Manrique Matías

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Matías Eduardo Manrique

Símbolo de una etapa oscura de Independiente y primer beneficiario de las constantes visitas de Gabriel Milito al policlínico, el mendocino Matías Manrique dejó su imborrable recuerdo tanto en las retinas de los seguidores del fútbol como así también en las piernas de rivales de turno. Aquí el repaso de su dilatada trayectoria.

Defensor central, lateral izquierdo o a veces volante central, Manrique debutó en la última fecha del Apertura 2000, cuando el técnico interino, Hugo Villaverde, lo mandó a la cancha por Gustavo Núñez en el segundo tiempo de la victoria 2 a 1 sobre Belgrano. Esa tarde y pese al triunfo, El Rojo no pudo lograr el pasaje a la Copa Libertadores de 2001 ya que Vélez había ganado su respectivo encuentro. La historia arrancaba con sabor a decepción.

El jugador recién volvió a ver algo de acción al año siguiente. Y durante 2001 y el primer semestre de 2002 integró una pesadillesca última línea que se compuso con estos apellidos: El Bebé Rocha ó Darío Sala / Martín Vitali, El Avión Ramírez o Matías Villavicencio / Satanás Paéz o José Luis Zelaye / Matías Marchesini o Matías Manrique / Mariano Pernía o Juan Carlos Tissera. Entrenador: Osvaldo Piazza ó El Negro Clausen… Si no viene sólo, metansé los dedos pero no se queden con el vómito atragantado.

Con la intención de destacarse entre tanta alimaña (?), nuestro homenajeado metió la mano de manera casi amateur en la última fecha del Clausura 2001, cediéndole un penal a Racing que luego El Chanchi Estévez convirtió en gol y que significó la derrota con la que Daniel Garnero se despidió del fútbol.

Con la llegada del Tolo Gallego se acabó esa etapa nefasta de la humanidad y Manrique se exilió en el recientemente ascendido Arsenal de Sarandí (2002/04), donde comenzó alternando y agarró la titularidad en el Clausura 2003. Lamentablemente, entre las lesiones y la poca onda (?) sólo disputo menos de una decena de partidos durante los últimos doce meses. En total defendió en 33 ocasiones el escudo de armas de la familia Grondona.

El mendocino volvió a Independiente y se mantuvo los últimos seis meses de 2004 entrenando con la reserva. Al año siguiente, un César Luis Menotti que ya estaba de vuelta lo vio correr, se enterneció y lo volvió a incluir en el primer equipo. Nobleza obliga, El Flaco solo lo utilizó frente a Olimpo. Fue Pepé Santoro quien lo hizo jugar con más continuidad y ya como lateral izquierdo, disimulando las falencias de Manrique con los aciertos de Navarro Montoya, El Negro Martínez, Múñoz Mustafá y El Negro Cáceres.

Luego llegó Julio Falcioni y Manrique se vislumbraba como el atleta perfecto para la filosofía del entrenador. Hasta le convirtió un recordado golazo de tiro libre a Lanús (4-2) en la primera fecha del Apertura 2005. Lamentablemente, en la quinta jornada se hizo un gol en contra frente a Gimnasia de La Plata (0-3), fue reemplazado y no volvió a verse su estampa en una cancha de la Primera División de nuestro fútbol.

Sus números finales en Independiente dan: 31 partidos con tres rojas y un gol por campeonato más 7 encuentros por la Copa MERCOSUR con la recordada tarjeta roja frente a Flamengo, cuando se hizo expulsar de manera infantil a los 18 minutos propiciando la victoria por 4 a 0 de los dirigidos por Mario Zagallo ¿Algo más? Si, cuando Manrique se estaba yendo de la cancha, Oscar Ruíz le enchufó una amarilla por protestar. Nuestro protagonista en estado puro…

Luego de meter un mal pase con el Numancia de España y de salvar su vida de milagro al arrojarse de su camioneta para evitar un secuestro express, Manrique continuó su carrera en Uruguay, donde tuvo un paso discreto por Danubio (2006). Tras un año recuperándose de una lesión en Independiente se sumó –increíblemente- a un Peñarol de Montevideo (2007/08) que se encontraba en decadencia y donde pudo sumar su único título actuando como suplente.

A mediados de 2008 volvió al país y firmó para Huracán, donde solo fue al banco de relevos en el empate 3 a 3 con River, la tarde que debutó Ángel Cappa como entrenador quemero. De hecho, fue el propio Bigotón quien le aconsejó a los dirigentes que le rescindieran el contrato junto a Germán Castillo, Alejandro Limia y Diego Herner, quienes no tenían cabida en el “Tiki – Tiki”.

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Tras no llegar a un acuerdo con Chacarita del Nacional B por un tema de números, el defensor se volvió a su provincia y jugó un año para Huracán de San Rafael del Argentino C. Luego cruzó la cordillera y se sumó a Ñublense (2010), donde su estadía quedó marcada a fuego luego de ser suspendido por cinco fechas tras agredir al jugador ecuatoriano de Unión Española, Giovanni Espinoza, con epítetos como: “Mono” y “Tomá una banana”. Ese mismo mes fue arrestado por protagonizar una pelea en el estacionamiento de un supermercado. Todo Mal.

En 2011 y ya en el otoño de su carrera Matías Manrique se integró al Leonardo Murialdo de Mendoza. Club que abandonó en algunas ocasiones para intentar ayudar a otros equipos mendocinos como Andes Talleres o Deportivo Maipú cuando participaron de competencias como el Argentino B o C. Pero claro, siempre regresa a Leonardo Murialdo, donde es considerado una leyenda y un símbolo de la provincia. Cada loco con su tema. De hecho, hace poco el club lo agasajó por su partido 300 con la institución. ¿Trescientos? “This is Sparta Mendozaaaaaaaa”…

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Fornillo Mariano

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Mariano Leandro Fornillo

Primer semestre del año 1999. Huracán era un quilombo, un haras, un corralón. Inmersos en una carrera alocada hacía el Nacional B, sus voluntariosos jugadores juveniles sobreexigían su tracción a sangre para intentar lograr un imposible mientras su hinchada los maltrataba cual animales; si es que legitimamos el sinsentido de maltratar a los mismos.

Con el inglés Carlos Babington haciendo las veces de un déspota patrón de estancia, por el primer equipo del Globo desfilaron percherones como Sebastián Morquio, Alfredo Torres, Marcelo Ledesma, Fernando Ávalos, Cristian Fernández, Ariel Graña, Leonardo Orsi, Gustavo Mhamed y Gustavo Artaza, entre tantos y tantos otros grandes valores.

Lo curioso del asunto es que ni antes ni después de aquel primer semestre de 1999 un plantel descensivo contó –además- con tantos potrillos señalados como proyectos de futuros grandes jugadores. A saber: Sixto Peralta, Rolfi Montenegro, Andrés Silvera, Gastón Casas, Pablo Calandria, Lucho González, Pablo Brandán y Mariano Toedtli. Eso, sumado a unos experimentados Gustavo Chacoma y Raúl Peralta. Todos ellos verdaderos pura sangre del buen trato de pelota; más allá que alguno que otro se convirtió en legítimo baldosero.

En ese contexto, el juvenil arquero Mariano Fornillo (04/04/1979) ocupó -con el dorsal número 40- el lugar de suplente de Martín Ríos una vez que el entrenador se cargó a La Anguila Gutiérrez y a Javier Sodero. Por que animales había para todos los gustos.

Y así, durante las últimas ocho jornadas, el pibe se sentó en el banco de suplentes y se dedicó a mirar los partidos, no sin dejar de sorprenderse y tomar nota del marcado contraste entre compañeros y compañeros. La afilada guillotina del Fantasma del Descenso acabó con el espectáculo y con los días de Mariano Fornillo en un plantel de Primera División.

Deportivo Merlo (2001/06), San Miguel (2006/07) y Justo José de Urquiza (2007) de las categorías menores de AFA fueron los lugares donde continuó su carrera con relativa continuidad y escaso suceso. Antes de cumplir los 30 años, Mariano Fornillo colgó los guantes.

Extrañamente o no tanto, Mariano Fornillo consiguió notoriedad y prestigio en la siguiente década ¿En que forma? No en forma de fichas, sino como uno de los mejores cuidadores y criadores de caballos de competición de la Argentina. Y allí anda hoy, recibiendo reconocimientos y billetes. Nos alegra y nos ilumina. Por que siempre es saludable tratar con equinos desde chico…

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Medina Nicolás

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Nicolás Rubén Medina (Nico – Tato)

En estos días convulsionados que vive la Argentina apelamos a la unidad nacional brindando una Baldosa mucho más inclusiva. Además de los típicos baldoseros, por este espacio han desfilado jugadores que han defendido a diversas selecciones. Campeones de liga, de copa, de juveniles. Algunos que han pasado por grandes de Europa. Otros que participaron de la Copa América. Hay varios extranjeros que hasta han sido mundialistas. Pero nunca, hasta hoy, se había incluido a un futbolista que además tiene una Medalla de Oro olímpica. Con nosotros: Nicolás Rubén Medina.

Nacido el 17 de febrero de 1982 en Capital Federal, este volante polifuncional -de preferencia central aunque también defensor- comenzó su carrera en el semillero del Semillero del Mundo: el Club Social y Deportivo Parque. Siguiendo el camino natural de todos aquellos pibes, se unió a las inferiores de Argentinos Juniors promediando su adolescencia.

Además, formaba parte activa del Seleccionado Sub-17 de Hugo Tocalli. Y fue precisamente allí -cuando se encontraba disputando el Sudamericano de la categoría en Montevideo- que su nombre llegó con prepotencia a las grandes marquesinas. El flamante entrenador de la Selección Argentina, Marcelo Bielsa, lo había convocado para el primer amistoso de su gestión en el cual iban a participar los consagrados jugadores que estaban en Europa. “Nicolás Medina debe ser un crack, recién cumplió 17 años”, pensábamos todos…

Con la cabeza en otro lado, El Tato tuvo un bajo nivel en la ronda final del Sudamericano y la Selección no consiguió el pasaje al Mundial de Nueva Zelanda ´99. Igual, a Medina nada pudo borrarle la sonrisa de la cara. Viajó a Holanda, se sacó una foto con Redondo, otra con Batistuta y después se sentó en el banco de suplentes en el empate 1 a 1 contra los locales. Ah, también se sacó una foto con Guglielminpietro, claro, pero la borró 36 minutos después (?).

En septiembre de ese año -1999- debutó con El Bicho cuando ingresó a los 44 minutos del empate 1 a 1 frente a Boca. Esa noche, Chiche Sosa le pidió que ayudase a Mariano Herrón en la tarea de anular a Juan Román Riquelme. Y los dos pibes cumplieron con creces, claro. Durante los dos años siguientes, Medina osciló entre la titularidad y el banco de suplentes, con la lógica de quien cuece a fuego lento a sus futuras estrellas. En resumen, hasta mitad de 2001 totalizó 48 partidos y un gol (a Boca). No la rompió ni defraudó, por supuesto. Aún tenía 19 años.

A mediados de 2001 ocurrió lo mejor de su carrera cuando fue el volante central titular en la Selección Argentina Sub-20 que ganó caminando el Mundial disputado en nuestro país al lado del Conejo Saviola, El Cabezón D´Alessandro y El Pipi Romagnoli. Y también al lado de Sebastián Bueno y El Pollo Herrera, claro. Después de la vuelta olímpica, Nico fue vendido por 3,5 millones de dólares al Sunderland de Inglaterra, quienes se decidieron a invertir animados por las buenas actuaciones de otro ex Argentinos Juniors que habían contratado: Julio Arca.

Sin embargo y pese a que lo definió como “un mediocampista completo”, el técnico Peter Reid jamás lo utilizó en el primer equipo y la participación de Medina se limitó a los partidos de reserva. Tras el descenso del Sunderland, la directiva lo cedió al Leganés (2003/04) de la Segunda División española que contaba con 15 argentinos y que descendió a la tercera categoría. Al menos, pudo ser titular. Entremedio, Bielsa lo convocó para el Preolímpico Sub-23, que Argentina ganó logrando el pasaje a los Juegos Olímpicos.

El año 2004 estuvo, para Nico, teñido de celeste y blanco. Estuvo en la Copa América de Perú -para ver todos los encuentros desde el banco- y participó de Atenas 2004, donde ingresó como suplente en los partidos frente a Serbia, Costa Rica e Italia y se adjudicó la primera presea dorada de la especialidad para nuestro país. Desde Grecia, aquella Selección Sub-23 completa viajó directo a Perú para jugar por Eliminatorias y Medina ingresó por Tévez durante los últimos siete minutos de la victoria por 3 a 1 frente a los incaicos. Ese -podríamos afirmar- fue su punto final en el alto rendimiento. Obvio, ya tenía 22 años (?). Eso si, estuvo al lado de Bielsa durante sus primeros días y también en su último encuentro.

En la temporada 2004/05 jugó -con un nivel irregular- en el Murcia de la Segunda de España. Luego volvió al país para sumarse a Rosario Central (2005), donde apenas metió 3 partidos con un pobrísimo rendimiento. A comienzos de 2006 y ya con el pase en su poder, Medina firmó para Gimnasia de La Plata para estar recuperándose de una lesión durante todo el Clausura 2006.

¿La solución? Un semestre a préstamo en Nueva Chicago (solo jugó 12 minutos frente a Gimnasia de Jujuy) y otro en Talleres de Córdoba en la B Nacional (9 partidos, un gol, en la campaña que condenaría al Matador a bajar al Argentino A).

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De regreso en Gimnasia, Falcioni lo puso en 7 partidos hasta que una rotura ligamentaria lo dejó afuera de todo. Con 26 años, El Tato dejó la elite de nuestro fútbol y -tras doce meses en la enfermería del Lobo- en 2009 se fue al O´Higgins de Chile. Con algunas interrupciones por lesión en el medio, Tiro Federal (2010, Nacional B, 7 partidos), Reboceros de La Piedad de México (2011, Liga de Ascenso, 2 partidos) y El Porvenir (2012/13, Primera C, 12 partidos) fueron los siguientes destinos donde siguió regalando jirones de prestigio.

Entre 2013 y 2015, el campeón olímpico estuvo en Unión Comercio de Perú, donde le sobró para convertirse en patrón del mediocampo. A mediados de 2015, la ex promesa Nico Medina cambió de equipo pero no de país cuando se sumó al Sport Huancayo.

Y ahí, como quien se siente en su casa, dejó una sentencia digna de resaltar: “El único técnico que mete con seguridad a Perú en el Mundial de Rusia es José Pekerman”. ¿Por su probada capacidad? ¿Por lo que está haciendo en Colombia? ¿Por las enseñanzas que te dejó en la Selección Sub-20? “No… porque es mi suegro”.

Nicolás Rubén Medina. Bienvenido a En Una Baldosa.

Dovetta Roberto

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Roberto Marcos Dovetta

Eterno habitué de la Reserva de Lanús, de escuetísima participación en Primera, Roberto Dovetta llegó a las divisiones inferiores granates (previa escala por Boca Juniors) a los 15 años, tras debutar a los 14 con los colores del Sport Club Cañadense, de su Cañada de Gómez natal.

Desde el vamos, comprendió que ganarse un lugar en la delantera del equipo de la zona sur no sería para nada fácil. Cuando fue promovido al plantel profesional, a comienzos de 2005, tenía por delante a Daniel Tilger, Claudio Graf, Mauro Óbolo, el Ogro Fabbiani, Román Díaz, Gabriel Iribarren y Santiago Biglieri, entre tantos otros.

En la última fecha del torneo Clausura de aquel año, el Grana goleaba 5 a 0 a Olimpo de Bahía Blanca cuando Jorge Borelli y Gustavo Zapata (los ayudantes de campo de Néstor Gorosito, que estaba expulsado) se apiadaron del juvenil de 17 años y lo mandaron a la cancha en lugar de Graf. Casualidad del destino, algunos meses antes, Cacho y el Chapa le habían dado sus primeros minutos extraoficiales en un amistoso disputado en Estados Unidos que Lanús le ganó al Yokohama Marinos japonés por 1 a 0.

El panorama estuvo lejos de mejorar cuando llegaron refuerzos, a priori, de peso como Ariel Carreño y Sebastián Coria, y aparecieron otros pibes de las inferiores que pintaban bien, como Diego Manicero. El arranque de 2006 tampoco le tiró un guiño. En el torneo Clausura, en el que Lanús fue escolta de Boca, no sumó ni un minuto.

En el medio, Rober, que ya había tenido algunas actuaciones en la selección argentina Sub 17, sumó presencias con la Sub 20. Por ejemplo, fue sparring la noche que el equipo de José Pekerman se despidió del público en el Monumental de Núñez antes del Mundial de Alemania 2006.

Sin embargo, tuvo que pasar más de un año para que Dovetta volviera a ponerse la camiseta granate, ahora con Ramón Cabrero como entrenador, en un partido oficial. Fue por la fecha 13 del Apertura 2006, ante Gimnasia de Jujuy, que contaba con la vuelta de Roberto Carlos Mario Gómez a la dirección técnica, en la Tacita de Plata. Esa tarde fue goleada (?) del lobo jujeño por 2 a 0, con doblete de Gustavo Balvorín.

Si el bache entre el debut y su segunda presentación parecía largo, ni hablar del tiempo que tuvo que esperar para sumar su tercer encuentro en Primera: 514 días. Por la fecha 7 del Clausura 2008, ante Newell’s en el Sur, se sacó la espina y, medio de casualidad, convirtió el gol del empate a los ocho minutos del segundo tiempo.

¿Cómo venía la competencia interna en ese momento? Complicadísima. El Pepe Sand, Nicolás Ramírez, Sebastián Blanco, Santiago Biglieri y hasta Cristian Facebook Menéndez ocupaban todos los huecos libres en la delantera del campeón vigente.

Así y todo, Roberto Dovetta se las rebuscó para hacer de aquel Clausura 2008 su mejor torneo. En la jornada 12 ingresó por Germán Cano en la derrota por 3 a 2 ante Vélez y una semana más tarde, en su despedida, fue de la partida ante Arsenal de Sarandí (dura caída por 6 a 2 como local), mientras los titulares se guardaban para la vuelta por los octavos de final de la Libertadores ante Atlas de México.

Sin espacio en los planes de Luis Zubeldía, con varias lesiones y un mal pase a Olimpo de Bahía Blanca en el medio, continuó en la Reserva de Lanús hasta mediados de 2010, cuando quedó libre y se sumó a prueba a Ferro Carril Oeste, con el que ya había coqueteado en el verano. Con el conjunto de Caballito disputó algunas prácticas, un puñado de amistosos, pero después de 20 días le dijeron que se arreglaban con Gonzalo Abán y Facundo Sava, que muchas gracias, ahí tenés la puerta.

En septiembre de 2010, en otra de las triangulaciones a las que nos tiene acostumbrados el fútbol uruguayo, Progreso lo cedió a préstamo al Leganés, de la tercera división española, donde llegó sobre la hora junto al Vasco Mikel Arruabarrena. A uno le fue bárbaro y hoy juega en la Primera de España. El otro rescindió contrato a los tres meses. Adivinen.

De vuelta en Argentina, el verano de 2011 encontró a Dovetta en Mar del Plata. ¿De vacaciones? No. Bueno, puede ser. Pero también para sumarse a los entrenamientos de Unión de esa ciudad, que por aquel entonces daba pelea en el Torneo Argentino A.

Cansado de cagarse de frío en La Feliz, se fue a probar suerte al Venados de Mérida (2011), de la segunda división mexicana, donde se encontró con baldoseros de exportación como Andrés Carevic y Tomás Charles. Tras un par de semanas, no convenció al cuerpo técnico y le dieron el raje para liberarle el cupo de extranjero a otro viejo conocido nuestro: el camerunés ex River Many Essomba.

Otra vez acá, llegó sobre el cierre del libro de pases para convertirse en el último refuerzo de Brown de Adrogué (2011/12), del enorme Pablo Vicó. A lo largo de todo el año corrió de atrás a Gastón Grecco y Martín Minadevino y sumó unos escasos 256 minutos divididos en 13 partidos, en los que llegó a marcar 4 goles.

Lejos de quedarse quieto, a mediados de 2012 pasó a Racing de Olavarría, del Torneo Argentino A, donde parecía que se iba a comer la cancha conformando el ataque con el gordo Oscar Altamirano, al que conocía de Ferro, pero las lesiones lo tuvieron a maltraer y terminó perdiendo terreno con… Gonzalo Abán. Todo dicho. Ah, sí, a fin de año le comunicaron que prescindían de sus servicios.

En el verano de 2013, su representante se puso las pilas y le consiguió un pase al exterior. Estuvo a prueba en el O’Higgins del Toto Berizzo, pero terminó en el Curicó Unido, de la segunda división chilena. Todo marchaba relativamente bien hasta que el destino le puso enfrente a Deportes Concepción. Esa tarde, Curicó ganó 3 a 2, pero cuando el partido estaba 3 a 1, Dovetta, que había metido el tercero, ejecutó un penal directamente a las manos de… Carlos Kletnicki. Sí, manos y Kletnicki en una misma oración, increíble. Se ve que marrar un penal ante el ex arquero de Gimnasia LP lo desmoralizó, porque ya nada sería igual.

Después de aquel triunfo se lesionó y recién volvió en la final de vuelta por el ascenso a la A ante Universidad de Concepción. Apenas pudo jugar 20 minutos porque se resintió y salió llorando. “No lloraba tanto desde que falleció mi abuela en 2005. Lloré todo el primer tiempo, incluido entretiempo, y paré algo durante el segundo. Pero cuando terminó el partido, llorar fue inevitable”. Claro, el partido terminó 1 a 1 y como Concepción había ganado en la ida, se quedó con el boleto a Primera. Curicó tendría una vida más, y también la desperdiciaría, en la Promoción ante Cobresal (0-0 en la ida, derrota 0-3 en la revancha). La suerte de Dovetta ya estaba echada.

En 2014, de nuevo de este lado de la Cordillera, regresó a su primer amor: Sport Club de Cañada de Gómez, en la Liga Cañadense de Fútbol. ¿Cómo le fue? Que lo cuente él: “La verdad que en esta etapa me costó bastante adaptarme. En primer lugar porque nunca pude jugar en mi posición natural, en el área. Yo soy 9 de área y por ahí en el esquema que utilizamos tenía que jugar por afuera. Y después por el tema de las canchas y los entrenamientos sumado a que estuve bastante tiempo lesionado, lo que me impidió poder jugar tres partidos seguidos”. Sí, un éxito.

Sin embargo, a mediados de 2014, con 26 años y más clubes en el lomo que goles convertidos, pasó a Libertad de Sunchales, del Argentino A.

Desde este año, en su afán irrefrenable por conocer todas las categorías posibles, defiende los colores del Puerto San Martín de Santa Fe, en el Torneo Federal B, al lado de los ex Rosario Central Adrián de León y Renzo Ruggiero. Allí sigue hasta hoy. Mañana, vemos.

Fernandes Francou Emmanuel

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Emmanuel Gaspar Fernandes Francou

Como alguna vez ocurrió con Esteban Herrera en Boca, Lisandro Sacripanti en Newell’s o el propio José Sand en River, ser el máximo artillero de las divisiones inferiores no siempre (o mejor dicho, casi nunca) implica que el jugador en cuestión se convierta en un goleador letal en Primera. Ya es sabido que las miradas se multiplican y la presión está siempre latente.

Emmanuel Fernandes Francou es un delantero por afuera que escaló peldaño a peldaño y perforó redes en las juveniles de Vélez Sarsfield hasta que le llegó la hora de demostrar su potencial ofensivo entre los grandes. En la penúltima fecha del Apertura 2005, el Fortín de Miguel Ángel Russo, que venía de quedar eliminado por goleada en la Copa Sudamericana ante los Pumas de la UNAM, visitaba a Lanús en el Sur. Con un mix de suplentes, juveniles y algunos titulares, se jugaba su última carta por el título del campeonato local, en el que estaba detrás de Boca y Gimnasia LP.

Faltaban 20 minutos para el final del encuentro, que Vélez ganaba cómodo 3 a 0, cuando Russo lo mandó a la cancha en lugar de Lucas Valdemarín. En la primera que tocó, el pibe de 19 años la mandó a guardar. Debut soñado.

El primer semestre de 2006 encontró al cuadro de Liniers con la cabeza en dos frentes: el torneo local y la Copa Libertadores. Rolando Zárate, su hermano Mauro y Claudio Enría eran los que más jugaban adelante, pero la gran cantidad de compromisos les abrió un hueco a varios pibes de las inferiores que venían pidiendo pista, como Fernandes Francou, que estuvo lejos de cumplir con las expectativas. Apenas convirtió un gol (golazo), ante Banfield, por la novena fecha del Clausura. En la Copa, tras una primera fase impecable, el Fortín cayó en cuartos de final ante las Chivas de Guadalajara. En el certamen internacional sumó 4 presencias, pero pasó en blanco. Algo que, con el tiempo, sería habitual.

La llegada de delanteros de peso como Ring Ring Balvorín y más tarde Santiago Silva, o la presencia de otros juveniles promisorios como Juan Manuel Varea o Maximiliano Timpanaro no supusieron un gran obstáculo para Fernandes Francou, que igualmente se las rebuscó para sumar minutos, tanto con Russo como con su sucesor, Ricardo La Volpe. Oportunidades no faltaron (disputó 31 encuentros, entre torneos locales y copas), pero los goles brillaron por su ausencia.

Sin lugar en los planes de Hugo Tocalli, en el verano de 2008 partió a Paraguay para vestir por seis meses los colores de Olimpia. En el cuadro franjeado, que atravesaba una de las peores rachas de su historia, tampoco pudo hacer pie y apenas marcó dos tantos, uno a Tacuary y otro al Silvio Pettirossi, en 15 partidos.

En su regreso a Liniers, pasó buena parte del segundo semestre colgado. “Fue un poco duro este año porque vos te entrenás para jugar, das todo en las prácticas pero después no podés ni jugar en Reserva”, decía. “Vamos a ver que pasa a fin de año, que es lo que decide el nuevo cuerpo técnico si no me iré a jugar a otro lado porque lo importante es jugar para mí”.

La llegada de Ricardo Gareca lo ilusionaba, pero Iggy Pop le bajó el pulgar luego de observarlo con atención durante los primeros días de la pretemporada. Fue entonces que pasó a préstamo a Talleres de Córdoba (2009). «Talleres es un club grande. Tenía varias propuestas, pero me gustó la de jugar en Córdoba. Va a pelear por ascender y trataré de aportar lo mío», tiró a su llegada, haciendo evidente su desconocimiento de la situación. Si bien el Matador terminó en la 12ª posición, la espantosa campaña de la temporada 2006/07 lo condenó a disputar el Torneo Argentino A.

Un año en buen nivel en Gimnasia y Esgrima de Jujuy (2009/10) fue el trampolín para su regreso al fútbol internacional. El Asteras Tripolis FC griego (2010 a 2012) le dio la chance de compartir vestuario con otros compatriotas como Matías Degra, Bruno Urribarri, Sebastián Carrera, Emanuel Perrone, Lautaro Formica, Sebastián Bartolini y el Polaco Bastía. Ah, también lo bancó seis meses sin hacerle un gol a nadie, hasta que se destapó con un doblete al siempre complicado Ergotelis. En tierras griegas, además ayudó al regreso del AE Larissa FC a la primera división (2012/13).

Cansado de prender la tele y no entender nada, a mediados de 2013, decidió pegar la vuelta para disputar el mejor torneo del mundo: la Primera B Metropolitana. Con la casaca de Nueva Chicago (2013/14), disputó 16 partidos (sin goles, claro) y obtuvo el ascenso a la B Nacional, de la mano de Pablo Guede.

Con el sentimiento del deber cumplido, Fernandes Francou armó el bolso y se fue a conocer nuevas categorías. Después de rechazar ofertas de Deportivo Riestra y Estudiantes de Buenos Aires, a mediados de 2014, se sumó al plantel del Agropecuario Argentino de Carlos Casares, en el Torneo Argentino B, donde la rompió.

Por eso no sorprendió cuando en marzo de este año Independiente de Chivilcoy lo llamó para, con sus goles, tratar de mantener la categoría en el Argentino A. ¿Lo consiguió? Claro que no. ¿Fue su culpa? No, señor. La culpa es de los padres.

¿Qué otra cosa puede hacer un tipo que se llama Gaspar sino fantasmear?

 

Barroso Gastón [Actualización 2015]

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Gastón Adrián Barroso (El Gato)

A ver, repasemos: Claudio Borghi, Diego Latorre, Ariel Ortega y Lionel Messi ¿Qué pasa con esos cuatro? Por diversas razones, todos y cada uno de ellos fueron señalados al comienzo de sus respectivas carreras con el apelativo de “El Nuevo Maradona”, más allá que el clonar futbolísticamente a alguien es prácticamente imposible y que luego los antes mencionados brillaron con luz propia, como el resto de los individuos de este planeta.

A partir de hoy, a esa lista le vamos a sumar a alguien que desde un medio deportivo español recibió la madre de las comparaciones futbolísticas cuando aún no era mayor de edad y que luego no decepcionó, por que básicamente en la Argentina nadie esperaba nada de él. Nacido el 1 de noviembre de 1971, con nosotros: Gastón Adrián Barroso.

Enganche habilidoso y asistidor, El Gato se inició en Argentino de Quilmes y con apenas 15 años pasó a Boca Juniors por expreso pedido del Pato Pastoriza. Tras cinco años jugando para la Reserva, Barroso tuvo su debut y despedida de manera oficial en la octava fecha del Apertura ´91, cuando Oscar Washington Tabárez lo hizo ingresar por Antonio Mohamed durante los últimos ocho minutos de la victoria 2 a 0 sobre Platense.

Un año después, en octubre de 1992, Barroso se despidió del Xeneize en la derrota 1-3 contra el Sevilla. Esa tarde, El Maestro puso a habituales relevos y El Gato ingresó por El Beto Carranza en los últimos 20 minutos, tal su carácter de suplente de suplente. Al menos, pudo ver de cerca a Diego Maradona sin comprender por que la gente coreaba el nombre del 10 de los españoles y no el de él (?).

Tras salir campeón del torneo preliminar de 1992 y después de la gira por España de 1993 en la que no ingresó, El Profesor Habegger le dijo que no lo iba a tener en cuenta y el volante se exilió en Belgrano de Córdoba (1993/94), donde no actuó ni un solo segundo. Luego bajó hasta el Nacional B y allí tuvo un buen rendimiento en All Boys (1994/95), teniendo su pico de productividad en la victoria por 3 a 1 sobre el Estudiantes de La Plata que arrasó en ese torneo.

Aceptándose ya como un jugador del ascenso, El Gato también anduvo por Atlético de Rafaela (1995/96), otra vez All Boys (1996/97) y luego en la Primera B luciendo las camisetas de Almirante Brown (1998/2001), Defensores de Cambaceres (2002) y Deportivo Laferrere (2003/04). Además, en 2003 estuvo en el Olmedo de la Segunda División ecuatoriana.

Y así acabó la carrera deportiva de Gastón Barroso, quien en sus momentos de melancolía debe trasladarse mentalmente hacía mediados de 1988, cuando se encontraba de gira por España con los juveniles Xeneizes e inesperadamente fue protagonista de la por entonces preciada contratapa del diario catalán El Mundo Deportivo. Y de ahí extraemos los siguientes fragmentos para ayudar a la memoria y al ego del Gato.

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“Me sorprendió que me llamasen así. Hasta ahora nunca me habían comparado con Diego Armando. Ni siquiera nos parecemos físicamente. Él es morocho y yo más bien tirando a rubio. Lo que sucede es que ambos somos futbolistas eminentemente técnicos… mi ídolo es el Beto Alonso… mi sueño es pertenecer algún día al F.C. Barcelona”.

Evidentemente, no se le cumplieron algunos sueños pero al menos a Gastón Barroso no le dieron positivo tres controles antidoping. Algo es algo…

Castro Javier

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Javier Esteban Castro (Saviolita)

Una bendición. Eso significó la aparición de Javier Pedro Saviola, allá por 1998, tanto para River Plate como para todo el fútbol argentino y hasta mundial. Es que de aquel adolescente nadie tenía ningún dato, no sobrevolaba rumor sobre sus habilidades deportivas y tampoco había formado parte de seleccionado juvenil alguno. Nada. Y un buen día, claro, apareció y nos dejó con la jeta abierta a todos. El resto es conocido y soñado: goles, títulos, Selección Argentina, publicidades con Verón (?) y traspaso a Europa en más de 20 millones de verdes. Grosso.

Una maldición o al menos un apresuramiento fue el que, lamentablemente, hizo Godoy Cruz Antonio Tomba en 2002 con la aparentemente máxima aparición de esa institución en toda la historia: lo anunció como “el” delantero del futuro; lo intentó convertir en un emblema de Mendoza y le adjuntó como una cruz el apellido del añorado Conejo –en diminutivo- a instancias de su primer nombre, de su posición en la cancha, de su evidente endebles física y de la edad de su debut con el primer equipo. Señores… brindamos esta afectuosa bienvenida a En Una Baldosa para Javier Saviolita Castro, nacido el 20 de junio de 1986.

Veloz, pícaro, habilidoso, el pibe tuvo una quincena vertiginosa en noviembre de 2002. Primero debutó en el Nacional B contra Almagro, después convirtió su primer gol frente al Deportivo Español y luego fue convocado por Hugo Tocalli para la Selección Sub 17. Por esos días, cualquier información vinculada a los mendocinos pasaba por el hacer o el dejar de hacer del querido Saviolita. Un verdadero Youtuber antes de You Tube, tal es así que en el verano de 2003 hubo escenas de histeria colectiva cuando entregó alimentos para un comedor junto a Oscar Ahumada de River Plate antes de un encuentro amistoso.

Además y siguiendo con su buena estrella, fue incluido en la lista de la Selección Argentina que disputó el Sudamericano Sub 17 de Bolivia. Si bien durante ese torneo estuvo tapado por baldosas como Ariel Colzera, Billy Rodas, El Látigo Peirone y el hermano del Hachita Ludueña, nuestro homenajeado jugó casi todos los partidos y tuvo su momento de gloria en la Primera Fase, contra Perú, cuando el entrenador le dijo: “Si te apellidás Castro, te tenés que destacar” (?) y Saviolita marcó su único tanto con la albiceleste.

Acá hacemos un punto y aparte, por que a partir de ahí todo fue barranca abajo para el atacante. Igual que la carrera de Saviola cuando conoció a Romanella Amato, claro que en el caso de Javier Castro sin billetes ni rubia (?). Con un nivel entre decepcionante y lamentable, el mendocino fue perdiendo espacio aunque se mantuvo en El Bodeguero hasta finales de 2005, cuando pasó a préstamo a Guillermo Brown de Puerto Madryn del Argentino A. ¿Y qué pasó en su ausencia? Godoy Cruz ascendió a la División de Honor (?). Toda la leche…

Sin embargo, ese patriarca devenido en secretario técnico, gurú y guía espiritual de los cuyanos llamado Daniel El Gato Oldrá dispuso que Saviolita volviese al plantel del Tomba en el Apertura 2006, para mantener a la familia unida y con la explicita intención de “intentar recuperar al jugador” que ya contaba con extensos 20 años. Un lugar en el banco de suplentes en una derrota con San Lorenzo (0-3) en el Nuevo Gasómetro fue toda la rehabilitación que Javier Castro pudo lograr.

Bajando de niveles más rápido que Mario Bros, Saviolita continuó despuntando el vicio, ya de manera ignota, por Comunicaciones de Primera B (2008/09), Gutierrez Sport Club del Argentino C (2011) y Lujan de Cuyo (2009/10), Guaymallén (2012/13) y Empleados de Comercio de Mendoza (2013/14) del Argentino B. A sus 29 años, Javier Castro está retirado y trabaja en una empresa familiar. Como en el cómic de Superman, la versión bizarra duró mucho menos tiempo que la original…

Elorz Fernando

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Fernando Elorz

Abajo, contra una punta, arrinconado y casi pidiendo permiso se lo puede ver a este integrante de la 4° División campeona de Ferro en 1990. Compartiendo equipo con Luis Santillán, Jorge Cordon y Ariel Rocha, no pudo afianzarse en Primera, llegando a disputar apenas un puñado de minutos en la máxima categoría. Y claro, no triunfó. Difícil hacerlo jugando como delantero en un partido frente a Platense, en su única incursión entre los grandes.

Aquel encuentro entre Verdolagas y Calamares tuvo lugar en Caballito, el 23 de mayo de 1992. Para sorpresa de muchos, no terminó 0 a 0 como en el tema de Baglietto. Hubo un gol, del visitante, que definió el cotejo. Y poco pudo hacer Elorz, quien ingresó a los 60 minutos por Jorge Acuña, para emparejar el marcador.

Y así nomás se acabó su historia en el fútbol profesional, sin dejar huellas en Oeste ni en ningún otro punto cardinal. Por lo menos, hasta hace unos años, cuando alguien con su mismo nombre volvió a dar señales de vida en Twitter. Y metió un One hit wonder, para desaparecer nuevamente. Algo casi tan triste y aburrido como un Ferro – Platense.

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