador. Fue el 22 de enero, ante Racing en Salta, por el torneo de verano. Esa noche reemplazó al Tano Leandro Gracián a nueve del final.
Sin más oportunidades a la vista, a mediados de año se fue a préstamo al Unión Atlético Maracaibo (2008) de Venezuela, que se preparaba para disputar la Copa Sudamericana. «Me llamó la atención este equipo que enfrentó a Boca en la Libertadores pasada y la principal expectativa que hay es la Copa Sudamericana. Poderla jugar me llena de ilusión», tiró en su presentación. «Puedo jugar por izquierda en ofensiva, pero también me puedo adaptar en la contención jugando como doble pivote. Eso lo hice cuando estuve en la selección argentina y en Boca compartí esa función con Éver Banega. Me puedo adaptar perfectamente donde el profesor lo desee», chapeó. El sueño se terminó rápido, en la fase preliminar, cuando los venezolanos, que contaban además con Juan Manuel Herbella, Deivis Barone y Juan Carlos Henao en sus filas, cayeron por 4 a 2 en el global ante el América de Cali.
De nuevo en Boca, el primo por fin pudo sacarse las ganas de debutar por los puntos. Mientras los grandes descansaban en la antesala del clásico, un equipo alternativo viajó a La Plata para enfrentar a Estudiantes (1-0, gol de la Gata Fernández) por la fecha 9 del Clausura 2009: Roberto Abbondanzieri; Julio Barroso, Gastón Sauro, Ezequiel Muñoz y Juan Krupoviesa; Cristian Chávez, Fabián Vargas, Sebastián Alberto Battaglia y Leandro Gracián; Pablo Mouche y Luciano Figueroa. Battaglia Junior actuó durante 75 minutos hasta que fue reemplazado por el Kitu Damián Díaz.
Tras la igualdad ante River, volvió a ser titular en la jornada 11, frente a Rosario Central en Arroyito, ahora acompañando en la mitad de la cancha a Pochi Chávez y Exequiel Benavídez. Ya con el 2-0 en el marcador (tantos de Alexis Danelón e Iván Moreno y Fabianesi) le dejó su lugar a Glaciar Gracián.
La salida del Pelado Ischia y el posterior regreso de Alfio Basile (poco adepto a la idea de poner juveniles) atentaron contra su continuidad y volvió a la Reserva. En el verano de 2010, pasó a préstamo a Quilmes, con el que ascendió a Primera actuando con regularidad.
A mediados de ese año, tenía todo arreglado para irse a Aldosivi de Mar del Plata, pero finalmente recaló en Atlético Tucumán (2010/11), que hizo agua en su intento de volver rápido a la máxima categoría. El Decano terminó noveno con 51 puntos, a 8 de Belgrano de Córdoba, que disputó la Promoción ante River Plate. En lo personal, Battaglia Junior marcó 3 goles en 20 encuentros.
En 2012 bajó a la B Metropolitana para defender la camiseta de Platense, pero un problema de salud de su hijo lo obligó a postergar temporalmente su carrera profesional y regresar de urgencia a Santa Fe: «Lo operaron del corazón y me tuve que ir con mi esposa a Santa Fe, donde está mi familia; eso fue hace un año y medio, pero gracias a Dios está bien, ahora son controles y chequeos». Durante ese tiempo, para mantenerse activo, vistió los colores del Atlético Franck (2013) de la Liga Esperancina.
En junio de 2013 estuvo a prueba en el Deportes Tolima de Colombia, pero no convenció y terminó en Ben Hur (2013), en el Argentino B, donde fue dirigido por Carlos y Lautaro Trullet.
Sebastián Battaglia es carrilero izquierdo de mucho talento y ya entrena con el Ajedrezado. pic.twitter.com/OV1mxRE6Z5
En 2014 parecía estar destinado a sacarse la espina de actuar en el fútbol cafetero. Su amigo el Chino Miguel Caneo, toda una deidad por esos pagos, lo recomendó al Boyacá Chicó, que llegó a anunciarlo como refuerzo. Sin embargo, luego de varias semanas de entrenamiento, Ben Hur nunca envío el transfer y el ex Boca tuvo que pegar la vuelta.
De nuevo en nuestro país, deambuló con más pena que gloria por Tiro Federal de Rosario (2014) en el Federal A, Guaraní Antonio Franco (2015) -con el que enfrentó al Xeneize por Copa Argentina- en la B Nacional, y Deportivo Mitre (2016/17) en la Liga Departamental de fútbol San Martín.