Un equipo que deambulaba por el medio de la tabla de la Ligue 2, frente a otro que contaba con jugadores como Mbappé, Di María, Cavani, Thiago Silva, Verratti y Pastore. No iba a haber lugar para sorpresas, pero sí para confirmaciones. Una de ellas: en el fútbol francés, casi siempre el poderoso le gana al débil. Y la otra: Maradona tenía razón.
El 6 de febrero de 2018, por los octavos de final de la Copa de Francia, el Sochaux recibía al PSG. Resultó ser un partido más para las estrellas del cuadro parisino, que se impusieron por 4 a 1. Sin embargo, uno de ellos dio la nota, en un fallido intento por desmentir al Pelusa.
“Dani Alves es un boludo. Está en un lugar de la cancha donde no se juega al fútbol”, había comentado el astro argentino un año antes. En su búsqueda por demostrar que era más que un lateral derecho, el brasileño se puso los guantes cuando el guardameta Kevin Trapp se fue expulsado y a su equipo no le quedaban más cambios.
Su actuación bajo los tres palos duró unos segundos: solo hubo tiempo para un tiro libre que dio en la barrera. Después de eso, llegaron los abrazos, las sonrisas, la satisfacción por el deber cumplido. Pobre Dani Alves: que alguien le avise lo que pensaba Diego sobre los arqueros.
Desde que arrancó el Siglo XXI, existe un color comodín en la indumentaria de los equipos del fútbol argentino que dice presente cada vez que se busca innovar, vender o simplemente suplir la falta de ideas en cuanto al diseño.
Tal es el caso del Deportivo Español, que, pudiendo utilizar una alternativa amarilla, blanca, azul y hasta negra, también cayó en la volteada grisácea, de la mano de la marca Dana. La casaca, además, lucía en el frente la candidatura de Madrid como sede de los Juegos Olímpicos de 2020.
El Gallego usó esta prenda en la temporada 2012/13 y terminó perdiendo la final por el ascenso a la Primera B, ante Fénix.
El 30 de julio de 2011 comenzó la 5ª edición de la Emirates Cup, un torneo amistoso disputado en el estadio londinense que también lleva el nombre de esa aerolínea.
Se trataba de un cuadrangular con algunas rarezas: su duración era de dos días consecutivos y cada equipo jugaba un par partidos, por lo que no era un todos contra todos tradicional. Además, hasta el año anterior, los goles convertidos también sumaban puntos.
La copa se puso en marcha con la victoria del New York Red Bull sobre el PSG. A continuación, salieron a la cancha el Arsenal y Boca Juniors. Ambos lo hicieron con sus camisetas suplentes. Mientras que el dueño de casa estrenaba su nuevo modelo, el equipo argentino utilizaba por última vez la alternativa 2010/11.
Los de Arsène Wenger arrancaron con Fabianski; Jenkinson, Koscielny, Djourou, Traore; Frimpong, Wilshere; Nasri, Gervinho, Arshavin y Robin van Persie. En el segundo tiempo ingresaron Mannone, Squillaci, Vela, Eboue y Chamakh.
Por su parte, los de Julio Cesar Falcioni lo hicieron con Orión; Franco Sosa, Schiavi, Insaurralde, Roncaglia; Rivero, Somoza, Erviti; Riquelme; Viatri y Cvitanich. Luego entraron Clemente Rodriguez, Mouche, Colazo, Erbes y Caruzzo.
Con tantos de Robin Van Persie y Aaron Ramsey, el local parecía adueñarse del triunfo. Sin embargo, Lucas Viatri y Pablo Mouche igualaron las acciones en el complemento.
La figura de la tarde fue Juan Román Riquelme, que en el segundo tiempo metió dos asistencias de su estilo para que el Xenieze empatara el encuentro. Hasta el mismísimo Van Persie supo reconocerlo tras los 90 minutos: “Él es mi jugador favorito. Disfrute de verlo jugar, todos vimos su clase hoy», comentó luego de pedirle la camiseta.
Tras una mediocre temporada, y en medio de una profunda crisis económica e institucional (no importa cuando leas esto), Huracán enfrentaba el inicio de un nuevo campeonato sabiendo que tenía que hacer las cosas muy bien para no sufrir con el promedio. Para cumplir con el objetivo, era necesario traer refuerzos de categoría, confiar en un estilo de juego y no presionar a los juveniles. Spoiler: no pasó nada de eso.
El conjunto entrenado por Carlos Babington tuvo un mal arranque en el Torneo Apertura 1997, con un par de derrotas en fila. Para colmo, el Inglés presentó la renuncia luego de la 2ª fecha. Una salida extraña, que se entendió esa misma semana, cuando fue presentado en Racing.
Al DT le faltaron códigos, como los que se pueden encontrar visitando sportium 2021, un lugar donde el entretenimiento está garantizado.
Con Carlos Ferrero en el banco, la situación no cambió demasiado. El equipo sumaría sólo 3 victorias en todo el certamen, aunque una tuvo un gustito especial. Fue la del 9 de noviembre, cuando se impuso por 2 a 0 ante La Academia. Sí, el equipo de Babington.
Después de otra mala racha, Pancho dejó el cargo y Osvaldo Crosta asumió como interino. El cierre del año debía ser ante San Lorenzo, pero el partido nunca se completó: graves incidentes entre las hinchadas impidieron que el juego continúe cuando se jugaba el primer tiempo y el marcador estaba 0 a 0. Ulises Fernández, hincha Quemero, fue asesinado. Y el encuentro se le dio por perdido a ambos equipos.
Para el Clausura 1998 llegó un nuevo entrenador, Omar Larrosa, que logró un milagro: mantenerse en su puesto por todo el semestre. ¿El rendimiento del equipo? Igual de flojo. Al menos se quedó con el clásico ante el Ciclón, gracias al esfuerzo de los jugadores de la imagen: Cristante, Chacoma, Orsi, Cotera, Graieb, Magnín y Biscay; Peralta, Padula, Montenegro y Barijho.
Más allá de lo deportivo, el club no pasaba por un buen momento. A principios de 1998, el presidente Juan José Zanola había renunciado. “Esto es inmanejable”, fue una de las primeras frases de Norberto Renzi, su sucesor, que inmediatamente llamó a elecciones.
Además, la cantidad de socios escaseaba, ya que muchos habían dejado de pagar la cuota debido a las pobres campañas futbolísticas. La barra brava solía “visitar” a los jugadores. Y, para colmo, Claudio García, el último ídolo que quedaba en el plantel, sumaba más conflictos que goles.
El 19º lugar en el Apertura y el 17º puesto en el Clausura dejaron al Globo como el conjunto con menor cantidad de puntos en la temporada 1997/98, igualando la línea de Gimnasia y Tiro de Salta, aunque con mejor diferencia de gol. Al año siguiente, Huracán perdería la categoría. Sería un descenso tan anunciado como inevitable.
Prometedor enganche que, a pesar de haber ilusionado con sus condiciones técnicas, no pudo soportar el peso de ser el generador de fútbol de Belgrano. Ni de otros conjuntos.
Corría la temporada 2003/04 del Nacional B cuándo, con solo 18 años, tuvo una rutilante aparición en el Pirata, le otorgaron la responsabilidad de ser la manija del equipo y el entrenador Marcelo Bonetto declaró que iban a ser «Porcari y 10 más», como para que al pibe le quedara claro que la posibilidad del ascenso dependía pura y exclusivamente de él.
El joven oriundo de Oncativo no aguantó la presión y se fue desinflando hasta despedirse del club en 2007, dejando la sensación de que podría haber sido mucho más de lo que fue.
Luego de un préstamo en la CAI (2007/08), cruzó el Río de la Plata para jugar en Fénix, donde tuvo dos etapas (2008/09 y desde 2010 hasta 2012), teniendo además un paso por Danubio (2009/10). Sus habituales cambios de colores recién estaban arrancando.
A principios de 2012 viajó hasta Hungría y se puso la camiseta del Budapest Honvéd, uno de los cuadros más populares de ese país. Sin embargo, casi todas sus apariciones fueron en el equipo filial.
En 2013 volvió a Montevideo, donde tuvo un breve paso por Progreso antes de tener una nueva chance en el este europeo. Esta vez, el destino fue Serbia. ¿Quién lo eligió? El FK Radnički 1923. En su nuevo club jugó apenas 4 partidos y fue dejado en libertad de acción antes de que terminara el semestre.
Tras una prueba no superada en el S.P.A.L. (Italia), Porcari regresó a Uruguay. Esta vez, se puso la camiseta de Juventud de Las Piedras (2014). Allí sufrió una luxación de clavícula que le hizo conocer las bondades de la medicina uruguaya (?).
Inesperadamente, en 2015 tuvo una nueva oportunidad en Primera División, al sumarse al plantel de Olimpo. Junto a Joel Amoroso, fue uno de los primeros refuerzos que tuvo el conjunto de Bahía Blanca. Alfredo Dagna, su presidente, los recibió declarando ante un medio partidario: “son dos jugadores que vienen a sumar. Ahora nos meteremos de lleno en los de más renombre.”
En 2016 vivió su última experiencia en el exterior, al usar los colores de los Potros de Barinas, en la Segunda División de Venezuela. Y así, a los 30 años, le puso fin a su carrera profesional. “El entorno del fútbol me cansó. Tomé la determinación de salir de ese ambiente”, comentó unos años después.
Sin embargo, al año siguiente el Pulga Ríos lo convenció para que siguiera despuntando el vicio en 9 de Julio (Río Tercero), jugando la liga local y el Regional Amateur.
En un ambiente más relajado, aprovechó para estudiar Marketing y reflexionar sobre su paso por Belgrano. “Ojalá hubiera tenido a los 20 años la cabeza que tengo hoy. En mi caso, parecía que ya estaba quemado, que ya me habían dado mil chances, que ya no podía mejorar. Cuando lo normal es que a esa edad un chico recién se esté afianzando en Primera”.
Además, destacó los beneficios de jugar sin dinero de por medio. “Eso hace que se disfrute de muchos rituales, como comer un asado”, indicó. “Un asado comprado, hecho con sacrificio. No es ir a un restorán y que te den todo servido. Acá te lo ganás».
Como parte de las celebraciones por su centenario, la empresa alemana Audi organizó una competencia con su nombre, convocando a cuatro de los equipos más populares del mundo al estadio Allianz Arena de Múnich.
El primer partido del certamen enfrentaba a Boca Juniors contra el Manchester United. Este amistoso también marcaría el inicio del segundo ciclo de Alfio Basile en el Xeneize.
Los del Coco salieron a la cancha con Abbondanzieri; Medel, Cáceres, Forlín, Morel Rodríguez; Leandro Díaz (Cristian Chávez), Battaglia, Insúa (Gaitán); Riquelme (Marino); Noir (Mouche) y Palermo (Viatri).
Los Diablos Rojos lo hicieron con Kuszczak; O´Shea, Cathcart, Fabio Da Silva (Ebra), Wes Brown; Valencia, Carrick (Fletcher), Anderson (Scholes), Park; Rooney (Nani) y Macheda (Giggs).
Tras una mala primera mitad, en la que el club de la Ribera se marchó al vestuario dos goles abajo (festejaron Anderson y Valencia), en el complemento llegó el descuento del Pocho Insúa. El empate estuvo cerca, sobre todo después de un cabezazo de Palermo que dio en el travesaño.
La Copa Audi continuó jugándose una vez cada dos años, pero sólo en la edición de 2009 un conjunto argentino fue invitado. Aquella vez, Bayern Munich y Milan también participaron. Todos los entrenadores (Leonardo, Louis van Gaal, Alfio Basile y Alex Ferguson) habían compartido la presentación del torneo. ¿Quién habrá invitado los drinks?
Jugadores vestidos de violeta, arquero con ropa azul. Colores diferentes, pero bastante similares. Por lo menos, así lo juzgó el árbitro Pedro Argañaraz antes del comienzo de Nueva Chicago – Villa Dálmine, por la 14ª jornada de la Primera B Nacional 2016.
Su víctima fue Carlos Kletnicki, el 1 del Viola, quien tuvo que cambiarse y lo único que consiguió fue una remera… violeta. ¿Y qué querés? Si es arquero.
Ante la inflexibilidad del juez, y a pesar de que el ex Gimnasia insistía con que en los últimos partidos había usado la camiseta azul con la que había entrado a la cancha, la única solución fue utilizar una pechera amarilla.
“Esto es una vergüenza, parece que estamos en un entrenamiento”, bramaba el 1 del visitante. Y eso que todavía faltaba que le dibujaran el número con una cinta adhesiva.
Finalmente, el partido se jugó en estas condiciones y los de Mataderos se quedaron con la victoria por 6 a 4. Sí, Kletnicki se comió media docena de goles. Todo por culpa de la pechera, obvio.