Pezzarossi Dwight [Actualización 2016]

Dwight Anthony Pezzarossi García (El Portaaviones)

Su increíble nombre y origen sumados a un apodo genial le aseguraron un lugar destacado en el sitio. Y su rabiosa actualidad más las pintorescas noticias que supimos de él en el camino, lo elevan, sin dudas, al indiscutido rol de estandarte.

Nacido el 19 de septiembre de 1979 en la Ciudad de Guatemala, El Portaaviones Dwight Pezzarossi llegó a Argentinos Juniors a mediados de 2000 desde el popular Comunicaciones de su país, donde había debutado en 1995. Además y como es de esperar para cada jugador que llega a la Argentina desde Centroamérica, formaba parte del elenco estable de su seleccionado.

Con esos antecedentes, este centrodelantero se sumó al Bicho de La Paternal junto a una cofradía de baldoseros foráneos (los arqueros uruguayos Siboldi y Aurrecochea, el colombiano Luis García y el brasileño Eder Ferreira) y escuchó los aflautados deseos de su poco experimentado entrenador, El Colorado Carlos Javier Mac Allister: salvarse del descenso, hacer una buena campaña, que no le dijesen Corky y convertirse en Ministro de Deportes de La Nación. Pezzarossi tomó nota de esto y después se dedicó a realizar la labor para la cual lo habían contratado: baldosear…

La tardía presentación del Portaaviones se dio recién en la séptima jornada, cuando ingresó algunos minutos por El Cabezón Fernando Sánchez en un empate 1 -1 con Belgrano. Luego fue titular en una igualdad con Almagro (0-0); ingresó en un empate con Huracán (1-1); formó parte de los once que participaron de una reanudación de partido frente a Racing (fue parda 0-0 y encima lo cambiaron a mediados de este mini-encuentro) y fue estigmatizado cuando no fue reemplazado en un partido que Argentinos le ganaba 2 a 0 al River de Los Cuatro Fantásticos con dos jugadores de más y que, como no podía ser de otra manera, terminó empatado en dos tantos.

Una derrota por la mínima frente a Vélez Sársfield, la tarde que se anunció la venta de José Luis Chilavert a Francia, marcó el final de los días de Dwight Pezzarossi en la Argentina, dejando un total de 6 encuentos en los cuales se mostró como un verdadero «delantero-mueble» con escasa movilidad, quien nunca logró quedar en posición de gol por más que compartió cancha -a la vez- con tres grandes asisitidores de izquierda como El Pocho Insúa, El Zurdo Zermatten y Diego Rabona Bustos. Tampoco milagros…

Tras esto, El Portaaviones cruzó la Cordillera para jugar en Palestino (2001) y en Santiago Wanderers (2002), donde tuvo una correcta labor al tratarse de un fútbol más parecido al que se practica en su país. Luego metió una buena campaña en el Racing de Ferrol (2002/03) de la Segunda División española, que quedó opacada por una lesión que lo tuvo de baja durante tres meses. Regresó a Comunicaciones (2003/05) y entremedio superó una prueba en el Bolton Wanderers (2004) de la Premier League. No fue ni al banco de suplentes pero al menos conoció al Jay-Jay Okocha, a Mario Jardel y a Youri Djorkaeff. Grosso…

Cuando todo hacía presuponer que Pezzarossi ya no volvería a salir de su país, el Racing de Ferrol volvió a contratarlo en el mercado de invierno de la temporada 2005/06 y mal no le fue, ya que jugó 10 partidos y marcó tres goles. En julio de ese mismo año pasó al Numancia -también de la División de Plata- pero participó en apenas 21 minutos y fue dado de baja a los seis meses. En 2007 regresó a Guatemala para vestir la camiseta de Deportivo Marquense (2007/08) y de, como no podía ser de otra manera, Comunicaciones (2008/2011).

Un paso por Deportes La Serena de Chile (2011/12) fue su última excursión por el extranjero. El Portaaviones Pezzarossi se retiró a mediados de 2013 con la camiseta de Comunicaciones, no sin antes intentar, en vano, clasificar a su Selección al Mundial de Brasil 2014. Por que el tipo ya estaba viejo pero a ambicioso no le iba a ganar nadie.

Y hablando de ambición, Dwight Pezzarossi sorprendió al planeta entero cuando, en septiembre de 2014, fue nombrado como Ministro de Deportes… ¡y Cultura! de su país por el entonces Presidente Otto Pérez Molina, en una decisión que causó gracia, estupor e indignación en la población entera ya que, entre otras cosas, El Portaaviones manifestó no saber quien fue el diseñador del Teatro Nacional; que sus gustos culturales pasaban por Bon Jovi y Ace Of Base y además declaró como vándalos a perseguir a los skaters. Eso si, hizo spots navideños de lo más sabrosos…

Criticado desde todos los wines por sus medidas de índole irrisorio, Dwight Pezzarossi renunció a su cartera en septiembre de 2015, luego que el Presidente Pérez Molina fuera incitado a dejar su cargo por casos múltiples de corrupción. El Portaaviones lo hizo con una sentida carta dirigida hacía la población y hacía el Presidente Interino Alejandro Maldonado Aguirre. Sin embargo, rápidamente se viralizó una misiva que, aunque apócrifa, manifestaba el verdadero sentir de los guatemaltecos…

Pero eso no es todo, cuando el planeta Tierra se encontraba mirando la Apertura de la Copa América Centenario, una noticia sacudió a todos: la muerte de Muhammad Alí El Portaaviones Dwight Pezzarossi había sido encarcelado al ser acusado por asociación ilicita y por cohecho pasivo, al integrar una red que desviaba fondos públicos en beneficio de empresarios allegados al poder… ¿Dónde escuché algo parecido?

Esas son, hasta el día de hoy, las últimas novedades que tuvimos de Dwight Pezzarossi. Aunque, por supuesto, nos animamos a afirmar que habrán muchas más. Por lo pronto, esperamos que al recordado Portaaviones no le estén introduciendo un Mirage…

[Go home] That’s All Folks: Los Cachirules

Para arrancar, vamos a abarcar la piedra fundacional de la hoy por hoy estable liga estadounidense. Y esa génesis no la hallaremos ni en el primer partido disputado en 1996; tampoco cuando anunciaron la contratación de Carlos Valderrama y mucho menos cuando se le adjudicó a aquel país la sede del Mundial de 1994. Nada de eso… La querida Major League Soccer comenzó a ser una realidad en abril de 1988, cuando estalló el escándalo de “Los Cachirules”.

El tema es así: los dirigentes mexicanos, por aquel entonces los kapangas de la Confederación, comían las porciones más sabrosas del pastel, dejándole apenas las servilletas sucias al resto de sus vecinos, por no decir invitados. Recientemente anfitriones del Mundial ’86, miraban con recelo la posible inminente realización de una Copa del Mundo en los Estados Unidos. Más que nada, para que no naciera un hermanito rubiecito y regordete con quien repartir los juguetes.

A nivel de selecciones, los mariachis habían clasificado recientemente a los Juegos Olímpicos de Seúl ’88 y se sabían ganadores por muerte de un cupo en el Mundial de Italia ’90. Con esa patriótica confianza, la Selección Sub-20 de México acudió en abril de 1988 al Torneo Clasificatorio de la categoría en Guatemala y logró su cupo en el Mundial de Arabia ’89 al salir en segundo lugar, detrás de la juvenil de Costa Rica.

Acá viene lo raro… A los pocos días -dos para ser precisos- la propia Federación Mexicana de Fútbol les regaló a los periodistas un anuario donde deschavaba la tramposa edad de algunos de los miembros de aquella Selección Sub-20. Uno tenía 23, otros tenían 22, había alguno con 21 y así con casi todos… Además y con llamativa rapidez, el Canal Imevision con el periodista Antonio Moreno a la cabeza, se hizo con actas tanto de fichaje como de nacimiento en las cuales quedaba en evidencia el fraude de jugadores y dirigentes. Chupala, Lanata…

Instantáneamente, la Federación de Guatemala con el respaldo fundamental de la Federación de Estados Unidos, iniciaron las investigaciones y los sumarios correspondientes. No les hizo falta mucho, ya que todos los involucrados terminaron quebrándose y confesando ante unos pocos cuestionamientos. En Mayo de 1988 la CONCACAF resolvió descalificar del Mundial Sub-20 de Arabia ’89 a los muchachotes mexicanos y otorgarle el cupo a aquellos rústicos pibes yankees salidos del College.

¿Algo más? Si, se determinó eliminar a México de los Juegos Olímpicos de Seúl (sin que se expidiera el Comité Olímpico Internacional y otorgándole esa plaza a Guatemala) y se suspendió a la Selección Mayor por dos años, impidiéndola de participar de las Clasificatorias para Italia ’90.

Extraña que, desde la FIFA, tanto Joao Havelange como Guillermo Cañedo, “El Julio Grondona Mexicano”, hayan manifestado un escueto: “No somos quienes para rebatir la sanción de una Confederación sobre uno de sus afiliados”. Raro. Por que nadie puede disentir sobre la sanción de por vida que obtuvo una veintena de dirigentes mexicanos ni que se haya bajado a la Sub-20 del Mundial. Pero ¿Era para tanto?

Un mes después, tan sólo un mes después, los dirigentes norteamericanos celebraron el ser designados anfitriones del Mundial ’94; el tener allanado el camino de su equipo hacía Italia ’90 y el ver viable la concepción del requisito sine qua non que les imponía la FIFA: tener una liga propia, seria y estable.

Y esto, además de por la decisión política, lo vislumbraron gracias al ejercito de anunciantes que dejarían México tanto por el escándalo de “Los Cachirules” como por el fraude electoral que llevó a la Presidencia de ese país a Carlos Salinas de Gortari. Y todo se inició por un puñado de pibes que hicieron lo mismo que hacemos nosotros cuando tenemos la caradurez de caer en una discoteca: chamuyar con los años…

“-¡I want the truth! / – ¡ You can’t handle the truth!”

«-¡Quiero la verdad! / – ¡No sabes que hacer con la verdad!»

(Tom Cruise y Jack Nicholson, “A Few Good Men”, 1992)

“Cachirulo” fue un popular personaje cómico encarnado por el actor Enrique Alonso, quien interpretaba a un menor de edad cuando claramente ya era un adulto hecho y conciso. Por carácter transitivo y por las pruebas aportadas, cuatro jugadores de aquel Sub-20 fueron estigmatizados con ese mote y señalados como los culpables de aquel punto de inflexión en la historia del fútbol mexicano, a saber:

Aureliano Rivera Bueno (El Coreano / El Cachi)

El que mejor trayectoria tuvo de los cuatro, aunque sin dejar de ser mirado de reojo por el medio futbolístico. Jugador del Tampico y con 22 años cuando estalló el escándalo, en 1989 éste zaguero central pasó al Cruz Azul y dos años después al Puebla. En 1997 fue encarcelado luego de atropellar y matar a dos ciclistas, encontrándose en estado de ebriedad. Terminó su trayectoria en Lobos BUAP del ascenso en el año 2001. Luego fue técnico de diversos equipos del ascenso pero disfrazado de asistente en las planillas por no poseer el curso de entrenador.

José De La Fuente Guzmán (El Chorro / El Cachi)

También defensor y poseedor de 22 pirulos cuando estalló el escándalo, época durante la cual era titular en Monterrey. Luego lo bajaron a las inferiores hasta el año 1991, cuando se retiró del fútbol y básicamente desapareció del mapa.

Gerardo Jiménez Cantú (Shaggy / El Cachi)

El que hizo el gol de la fallida clasificación y quien ya contaba con 20 años. Siguió en Monterrey hasta 1994 con escaso suceso. Luego jugó una temporada en el Tampico y otra en el Pachuca. Bajó a Segunda y se retiró después de un año en el desaparecido Atlético Hidalgo. Dirigió a varios equipos del ascenso mexicano.

José Luis Mata Santacruz (El Cachi)

Con 22 años en abril de 1988, siguió baldoseando hasta 1993 con la camiseta del Atlas. Jugó un año con el Pachuca en Segunda División y se retiró. Luego se dedicó a la dirección técnica sin jamás despegarse del martirio de ser señalado como uno de los responsables de la máxima vergüenza del fútbol mexicano en la historia, a la par de sus tres compañeros.

Pese a todo y en nombre de ellos, miles de jugadores mexicanos falopas cobrarían su revancha, pocos años después, baldoseando en lugares llamados Columbus Crew, Dallas Burn o Chivas USA, expandiendo así el legado de los famosos “Cachirules”…

«¿Hicimos la trampa los periodistas?», «no, no, no»…

Guede Pablo

Pablo Adrián Guede (Loquita)

Por supuesto, después podemos discutir ampliamente si este es un posteo que merecemos. De lo que vamos a estar todos de acuerdo, sin ningún lugar a argumentación, es que el que usted está leyendo es un texto que necesitamos ¿Y cuáles son las razones para una afirmación tan temeraria? En principio, que en toda la web no se encuentra una mísera foto de nuestro protagonista en su pasaje por la Primera División del fútbol argentino.

La segunda causa, la más importante, es que en todos los escritos sobre su persona se rememora su paso por el Deportivo Español como una apurada y desganada tilde en la lista del supermercado; cuando ahondando sutilmente en su trayectoria uno choca sin cinturón de seguridad sobre una inexorable conclusión: el pintoresco, llamativo y renombrado Pablo Guede halla su génesis en el baldoserismo. Entonces, por carácter transitivo, encuentra en En Una Baldosa su media naranja para recordar aquellos irrepetibles días de la lejana década de los noventa…

Martes 26 de noviembre de 1996. En la milenaria y ancestral Tokio, River Plate caía por 1 a 0 frente a la Juventus de Turín por la tan ansiada Copa Intercontinental. Quiso el destino, cruel hijo de puta, que ese mismo día, tan sólo un par de horas después, su rival de toda la vida, Steaua Bucarest Boca Juniors, jugase en el Bajo Flores frente al Deportivo Español en un devaluado partido que solo servía para conectarle ganchos al hígado al vapuleado técnico Xeneize: Carlos Salvador Bilardo.

En un encuentro soporífero, según destacan las crónicas de la época, Boca se encaminaba a la necesitada victoria gracias a un tanto convertido por el uruguayo Néstor Gabriel Cedrés, para alegría de sus escasos hinchas que se habían acercado hasta la cancha ataviados con la camiseta de Alessandro Del Piero.

Irónicamente, a falta de trece minutos, los locales acabaron con la extasis bostera gracias a un tanto convertido por un ignoto jugador que había ingresado en el entretiempo ¿su nombre? Pablo Adrián Guede, quien, además de marcar su primer gol en la elite, se convirtió en héroe inesperado y ayudó a levantar la golpeada moral riverplatense: “Yo perdí con Juventus y con Del Piero… y a vos te empató Español con un gol de ¡Pablo Guede! ¡Pablo Guede!”, se escuchó al otro día en más de un colegio secundario.

Claro que el susodicho no era precisamente un iniciado. De profesión delantero y nacido el 12 de noviembre de 1974, Pablo Guede había debutado con los Gallegos durante el Apertura ‘92 y a causa de las pocas oportunidades que le brindaba aquel buen equipo del Deportivo Español -donde en el ataque brillaban El Puma Rodríguez, Walter Parodi, Hugo Castillo o Wilson Núñez- aceptó pasar a préstamo a Nueva Chicago del Nacional B durante la temporada 1995/96 para ganar ritmo de competición.

En Mataderos tuvo un buen rendimiento jugando en el ataque junto a Leandro Lázzaro y a, cuando no, Christian El Gomito Gómez. Esto motivó a Oscar Cavallero a pedir su regreso al feudo de Ríos Seoane en junio de 1996, ya que los refuerzos escaseaban y ya se avizoraba, para ellos, una eterna oscuridad.

El Apertura ’96 fue el más productivo de su campaña en Primera, ya que metió 14 encuentros –la mayoría de ellos como suplente- y convirtió su únicos 2 tantos: aquel contra Boca y otro frente Estudiantes en el empate 2 a 2 por la última jornada.

Además, se dio el gusto de compartir plantel con gemas baldoseras como: Arístides Pertot, Diego Corpache, Gustavo Artaza y Gastón Romancikas, entre otros. Claro que también había jugadores de en serio (?) en ese plantel, como: Hernán Meske, El Cabezón Dopazo, El Moncho Fernández y Carlos Odriozola ¿Alguien más para destacar? Si, nada más y nada menos que Jorge Francisco Almirón con quien, en más de una ocasión, Guede practicó fútbol ofensivo… para los ojos.

Durante el Clausura ’97, Pablo Guede tuvo menor participación en su equipo pero, eso si, llegó a las primeras planas cuando fue miembro del “Club de los Seis Jugadores” quienes durante ese torneo incitaron a una huelga general de futbolistas para lograr su libertad de acción del Deportivo Español y que, entre otras cosas, llevaron a la intervención del Presidente Men*m y motivaron a Fernando Miele a echar a Oscar Ruggeri de San Lorenzo. Pablo Guede, además de quedarse con el pase en su poder, supo cosechar para el futuro. Por que hombre precavido vale por dos mil.

Pablo Guede estuvo el último semestre de 1997 en el Xerez de la Segunda de España, donde apenas metió 5 partidos. Luego pasó al Málaga de Segunda B y allí consiguió el ascenso a Segunda siendo suplente como Pablo Trobbiani. La temporada 98/99 fue ratificado en ese equipo y allí logró el ascenso a Primera siendo relevo tanto del entonces brasileño Catanha como del portugués, ex Real Madrid, Edgar. Lamentablemente, él se quedó en la Categoría de Plata para ser suplente de Mariano Armentano en Elche (1999/2000).

A comienzos de 2001 pasó al Ejido de Segunda B, donde otra vez logró el ascenso. Una vez en Segunda fue suplente durante los últimos seis meses de 2001 del Tanque Gabriel Bordi. Eso fue demasiado. A principios de 2002 se fue a vivir definitivamente a la Segunda B ibérica para lograr algo de titularidad por primera vez en su vida, vistiendo las camisetas de Motril (2002), Real Jaén (2002-03) y Melilla (2003-06).

Y fue allí, jugando es ese remoto equipo de una isla cercano a las costas de África, cuando Pablo Guede decidió alejarse definitivamente de la práctica activa para comenzar una ascendente carrera como entrenador, de la cual todos sabemos absolutamente todo, dado la cotidianeidad de este personaje.

Entonces, si este personaje parece ser cotidiano… ¿para que cuernos escribimos este posteo? Obvio, boludos: para tributarlo como sacrificio en el tradicional indulto navideño. Con lo caro que van a estar las cosas, es conveniente asegurarse con varios meses de anticipación los regalos…

Arana Ronald

Ronald Arana Céspedes

No es que nosotros fuésemos una manga de enfermitos… no, claro que no… pero en los primeros noventa, cuando era apenas un niño, tanto en mi barrio como en mi escuela el ademán que vemos en la foto de arriba era la respuesta a la infanto-sexual pregunta: “¿Sabés como cojen los marcianos?”. Y a eso se contestaba con una piña en la cara del amiguito que te quería someter o poniéndose dos dedos estirados horizontalmente en la frente, lo cual significaba que se habían invertido los roles y ahora vos lo empezabas a poseer al chistoso… No sé si esta práctica sexual será moneda corriente hoy por hoy entre los púberes, ya que hace mucho tiempo dejé de ser chico y hace todavía más tiempo dejé de tener prácticas sexuales (?).

Lo que si sabemos, con exactitud, es que en el lenguaje boliviano o, mejor dicho, en el idioma de Ronald Raldes, este ademán se traduce como: “¿Quieres ganarte unos billetes fáciles?”, o para ser más puntillosos en: “Ven, compadre, vamos a robarle unos pesos a los gauchos”. Y así, con la mano de uno sobre el hombro del otro, fue como se craneó la llegada de Ronald Arana a Rosario Central a comienzos del año 2006.

Confiable defensor para el medio boliviano y con una dilatada trayectoria que incluía pasos por Destroyers (1996), Oriente Petrolero (1996-97 y 2000-05) y The Strongest (1999), Arana llegó a Arroyito avalado también por su estabilidad en la Selección Boliviana, donde debutó de la mano del Bambino Veira en 1999.

Pero claro, lo que terminó inclinando la balanza a favor de su contratación fue la persuasiva palabra de Ronald Raldes quien, así como llevó a varios Canallas al altiplano (Juan Grabowsky, Germán Leonforte, Marcelo Aguirre, Ramiro Fassi, entre otros) también hizo la gestión inversa posibilitando el inédito hecho de un club argentino con tres jugadores bolivianos al mismo tiempo (el otro era el Máximo Goleador del Mundo, José Alfredo Castillo), de los cuales dos eran Ronaldos (?).

Pero claro, los rosarinos -que no comen vidrio a no ser que venga aderezado con gato- mantuvieron sus reservas y solo incluyeron a Arana en la lista de la Copa Libertadores con el dorsal número 3. ¿Y como les fue? Re bien, Rosario Central se quedó afuera en la Primera Ronda y el boliviano no concurrió nunca ni siquiera al banco de suplentes. Cuando Arana vio que por el Torneo local le daban su dorsal al arquero Jorge Fatura Broun para que atajase como titular en un encuentro frente a Instituto, supo que no le iban a prorrogar el préstamo y se volvió a su patria en el mismo avión que llevó de regreso a José Alfredo Castillo.

El fenecido La Paz Fútbol Club (2006 y 2011), otra vez Oriente Petrolero (2007), Bolivar (2008), Real Mamoré (2009) y Guabirá (2010) -todos de la Primera División bolita– fueron los equipos donde Ronald Arana dejó jirones de calidad. Su última participación fue en la temporada 2011/12 cuando ayudó al Jorge Wilstermann a abandonar el Nacional B del altiplano.

Hoy por hoy, Ronald Arana dirige a la Selección Sub-17 de Bolivia y regentea un salón de eventos en La Paz donde se realizan múltiples actividades -entre ellas cumpleaños infantiles y fiestas de fin de curso- logrando, al estar rodeado de gente de escasa edad, hallar la respuesta a la pregunta que desvela a la humanidad toda: “¿Sabés como cojen los marcianos?”.

Fuera de Stock: Gol Show – Hacele un gol a Chilavert

En el último trimestre de 1996, cuando ya había transitado tres décadas en esta Tierra, el arquero paraguayo José Luis Félix Chilavert González había logrado algo que, en la teoría, está reservado para personas que aún no han llegado a la flor de la vida: ser un auténtico número uno con una magnífica trayectoria, un presente brillante y todavía mucho para brindar en el futuro.

Campeón argentino, de América y del Mundo con Vélez Sarsfield; máximo referente de la Selección de su país y galardonado como El Mejor Guardametas del Planeta en 1995 por la IFFHS, El Chila había conseguido un reconocimiento tardío y a regañadientes del medio futbolístico y también de parte de la sociedad Argentina que, sin embargo, en ese momento no se quería percatar que estaba ante la presencia de un verdadero mito viviente.

Es que convivían sensaciones ambiguas en torno a la inmensa figura del Guerrero Guaraní que, dentro de las cabezas de muchas personas, actuaban como el diablito y el angelito que le tiran consejos al Pato Donald (?). En el haber estaban: sus goles a River, sus tantos a Boca, sus anotaciones ante la Argentina, sus gloriosas atajadas, el hecho de ser el orgulloso embajador paraguayo por excelencia en una nación donde vivían (y viven) millares de sus coterráneos, el lograr que un club periférico de la Capital tenga más Copas internacionales que hinchas y su influyente personalidad, entre tantos otros méritos…

Por el otro lado, el supuestamente negativo, podemos contrastar básicamente lo mismo: sus goles a River, sus tantos a Boca, sus anotaciones ante la Argentina, sus atajadas perjudiciales para las mayorías, el hecho de ser el orgulloso embajador de un país mirado en forma principalmente peyorativa, el haber ayudado a los dirigentes del Fortín a sentarse en la mesa de los grandes y, por supuesto, su influyente personalidad, que lo llevaba a vociferar cosas tales como: “tú no has ganado nada”, “los jugadores que van a la TV por un sueldo me dan lástima, matarían a la madre por plata”, “Amadeo Carrizo atajaba en una época donde los delanteros se mataban con pastas y vino. Me da risa”, “yo de los mediocres no hablo” por Navarro Montoya y “habría que crear un campeonato para la gente normal y otro para los drogadictos” en relación a Diego Maradona, entre tantas otras palabras. Ojo, a veces escupía a Martín Ciccioli y todos festejaban…

Como fuese, ese otro moldeador fundamental de la esencia nacional de los últimos treinta años además de gran conocedor de los gustos y necesidades de las masas, llamado Marcelo Tinelli, olfateó la oportunidad al vuelo y así nació: “Gol Show – Hacele un gol a Chilavert”. Ahora todos tendrían la posibilidad de poner de rodillas al coloso en primerísimo Prime Time.

La mecánica era simple: había que recortar y llenar un cupón que venía en la revista El Gráfico, enviarlo a una dirección postal o depositarlo en la urna que estaba en tu kiosco amigo (?) y, si un jueves El Cabeza de Bolívar agarraba tu sobre, automáticamente te ganabas dos abonos anuales en platea para ver a tu equipo favorito.

Después, claro, venía lo mejor. En un arco con medidas reglamentarias tenías la chance de patearle un penal a José Luis Chilavert y, si lograbas convertirlo, te hacías acreedor de un departamento de tres ambientes en una confortable zona de Buenos Aires. O sea, un penal al dogor por una casa para toda la vida…

Por supuesto, esto último no era tan simple. El participante debía poseer un teléfono digital y la pelota en cuestión, impulsada por una especie de cañón, saldría con una potencia inherente al tono elegido. La modalidad era cuanto menos sospechable, acorde a la mayoría de los productos rubricados por Tinelli.

Así las cosas, pasó una semana, pasaron dos, pasaron tres, cinco, siete y nada. Ni un gol ni un derpa, nada. Por ahí le hicieron uno y todos rieron. Después le hicieron otro y algunos se preocuparon. Hasta que un fatídico jueves de diciembre le convirtieron a Chilavert tres goles seguidos, algunos de pelotudísima factura, y ahí se acabaron las risas. Sobretodo las de Saladix, la empresa que ponía la tarasca para pagar los inmuebles…

A la semana siguiente, Chilavert desapareció definitivamente de El Show de Videomatch acusando una lesión que, sin embargo, no le impidió atajar contra Bolivia en la altura de La Paz por Eliminatorias.

En su reemplazo ingresó su archirival, Carlos Fernando Navarro Montoya -quien recientemente había sido echado de Boca por el tema de las camisetas pero a los ojos de la gente bien al menos sí deseaba ser Argentino- y los departamentos mutaron en autos cero kilómetro. Por que el uno a uno daba para cualquier cosa, pero tampoco eran tan boludos…

El Gol Show finalizó -sin volver a ser mencionado y sin aviso a quienes habían enviado sus sobres- dos semanas después, cuando El Mono fue transferido al Extremadura de España. Así y todo, cinco familias en cinco departamentos de Capital Federal hoy tienen donde no los moje la lluvia y también donde caerse muertos gracias al inmortal Guerrero Paraguayo… o al menos, eso fue lo que nos hizo ver Marcelo Hugo Tinelli.

Pasquinelli Fernando

Fernando Adrián Pasquinelli (El Máquina)

Además de ser una de las eternamente postergadas estrellas de las inferiores de Boca Juniors de finales de milenio –de aquellas que el viejo Suplemento partidario del Diario Deportivo Olé nos presentaba semanalmente- éste centrodelantero tiene el privilegio de ser el primer jugador nacional que le vio la cara al modernismo, aunque, por supuesto, tanto él como el resto de la humanidad lo ignorábamos en aquel momento.

Nacido en Cañada de Gómez (Santa Fe) el 13 de marzo de 1980, Fernando Pasquinelli llegó a las inferiores Xeneizes promediando su adolescencia, tras destacarse en algunos equipos de un pueblo que sólo posaba sus reflectores sobre el básquet.

Con Oscar Regenhardt como entrenador y codo a codo con Nicolás Xicoy, El Chori Méndez, Christian Jara Lunghi, Carlos Quiñónez, Marco Bahamonde, Carlos Marinelli y Facundo Bonvín, entre otros, Pasquinelli brilló en aquel recordado Sub-19 bostero que participó en la Milk Cup y que realizó varias giras en buen nivel por el viejo continente. Esto logró que varios agentes y reclutadores posen sus ojos sobre algunas de estas jóvenes figuras quienes, seducidas por la oportunidad, se fueron a Europa a boicotear sus prometedoras carreras.

El Leicester de la Premier League de Inglaterra (2000) ofreció llevarse durante dieciocho meses al pibe a préstamo con opción y El Cartonero Macri, aferrado a aquella vieja ambición de “abrir nuevas fronteras” desde lo económico pero no desde lo emocional, le dio al Máquina Pasquinelli la despedida al instante. Una vez en el Reino Unido, el atacante actuó a la reserva de The Foxes pero no llegó a debutar con el primer equipo ya que Martin O´Neill, el técnico que lo había pedido, fue cesanteado algunas semanas después.

Con la llegada de Peter Taylor, nuestro homenajeado fue enviado de regreso a la Argentina. Apenas habían transcurrido seis meses desde su llegada. Al menos pudo compartir entrenamientos con el arquero Tim Flowers, con el jamaiquino Frank Sinclair y con el quilomberísimo Stan Collymore, entre otros.

Él estuvo allá y le dice «Leicester City» no «Leister», caretas…

Tras seis meses entrenándose en Boca (2000), Carlos Bianchi se percató de su presencia pero solo para avisarle que no lo iba a llevar a la pretemporada. Por tal razón, el delantero aceptó pasar a préstamo al Motagua de Honduras (2001) junto a sus compañeros Federico Carballo y Gastón El Gula Díaz. Lamentablemente, pocas semanas después los tres jugadores se volvieron rápido al país cuando fueron acusados de golpear a varias mujeres en un bar, entre ellas a la hija de un reconocido diputado catracho. Y todo por no Drinkwater (?).

De regreso en Boca, Pasquinelli fue dejado libre y -con el pase en su poder- estuvo a préstamo en San Telmo (2001/02) y en Temperley (2002) de la Primera B. Luego retornó al Reino Unido, más precisamente a Escocia, beneficiado por que en el país de las polleritas siempre se le presta particular atención a todo aquel que haya pasado por Inglaterra. El Máquina convirtió 4 goles en el Livingston (2003/04) y luego pasó al Abeerden (2004), equipo que le rescindió el vínculo tan solo seis meses después de haberlo contratado.

De vuelta en el país se le abrió la chance de jugar el Nacional B parar Talleres de Córdoba (2005/06) pero en un amistoso frente Nacional de Medellín, Gerardo Bedoya le abrió los ligamentos cruzados de una pierna y Pasquinelli estuvo más de diez meses intentando recuperarse. Volvió recién en 2007 jugando un semestre para Temperley y luego se estuvo entrenando con Platense pero no lo contrataron por un tema presupuestario.

Liga de Portoviejo de la Segunda de Ecuador (2008), además de Sarmiento de Junín (2008/09 y 2010/12), Tristan Suárez (2010) y Barracas Central (2012/13) de la Primera B, fueron los lugares donde Pasquinelli continuó jugando a la pelota. A finales de 2013 El Máquina decidió ponerle punto final a su trayectoria después de seis meses en Primera C con la camiseta de San Telmo. Una lástima el desbarranco final. Al menos, hasta los 25 años de ambos, Fernando Pasquinelli hizo una carrera mucho más impresionante que la de Jamie Vardy…

Voy al Arco: Mauricio Pineda (1998)

Estaba contento Héctor Mauricio Pineda. Apenas una hora atrás le había convertido -jugando para la Selección Argentina- un gol a Croacia por el Tercer Partido de la Primera Ronda del Mundial de Francia y recordaba ante los periodistas que ni a palos se imaginaba ese presente en los primeros días de aquel lejano 1998. De hecho, hasta visualizaba uno muy distinto ya que, relegado en Boca, estuvo hasta a punto de caerse su pase al Udinese italiano.

“Informe médico negativo por un hígado en pésimo estado castigado por el consumo intenso de frituras más colesterol llamativamente exagerado para una persona de 22 años” decía el estudio de los galenos tanos que desaconsejaban su contratación. “No sé como los convencí que no tenía nada (?)… pero ahí nomás me sumé al equipo y jugué de todo… de lateral derecho e izquierdo… de volante por derecha y por izquierda también… hasta en un partido me pusieron de delantero”, se emocionaba Pinedita en Burdeos.

Lo que el lateral no contó aquella vez, claro, fue que también accedió a la bizarreada de atajar para el equipo friulense con tal que no le tirasen la bronca por su adicción a las sopaipillas y a las chimichangas. Aquello ocurrió el 19 de abril de 1998, en plena ebullición de la confección de la lista mundialista, cuando su equipo visitó al Inter de Milán en el estadio Giuseppe Meazza.

El Udinese, utilizando la vieja y querida metodología de «colgarse del travesaño», había aguantado el empate hasta los 80 minutos, cuando el francés Youri Djorkaeff abrió el marcador de un cabezazo. Con los visitantes adelantados algunos metros, al querido Gordo Ronaldo le quedó bastante espacio para una de sus épicas corridas que, lamentablemente, fue cortada con una mano del arquero Luigi Turci afuera del área. Roja para el portero y tiro libre para El Fenómeno

Con el Udinese sin cambios y pese a que era el más petiso de su equipo, a Mauricio Pineda no le quedó otra que tomarse un Uvasal, ponerse el buzo, calzarse los guantes y pararse debajo de los tres palos a esperar la ejecución del tiro libre. Cosas que tiene que soportar el nuevo chico en la cuadra…

¿A vos te parece reírte de esa manera?

El Inter ganó finalmente aquel partido por 2 a 0 y, mientras permaneció en Udinese, no volvió a haber muchas más novedades de Mauricio Pineda ni tampoco de su hígado, que, en líneas generales, es una basura tan traicionera que en las carnicerías te la dan para que se la coma el gato…

Cantoro Lucas

Lucas Maximiliano Cantoro (El Torito)

Desde que Carlos Bianchi en el rol de entrenador inauguró su historia moderna, Vélez Sársfield es una institución que navega, cíclicamente, por períodos de lo más desiguales. Primero se forman equipos competitivos; luego crecen juveniles orgullosos; después se ganan títulos de diversas índoles; también se vende por millones de divisas; llegan refuerzos que destacan “lo prolijo del club” y cada acción que involucre su nombre es alabada con bonanza por esos amigos de todos nosotros, conocidos en los bajos fondos como: “los periodistas”.

Concluida esa etapa, claro, llega la otra. La que completa el círculo. Los jugadores de renombre huyen despavoridos, el dinero parece haberse esfumado, se cuestiona la realización de recitales en el estadio, los juveniles son insultados con furia por sus propios plateistas y, en consecuencia, no se logran resultados. La otrora institución modelo ahora es una zona arrasada por una bomba atómica donde solo sobreviven las cucarachas y El Poroto Cubero. Y así una vez… y otra vez… y otra vez… y otra vez… casi, casi como un país bananero; casi, casi como el nuestro.

En uno de esos inexorables contextos -los de desamparado- fue cuando en Primera División asomó su humanidad Lucas Cantoro, un cuarto volante o delantero por afuera de la categoría ’79, quien tuvo escasas chances de participar básicamente por la ausencia abundante y sonante del crudo y vil metálico.

Con un apellido familiar para El Fortín, ya que su hermano Mauro Roberto había iniciado “la dinastía reversa” para equilibrar la festejada aparición de los Zárate, Lucas Cantoro debutó en la octava fecha del Clausura ’99 beneficiado por que gran parte del plantel había caído intoxicado en Perú, tras jugar contra Universitario por la Copa Libertadores.

En aquella derrota frente a Unión en Santa Fe por 1 a 0, el Vélez de Eduardo Manera formó con -entre otros purretes- De La Fuente, Hernán Maldonado, El Doc Herbella, Esteban Bújan, El Roly Zárate y el paraguayo César Ramírez. Nuestro homenajeado ingresó a los 75 minutos por Juan Falcón y no llegó a compartir la cancha con su brother, quien había sido reemplazado 20 minutos antes por Andrés Montenegro.

Más de un año después, Lucas Cantoro tuvo otra oportunidad cuando fue titular en un empate 0 a 0 con Talleres de Córdoba que le puso los pelos de punta a Futbolistas Argentinos Agremiados ¿por qué razón? Por que el estatuto estipulaba que la mitad de los 16 jugadores por plantel que firmaban la planilla debían tener contrato profesional. Y Vélez sólo había presentado a seis (Chilavert, Cubero, Fede Domínguez, Morigi, Eduardo Domínguez y Rodrigo Marangoni) ¿El resto? Todos amateurs (Dudar, Esteban Buján, Falcón, Obolo, Leyenda, Herbella, Castroman, Ariel Ércoli, Pablo Armesto y, por supuesto, Cantoro).

Por tal razón, durante el resto del torneo Vélez tuvo que limitar el uso de juveniles y Lucas Cantoro vio reducidas sus posibilidades de actuar… era eso o esperar un contrato… y los papeles, en esa época del club, no se los iban a presentar jamás. Así y todo, pudo actuar en algunos minutos de otros tres encuentros hasta que, a mediados de 2001, se le otorgó la carta de libertad de acción.

Tras apenas tres encuentros en Racing de Montevideo (2001), Lucas Cantoro cruzó la mar (?) para encontrar estabilidad laboral, económica y deportiva convirtiéndose en un confiable artillero de la tercera, de la cuarta y de la quinta categoría del Calcio. Y así fue como cambió frenéticamente de camisetas siguiendo la ley del mejor postor: Monza (2002), Isernia (2002/04), Sansovino (2004/05), Foggia (2005/06), Padova (2006/07), Martina (2007), Paganese (2007/08), Cocenza (2008/09), Potenza (2009) y Pisa (2009/10).

Con la llegada de la nueva década recibió un llamado del baldosero Mauricio Giganti -ahora devenido en empresario- y viajó hasta Vietnam para jugar primero en Hanoi ABC (2011) y luego en Hanoi T&T (2011/13). Además, dejó algunas impresiones de su experiencia en aquel país asiático en el libro “Jugar en otro mundo” del autor Federico Cornali.

“Una de las cosas que más aborrezco de Hanoi es la gente durmiendo o echada cuando entrás a cualquier local de venta al público. Pero me acostumbré y lo tomo como algo normal del lugar donde a uno le pagan para hacer lo que ama”.

“Cuando jugamos de visitantes, los hinchas nos tiran piedras y nos quieren golpear. Acá hay mucha corrupción, pasan cosas raras y suelen agarrárselas con los extranjeros. Hay un par de canchas muy jodidas, a las que pocos quieren ir. La semana previa a esos encuentros bravos estamos plagados de lesionados y enfermos. Todo lo contrario sucede cuando jugamos en casa, en Hanoi. A la gente no le importa si ganamos, perdemos o nos pasa por encima un tren. Les da igual, van a la cancha a comer y a divertirse”.

“A mis compañeros vietnamitas, si en el entrenamiento se les pide que hagan abdominales, pueden llegar a completar uno o dos movimientos; luego, se hacen los tontos y se alejan. Además, fuman antes y después del partido, sin esconderse de nadie. También chupan pocas horas antes de cada juego, sin medida. Eso sí, en el partido corren el doble que nosotros, que nos alimentamos a fruta y agua. No me quejo, acá tengo la seguridad económica que no me brindan ni Italia ni la Argentina.”

Tras un breve tiempo en el Quormi de Malta (2014), Lucas Cantoro regresó al ascenso profundo de Italia para jugar en Olympia Agnonese (2014/15) y, desde 2015, otra vez en Isernia, donde continúa parando la olla hasta el día de hoy sin que se le cruce por la cabeza retornar a la Argentina. Por que al final, todo en esta vida termina siendo siempre un asunto de guita. What a Wonderful World…